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                    <text>TRANSCRIPCION – CARMEN RIGONAN
Narradora: CARMEN RIGONAN
Entrevistadora: MARINA LOPEZ
Fecha: 19 de agosto, 2019
Lugar: Charleston
Duración de la entrevista: 74 min.
MARINA LOPEZ: Hoy es diecinueve de agosto [2019]. Mi nombre es Marina
López y estoy con la señora Carmen para hacerle una entrevista para el programa de
historial oral Voces Latinas del Lowcountry. Señora Carmen, ¿se quiere presentar, por
favor?
CARMEN RIGONAN: Buenos días, yo soy la señora Carmen Rigonan y soy de
Puerto Rico.
ML: Me quiere contar en dónde nació en Puerto Rico y cuándo.
CR: Yo nací en el pueblo de Caguas, Puerto Rico, el 8 de marzo de 1948.
ML: Usted me contó que la crio su abuelita, ¿verdad?
CR: Sí, mi abuela me crio porque mis padres murieron cuando yo era bien
pequeña. Mi madre murió cuando yo tenía dos años de edad. Murió en ese tiempo en
Puerto Rico que le decían la plaga blanca, que fue la tuberculosis que invadió la isla. Y la
mayor parte de la familia de mi madre murió de esta enfermedad. Y mi padre se
desapareció y no sabía dónde estaba y mi abuela nos cogió y nos crio a nosotros.
ML: ¿Cuántos hermanitos tenía?
CR: Éramos cinco hermanos y nomás quedamos tres.
ML: ¿Y usted qué número de hermana es?

�Carmen Rigonan

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CR: Yo soy la tercera.
ML: Cuénteme cuál es la primera memoria que usted tiene como niña pequeña.
CR: Como niña pequeña, corriendo los campos de los cañaverales en Puerto Rico.
Puerto Rico predominaba mucho los cañaverales de azúcar y en mi pueblo había una
central que le decían, La Central Santa Ana, y yo vivía cerca de esa central y ese era mi
playground, mi parque de jugar. Ahí pasábamos los mejores tiempos comiendo caña de
azúcar y ahí era donde hacíamos todo, jugábamos, estaba el río grande, le decían el Río
Grande de Puerto Rico que va de un punto de la isla a otro punto de la isla, y pasaba por
el valle, porque Caguas es un valle.
Está en el centro de la isla y estamos rodeados por montañas. Entonces, este río
pasaba por esta parte y ahí era donde se lavaba ropa, donde se reunía la gente. En ese
tiempo en los recuerdos que yo tengo era las abuelitas, los padres con los niños
caminando por el vedero [sic] para ir al río a lavar ropa, que era en las piedras. y nosotros
jugando en el agua y yendo a los cañaverales buscando azúcar. Ahí se cocinaba, se
comía, porque era un día de la lavar ropa. Ese era el día que se lavaba la ropa. Y ahí era
donde se reunía todo el mundo.
ML: ¿Cuál era el trabajo que hacía su familia?
CR: Mi abuela planchaba ropa. En ese tiempo la Guardia Nacional de Puerto Rico
estaba bien presente en la isla y mi abuela era una experta en planchar los uniformes. Y le
pagaban por planchar los uniformes. Los muchachos jóvenes que no planchaban le
decían, “Doña Rosa, le pagamos para que nos lave y nos planche los uniformes.” Y de
eso vivíamos. Éramos bien pobres. Me acuerdo cuando la casa donde vivíamos no había
muebles, lo que usábamos por muebles era unos drones [sic] que venían los pescados

�Carmen Rigonan

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salados, que le dicen bacalao.
Y estos drones mi abuela le hacía faldas y ahí nos sentábamos. Entonces, la
cocina era un fogón de carbón que yo me acuerdo cómo hacían el carbón también. Hacían
como una cabaña, pero sin ventanas ni nada, y ahí metían la madera y entonces eso se
quemaba por días, entonces sacaban el carbón y mi abuela compraba carbón y cocinaba
al carbón a la intemperie, no era cocina, era a la intemperie. Y ahí se cocinaba porque en
ese tiempo todo estaba separado, los baños de bañarse, de las necesidades eran afuera, lo
que aquí le dicen el out house, allá era así.
La cocina estaba afuera, los baños estaban afuera. Uno nada más dormía dentro de
la casa. Y así me crie bajo la pobreza y las necesidades que teníamos. Mi abuela supo
cómo manejar la situación porque éramos catorce en una casa, por el hecho de que mis
tías se fueros para los Estados Unidos. En ese tiempo iban y reclutaban personas en
Puerto Rico para venir a Nueva York, en la parte alta de Nueva York, hay unas fincas que
recogían tomates y reclutaban personas para ir. Le compraban el boleto del avión y lo
llevaban por temporadas. Y mis tías iban a trabajar a ese sitio por temporada entonces mi
abuela se tenía que quedar con todos los niños.
ML: Entonces, sus tías iban y viajaban a Nueva York a trabajar por temporada y
después volvían.
CR: Volvían a la isla, pero eventualmente se quedaron en Nueva York y venían a
visitar nada más.
ML: Y los niñitos se quedaron con la abuela.
CR: Con mi abuela y nos criamos todos juntos como hermanos. y crecimos juntos
en el punto hasta que mi abuela falleció y ahí fue donde la familia se--.

�Carmen Rigonan

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ML: ¿Cómo se gestó, Carmen, porque usted me contó que se vino jovencita?
CR: Yo llegué a Corpus Christi, Texas, en 1963, en octubre 17 de 1963. Una de
las razones fue mi abuela falleció, entonces no sabían dónde estaba el padre de nosotros y
yo me enfermé de tuberculosis. En ese tiempo le decían la plaga blanca, que no había
cura, por eso mucha gente falleció en Puerto Rico, y había hospitales especiales en la
montaña de Cayey que te ponían ahí, te llevaban ahí para morir, porque lo único que
había era un solo medicamento para esa enfermedad.
Y cuando me llevaron al sanatorio me llevaron de la escuela, porque yo tenía
mucha fiebre y la maestra se dio cuenta que yo estaba enferma y me llevó a la clínica y
de la clínica inmediatamente me metieron al sanatorio. Ahí yo pasé cuatro años en ese
sanatorio. Ya mi abuela había fallecido. Me separaron de mis hermanos. nos separaron,
nos tuvieron que separar y ahí fue donde yo me desconecté de mi familia y de mi raza.
Esa fue la primera experiencia que yo tuve de niña. Al estar en ese hospital y como en ese
tiempo la gente le tenía terror a esa enfermedad, no me visitaba nadie.
Yo vivía de lo que decían, de la piedad del ser humano. Venían a visitar a la
familia y ellos se sentían tristes por mí porque nadie me visitaba y siempre me traían un
dulce, o me traían una camisita o un pantalón para que yo estuviera contenta pero ahí
pasé parte de mi niñez. Por más triste que fuera la enfermedad, una parte de mí la vi
como un blessing, porque ahí me sentí con familia, ahí yo hice una familia. Yo inventé
mi propia familia.
ML: ¿Quiénes eran su familia?
CR: Mis compañeras del hospital, los niños del hospital, la enfermera, la señora
Cartagena que todavía la tengo en mi mente. Era una enfermera como que ella me adoptó

�Carmen Rigonan

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y ella era la que me traía las necesidades femeninas que yo necesitaba, todo eso. Cuando
pasaron tres años ya yo estaba – el diagnóstico mío fue fuerte, porque ya yo tenía el
pulmón derecho mío ya estaba bien enfermo. Sobreviví por la gracia de Dios, creo que
sobreviví la enfermedad entre medio de tanta gente enferma. Y mi familia no sabía que
yo sobreviví.
Cuando ellos me pusieron ahí ellos se creían que yo iba a morir, pero yo
sobreviví la enfermedad. Y cuando ellos dijeron, “Hay que sacarla del hospital porque se
puede contaminar otra vez,” me mandaron a un orfanato y yo me escapé porque no me
sentía y me fui a mi pueblo otra vez. Entonces, una hermana que yo tenía, que ya murió,
ella me trajo, se quedó conmigo. Vivía en la calle. No tenía nada. Estaba sola, era una
niña, estaba sola y me acuerdo que entremedio de estar sola y no tener dónde quedarme,
dónde vivir, me quedaba una noche en un sitio, otra noche en otro sitio, brillaba zapatos.
Y la calle fue mi compañera. Y conocí a todo el mundo.
Todo el mundo me conocía, me decían ‘la canita’, tenía el pelo rojo, tenía muchos
freckles en la cara, y me supe defender. En los tiempos antiguos si eras huérfano
especialmente mujer, niña, tienes muchos obstáculos. Tenías que defenderte. Y ahí me
quedé hasta que encontraron una hermana mía en Texas. El esposo de ella era militar, y la
hermana mía se había desaparecido, nadie sabía dónde estaba nadie. Mi abuela murió. El
círculo de la familia se fue con eso. y esa fue la primera experiencia que yo tuve. Cuando
encontraron a mi hermana el esposo de mi hermana llamó a una tía y le explicó lo que
estaba pasando.
Le dijo, “Moni necesita ayuda, necesito una persona que venga.” Entonces, una
tía que yo le decía tía, pero era no era, estaba casada con un tío mío, le dijo de mí, le dijo,

�Carmen Rigonan

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“Ella tiene una hermana que está pasando bien mal, está una niña todavía, no tiene dónde
vivir, está brindando -- ella le puede ayudar,” y ahí empezó mi historia en los Estados
Unidos. La primera vez que yo salgo de mi pueblo yo no sabía que existían aviones, no
sabía nada, me pusieron en un avión y llegué a Texas en 1963. Ahí fue donde tuve la
primera experiencia de racismo.
ML: Cuénteme eso.
CR: Como le conté antes, cuando yo llegué y vi en la televisión cuando mataron a
[John F.] Kennedy, el racismo entre la gente morena y la gente blanca, cómo golpeaban a
la gente morena, eso me impactó de una forma tremenda porque nosotros los
puertorriqueños somos mix. La raza de nosotros es una raza mezclada y mi piel es blanca
pero mis hermanos son morenos. Y yo tengo un hermano moreno y cuando yo vi eso yo
me asuste, entonces empecé a llorar y le dije a mi hermana que no trajera a mi hermano a
los Estados Unidos porque lo iban a matar, lo iban a golpear, y ahí fue donde yo
experiencé lo que es racismo, pero no sabía lo que era porque en Puerto Rico no existe el
racismo de raza.
Existe racismo por estatus social. Si eres rica y pobre, no hay medio. Ahí o eres
pobre o eres rico, y ahí es donde existe el racismo en Puerto Rico y se nota la división.
So, al yo ver esto acá eso me impactó. La hermana mía me explicó qué era lo que estaba
pasando y eso y yo nunca le dije a nadie que yo era mezclada. Yo me hacía pasar por
blanca, como quien dice. Me pusieron en una escuela que estaba predominada por
mexicanos. Ahí fue la segunda parte de mi discriminación porque los mexicanos no me
querían porque yo era puertorriqueña y en ese tiempo ellos usaban el refrán mucho
“cuarterona.”

�Carmen Rigonan

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ML: ¿Cómo es?
CR: Cuarterona.
ML: ¿Qué quiere decir eso?
CR: Que eres mezclada con otra raza y ellos sabían eso. Los mexicanos saben que
nosotros los latinos, los puertorriqueños mayormente somos mezclados con negros,
blancos y me decían cuarterona. No me llamaban por mi nombre. “Ahí viene la
cuarterona.” Ahí fue donde yo tuve la segunda experiencia de racismo, porque no me
querían porque yo no era mexicana, no era blanca y era puertorriqueña, no era de la raza
de ellos. Y ahí fue donde el choque de razas, ahí fue donde yo empecé a ver, a mirar y a
observar qué es lo que está pasando, ¿por qué no caigo en esta raza, no caigo en esta? Y
fue el choque de la cultura.
ML: Me pregunto, Carmen, se ve que usted ha sido una persona fuerte desde
pequeñita, pero la pienso en esta transición de venir de Puerto Rico.
CR: Una transición fuerte.
ML: Sí, porque aparte usted había vivido con mucha independencia por
situaciones de mucha tristeza, de dolor y de falta en su familia. Pero usted había tenido
una independencia muy grande ahí en esto de tratar de darse vuelta en el mundo. y de
pronto tiene que venir a vivir con su hermana y el marido de su hermana que era militar y
tiene que volver a ir a la escuela. ¿Cómo fue esa transición para usted?
CR: Fue fuerte la transición, fue tan y tan fuerte que yo decidí que no iba a
estudiar. Mi cuñado, que él me adoptó, y era un oficial militar, no quería aceptarlo,
“Tienes que ir a la escuela, tienes que aprender inglés,” y ese fue otro obstáculo. Yo no
hablaba el idioma inglés.

�Carmen Rigonan

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ML: ¿Él era puertorriqueño también?
CR: No, él era americano mexicano. Él era un oficial militar. Y él me forzaba a ir
a la escuela, pero yo no le puse importancia, uno de los errores más grandes que cometí
en mi vida fue ese, que ahora después de mayor, después que pasaron los años yo me
digo a mí misma, yo pude haber sido esto, yo pude habido -- porque el sueño mío fue ser
enfermera. Yo quería ser enfermera, el sueño de mi niñez fue la enfermera, porque
cuando yo estaba en el hospital con tuberculosis yo ayudaba a las enfermeras y ayudaba a
la persona, cuando la persona moría yo ayudaba a preparar a esa persona muerta, de niña.
Él me dejaba ir y yo me quedé con eso en la mente, cuando yo sea grande yo voy
a ser enfermera, voy a ser doctora. Ese fue mi sueño de vida. Pero no se me dio.
Entonces, cuando ya llego a Texas ya llego con ese resentimiento de por qué yo, por qué
yo tengo que pasar por estas cosas. So, yo me puse como un vendaje, un armour, en mi
frente que no dejaba que nada penetrara.
ML: Usted se tenía que proteger.
CR: Yo me tenía que proteger. So, que yo llegué con esa protección a Texas, y
esa protección yo la llevé por muchos años, hasta después de casada. Cuando decidí que
le dije a mi cuñado, “Yo no vuelvo a la escuela porque me estaban golpeando todos los
días. No voy a la escuela, no voy a estudiar,” y ahí entró cuando asesinaron al presidente
Kennedy, el presidente Johnson entró a la presidencia. Y él creó un programa que decían
Head Start Program y este programa era para ayudar a las personas como yo, personas
jóvenes que no querían estudiar o que no iban a la escuela, y les daban trabajo en bases
militares.
Y este trabajo consistía en minimal job, limpiando, haciendo café, cosas, labors

�Carmen Rigonan

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que otras personas no querían hacer. Y mi cuñado me dijo, “Tu no vas a la escuela, pero
vas a trabajar.” Yo tenía quince años ya, ya iba para los dieciséis años. Y entré a trabajar
al Army en Texas. En ese tiempo fue la guerra de Vietnam que traían los helicópteros y
ahí los limpiaban, los recycle y los mandaban para atrás.
Ahí fue mi primera experiencia trabajando y la primera vez que vi dinero en mis
manos. Me acuerdo como ahora que nada más nos pagaban como unos tres dólares, pero
aquello fue millones para mí, porque nunca los había tenido en mi mano. Y ahí fue donde
yo me puse más independiente y ya estaba aprendiendo inglés, ya hablaba un poco de
inglés. Ya me podía comunicar con las personas. Yo le digo a mis hijas, “Si tú quieres
aprender a hablar un idioma – y eso es lo más cierto que yo he visto en mi vida – en una
escuela tu no lo vas a aprender bien.
Te van a enseñar el propio lenguaje cómo decirlo, pero si tú quieres hablar, irte y
hablar con una persona en otro idioma que no sea inglés, vete a la calle donde están las
personas. Ahí lo aprendes más rápido.” Y yo lo aprendí el inglés bien rápido. Y ahí me
quedé trabajando y aunque nadie lo cree, le cuento a la gente y me dicen, “¿A qué
universidad tú fuiste?” Y yo le digo, “Yo fui a la universidad de la vida. La vida me
enseñó muchas cosas.” Mi master es en limpiar. En ese tiempo le decían sanitation
engineers, que era lo que le ponía.
Y cuando me dijeron que me iban a mandar a una escuela a aprender a limpiar yo
dije, “Mándenme a la escuela,” y el Army me mandó a la escuela y aprendí a cómo
limpiar, cómo hacer de todo. Y ahí me quedé trabajando por años, hasta que conocí a mi
esposo.
ML: Usted me contó que su esposo es filipino. ¿Cómo un filipino y una

�Carmen Rigonan

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puertorriqueña se enamoran?
CR: Esa fue mi tercera experiencia. Mi esposo yo trabajaba, lo que le decían,
double shift, doble turno. Yo tenía que ir por la mañana a hacer mi trabajo. Yo trabajaba
para los coroneles. Yo era la que les hacía el café, les limpiaba las oficinas, make sure
que, si necesitaban algo, si querían que les fuera a buscar el almuerzo y yo iba. Yo era la
maid de los coroneles y de los almirantes. Y por las noches tenía que volver, porque ahí
era donde entraban los contratos, que eran los que limpiaban, los que mantenían los pisos.
Entonces, yo iba por las noches a abrir las oficinas para que ellos entraran a wax
los pisos. Y llegó este filipino, en ese tiempo los contratos para que los muchachitos
militares que son jóvenes ganaran dinero extra, ellos les daban trabajo a ellos. Y esa
noche yo estaba y llegó mi esposo. Y yo siempre fui una persona bien alegre, me
comunicaba con todo el mundo. El idioma inglés no predominaba ahí porque eran
muchos mexicanos. Yo trabajaba con mexicanos y no habíamos muchos morenos. Eran
mexicanos o americanos.
ML: Todavía en Corpus Christi.
CR: Todavía en Corpus Christi, Texas. Y llegó mi esposo pidiendo trabajo y yo le
dije, “Okay,” le dije, “Llena la aplicación.” No le puse importancia y me fui. Yo no
manejaba. Ya yo vivía sola, ya yo me había independizado de mi hermana. Ya yo salí de
esa cultura para entrar a una cultura independiente. Ya no tenía nadie que me diera nada,
tenía mi propio lugar. Vivía sola. Un apartamento un poquito más grande que este cuarto
donde estamos presentes. Llegó mi esposo y yo no tenía transportación.
Yo agarraba el autobús que estaba dentro de la base y me llevaba de ahí y yo
caminaba a mi apartamento. Y mi esposo llegó y él me oyó que yo dije, “Necesito una

�Carmen Rigonan

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persona que me lleve al gate porque termino a las once” y el bus paraba de ir a las diez. Y
mi esposo levantó la mano y dijo, “Yo te traigo.” Y yo me le quedé mirando digo, este
filipino --. Yo estaba jovencita. Y dije, no va a venir anyway.
Seguí trabajando. Cuando llegaron las once que se fue todo el mundo, yo salí y
dije voy a caminar porque era lejitos, pero estaba viviendo en una base militar, no te va a
pasar nada. A la distancia veo una luz y era mi esposo. Dije, “ay, me vino a buscar”, y yo
no quería. Y me hizo así, y digo, “Okay,” me monté y me fui. Cuando íbamos me dijo,
“You want to go out?” “Okay.” Yo era bien free spirit, lo que le dicen. Y ahí fue donde
empezó el romance. Ahí ya nos conocimos. Desde el primer momento que nos
conocimos hasta ahora nunca nos hemos separado.
ML: ¿Cuántos años que están juntos?
CR: Cincuenta y un años. Yo casi no hablaba inglés, él no hablaba español,
hablaba tagalo, que era filipino y por azar del destino nos quedamos juntos. Esa fue mi
tercera experiencia con otra cultura, filipina, porque estaba discriminada también porque
yo no era filipina. La raza filipina es una raza muy similarmente, la cultura de nosotros y
la de ellos es similar, en ciertas formas. Y yo chocaba con las filipinas y yo iba a los
sitios con mi esposo y era la abandoned child, me dejaban, hablaban tagalo.
Y yo dije, yo tengo dos opciones aquí. yo pensaba mucho porque tenía que
pensar, estaba sola, nadie me hablaba, todo era tagalo. Tengo que aprender este idioma
porque si no lo aprendo no voy a sobrevivir. Y nos casamos yo poco a poco fui
acoplándome a la cultura de él y fue una experiencia tan diferente, sin querer yo me
acoplé a la raza filipina, pero yo era puertorriqueña. So, que yo abandoné mi raza para
acoplarme a la raza de mi esposo.

�Carmen Rigonan

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Y aprendí tagalo, no lo hablo bien, pero lo entiendo y lo puedo traducir. Y
pasaron los años, nos casamos. Nos fuimos de Corpus Christi. Llegamos a Norfolk,
Virginia, viajamos por todos lados. Tuvimos dos niñas, Melinda y Janice.
ML: Antes que me cuente de las chicas, estoy pensando con todas estas
transiciones culturales que usted va haciendo, ¿también tiene que aprender la cultura
militar?
CR: La cultura militar y la cultura americana.
ML: Son culturas importantes, ¿verdad?
CR: Yo estaba entre culturas yo estaba confundida y perdí mi identidad. Porque si
estaba con los americanos estaba con la cultura americana. Si estaba con la cultura
filipina, estaba con la cultura filipina. ¿Dónde quedaba la cultura puertorriqueña?
ML: No tenía con quién.
CR: No tenía con quién. Pero la cultura puertorriqueña fue una cultura que yo
decidí olvidarme, ponerla en el back burner, por la experiencia que tuve en Puerto Rico.
Pero al principio no lo añoraba tanto, porque era como una aventura en casarme con una
raza diferente, fue una aventura que yo la vivía cada día. Y al viajar y ver la cultura
militar, porque también era una esposa.
En el tiempo que yo me casé con mi esposo ellos tenían que pedir permiso para
poderse casar porque los militares en ese tiempo decían, “Nosotros no te dimos una
esposa, te dimos una bolsa de mar. We didn’t issue a wife, we issued a sea bag. You are a
Navy guy.” Y mi esposo me lo dijo bien claro, “No interfieras con mi vida militar porque
esta es mi carrera.” Y yo tuve que aprender a ser independiente.
ML: ¿A qué otros lugares le tocó ir aparte de Virginia?

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CR: Fuimos a muchos lugares, New Orleans, Norfolk, Virgina, Puerto Rico,
Cuba, muchos lugares. Se supone que fuéramos a Sardinia, Italia, pero por la Belinda,
porque en ese tiempo si tu tenías un niño con situaciones médicas no te transferían
overseas. So, mi esposo decidió cambiar las órdenes de Italia para Puerto Rico pero no
me dijo a mí. Ya habían pasado muchos años, ya yo estaba acoplada a todas estas culturas
menos la mía.
Mi esposo en 1976 llegó a mi casa, fue mi cumpleaños, estábamos en Norfolk,
Virginia, y él viajaba mucho con los militares. La vida del mar a mi esposo siempre le
fascinó. Llegó y me dijo, “Carmen, tengo una sorpresa.” Y yo le dije, “¿Qué me
compró?” Porque siempre me estaba comprando cosas. Y me dijo, “No, no te compré,
pero te tengo una sorpresa, pero no te voy a decir todavía porque no está concreta, pero
en cuanto esté concreta te la voy a decir.” Pues llegó ese viernes bien contento y puso un
papel arriba de la mesa. Yo miré el papel y no le puse atención, eran esos papeles
militares, órdenes militares y yo no entendía mucho, pero cuando yo miro dice Puerto
Rico. ¿Puerto Rico?
Y él se me queda mirando y dice, “Sí, vamos para Puerto Rico.” “¿Oh, vamos de
vacaciones? Yo no conozco a nadie en Puerto Rico. Yo te lo voy a decir desde ahora, yo
salí de Puerto Rico jovencita. Yo decir puertorriqueña de nombre porque de cultura no sé
nada.” “¿Tu eres puertorriqueña y conoces nada de tu país?” Y yo le digo, “No conozco
nada de mi país.” Ahí fue mi cuarto choque. Cuando él me dijo eso me dijo, “No,
nosotros no vamos de vacaciones.” “¿Y para qué me vas a mandar para Puerto Rico?”
Ahí me dio miedo, ahí fue cuando dije, mi esposo ya no me quiere, me va a
mandar para Puerto Rico. Y empecé a llorar y me dio miedo. Sentí un miedo bien feo por

�Carmen Rigonan

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dentro. Y me dijo, “No, vamos a estar estacionados en Roosevelt por tres años. Llegamos
a Puerto Rico, los militares se encargan de mandarle a uno todo. Guiamos desde Norfolk,
Virginia hasta Nueva York para agarrar el avión, porque tuvimos que llevar el carro a
Nueva York. Llegamos a Puerto Rico y cuando yo llegué a Puerto Rico yo miraba y
miraba y quería recordarme y no me podía identificar.
Mi esposo me dice, “No llamaste a tu familia,” porque yo perdí comunicación con
mi familia, por todos estos años yo no me comunicaba con nadie de mi familia, nadie.
Dije, no, lo único que puedo comunicarme – me acuerdo como ahora – era una tía, Titi
Marcela, era la única persona que yo me podía comunicar pero que decidí no
comunicarme. Cuando yo llegué a Roosevelt Road, Rudy me dice, “Carmen, tú tienes
que llamar a tu familia y decirles que estás aquí.” “Okay.”
Y para ese tiempo yo había perdido un poco mi idioma, mi dialecto. Ya hablaba
más como filipina para empezar y mexicana, porque ahí fue donde yo más o menos me
crié. Y llamé a la tía mía y le dije, “Titi, yo estoy aquí.” Y me dice, “¿Quién es ésta?” Me
dice mi tía, y yo le digo, “Soy Carmen.” “¿Quién es Carmen?” “La Cana,” porque me
decían la Cana cuando… Y me dijo, “¿Qué te pasó a tu voz? Tu no hablas como
nosotros.” Y ahí fue donde yo me di cuenta que yo perdí esa parte de mí, mi idioma,
hablar rápido con las manos. Yo perdí todo eso.
Y ahí fue donde empezó el dilema. El dilema de dónde vengo, cómo soy, cuál es
mi cultura. Yo tengo que reclamar algo a mi vida. Ya tenía mis niñas y mi tía me dijo,
“¿Vas a venir?” “Sí, mi esposo me va a llevar.” Llegamos a mi pueblo, no conocía nada.
Fue como llegar a otro mundo. La mente mía estaba en Central Santa Ana, el Río Grande
de Eloísa, la gente lavando ropa y yo esperaba ver lo mismo, pero no es así. Los sitios

�Carmen Rigonan

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cambian, los lugares cambian. El progreso puertorriqueño.
Y llegué a mi pueblo y se reunió mis hermanos. La tía mía llamó a mis hermanos,
“Miren, su hermana llegó. Tu hermana está aquí en Puerto Rico. Está casada, tiene dos
niños. Está casada con un chino,” porque ellos le dicen a mi esposo chino, en vez de
filipino. “Y viene para acá, vamos a reunirnos para que ella --.” Yo llegué estaba mi
hermano y lo más triste es uno estar en un sitio y estar mirando de afuera para adentro.
Yo llegué y yo me sentí extraña, bien extraña. Tengo hermanos, me fui cuando eran niños
y ya son hombres y ya son casados y no hubo esa conexión con mi familia, nunca tuve
esa conexión.
Y me decían, “Tu eres puertorriqueña, tienes que hablar con un puertorriqueño.
Tú no hablas puertorriqueño.” “¿Qué idioma es el que tú estás hablando?” porque el
juego del día, el chiste del día. Carmen llegó a Puerto Rico y es una vende patria. Me
decían vende patria. Me decían, “Tú vendiste la patria porque ni hablas puertorriqueño, ni
se te entiende nada de lo que tú dices. El dialecto tuyo es muy diferente.” So, que tuve
que aprender otra vez mi idioma, mi dialecto. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa
aquello? ¿Cómo hablarles a mis hermanos? Porque mi hermano habla bien rápido.
Mi hermano es una persona que le habla puro puertorriqueño. Políticamente no
me envolví en nada político. yo vivía en un mundo muy separado, porque yo vivía en una
base militar y era americana y ahí me sentía a gusto porque estaba en una base militar.
Pero salía del gate y ¿para dónde voy? ¿Qué busco? ¿A dónde estoy? ¿A quién le confío?
So, ahí fue donde yo me empecé a sentir triste, porque esta es mi raza y yo no la conozco.
Nunca busqué el tiempo de acoplarme con mi raza, aunque en la vida militar uno
encuentra latinos, pero yo nunca busqué esa parte latina, siempre buscaba la parte de

�Carmen Rigonan

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filipinas y la parte americana.
Entonces, esa cultura yo la perdí, pero entonces yo miré a mis dos hijas y yo dije,
no, mis niñas tienen que saber. Porque mis nenas me preguntaban, “¿Dónde están mis
abuelos? ¿Dónde están mis tíos? ¿Dónde están mis primos?” Y yo no sabía,
especialmente Belinda que ella estaba en primer grado de escuela. Entonces, ahí fue
donde yo dije, no, yo les tengo que enseñar a mis niñas. Ya había pasado el tiempo, ya
nos dieron órdenes. Cuando mi esposo llegó me dijo, “Me dieron órdenes, nos vamos.”
Entonces, ya yo me estaba acostumbrando a mi familia, yo los invitaba a la casa.
Ellos venían, pero ya se me terminó mi tiempo, ya habían pasado años. Siempre trabajé
mis contratos militares. Yo siempre donde iba trabajaba. Hablaba inglés, entendía todo.
Mis niñas siempre desde que eran chiquitas yo les hablaba español a ellas, so, que ellas
sabían el idioma. Vamos para Charleston, South Carolina. Y yo digo, ¿dónde queda
Charleston?
ML: ¿Nunca había estado acá? [Risas] Ni idea.
CR: Entonces, en ese tiempo te daban una persona, un host family, como dicen
los militares, y ellos se encargan del sitio donde tú vas a venir y todo eso. Me acuerdo
que nos llegó el paquete, Goose Creek, South Carolina. Okay. Militar, soy esposa del
militar, me tengo que ir a donde mi esposo vaya. Lo más que asustó cuando me dijeron
de las culebras y los alligators. Ahí dije, ah, no, para ya no voy. [Risas] Donde hay
culebras yo no voy.
Pero él dice, “No, tú sabes, ellos te están explicando todo eso.” Okay, llegué aquí
a Charleston, South Carolina un día 10 de mayo de 1978. Llegué, me acuerdo, al
aeropuerto de Charleston, que era un building, como un hangar pequeño. Los aviones

�Carmen Rigonan

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estaban a la intemperie. Usted tenía que bajar del avión, caminar a la termina l y era
verde, todavía me acuerdo, y llegamos a la Aviation [Av.]. Eran las dos de la mañana.
Aquello era pitch black, no se veía nada. Yo llegué sola porque mi esposo me
estaba esperando. Él estaba ya aquí. ya tenía los apartamentos y todo eso. Llegamos aquí,
Rudy, ya todo estaba aquí, carro, todo, llegó al aeropuerto y le digo a mi esposo, “Esto
está feo.” No veía casas, no veía nada, lo que veía era árboles de pino.
ML: Bosque.
CR: Bosque. Llegamos a mi apartamento.
ML: ¿Dónde estaba su apartamento?
CR: En Goose Creek.
ML: ¿Ustedes estaban en lo que ahora es el [Naval] Weapons Station?
CR: No, nosotros estábamos donde está… cuando usted cruza el railroad track de
Red Bank R. el grande, el cruce grande, a mano izquierda, eso era un tráiler park. Esa era
una parte residencial. Ahí lo único que había eran trailers.
ML: Usted me está diciendo en el cruce del 52 con--.
CR: Uh-huh.
ML: Okay.
CR: Eso era pequeñito, una cosa pequeñita, y lo único que había ahí eran trailers y
era una calle pequeña, que es el fork que le dicen, 176 [Hwy] and 52 [Hwy]. En ese cruce
ahí, todo eso eran trailers antiguos. Al lado de esos trailers estaba la estación de policía y
había unos apartamentos que apenas los habían hecho. Ahí mi esposo alquiló un
apartamento militar, hasta que nos dieron la casa en la base.
ML: En la base, en Naval Weapons Station. ¿Y se llamaba así o cómo se llamaba

�Carmen Rigonan

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la base?
CR: La base llamaba Naval Weapons Station, Polaris Missile Facility.
ML: Cuando la base naval se fue de Charleston, ¿eso los afectó a ustedes o no?
CR: Sí, a los civiles les afectó, a nosotros los militares no nos afectó tanto. Mi
esposo ya era civil, ya se había retirado, pero él trabajaba con militar. Y mi esposo dijo,
“Yo no voy a trabajar más con militar, me voy al Merchant Marine y ahí fue donde en
1986 él entró en Merchant Marine y trabajó por quince años hasta que se retiró. Y
llegamos ahí y no había nada. Cuando le digo que Goose Creek era un monte, era un
monte. Y ahí fue donde empezó mi añoranza. Ahí fue donde yo me empecé a sentir fuera
de sitio y dije, no, yo tengo que buscar una manera de cómo encontrar mi propia cultura,
porque me sentí sola.
ML: ¿Cómo es que el monte la hacía añorar?
CR: Porque cuando yo era niña el monte era mi parque. En Puerto Rico en los
tiempos de antes los cañaverales, los árboles, esos eran los playgrounds de nosotros. Los
columpios que ponían en los árboles, entonces yo al mirar los árboles, especialmente
ustedes aquí le dicen palmetto trees pero yo les digo palmas de coco. O sea, que cuando
yo empecé a mirar las palmas esas yo empecé a añorar.
Entonces, los viajes míos eran el 176 [Hwy], eso era monte, ahí no había nada,
eso era trailers, de esos trailers antiguos que ahora ya no los usan, pero que todavía
existen aquí. Nosotros le decimos, en Puerto Rico le dicen cuando llovía, cuando llueve
aquí los ditches, en Puerto Rico le dicen canales, los canales se llenaban de agua. El
sonido del agua, cuando yo miraba esa agua corriendo y yo abría el cristal y llovía el
sonar del agua. Eso me atraía. Las palmas de coco, eso me hacía recordar. Y cuando yo

�Carmen Rigonan

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era niña yo nunca fui a San Juan, Puerto Rico.
Muchas de las casas que construyen aquí son parecidas a las de Puerto Rico, con
el balcón en el frente. Las casas aquí en Charleston tienen un balcón, aquí le dicen el
front porche y en Puerto Rico en los campos, en los pueblos existen. So, que todo eso me
empezó a hacer recordar. Fue como un puzzle, como un rompecabezas que yo empecé a
unir, a conectar Charleston con Puerto Rico. Yo miraba las casas, esa casa se parece a
una casa de campo en Puerto Rico con el balcón todo alrededor.
Los pilares, los sillones, los rocking chairs que le dicen aquí, en el front porche,
en Puerto Rico eso existe, todavía existe. Usted va a los campos y todavía la gente tiene
ese sillón en el frente meciéndose, “Hey, ¿cómo estás? Vamos a beber un cafecito.”
Todavía eso existe en Puerto Rico en los campos. Y yo miraba que la gente se sentaba en
el frente y empecé a añorar porque yo me acordaba cuando yo era niña que esa era la
recreación.
Mi abuela se sentaba en un sillón y nosotros nos sentábamos alrededor de ella a
hacer historias de fogón. Las historias de fogón eran las historias que nos contaban de los
tiempos de antaño. Eran unos cuentos raros que nos decía, pero que a nosotros nos
gustaban porque no había televisión, y eso era lo que nos atraía. Y yo empecé a conectar
las cosas y ahí fue donde yo empecé a añorar mi raza, porque eso me conectó.
Y un día mi esposo me dice, “Vamos a downtown, vamos a manejar por allá a ver
qué encontramos.” Llegamos a downtown Charleston y cuando yo llegué a downtown
Charleston que empecé a mirar las calles y miraba y lo que me atrajo más fue el olor. Yo
dije, “¿Estamos cerca del mar?” le dije a mi esposo. Y me dice, “Sí, vente,” y guiamos al
battery. Dio la vuelta y cuando yo vi aquello yo me quedé y las palmas de coco y la

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square que hay ahí, ahí yo dije, ay, Dios mío. Porque yo me acuerdo de la plaza de mi
pueblo y yo dije, pero si aquí hay también plaza como en Puerto Rico.
Y ahí me sentí a gusto, me sentí como si estuviera en mi Puerto Rico, porque veía
visualmente la conexión y las casas pintadas de color de rosa, de azul, verde, amarillo,
color de pera, que son los colores que usan en Puerto Rico para pintar las casas. ¿Qué
color tú vas a pintar tu casa? Verde. Yo la pinto amarillo, aquél la pinta azul. Juanita la
pinta roja, porque a ella siempre le han gustado los rojos. So, son conexiones que uno --.
So, emocionalmente eso me empecé a sentir que yo estuve fuera de sitio, entre culturas
que no eran la mía, que yo la aplaqué por mucho tiempo y esa cultura empezó a despertar
en mí.
ML: Usted se está conectando con el paisaje, se está conectando con los sonidos,
con el olor de Charleston, ¿Cómo fue que usted empezó conectar con los puertorriqueños
de Charleston?
CR: Esa es otra historia. [Risas] La comida latina yo no la añoraba tanto, porque
estaba con la cultura filipina, pero la cultura filipina y latina muchas de las comidas son
similares en la manera de que la preparan. Y llegamos aquí en el 78, llegó Juanita, la
compañera mi amiga, llegó Connie, conocí a Charo y yo les pregunto, “Oye, ustedes aquí
no se consiguen nada, aquí no hay nada latino”
ML: Cuando usted dice llegan, ¿Llegan a la base también? ¿También son familias
de militares?
CR: Pero conocimos personas que no eran militares, que ya han fallecido. Ella me
dice, “Aquí no hay nada, m’hija, así que acostúmbrate aquí lo poquito que hay nosotros
nos lo inventamos.” Y yo decía dentro de mí, tiene que haber algo, algún sitio. Yo

�Carmen Rigonan

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añoraba los guineos, la yuca, la yautía, el ñame, el bacalao, los pasteles.
ML: En tres años se había conectado con la panza.
CR: Yo siempre digo que nosotros los puertorriqueños nos conecta el baile y la
comida. Son conexiones que no se pararon. Empezamos a investigar y un día estábamos
manejando en la West 78 [Hwy], y vimos una casita y vimos un sign no muy grande,
“Latin Food” y yo le dije a Charo, “Párate, párate.” Me dice, “¿Qué te pasa?” “Da vuelta
para atrás que yo vi algo.” Nos bajamos y entramos en una pequeña. Cuando entramos
que yo miro, el señor nos dice, “Good morning.” Y yo le digo al señor, porque yo
conozco mi raza, la raza puertorriqueña usted la conoce dondequiera que va, y le digo,
“¿Usted es puertorriqueño?” “Sí, ¿cómo tú sabes?” Le digo, “La raza mía, la sangre
llama,” le dije.
Entonces, empezamos a hablar con él. Él llevaba ya aquí como diez años en
Charleston. Le digo, “Usted, ¿aquí?” Me dice, “Sí, yo vine aquí militar del army y me
quedé con mi esposa y tengo esta tiendita aquí, los poquititos puertorriqueños que vienen
de vez en cuando, mayormente son los morenos.” Haciéndonos la historia de Charleston
cuando llegó. Le pasó más o menos lo que nos pasó a nosotros. Añoraba entonces ahí fue
donde él empezó a traer lo que podía porque en ese tiempo no se conseguía.
Y le digo, “¿Y qué tiene?” “Lo poquito que tengo está ahí.” Cuando nosotros
vimos la primera yautía, el primer plátano verde, nos volvimos locas. “¿Qué más tiene?”
“Yo tengo un poquito de bacalao allí.” Nos trajimos la tienda. Entre nosotros cinco
compramos todo lo que él tenía. Llegamos a la casa, cocinamos, hicimos una fiesta y todo
eso. Y yo le decía a Charo, “Tiene que haber más puertorriqueños aquí. Tiene que haber
más latinos.” Hecho por el militar y civiles, tiene que haber latinos aquí, porque no

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podemos estar solo nosotros nada más, tiene que haber más.
Ya había pasado casi dos años y empezamos a buscar. Y ahí fue cuando entró
Juan Joy. Se sabía de la Semana Hispana en la base militar. La cultura hispana siempre la
celebraban, pero no era tan grande, era una cosita pequeña y la iglesia católica de Goose
Creek ya ahí se hacían unas actividades, que, si la biblioteca tenía un libro latino que, si
alguien había, iba a leer latinos y ahí fue donde--.
Dije, ahí nos vamos a encontrar. So, decidimos ir a las actividades y ahí fue
cuando empezamos a conocer. “¿Tu eres puertorriqueña?” “Ah, m’hija, qué bueno que te
encontré porque aquí no hay nada.” Ay, bendito de nosotros. Era eso. Aquí no hay nada,
no hay nadie. Lo único que me recuerda de Puerto Rico son las palmas de coco. Mi
amiga me decía, “Carmen, son palmetto trees, no son palmas de coco.” “Para mí son
palmas de coco, déjame ese dream.” Y nos fuimos y empezamos a buscar gente y ahí fue
cuando nos conectamos con la base militar.
Y al ser dependents nosotros podíamos entrar y salir como podíamos. Empezamos
a conocer militares. “Mira que vamos a reunirnos en un sitio, vamos a cocinar.” Ahí fue
donde entró Short Stay en Moonks Corner, es un sitio que es para militares, una
picniquería que era para militares. Y ahí fue donde nos empezamos a reunir un grupito
pequeño, y el grupito se empezó a correr la voz y empezó a crecer. Y ahí fue donde yo
empecé la conexión fuerte. Ahí fue donde yo dije, yo soy puertorriqueña. Ahí fue donde
yo empecé a llamarme puertorriqueña, porque yo nunca lo hacía.
ML: Como que se rebautizó.
CR: Ahí fue donde yo dije, aquí yo encontré mi cultura. Y fue triste porque estuve
en mi propia cultura y no la supe encontrar. Tuve que llegar a Charleston, South Carolina

�Carmen Rigonan

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a encontrar mi propia cultura. Y al empezarnos a reunir y a jugar domino y a cocinar, y
en ese tiempo teníamos que sacrificar e ir a Columbia, South Carolina, ir a Jacksonville,
Florida, hasta Orlando, Florida, a Limehouse de Charleston, gracias a ellos, Legares
Farm, gracias a ellos, que ellos fueron las primeras compañías que nos ayudaron a traer
las cosas a las tiendas.
ML: Esa aventura me la tiene que contar antes de que apaguemos el grabador,
¿cómo es esa historia de que usted va y le pide a los farmers o a las bodegas lo que
precisaban.
CR: Nosotros nos reunimos y hacíamos unos grupos, okay, vamos a ir a
Columbia, porque ahí podíamos conseguir algunas cosas.
ML: ¿Al mercado de Columbia?
CR: Había una tienda latina en Columbia. Íbamos, pero casi siempre cuando
llegábamos no había casi nada. Pues, tenemos que buscar en sitios locales en Charleston.
Alguien nos tiene que ayudar. Entonces, ahí fue cuando entraron otras personas y ahí fue
donde Charo, que la hija de ella trabaja aquí en el Citadel dijo, “Yo conozco un sitio en
downtown, Limehouse, vamos a Limehouse,” porque ellos exportaban e importaban
guineos y le decían supplies a BI-LO, a Piggly Wiggly, a todos estos supermercados. Y
digo, pues vamos para Limehouse.
ML: ¿Dónde quedaba eso?
CR: En downtown Charleston, en Market Street.
ML: Que funcionaba como mercado de verdad, ¿verdad?
CR: Uh-huh, ahí era. Era una bodega, un warehouse que le dicen aquí. Llegamos
allí y me acuerdo como ahora, que nos recibieron no muy calurosamente, pero nos

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recibieron. Preguntamos por los guineos verdes porque queríamos hacer pasteles. Charo
habló con el manager de la tienda y él dice, “Sí, los guineos llegan,” porque llegaban en
barco de Costa Rica, de Colombia, de Panamá, todos eso guineos venían en barco. Y los
llevaban ahí, pero ellos le ponían gas, lo que le dicen el gas para madurarlos rápido.
Entonces, al ponerle gas ya no lo podíamos usar porque se maduraban bien rápido.
ML: ¿El guineo verde es lo mismo que el plátano? En Argentina le decimos
banana y no comemos verde. ¿Es otra cosa?
CR: El guineo verde es lo mismo que el guineo maduro, lo único que hay que
dejarlo madurar natural. Pero el señor dijo, “Bueno, a ver qué puedo hacer por ustedes.”
Y nos llamó y nos dijo, “Yo los voy a llamar a ustedes cuando el cargamento llegue, pero
tienen que estar aquí, porque si no están aquí le vamos a poner gas.” Entonces, él nos
llamó y nos dijo, “Llegó el barco, mañana a las siete de la mañana van a descargar.”
Vamos para downtown.
ML: ¿Y cuántas cajas se compraban?
CR: Cada persona se compraba una caja, que en ese tiempo era bien cara. Pero a
mí no me importaba pagar lo que fuera. Empezamos por los guineos, y yo le dije a Charo,
“Charo, si traen guineos, traen yautía y traen malanga y traen yuca,” porque los filipinos,
los chinos, ellos usan eso. Y en ese tiempo no había muchas tiendas chinas aquí tampoco.
Y cuando llegamos allí, sacaron las cajas de nosotros para no meterlas al gas, porque
inmediatamente las ponen en gas.
Sacaron las cajas de nosotros, nos las puso al lado y yo le digo, “Oiga señor, yo le
voy a hacer una pregunta.” Ellos no sabían lo que yo estaba hablando, ellos sabían de los
guineos, porque green banana es green banana. Pero ellos no sabían lo que era yuca,

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cómo se llamaba en inglés, ni yo tampoco, porque yo no sabía, porque la yuca es yuca en
inglés y en español.
ML: Y no tenía Google.
CR: No tenía Google. So, yo tratándole de explicar al señor. Es así y así y me
trajo una… “Ah, yo sé lo que usted está hablando. Le voy a traer una a ver si,” pero lo
que me trajo fue taro roots, que usan mucho los chinos. Le dije, “No, no es esto. Es
parecido a esto, pero es larga.” Cuando voy a ver qué puedo -- cuando llegamos la
segunda vez, me dice, “Hay algo aquí que quiero que vea,” porque ya sabíamos de los
green plantains y de las bananas, teníamos que encontrar las yautías y teníamos que
encontrar lo que necesitábamos.
Cuando me trajo la segunda caja, ésta, “That’s malanga roots.” Pero en realidad
no es malanga roots es yautía y todavía si usted va a Publix le dicen malanga, pero no es
malanga es yautía. Pero yo la compro, anyway. Entonces, le dijimos a ellos, “¿Por qué
ustedes no supply aquí, habemos latinos que no tenemos dónde comprar ni productos,
nada, ni los productos Goya, nada, nada de eso?” “Vamos a ver qué podemos hacer.”
Entonces, ahí fue donde Limehouse y Legares, entre Legares y Limehouse ellos hablaron
con BI-LO, en ese tiempo Piggly Wiggly era uno de los restaurantes más predominantes
aquí, y ahí fue donde empezaron a comercializar.
ML: Hay una cosa que usted me dijo que me encantaría que, si pudiera recontarlo
ahora, que entre las cosas que ustedes decidieron como familia, como amigos, era que
cuando ustedes se reunieran iban a comer solo comida puertorriqueña.
CR: Ahí no había comida americana, era todo latino, era todo hispano. Si nos
íbamos a reunir vamos a comer comida de nuestro país. Yo creo que lo único que había

�Carmen Rigonan

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americano ahí eran las bebidas, pero cada cual era encargado de hacer. Tú haces el arroz
con pollo, las habichuelas, yo hago el bacalao. Tú haces los pasteles. Tú haces el pernil
asado. Tú haces el pollo guisado. Tú haces las alcapurrias, lo poquito que podíamos hacer
lo hacíamos.
Entonces, llegábamos, nos reuníamos en el parque, se sacaba la mesa de jugar
domino, que eso es importante, nosotros hacíamos la mesa y a comer todo el mundo. Y lo
que sobraba que tú te llevas, que tú te llevas. Y ahí fue cuando entonces nos empezamos
a reunir con la base militar que la semana hispana, entonces entramos a cómo vamos a
promover nuestra cultura aquí en Charleston, que sepan qué somos nosotros, quiénes
somos nosotros. Porque nos preguntaban, “¿De dónde ustedes vienen?”
Y automáticamente a nosotros nos confunden con los mexicanos, siempre. Yo no
soy mexicana, yo soy puertorriqueña. Mucho puertorriqueño eso lo encuentran ofensivo,
muchos. Yo por mi parte, no, porque yo me crie en esa cultura, viví en esa cultura, pero
muchos puertorriqueños no les gusta que les digan mexicanos.
ML: ¿Usted piensa que eso está asociado a la discriminación?
[Conversación Cruzada]
CR: El choque de la clase social.
ML: Pero también los puertorriqueños sufren discriminación como sufren, ¿no?
Todavía hay gente que no entiende que los puertorriqueños son…
CR: Nosotros sufrimos discriminación, todavía yo digo, yo no sé por qué porque
todos somos latinos, y siempre hay ese choque de cultura entre mayormente con los
mexicanos. Pero siempre está ese choque de cultura. No sé si es la manera de ser de
nosotros, de expresarnos, que a muchas otras culturas les choca esa parte de nosotros.

�Carmen Rigonan

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Pero al final de todo, todos somos latinos y cuando nos reunimos no hay diferencia. Ahí
fue donde entró esta parte, cuando llegó la Semana Latina que entonces, ¿cómo vamos a
proveer a los militares?
Porque ellos necesitan saber de la cultura, ellos añoran al estar en un país extraño,
estos muchachitos vienen de Puerto Rico y ellos añoran su cultura. Entonces, nosotros
entramos ahí, “No se apuren que nosotros les vamos a ayudar, les vamos a traer comida,
vamos a hacer los bailes.” Ahí entró la cultura puertorriqueña, la herencia puertorriqueña,
cuál era la herencia de nosotros y nosotros la queremos proveer en este estado, en este
sitio donde estamos.
ML: Así que básicamente empezó como trabajo de servicio para las familias
militares.
CR: Sí.
ML: Ustedes eran amigas, se encontraron, empezaron a hacer servicio para las…
CR: Porque también venían esposas que no hablaban inglés y se sentían solas y
querían irse para atrás. Por ejemplo, uno de los ejemplos más grande que yo le tengo es la
señora Batarau, ella está casada con un filipino, esta muchachita llegó aquí en el 1979.
Cuando esta muchachita llegó aquí nunca había salido de Puerto Rico, no sabía nada.
Llegó aquí a Charleston perdida completamente.
Ella llegó a mi casa porque yo fui a la boda de ella en Puerto Rico y cuando le
dieron transfer para acá, yo le dije, “Cuando lleguen se quedan conmigo hasta que le
den.” Ella tuvo un choque tremendo. Por cierto, terminó vendiendo su casa, regalándola
porque no podía acoplarse. Ella dijo, “Yo no puedo vivir aquí, no puedo, no puedo, me
tengo que ir.” Pero este sitio es un imán que atrae. Porque esta muchachita, yo le dije,

�Carmen Rigonan

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“Connie, si tú te vas otra vez para Puerto Rico va a ser bien diferente, porque no te vas a
acostumbrar, porque la vida en Puerto Rico es dura. Tú tienes que trabajar duro, vas a
terminar regresándote.”
Esta muchachita se fue para Puerto Rico, regaló su casa. A los dos años regresó
para Charleston porque ya Puerto Rico ya no era como antes. Ya los dominicanos estaban
predominando mucho en Puerto Rico, los haitianos, ya la isla se estaba llenando de otra
cultura que no era la cultura puertorriqueña. Y todavía ahora está más fuerte que antes.
Llegó ya, su esposo era militar, se quedó aquí.
A los cuatro años le volvió a entrar la añoranza de Puerto Rico, “Me tengo que ir
para Puerto Rico.” “Connie, por favor.” Se fue para Puerto Rico. Terminó en Washington
State y de allá un día, yo estaba trabajando, me llamó y me puso, “Pero Connie está bien
enferma de los nervios y se quiere ir para Charleston.” Le digo, “Pues si se quiere venir
que se venga.” Esa muchacha manejó cuatro días sin parar para venir a Charleston, y yo
le dije, “Connie, te lo dije dos veces, no lo hagas.”
Me dice, “Carmen, hay algo aquí en Charleston que me atrae.” “Te atrae lo
mismo que me atrae a mí, no estamos en Puerto Rico, pero vivimos Puerto Rico.” Este
sitio, Charleston, no el estado, Charleston, es un sitio que para mí como latina es yo estar
en un país latino, en un sitio latino, porque las estructuras de este pueblo es una estructura
hispana. Yo le digo hispana, ellos le dicen española, pero para mí es hispana, porque
usted mira los sitios y los compara. Yo miro retratos y no sé la diferencia de una iglesia
aquí en Charleston y una iglesia en Puerto Rico.
ML: Y usted hizo su vida aquí y se quedó aquí y aquí ha criado sus hijas y
¿cuántos nietos tiene?

�Carmen Rigonan

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CR: Yo tengo tres nietos. Tengo a Juliana, va a cumplir dieciséis años. Tengo a
Dylan, va a cumplir dieciséis años y tengo a Anais, que va a cumplir trece años. Y aquí
yo los he criado, pero los he criado con mi cultura latina, los hemos criado con la cultura
filipina, por mi esposo, pero más predomina la cultura latina. Yo les dije a mis hijas, “No
cometan el error que yo cometí. Enséñenles a sus hijos el heritage. Enséñenle que no
importa de dónde vengan y dónde estén, ustedes pueden hacer su propia cultura,
respetando la cultura americana y la cultura filipina. Pero la herencia mía latina yo la
quiero dejar con ustedes, quiero dejarla.”
Y lo más lindo de esto es que por más lejos que nosotros estemos de nuestros
países, de nuestras culturas podemos llevar la cultura de nosotros a cualquier sitio. Y
Charleston ha acogido la cultura latina, no solamente puertorriqueña, cultura hispana, se
ha acoplado bien con ella. Y la prueba está que hemos sido invitados a sitios
maravillosos. Han venido a reunirse con nosotros gobernadores, senadores, gente
poderosa, ha venido donde nosotros para saber de nuestra cultura.
Ellos quieren saber cuál es el secreto de nosotros que siempre somos felices.
Nosotros respetamos la cultura de aquí, yo la respeto, y como dicen el americano, my
heart goes out to you, pero tenemos que respetarnos mutuamente, tu como americano de
color y yo como latina. Entre nosotros juntos podemos hacer milagros y lo hicimos.
Hicimos una organización grandísima. Existió por muchos años. Ayudamos a los latinos,
pero también le enseñamos al americano aquí en Charleston quiénes somos nosotros, de
dónde venimos y de qué somos, de qué nos componemos.
ML: Muchísimas gracias por su tiempo. Hoy lo vamos a dejar aquí. Muchas
gracias, Carmen.

�Carmen Rigonan

30

CR: A sus órdenes.
End of recording.
MLL 8/21/2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1739">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1740">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1895">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1937">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Oral History of Carmen Rigonan, interviewed by Marina López, 19 August, 2019</text>
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                <text>Hispanics in the United States</text>
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                <text>Carmen Rigonan (b. 1948) was born in Caguas, Puerto Rico and raised by her grandmother in a large and poor family. Her parents died when she was young, and her aunts left to work in the agricultural fields of New York. She has fond childhood memories of playing in the riverbanks and the sugar cane fields. As a child, she contracted tuberculosis and was hospitalized for four years. In 1963, she moved to Corpus Christi, Texas where her sister and brother-in-law, a military officer, resided. Upon arriving, she experienced a cultural shock related to the national events and the racial dynamics of her new community. She dropped out of school and got a job at the military base in the Head Start program. There, she met her husband, a Vietnam War veteran of Filipino origin, with whom she had two daughters. The family moved to several states, including Puerto Rico and settled permanently in Goose Creek, South Carolina in 1978. It was in the Lowcountry where Rigonan reconnected with her Puerto Rican roots. Later, with a group of friends, she founded a non-profit organization called Tri-county Hispanic Association to promote community and cultural activities. In the interview, Rigonan reflects on the construction of her Puerto Rican identity and talks about the racism and classism that she has faced throughout her life. She takes pride in her multicultural family. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carmen Rigonan (1948) nació en Caguas Puerto Rico y creció junto a su abuela en una familia numerosa y pobre. Sus padres fallecieron cuando era pequeña y sus tías se marcharon a trabajar en los campos agrícolas en Nueva York. Sus recuerdos de infancia están asociados al rio y a los cañaverales de azúcar en los que jugaba. Siendo niña contrajo tuberculosis, “la plaga blanca” y tuvo que ser hospitalizada por cuatro años. En 1963, llegó a Corpus Christi, Texas donde residían su hermana y su cuñado que era militar. Allí sufrió un choque cultural marcado por los acontecimientos nacionales, pero también por las dinámicas raciales de su comunidad. No quiso estar en la escuela y consiguió trabajo en la base militar en el programa Head Start. Trabajando conoció a su marido, un veterano de la guerra de Vietnam de origen filipino con el que tuvo dos hijas. La familia vivió en varios estados, incluido Puerto Rico y se radicó definitivamente en Goose Creek, Carolina del Sur en el año 1978. Fue en el Lowcountry que Rigonan reconectó con sus raíces puertorriqueñas y junto a un grupo de amigos fundó una organización sin fines de lucro llamada Tri-county Hispanic Association, que tenía como objetivo promover actividades comunitarias y culturales. En la entrevista, Rigonan reflexiona acerca de la construcción de su identidad puertorriqueña, habla del racismo y clasismo que ha enfrentado a lo largo de su vida y se enorgullece de su familia multicultural.</text>
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                <text>The Charleston Oral History Program at the Citadel</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPT (TRANSCRIPCIÓN) - DIANA SALAZAR
Interviewee (Entrevistada): DIANA SALAZAR
Interviewer (Entrevistador): KERRY TAYLOR
Interview Date (Fecha de la entrevista): June 13, 2013
Location (Lugar): Charleston, South Carolina
Length (Duración): 83 minutes

KERRY TAYLOR: That would be the--and then you know, we’ll have time, too,
to--we’ll get the transcript and we would have time to go back and-DIANA SALAZAR: You know what, I just did a commercial for Fielding--a
commercial in Spanish for Fielding Funeral Home.
KT: Oh, did you really?
DS: Yep, sure did. That was pretty neat.
KT: Oh yeah, is that your first-DS: First commercial?
KT: Commercial work.
DS: Well, I’ve done so much TV, but I might say yes, yeah, it was pretty neat,
yeah, that our community is aware that like it or not, you can make money with us, too.
KT: Right, right.
DS: I mean it sounds terrible the way it sounds, but I’m glad that the community
is opening the doors to the business.
KT: There’s a logic to it, sure, sure. Well, tell me, just to get us started, if you
could for the record, say your name and where and when you were born.

�Diana Salazar

2

DS: Okay, I am Diana Salazar. I’m Mexican American. They call me Chicana
sometimes. I was born in Homestead, Florida, close to Key West. And I was raised there
until I was about maybe seventeen, sixteen years old. And then we moved to Orlando.
And by then, my parents had stopped being migrant workers. We were raised in--not
necessarily us daughters because there’s three girls, and one--my brother who is the baby.
But we weren’t necessarily raised in the tomato fields and cucumbers. My father didn't
want that for us, but that’s the only thing my father knew because he was raised by his
stepfather, who was from Mexico. But we would go into the world out there as we got
older. I’m talking about like fourteen, fifteen, sixteen years old.
But I remember so well when I was about twelve years old, I think it was Wilson,
North Carolina. Excuse me. In Wilson, North Carolina, and I don’t recall correctly. I
went to summer school. I feel like I’m there now. I went to summer school and I had a
white Anglo teacher named Van. He was so handsome. I’ll never forget him. I was only
maybe twelve or fourteen. And I remember he was preparing for a spelling bee test
against all the migrant worker children. There was a lot of us were Chicanos, too. And I
probably missed like maybe two or three out of like ninety or a hundred, with a spelling
test or a spelling bee. But I missed maybe, like I said, two or three. And I remember he
came to me and sat me down in the classroom by ourselves. And he says, “You know,
I’ve been watching you.”
And I’m always going to thank him for the words I’m about to tell you. He said,
“You’re a smart little girl. You’re a pretty little girl, but you’re a smart little girl.” He
says, “If there’s any wisdom I can give you or type of advice,” he said, “do not become a
statistic Mexican girl that works in the fields and gets pregnant.” He says, “You go get

�Diana Salazar

3

your education because you’ve got it in you.” And to this day, I remember his words, not
to be the stereotype, typical Latina, to strive for the stars, to be an achiever. Those were
his words, but as I said, twelve and fourteen, I’m sure that he just tried to make it as
simple as he could. But as I’ve gotten older, I will always thank him for the rest of my
life because he said the right words at the right time, as a migrant child.
My father is an avid reader. He’s a James Patterson--oh, he just loves James
Patterson books. He can read them every day. He probably reads them three times, once
he puts it down. I mean the same book later, maybe a month or two later, he’ll come
back. But my dad has always been an example, too, because he is Chicano. He was born
in Texas, so my dad--I think my dad has mentioned to me once or twice in his lifetime
that if he could be born again, he’d be a writer. My dad’s very smart, very intelligent, but
because of his stepfather being Mexican, from Mexico, that macho type, I don’t think he
allowed my dad to pursue the education.
KT: That’s for sure.
DS: Yeah.
KT: Where in Texas was he born?
DS: My dad is from Harlingen, Texas.
KT: From?
DS: Harlingen, it’s--yeah, Harlingen, Texas. And his mother--my grandmother--is
also from Harlingen, Texas. And my father’s grandmother, now she’s from San Luis
Potosi, Mexico. And she came here-KT: Una Potosina.
DS: Yeah, and she came here in a car, more than at least 130 years ago, no joke,

�Diana Salazar

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tiny little lady like myself, maybe even shorter, spunky. I’ve been told she was very--they
say I remind people of her because she had a lot of energy.
KT: So, would you have known your grandmother?
DS: Yes, I met grandma. Yeah, my grandmother was bilingual. My grandmother-both of my grandmothers. I’ll tell you about the other side, but this grandmother, my
Grandma Ramona se llama Ramona, Ramona Martinez. My Grandma Ramona was
Chicana and spoke English and Spanish, both languages.
KT: Where would you have met that grandmother?
DS: We were raised with her because remember, my dad was raised in the
migrant lifestyle, so as we got older, well, we saw her--her husband is the one that
educated my dad as far as the farm life, so we were always around them, yeah. But she
had a good life, believe it or not. And this is--I’m talking in the seventies. I’ll always
remember my grandmother had a house with three bedrooms. She lived in a nice
neighborhood.
KT: This is in Homestead.
DS: This is in Homestead. It was actually called Leisure City, which is connected
to Homestead, close to the Air Force Base. So, she lived on the strip to the Air Force
Base, so we weren’t like poor-poor. I think we were considered Chicano middle class
because she didn't live--she lived more in mainly a community of Anglos. I’ll always
remember she had this huge, big Christmas tree. She just loved big Christmas trees. So, I
would say she was a middle class Chicana, well-to-do.
KT: But by virtue of being US born, they may have had an advantage over-DS: Yeah, she had an advantage.

�Diana Salazar

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KT: You know, others in the community.
DS: Yeah, she had an advantage because she had-KT: And your father as well.
DS: She was bilingual, Daddy was bilingual. Her husband, my father’s stepfather,
was a little bilingual, but because he was a hard worker and achiever, he was like a
contractor to bring people from different places to work in different areas, so he provided
for her, yeah. Believe it or not, but they lived well--now that I think about it even more,
they lived well. I mean they weren’t like poor, like a normal typical migrant worker that
you go in, an old shack or an old house, or an old mobile home, no, no, no. She lived
quite well.
KT: And your father was a contractor too.
DS: My dad became one, just like his stepfather, yes. He became one once he
died. My grandfather died of--my step-grandfather--but I knew him as a grandfather--he
died of cancer in his throat. So, my father had to pick up the pieces, to provide for us and
provide for his mother because that’s a culture thing, yeah.
KT: But through your teens, you were traveling with your father.
DS: Yes, we would travel. Sometimes we stayed in labor camps. There’s one
story I want to share with you. I must have been between twelve and fourteen also. We
went to Maryland, and in Maryland, it was so big. The camp was so big. I don’t know,
I’m going to guestimate, it could have been at least five hundred people that could live in
that camp, and they had a big baseball field. One morning, I could hear--I got up-everybody got up, and I remember I could hear everybody just screaming, “Go, go, run,
run, La Migra. I’ll never forget that. And I was so young. And I look out the window.

�Diana Salazar

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I’ll never forget, I looked out the window there was buses and buses, big buses,
like school buses, and they were lime green. And that was--that was the first time I knew
what La Migra was, immigration. And it was a culture shock because I was an American,
I wasn’t running, but you could see people running. They called those labor camps. And
it was a shock. I haven’t talked about this in a long time. I was a little girl, fourteen,
twelve. And my aunt--my Aunt Amanda was a US citizen. We have American names by
the way, because we’re Chicanas. When you’re born in this country, we have American
names, too. It’s not always Maria, Guadalupe, Susanna. For example, my Aunt Amanda
had a Mexican undocumented boyfriend, and he was running, and he was saved because
he hid in the trees like a monkey, no joke, no joke. But they took a lot of people then. The
sad part about it, these people picked tomatoes or cucumbers back then, but they were
almost done, so they had done the work for Maryland, and then they came and swept
husbands and wives, took away these--separated families. That’s the sad part. It’s been
going on for years.
KT: Do you remember feeling fear yourself?
DS: I was nervous, I was scared, I was like, “What’s going on?” I’m an
American, but I’m not running. When you’re brought in this culture, you’re not brought,
maybe now it’s different, but back then. I don’t remember my parents talking about la
migracion. But now, even my children know about it because my children go to marches
that I actually do myself. And my son, who is eleven now, but wrote when he was nine,
about--he wants to become our president to change the world and let undocumenteds be
freed because they’re human just like us, and that’s what God created. But that’s a
different story.

�Diana Salazar

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KT: Yeah, and we’ll--I want to get to that, too. We’ll get to your children. Was
that difficult, just the transient lifestyle of moving to these various communities?
DS: Well, it was okay back then because I had friends that were moving, too. And
remember, we come from Homestead. Either you would meet your friend from
elementary or middle school, and it was okay. You got to see your friends. As you
moved, you saw your friends. It was more like a--I don’t know, it was more like camping,
yeah so you saw your friends. Sometimes I remember it was in the summertime, and it
was my first boyfriend. Could have been about maybe fourteen, fifteen, and we went to
go see Grease--“Greased Lightning.” Yeah, and it was a whole bunch of us. I think the
summer school took the whole--got a school bus and took us all. And I remember--I’ll
never forget my first--supposed to be my first kiss and I slapped him. And that was over
summer camp, and that was when I was a migrant child, and I still remember his name.
That was an experience, too, when I was a migrant child, went to go see Grease, and
probably saw it about eight times that summer. I just loved it, and I still do.
KT: Everybody did, everybody did.
DS: Yeah, so that’s a childhood memory.
KT: Was there a--you know, given that you had--that your step-grandfather, that
your father was a contractor, that you were of a little bit different socio-economic status,
were there any efforts on the part of your parents to keep you away from the--for instance
the Mexican born kids, or the Mexican community, like were they protective of you in
that sense?
DS: No, let me give you another story. Now you got me rolling. When I was a
little girl also, maybe between seven and eight--God, it’s been a long time. I don’t talk

�Diana Salazar

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about stuff like this. We had parades, okay, we used to have parades in Homestead. And I
remember they would dress me up in Mexican costumes, my sisters, my cousins, my
friends. And everybody would decorate their trucks, but you know what kind of trucks
there were, they weren’t pickups.
They were the kind of trucks that you haul tomatoes to the fields, those big bins,
those kind of trucks. And they would decorate it like a Hawaiian skirt, but it was Mexican
flag and stuff, and they would sit us up there. So no, I think my parents did a--I think if
anything, I’m appreciative that they educated us about what Mexico was, what Mexicans
are. And we always ate tortillas, frijoles, chile, so I’m just blessed to have two cultures,
you know, apple pie and hotdogs when I want, and I can have my own salsa from home
that I make--that I just made four days ago, and tortillas from scratch. So I think it’s made
me who I am today.
KT: Did you travel to Mexico as a child?
DS: Yes, every summer.
KT: To San Luis?
DS: I’ve never been to San Luis. I’ve been to Guadalajara, Reynosa, Matamoros,
maybe two other states that I have not mentioned, but yeah. Oh, yeah, my dad had friends
out there, so we would go see my dad’s friends. Yeah, I remember, where was it? It was
somewhere in Mexico where my grandfather was from. I’ll never forget this, but this is
another cool story. I’m gonna say I was about seven and eight, too, because we’ve got
pictures and I’m wearing shorts and a little tank top and some flip flops. And I
remember--this is funny. I remember when we got there, and I told my dad or my mom
that I wanted to go to the little girls’ room.

�Diana Salazar

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And they said well, you know, get so and so, they’ll take you out to that side in
the wood area, and I’m like what? “Yeah, yeah, just go over there to the woods.” And
they were like--that was a culture shock. But the other shock was I would tell my dad,
“Papi, why are there so many mollos around here. And mollos are African Americans or
blacks, or Negroes. My dad said, “They’re not mollos.” And I said, “Well, why are they
so black then?” He said, “Because there’s the sun; they play a lot outside. They have a
different type of sun or rays than we do back home.” I was like, “Oh.” But that was a
culture shock because they’re Mexicans. But they were so dark, yeah, yeah. And you
know, I have my hazel--my eyes changed green. I was born with blue eyes, you know,
light skin. So that was a culture shock, yeah.
KT: Do you have any idea--I mean have you heard anything more about the story
of why your great grandmother came to the United States. So, this was in the teens or the
twenties?
DS: Yeah, I know the story. Yeah, I know the story for that. I guess.
KT: And they came to Texas.
DS: She came. She left her boyfriend then--maybe husband then, I’m not real sure
if it was boyfriend or husband, but he was married to somebody else, and she left him,
okay. He left that family with children, his wife, to look for my great grandma, and that’s
why they had babies here.
KT: So, she just--I mean she must have known something about Texas.
DS: I would assume so.
KT: Yeah, and resource--you said she came in a car.
DS: Yeah, she came in a car.

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KT: She must have had some resources as well.
DS: I think she was just--as they say, she was like me. She had guts.
KT: And I’m assuming this is shortly after the Revolution.
DS: Oh, yes, because my dad said he remembers--and don’t quote me now, but I
don’t--like Papi has--now my dad’s seventy, but I don’t remember if Daddy told me that
he saw Pancho Villa, but he knows for sure his grandma saw Pancho Villa.
KT: Is that right.
DS: Yes. Yep, he knows that for sure. But I don’t want to--don’t quote me, but I
don’t know if Poppy said that--if he saw him, at seventy.
KT: I think Villa was--I could be wrong in this, but I think he was dead by the
time your father was born. I would have to check that.
DS: Okay, but his grandma did see that. Yes, his grandma did see him, yes, that is
a fact. He’s told me that, and he’s not the only one who’s told me that. I’m telling you,
it’s more than 130 years ago. If Daddy’s thirty--I mean if Daddy’s seventy--God, I really
got to look on that, don’t I?
KT: You should look that up.
DS: Yeah, I should, I should.
KT: So, now Homestead was essentially-- that was home base.
DS: Yeah, it’s home base.
KT: But you’re in Wilson, you’re in Maryland. Do you remember what other
communities that you traveled to?
DS: Yeah, South Carolina. Oh, let me tell you another story. God, I’m full of
stories. I’m telling you how old I am now . When I was a baby--well, my dad--mom and

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dad eloped and came here from Homestead, to here. Mom and Dad got married by the
civil justice of the peace in downtown Charleston at the court. They got married at--is it
Nativity Catholic Church on Folly Beach, at the church. I was born - now my dad’s a
white Mexican like yourself, but he’s got a tan maybe like me now. We do tan. When we
drive too much, we do tan. But really, what they called a white Mexican. Now my mom’s
what they call the dark Mexican.
But my mom has a little oriental look in her eyes. So I was a baby in my dad’s
arms. They were gonna eat here on King Street . This is 1964. That’s how old. And they
walked into a restaurant, and that particular restaurant told my parents that they could go
sit in the back where the black folks were eating. He’s a white Mexican with a Latina-might have a little Chink in her, so to speak, or something. That’s 1964, when I, as a light
skinned baby Mexican girl, too, baby in his arms, believe it or not, but here right in
downtown, we dealt with a little racism. That must have been the last straw of racism in
that year maybe, I don’t know.
KT: Well, it would have - you know, that was right at the height of the movement
to desegregate downtown Charleston.
DS: Well, I lived it as a baby.
KT: And you’re right, shortly after was when they first started to open up.
DS: Yeah, so that’s another story.
KT: But now, do you have any idea why they came to this--to Charleston?
DS: Probably because they were migrant workers.
KT: So, they were familiar with--your father was familiar with Charleston already
somehow.

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DS: Yeah, somehow. I do know that they loved it here, and they’ve been here at
least now--I’m going to guestimate about twenty-four years. They bought a home here,
they live here in Hollywood, South Carolina. And they’re probably one of the first
Mexican Americans that bought a house in Hollywood twenty-four years ago, not being a
migrant worker. By then, they stopped being migrant workers.
KT: I want to go back to Charleston in a minute, but tell me, where did you go to
high school then?
DS: In high school, I went in Orlando, like I mentioned to you. We moved from
Homestead to Orlando, and we were there-KT: What was behind the move?
DS: I think my parents were ready to stop the migrant life. We were growing up.
The girls--us girls were growing up, so I don’t think they wanted us in that environment
too much. I’m assuming that. And you know, my dad had a--he was raised by his
grandmother, so my dad was kind of poor. He was poor. So, I think he wanted, like any
parent, the best for his child.
KT: Do you know what sort of work he found in Orlando?
DS: No, I don’t remember. I really don’t. I’ve tried to remember, but you know
what, now that I think about it--now that I think about it, I think they bought--you know,
those taco stands? God, you’re making me think so much today. Now that I think about
it, if I remember them correctly, they bought a big van like that. They went to Mexico
came back with all kinds of Mexican merchandise, and they would go to different places
and sell it.
KT: Interesting.

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DS: Now that I remember, because he wanted to get out of there--their own little
store in a van like that--a big van.
KT: And they were selling to Mexican customers, bringing a bit of home to--and
they would have, of course, had the freedom to cross the border.
DS: Oh, absolutely.
KT: So that they develop that as a kind of entrepreneurial interest.
DS: Yes, and my dad would--now that I just remember, before I forget, but my
dad also, when we lived at Homestead, and I was young--but my dad also was a part of
the movement with Cesar Chavez. Yeah, he helped. Met Cesar Chavez. He used to work
for the movement.
KT: In south Florida.
DS: In south Florida and Texas. Oh, I’ve got so much to share. Now you’ve
opened an egg here.
KT: Do you remember, like--so he sold Mexican products.
DS: Yes, he did, him and my mother.
KT: But did--by any chance, did they do hot food?
DS: Never.
KT: No, okay.
DS: No.
KT: And this would have been in--now we’re talking about 1980--in the early
eighties.
DS: Early eighties.
KT: You’re in Orlando.

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DS: Yeah.
KT: So, you were in high school in Orlando.
DS: And then I was in high school.
KT: Do you remember thinking like what you wanted to be as an adult when you
were young or when you were-DS: Back then, I got dumped by a boyfriend. He was Chicano, too, had had
money, and he dumped he, and he said, “You know, do you think this may be the right
time for us to go get a hotel room?” And I remember so well, I was probably sixteen, and
I said, “No, I’m really scared of my dad.” And he said, “Oh, but he’s not going to know.”
And I said, “Oh, yes, he will.” He said, “No, he won’t.” And I said, “Yes, he will. I’m too
scared of them.” And he took me back to the house because we went out dancing, a
Mexican dance. And the next day he came back. Well, he called me, he says “I’m coming
back.” I lived in Orlando, he lived in Fort Myers. He said, “I’m coming back, and I want
you to give me all the things I gave you.” It’s Teddy bears and little charms and promise
ring, you know, and I did. I didn't give him everything, but I did. And thanks to that,
sounds terrible, but even though I stayed a nice decent girl, I met the love of my life. And
he was studying to be an attorney. And he was Chicano, too. He was going to Valencia
Community College, and he wanted to become an attorney. And we started dating.
And I remember our first date, we were supposed to go to a Mexican dance,
community dance hall. And my dad said yes. Oh, I remember he said, “Would you like to
go to the movies or something, or maybe a dance?” And I said, “Well, I don’t really
know you that well.” I just moved to Orlando. And he said, “Well, you don’t have to be
scared.” I had just gotten dumped, and I said, “Well, you’ve got to ask permission from

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my parents.” And I said I know this guy’s not going to do it. And he said, “Oh, okay.”
And I was like, “Oh, my God.”
So, he did, he went to the house and he sat with my parents and said that you
know, he knew I was new, but he wanted to take me to dance. To make a long story
short, he shows up. It was New Year’s, and he comes up with a vest and a tie and a coat
hanging on his--behind the pickup hook. He had a green pickup. And my dad said, “No,
you can’t take her.” And he says, “Oh, okay, I’m sorry, did I misunderstand you?” This is
a Chicano, he has very good English. And my dad said, “No, you didn't.” He said, “I
decided to take her mom out dancing to that community.”
And I had rollers on my hair, and I did not know that my dad had done that, so
I’m walking out with tears--I thought he had left. Well, he’s still sitting there, with my
rollers on the head, those hot rollers. I was so embarrassed, oh, God, and I remember that,
too. He said, “It’s okay, it’s okay.” He stayed there until my parents came back. And my
sisters, my siblings and my brother fell asleep. My dad by then had one or too many
beers, and he says, “So, you got a home, Son?”
Now you got to remember we speak English and Spanish, but he’s speaking in
English. He says, “You got a home, Son? It’s kind of late isn’t it?” “Well, I just thought
I’d sit here since you know, you were gone, not to leave her alone.” “Well, then you can
take your ass back home, huh?” And he said, “Yes, Sir, I can.” He says, “Okay.” And we
became boyfriend, girlfriend. We moved here, boyfriend, girlfriend. He stayed in Florida,
and he worked at a grocery store and was going to college. And we couldn’t live without
each other. We fell in love, and he came here and asked--with his parents from Orlando-and asked blessing for our wedding. And he said, “If your mom and dad says no, then my

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mom and dad already know you’re going to elope with me today.” I was only nineteen. I
was like, “I am?” He said, “Yeah.” And I said, “Oh, okay.” But I was in love. I was only
high school. And thank God, my dad said yes and my mother said yes. He left that same
night back to Orlando. And I got married here in Hassel Street, had a horse and carriage
wedding. And the only thing that my dad requested from that wedding was for me to
wear my veil ten feet long, like Princess Diana did a year prior. It was a long veil. I
looked I was in on my communion, as tiny as I am. Can you see that veil that long, and
I’m this tiny little thing here.
KT: It’s twice your size. So, you moved to Charleston in 1980--what is that, 1982
or so? You were eighteen or nineteen?
DS: Yeah, I went to Baptist Hill High School. That was my last--that was my
senior year. Yeah, I went to Baptist Hill High School.
KT: When you first moved to Charleston, where did you live?
DS: We lived in Hollywood, we always have.
KT: Okay, and so was your father--at that point, was he doing anything in
agriculture?
DS: Yes, he was. Yeah, he worked for Fisk Farms.
KT: I’m sorry, what’s the name?
DS: Fisk, F-I-S-K.
KT: Fisk, and what was he doing for them?
DS: He was a crew leader. Yeah, he was a crew leader then too.
KT: So essentially supervisor for tomato-DS: Yeah, for the tomato pickers. Mm-hmm, yeah but we didn't have to leave, we

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didn't have to travel, he was doing it here, so he was seasonal, yeah.
KT: My impression, and this is something you’ll have to enlighten me on , but
that work, the work in the tomato fields on Johns Island and in the surrounding area, that
that was always African American work until the early 1980s. Do you know--was there a
Latino presence before the eighties? Do you have any sense of that?
DS: It had to have been because they were here with me in 1964, so they had to
have been.
KT: Because that’s what brought your father back then.
DS: Absolutely, absolutely.
KT: So, somewhere, somebody was already hiring.
DS: Oh, yes, oh, definitely. Well, if you look at it, go to Cesar Chavez, in the
sixties, why was he fighting for the Latino population with the grapes--agriculture.
KS: Well, I know in the rest of the country, but I didn't realize-DS: So, you’re telling me in South Carolina?
KS: In South Carolina.
DS: I would think so. We were here, yeah.
KT: Yeah. That’s interesting. Do you have any--like do you remember, did you
have any--I don’t know, did you ever have any impressions of the farm where he worked
or by this time, you’re a young adult and you’ve got your own life, but I don’t know, did
you--were you--did you grow up close to that farm?
DS: No.
KT: No, okay.
DS: I was married.

�Diana Salazar

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KT: Yeah, yeah, so I was just trying to get a sense of like how many people might
be employed, where they-DS: Well, actually, I came back--well, my dad would take us to the fields, like I
said, off and on because we would come for tickets. At lunchtime, everybody would stop
and eat, and us the daughters, would count the tickets.
KT: So he had you helping out.
DS: Oh, yeah, we helped out. We didn't necessarily pick the tomatoes, but we did
more like moving the trucks forward, you know, go get the sodas and waters, right, for
them. So, we were there.
KT: Yeah.
DS: But we didn't do any, like the physical, physical labor. Yeah, and we kind of
took a turn. I remember one time.
KT: In counting tickets, tell me--these are once somebody turns in-DS: A bucket of tomatoes, a bucket of cucumbers, bucket of whatever vegetable,
you get a ticket. I think back then--I don’t want to lie, but I don’t know if they were fifty
cents a bucket. I don’t recall. But I remember putting the name and putting how many
tickets at lunchtime.
KT: Do you remember anything about the conditions?
DS: Terrible. Oh, my God, it was so hot. These people, the undocumented, a few
Chicanos, but not much, but would pick these tomatoes. Now that I can tell you very,
very clearly. You know, they pick tomatoes in the heat, I mean like now, eighty, ninety
degrees. Cucumbers, whatever, if it’s raining and it’s not lightening, they pick them like
that, too. If it’s cold, they pick them like that, too. It’s a very sad life. And I’ve lived it

�Diana Salazar

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and I’ve seen it. I won’t say inhumane, but it’s so shameful at times because it does rob a
little bit of your identity because you have to survive. You have to provide for your
children. And then as you see the shelter the farmers provide for them, they’re horrible.
They’re horrible. But as Americans that we are, oh, we don’t know that. We just eat the
fruit, we just put a blinder on our eyes, okay, or turn our faces, and it’s okay what they
do, but reality is, go out there and pick a tomato with them in the heat, and we’ll probably
last fifteen minutes, and we’ll be running as Americans, back in the car. I’m talking US
American.
My children have no idea what it is. My children, they don’t have any idea what it
is to earn a dollar like that, so it’s a very--very difficult life for them. And they’re so--and
language barrier of course. It’s a dirty job, nasty. And you put your hand--pick the tomato
from the vine and it’s rotten and stinky, and it’s all over your hand, but you move on
because you’ve got to remember that’s the provider that feeds you, that buys you clothes,
shoes. So, that’s the sad part about it that we Americans seeing the undocumented as
here, it has taken away our jobs and it’s taken advantage of the system for food stamps
and housing authority. Do you know what, if you’re undocumented you have no rights to
our government. You and I do. You and I do, but we as Americans have got to get a grip
on undocumenteds don’t have rights.
KT: Do you have any sense for what people did for to--you know, and I loved
your phrase that it takes something of your humanity, that kind of labor, but what did
people do for entertainment to retain a sense of dignity?
DS: There isn’t a whole lot because you’re a migrant. You don’t know that town.
You don’t know. Usually, farmers don’t provide housing in a nice area. It’s in the woods

�Diana Salazar

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because they fear immigration. It’s in the woods. I’m telling you because I’ve been there.
They’re always stay in a very, very rural area where maybe one store, one gas station,
because they know. For recreation, maybe if somebody got married because they met
there or a little cookout, but that was it.
KT: Do you remember music?
DS: Yes.
KT: Musicians?
DS: Oh, yes, no musicians, but music, yes.
KT: Someone had a radio or a cassette player.
DS: Somebody had a little jukebox or something, oh yeah, oh, yeah. Yeah, that
part, you know, they’re still humans. And as Latinos, that’s one thing you can’t take
away, and that’s the rhythm in their heart with the music. You can probably try to take
their dignity, but you won’t take away their music.
KT: I’m sure food was a source of pleasure, being able to have tortillas and beans.
DS: Yeah, you know.
KT: Salsa.
DS: You know, my mom cooked that, but because Chicanos cook different than
real Mexicans do. We don’t use the same spices. Even now, at this old age that I am
today, do you know that Mexican--real Mexican food really irritates my stomach because
I just can’t take it because my mom doesn't use that much spices or the same chiles or the
same ingredients. You and I can probably take the same salsa at Santis or somewhere, but
if you use that real, real stuff, your stomachs are going to like it, but after while they’re
going to be upset. So, yeah, you smell it, you smell that tortilla, oh, yeah. That was cool, I

�Diana Salazar

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liked that, yeah. You know, like for example, that Mexican dish--you might know,
Mexican eat cactus, not just beans and tortillas and salsa. They cut the cactus, they cut all
the ends, the little stems on the ends, and they rinse it, they boil it with onions, then they
sometimes put a little salsa with tomato. Oh, my God, that’s awesome, nopales are
awesome. Oh, my God, or fry them on the skillet, a little bit of olive oil. Now we’re
talking, yeah, a lot of good memories.
KT: How long did you remain in Charleston?
DS: When I was single?
KT: No, after getting married, I mean were you-DS: When I got married I left. Remember, he’s from Orlando.
KT: So, you went back to Florida.
DS: Yes, yeah, I did. Married seven years, no children, came back here. I moved
back here with my second husband in 1983--maybe in ’83, ’84--’83, had my daughter in
Orlando and came back. I’ve been in Charleston since 1984 or ’85. I never left again, and
I love every bit of it. I just love Charleston, yeah.
KT: And you moved back to be close to family, or for-DS: Yeah, at that time I did. I just wanted a change in my life. I had a baby now, I
was thirty years old. That’s where the American girl comes in. Remember what the
teacher told me, don’t be statistics. This girl, if he was alive, I would look for him and tell
him, “Look who I am today.” I had a baby at thirty, I achieved this, I achieved that,
achieved that. Never been to college, never been but life has been college for me. I don’t
regret it, to be honest with you.
KT: Well, what sort of work were you doing in your twenties?

�Diana Salazar

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DS: In my twenties, the husband that I married was a great provider. We lived
quite well. We had a home, two new cars. He didn't finish becoming an attorney, so he
became a manager of a grocery store called Albertson’s, like Kroger’s. Yeah, so we lived
quite well, two young Chicanos that didn't want to have babies, and-KT: Mm-hmm, having fun.
DS: And we had a good time, had a good time, the American dream. That’s what
I’m saying, we can all do it. But I think once in a while, I would ask him, “I need to
work, I need to work.” And he goes, “Okay, just go to work, but just part time,” because
he had different shifts, so he wanted to make sure. We’d go to the beach, go have a drink.
I had a great life, yeah. What can I tell you, I probably worked for Zayre jewelry
department, and then he had me as a volunteer for Valentine’s, Christmas. I did wrapping
for his store, so he would volunteer me for holidays to wrap for free. Yeah, of course,
he’d pay me. He would out of his pocket.
KT: But in terms of your community service work, had that begun at this point?
DS: No, at that time, never kicked in. No, I remember when I was in high school
in Orlando, I remember this. Was it Orlando? No, it was in Homestead, Florida. I could
have been about fourteen, and I remember being at something like the ROTC directing
traffic in a blue uniform. My dad was so proud of me. Yeah, so my dad’s always said,
“You’ve always been a leader. You just didn't know it.” Yeah, because my dad said I was
the one directing traffic and telling the other kids what to do. And so that was one of my
first kind of real jobs. Yeah, and then I worked for the fire department in Orlando. No, in
Homestead at fifteen or sixteen, I had another real job. Oh, my God. I worked for the
Planning Zoning Department for Dade County.

�Diana Salazar

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KT: As a teenager?
DS: As a teenager, after school, and I did the color zones with the colors, with a
pencil--pencil colors. That’s what I did. I worked in the front desk.
KT: That’s great kind of experience for a young, young person.
DS: I didn't realize it, but I was not going to be statistics. I was looking for that
open door. I always had it, just didn't really know it, I suppose--or felt that it was normal.
Maybe I just thought it was normal because I was a Chicano bilingual, so I want to write
a book about my life. I’ve got so much to share. Yeah, but yeah, and I also worked at the
fire department as their typist.
KT: Did you live in Chicago at some point?
DS: Never.
KT: Never, okay, okay.
DS: Never. I have family there, and famous people there.
KT: Famous people?
DS: Oh, yeah. Rudy Lozano.
KT: Rudy Lozano, was he a councilmember?
DS: Rudy, no. Rudy was an activist. You can Google him.
KT: Well, I know that name.
DS: Yeah, Rudy Lozano.
KT: But for some reason, I thought he was--I didn't know he was based in
Chicago.
DS: Oh, yeah, in La Veinte Siete. Oh, yeah his cousin--his sister, Emma Lozano
was famous, too, right now. She does the same work. Rudy--

�Diana Salazar

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KT: Was he part of the Brown Berets?
DS: As far as I know--I don’t know. I don’t know. Maybe you might want to talk
to his sister Emma, one day I’ll bring her down. She comes here. She can tell you a lot.
KT: This is who now, a relative or friend?
DS: Yes, my cousin, Rudy Lozano, and Emma Lozano is his sister. But he did big
marches. He helped Mr. Washington be the first black Mayor Washington. He helped
with organizing that and that movement. But my cousin Rudy Lozano was martyred in
[1983], June of [1983], if I’m correct. I’m not going to say who, and by whom, but it was
an organization that hired people to work. And the employees of the organization came to
him and complained, and said, “Hey, he’s not giving us our hours right. He’s not paying
us right. He’s not letting us rest like it’s supposed to.”
And they made a call to Rudy, and they said, “If you don’t back off in two weeks,
you’re going to pay a big price.” They threatened his life. He calls Emma, and Emma
talks to him. I think she goes to his office and says, “Hey, Emma they threaten me again.”
“Rudy, they’re always threatening you, you know that, because you’re for the people.”
“Yeah, but this time I think it’s serious, Emma. I’m just letting you know. If something
happens, you do this and this and this.”
And she was like, “Oh.” So, two weeks later, somebody knocks on his door, his
home, when he’s feeding his one-year-old at the time maybe, or less than one years old,
in his high chair. His wife’s in the other bedroom dressing the two other boys because
they had three boys, to go to school. And he answers the door, and he says, “Hey Rudy.”
He says, “Yeah.” “Can I use your phone?” He says, “Yeah, you can use my phone.”
Picks up the phone, and he says, “Hey, Rudy.” And Rudy turns around and he says,

�Diana Salazar

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“Bam, bam.” Forehead and chest, murdered, murdered. I think he was only in jail for
sixteen years and he got out.
KT: The murderer?
DS: Mm-hmm.
KT: So, they did get the person?
DS: Yeah, they did, yeah. So, Rudy Lozano now, you can go to go to Chicago or
you can Google it. Rudy Lozano has--and I’ve got pictures myself--Rudy Lozano has a
bilingual school under his name, has a library--has two I think libraries, and a museum.
I’m very proud of that.
KT: Well, I grew up in Chicago during that time.
DS: Did you?
KT: And that--you know, that name is very familiar to me, and I know that name
as a name of an activist, but I’d forgotten the bit of the murder and all that.
DS: Yeah, and he was so, so well loved by the community that they were taking
his body from--to the church. Do you know that the community on la veintesiete or
dieciocho, which is the numbers of the street, were screaming out the windows, the
restaurants. The public were just screaming to have his body go by that part of La Raza.
And they did. And people were shouting, screaming, yelling. Then they got to the church
and they had like cardinals and ministers and priests. There were like eighteen of them at
his funeral.
KT: Is that right?
DS: He did so much work at age thirty-four, thirty-seven. They killed him so
young, and handsome as hell, good-looking man, loved his wife dearly, and three boys.

�Diana Salazar

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But you know, when you dedicate your life like he did, like Emma Lozano, his sister, and
like I now, because I’m younger than they are, you know, I hope I don’t cry. But when
you give your heart to your community, you don’t even think about it twice. You really
don’t. My life has been threatened. My dad worries about that because I’m the only
Latina that really woke up awareness in 2006, right here in Marion Square, downtown
Charleston.
KT: To do what, I’m sorry?
DS: We did a march here for one day without--undocumented.
KT: Oh, mm-hmm, I remember that.
DS: Yeah, we had three thousand of our kind of people show up. I had never done
a march, but you know who guided me, Emma Lozano. We stayed in contact through
internet and telephone. She sent me her Chicago flier to me with a woman right up front.
I can show you that one, a little tiny woman, too, but that was her. And I’m little, too, so
it just worked out perfect. And to this day, I have politicians that we voted or not voted,
who are not with me for immigration rights. But--and I’ve worked for different--I worked
for Bill Richardson campaign when he was running for president. I worked for Hillary’s
campaign after he finished. I’ve worked for the Census Bureau, I was the only Latina on
24 counties, Elizabeth Colbert Bush.
KT: How did you start with the community work, community service? What was
your first foray into that?
DS: I worked for the Legislative Delegation Office in Charleston for about six,
seven years.
KT: Starting about when?

�Diana Salazar

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DS: I don’t know if it’s 1998 or 1999. And I was the only Latina ever, in the
whole state, being an administrative assistant, which I made history, like it or not.
KT: How did they--I mean who--did you know somebody?
DS: Oh, I got to tell you this one. Oh, I got to tell you this one, yeah.
KT: How did you get that job?
DS: Okay, I worked for the Assessor’s Office for about a year.
KT: You had before working for the delegation?
DS: Before the delegation I worked for the assessor. They were next door to each
other. And there was an opening. And I’ve always been a go-getter. And I saw the
opening because they advertised it to the employees first. And I was like, “I don’t know,
should I get it?” And I talked to my dad and my godmother who lives in Florida. And I
said, “Should I get it or not?” The requirements, I wasn’t too good at computers, but I
was like--so Senator Pro Tem Glen McConnell, and Bobby Harrell--I had an interview
and I remember go buy some nice clothes to impress.
But I didn't have the greatest resume. But I remember that Senator McConnell-and he knows--I’ve said this many times. Senator McConnell says, “Where are you
from?” And I said, “I’m--Homestead, Florida, close to Miami.” I already knew where he
was coming from, but I kind of played it. “Where’s your roots?” And I knew he loves
history, and I said, “I am third generation from Mexico, but proud to be an American and
I speak two languages.” “Well, you sure do have pretty green eyes.” So Bobby Harrell
wasn’t too kind to me, and he still isn’t. So, I was nervous my first interview. My third
interview, he asked some questions, but it was Bobby, it wasn’t him now. But Bobby had
someone else up his sleeve, not me. He doesn't know I know this, but I don’t care

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anymore. I’m out of there. And Senator McConnell said, “No, I like her. I think she’ll be
just fine for this position”
KT: Interesting.
DS: So, thanks to Senator Glen McConnell, Diana Salazar has made history in
Charleston, South Carolina, first Latina ever, and to this day, I’m the only Latina, thanks
to him. And I’ll always be appreciative, I’ll always be because I think he knew what he
was doing in a very quiet way.
KT: Yeah.
DS: Yeah, yeah I’ll always be appreciative. So, from there, I was there about six,
seven years; left there because I saw the need--people kept calling me, like judges at the
court system, kept getting me out of my position at work, to be an interpreting court
system in the same building. And I saw a lot of people come to me for this. “Why are you
an interpreter?” So, I said, “Well, let me open my own business.” And I left. My dad did
not want me to leave. He thought I had a great job.
KT: Sure, stability, benefits.
DS: Stability, benefits, and by that time, I’d had two children, and had left my job,
and opened my business, and I did okay, and closed it because I really knew that I--when
Bill Richardson hosted a luncheon, and then about a week or two later, I was asked to
have lunch with one of his field directors, which is Lachlan [McIntosh], who lives here-and we had lunch and said that Bill wanted to hire me. And I said, “Oh, okay.” And that’s
when I knew--you know, when you fall in love, you just know it? Well, I just knew it,
and I had this big smile. I just knew it. That was my--that was my thing, politics. I just
knew it. It’s just--when you’re in love, it just feels awesome. Well, that’s how we felt.

�Diana Salazar

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And I closed my business and started working from home.
KT: What was the business?
DS: I was a notaria. I was a translator. I translated things in English and Spanish. I
notarized, but I kept it under Diana Salazar because when I used to get phone calls at the
delegation, I always had men--the majority of the men would tell me, in Spanish, “usted
tiene ojos verdes, do you have green eyes?” And I said, “Yeah.” “Are you light skinned?”
And I said, “Yeah.” Said, “Are you pretty?” “I don’t know about that. I don’t know about
that.” So, finally, I got the guts and I said, “Why do you ask me this?” Well, I find out
Diana Salazar was a movie of a woman--a very famous actress that’s beautiful of course.
But she had become like the devil. She was like the mean person in the movie, but she
was actually a beautiful woman.
KT: So, this was a Mexican film called “Diana Salazar.”
DS: Yes, “Diana Salazar.”
KT: How interesting.
DS: Yeah, it helped my business because I was famous by that within the
community, within the community, and I’ve kept everything Diana Salazar. Any time I
can do my Googling, my--I’m not going to change it. It’s helped me be a star within my
community without knowing it, seriously.
KT: That’s funny.
DS: So, that’s what I’ve done, you know, I’ve had these great jobs, and I get
along great with the Democratic Party. I get along great with Senator [Robert] Ford,
[Wendell] Gilliard. I just got this year, January 16th , I got--I think I’m the first Latina ever
in history--I got my award for recognition of my work, called the Martin Luther King

�Diana Salazar

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Photo Award, I got that.
KT: I remember this.
DS: Oh, I was--I think more excited now than then because I was so nervous. I
was so nervous, I was like - but I really haven’t done a whole lot. And my children were
so proud of me. They were there, both of my kids. And like I said, I think if I can say I’m
proud of something, it’s helping the community.
KT: Do you remember the first case that you took on, in terms of somebody with
a difficult legal issue?
DS: In my office? Yeah, it was a dead person.
KT: They’re not generally paying customers.
DS: No, his friend, the deceased had been shot on Remount Road. And his friend
came looking for help. That was my first client, a dead--a deceased body. And we didn't
know what to do to process his body. Where do we go, who do we call, and blah, blah,
blah? So, I did that. That was my first client.
KT: Was the intention that he wanted to be sent back home?
DS: Yes.
KT: Okay, which is always-DS: And didn't know where to go.
KT: - difficult, and then somebody’s got to come up with the money.
DS: Well, I found--actually I found a location, and I think they’re from Georgia.
And it was a funeral home, and they don’t charge a whole lot. And the Consulate of
Mexico donates a percentage and the familia does, too.
KT: I see.

�Diana Salazar

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DS: So, that was like my first real job, and it was successful, and things started
rolling. And to this day, people call. I had--Senator Graham’s office called yesterday,
Patricia, she called me yesterday for an opinion, what did I know? So, from starting very
small, I’ve grown.
KT: Well, I mean you’ve had some of these very difficult situations, both in your
own family, but you’re working with families who are facing the challenges of being
undocumented. I was wondering if you could talk a little bit about some of those cases.
DS: Yeah. I think we’ll start off with when I was a little girl, and then we’ll jump
to the other one. Separating families, it’s so sad. Like I said, when I was fourteen,
Maryland. After the buses left, you had husbands or wives in shock. You had their kids in
shock. So, we move on now, what, forty years later, and it’s still happening. You still
have immigration issues. You still have separating children from families. I have a
compadre who was driving--yeah he was speeding. And yeah, he got a DUI, but he’s
been here fourteen years and does not have a bad record--has a property. He paid in cash,
$25,000.00 that he saved all these years, and a mobile home on it. And he’s remodeled it.
It’s really nice. But why is it being difficult? I went to Georgia last week because I know
the directors. Do you know I couldn’t even talk to the directors? They wouldn’t answer
my phones. They told me I have to have an appointment.
I said, “They know me; I have relationship, a respect.” We’re not buddies, but
there’s a respect as an activist. So, because he doesn't have an American baby, says the
attorney, there’s not a whole lot we can grab on. Because he doesn't have an Anglo or
Latina Chicana like myself, US Citizen, we can’t grab ourselves to that. We can only
hang on to faith and there’s a possibility for--I can’t ever pronounce it - prosecutorial

�Diana Salazar

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discretion, maybe where they can waive it for his being here all these years.
KT: Right, but that’s obviously-DS: That’s a maybe, or the judge can say, “Okay, I’ll give him a bond for ten,
fifteen, twenty thousand dollars.” Like who in the world has that? But we have a chance,
and maybe we can use his house as collateral. And then from there, I will have to take his
wife because I’m an American with a driver’s license, all the way to Lumpkin, Georgia,
pick him up, come back. And then the process starts here in Charleston. And then the
process goes handed over to Charlotte. Then here we go again. Could take six months to
a year.
KT: Where is he now? Who is detaining him?
DS: He is in Lumpkin, Georgia.
KT: In the county jail?
DS: In the facility. No, no, no, that’s a facility for all the undocumented to be at.
KT: Okay, it’s in the camp essentially.
DS: Yeah, yeah. And so that’s one example, and then you have others that have
paid their tickets, have gone to court, have gotten--I hear this a lot--pay their attorneys,
and do you know they still go to their homes and arrest them because it’s a prior
conviction, and it’s a DUI, and I’m not kidding. The agent told me himself. They’re
starting--and I’m telling you because I have a good respect and relationship with them, if
he mentioned it to me, Mr. Martinez said, “’Starting 1998,” this is a year ago in April.
Starting 1998, to this day, they will be--start looking for DUI convicts, I guess you call,
or cases maybe sounds better, cases, because they don’t want them here. They’re a
danger to society. How in the world with one ticket--maybe you could have learned from

�Diana Salazar

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it like any other kid, any other human being.
KT: So, they’re going back, looking through the records.
DS: 1998, yes.
KT: And they’re going to target those with prior convictions and send out
warrants.
DS: They’re doing it. They’re doing it. Yeah, they go to your house and knock on
your door. They’re doing it. I mean I’ve had so many cases. Now I have access to get
people out of jail sometimes because of my reputation. I call immigration, but it’s not
often. It’s not often, but I’m one of the only women that can do that, that can actually go
inside the jail like an attorney, and I have access to my Latino population.
Yeah, so I’m really blessed. That’s why I try to help the folks so much. I’m really
blessed. But it’s sad because you’re separating. And my compadre has been here fourteen
years, has a fourteen-year-old boy. He brought him as a baby here, and a wife, who has
never worked because he’s a good provider. He’s a roofer. He has his own business.
That’s an example of separating families, yeah who has been contributing to society and
paying his taxes.
KT: So, there’s that kind of advocacy work that you’ve been doing and
troubleshooting and providing advice.
DS: And I do weddings, in Spanish and English.
KT: That I didn't know.
DS: Yes, I do.
KT: You’re a minister?
DS: No, I’m a Notary Public.

�Diana Salazar

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KT: Oh, okay, as a notary.
DS: Yeah as a notary.
KT: I was wondering when you first got into immigration reform politics, and the
more kind of public activist side of the equation.
KT: Yeah, exactly.
DS: Okay. I have a friend of mine at the time, who said, “Hey, somebody from
Greenville said they’re going to have a “First Day Without Latinos,” and a “First Day
Without Documents.” He says, “I’m too damn busy. Can you do it?” And I’m like, “No, I
can’t do it.” He says, “You’re smart. You work with these politicians or you used to work
for these politicians.” How was it? Yes, I used to work--I used to work for the delegation.
And she says, “I don’t have the time.” He says, “You got to.” So, that’s how--that’s
where it first started. It was a phone call.
KT: So, that was ’06 did you say?
DS: ’06, and I only had seven days to prepare the march.
KT: And how many people turned out?
DS: 3,500.
KT: This was in Marion Square?
DS: Right here.
KT: How did you do it? How did you get the word out?
DS: Well, I will start out first, thanks to Emma Lozano, who sent me a flier with-and you should see it, it’s cute. It’s cartoons, people just--you know, a bunch of people
behind her, one woman, with a big banner, one day without document or something. I’ve
got to look for it. And it said where, the time, and everything, English and Spanish. And

�Diana Salazar

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how did I get the word out? Well, you know the Latino radio station, El Sol, did not want
to participate.
KT: They did not.
DS: No.
KT: Too controversial.
DS: Yeah, so I had my people call them, and I said, “I can’t do crap. You do it,
it’s your life, it’s your future, not mine. I can get arrested, like get out--you want them out
there, let’s do it.” You won’t believe, but I had everybody out there. I even had them
doing an interview in the middle of the grounds. And guess what, I had to be etiquette
and give them that opportunity. Yeah, but it was challenging because you learn to be a
hypocrite. You learn to love your work, and you have to juggle the negative and the plus.
KT: What do you mean you learn to be a hypocrite.
DS: Because I’ve never been one, so I’ve always been straight--what they call me,
Senator Ford calls me a pistol. I go and I go, and I want to shoot for what I want. And
those are the stars. But with--but I learned that day--I was confused emotionally because
it was so stressful, but I had to deal with Sol and other people. They made me nervous,
and I didn't know how to be a hypocrite, but I learned that day with El Sol. That was the
first example of my life being a hypocrite politically because I had to be nice, even
though they didn't want to show up. The Azteca, Channel Five, Channel Two, Channel
Four, I mean everybody was out there, Post and Courier, Moultrie News. I’d never even
met these folks, but I knew who they were because I worked for the delegation office,
and we always had to let them know when we were having meetings.
KT: Was there negative feedback?

�Diana Salazar

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DS: Yes, I got threat calls. When I got back to my office, I had threat calls by
Anglos. And I had them made for about two years, oh yeah. I’ll give you an example.
What’s his name, Wolf? That character that worked for a radio station.
KT: Somebody named Wolf?
DS: Yeah, what’s his name? Rocky something.
KT: Rocky D?
DS: Rocky D. Had me on his show, but before I went on his show, I told him,
“You’d better be nice because you get nasty, I’m getting up and I’m leaving you.” Woo,
he was very surprised with my personality. And I said, “If you want to be civil, let’s be
civil. You get nasty, I’m leaving.” And this was before we went on air. He was a little
civil.
Then another time, maybe a year later, Emma and I, we’re doing another march.
He started getting rude. “Why you got to come all the way from Chicago? Why you got
to get involved in getting in--talking with Miss Salazar?” He says, “Because you’re from
Chicago, too, aren’t you? I know who you are.” He says, “Yeah, but in Chicago, it’s a
different life.” No, no, no, because if it’s a different life, you’re being rude to her, and
that’s where I’m jumping in. I know men like you, and I know there’s Chicagoans or
something like Floridians.
KT: Oh, Chicagoans?
DS: Yeah, and she says, “That’s when I ‘m jumping in. She don’t know how to
handle Chicagoans like you, but I do because you and I are the same, and you’re not
going to”--I don’t know, she was bullying me. This is on air. She hung up on him, and
then he kept on .See, those Chicagoans and he talked crap too. But yeah, I had people

�Diana Salazar

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who weren’t happy. Do you know, I’ve never gotten support from any Republican.
KT: You’ve never had support from any Republican.
DS: Never, and I have a lot of support from companies, like you know, I don’t
know, just companies, without mentioning names. But I have--they call me and they will
be--they have been very supportive, but they won’t come out publicly.
KT: But when you say--so you say you haven’t had support from like Republican
politicians.
DS: No.
KT: Well, I think--that doesn't surprise me. I mean there’s--I can’t think of--well,
I suppose--maybe that does surprise me because I mean Lindsay Graham is supportive of
the pending-DS: The Gang Eight?
KT: Yeah, pending legislation. I would think he someone who would at least be
willing to work with someone like you.
DS: Yeah. Mm-mmm. But I will let you know something. After all these years of
working with the community, I wouldn’t change anything. I just got a question asked
about two weeks ago when I was at a wedding that I performed myself, and the
gentleman says, “Can I ask you something?”
He was from Georgia. And I said, “Yeah.” He says, “Do you guys make money?
You’re an activist.” And I said, “No. No, I don’t. I’m actually kind of poor.” He said, “So
you make no money.” And I said, “No. You’ve got to do it from your heart or you’re in
the wrong job.” He says, “Oh, my God, I praise you, and all of you.” And I said, “Yeah,
we raise money by the community, even just to travel to Washington.” He says, “My

�Diana Salazar

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respects to you.”
So, if you want to end this note, I want to give you a piece of my last note. I’m
proud of my two children. One just graduated from high school. It’s my daughter Ariel.
She’s nineteen, she wants to be a nurse. She’s going to go to Trident in August. I have an
eleven-year-old son named Matthew. He is the only Latino that we know of in South
Carolina who rides English style horses. He’s in Atlanta right now.
KT: Really.
DS: The only Latino as far as we know. He’s only eleven years old.
KT: It’s Matthew and what’s her name?
DS: Ariel, and I’m very proud because what maybe I could not have achieved
because I was a migrant child, my children are. And I’m the most proudest mom because
we are examples of the future, and my future has already--it’s a little one, you know, it’s
only two kids. But I think that’s what I’m the proudest, and right now, you know, I’ve
done a lot of applications for the DACA program, and my kids--I call them my kids--they
want to go to college, they want to drive. They want the American Dream. And I’ve done
about ninety applications, and I’m so proud of those kids that come to my house because
they don’t have the funds for an attorney, but at least they want the American dream. So,
our culture is changing, and very soon we’ll have a Latino president. It won’t be me, but
it is our future, yeah.
KT: Let me--I just have a couple like kind of closing questions that I wanted to
make sure we covered. I’m interested particularly in your perspective on the growth of
the Latino community in the low country because it seems to me, you know, having the
connection, which I guess you wouldn’t remember the 1960s here, but you were back in

�Diana Salazar

39

the early eighties. So, what--how would you compare the Latino community between the
early eighties and today, you know, what’s changed?
DS: Population. It has grown tremendously, tremendously. I’ll give you an
example, my parents. They’re the first Latinos who bought a house in Hollywood, South
Carolina. Now you’ve got a Boeing--young man by the name of Gomez, he works for
Boeing. He’s got a house in Hollywood. There’s just growing, and these are Chicano kids
that are buying homes in Hollywood. That’s a little town.
Imagine Charleston, imagine Greenville, Spartanburg, we’ve got a growing
population. And guess what, they’re no longer wanting to pick tomatoes anymore.
They’re wanting to be successful engineers, teachers, soccer players. So, it is--and the
census, I don’t recall because you caught me off guard, but because I did work for the
census, I can guarantee this much. The population was an outward change in 2010, one of
the best ever in history of the turnout, filling out the forms, one of the best. That says it
all.
KT: In terms of community leadership, how have things changed just in terms of
a visible presence of Latino leaders?
DS: It’s growing and I’m glad--I used to be the only one.
KT: Yeah, that too.
DS: Yeah, I used to be the only one. I used to be the only one. As far as Latinos
leaders, there might be myself, Lydia Cotton. I think that’s it that I can speak for. We
have other organizations that come from Washington with Washington funds, Appleseed,
other organizations, but I don’t see so many Latinos because that’s government money.
They’re getting paid. We don’t. Lydia Cotton and I do not get paid. This is really solely

�Diana Salazar

40

out of your heart, but we’ve made a dent, we’ve made a change.
KT: And are you thinking--are you speaking here of Chicanas or you know, just
more broad because I know there’s like some Spanish speaking professionals, maybe
from other parts of Latin America.
DS: Now I do know there’s professionals because I’ve gone to meetings. The day
of the women’s, I went to a meeting to that, and I got a recognition for that, too. But there
are professional women that I do not know. You’ve got a psychologist. You’ve got
doctors. You’ve got dentists, engineers. So yeah, there is--but as far as putting their hand
out there to help, as far as I know, there’s only two of us, but you’ve got professionals,
yes. Yeah, I will have to say that, yes.
KT: How about in terms of like the maturity or the growth of organizations? Do
we have robust organizations that speak for-DS: There are, yeah, there are. I think there’s two in Columbia, South Carolina,
but again, those are-KT: Okay. Nothing low country based though that-DS: As far as--like I’ve always said to public, I wish there were more because I’m
getting older, but--and it’s just not because I’m getting older, it’s just because I wish
there were more involvement, yeah. But people don’t want to do it everything for free.
You’ve got to--really got to be born with it, or really love what you do for free because as
far as I know, and it’s not because I’m tooting my horn. I just really wish there were
more, but I don’t think there’s someone like Lydia or myself that do it for free, yeah. You
do have some organizations, but that comes from Washington. That’s government
funded, yes; yes, there are.

�Diana Salazar

41

KT: One of the things, and I’ve - I’m not sure how much time you’ve spent in
North Carolina in recent years, but I was there from 2001 to about 2008. And just in the
seven or eight years that I was there, what I noticed, and this is of course--this is an
impression more than any kind of hard data, but when I first got to Chapel Hill for
instance, as a graduate student, there was I thought very little Latino presence among the
student body on campus. But by the time I graduated, it seemed to me that there were
students who were beginning to matriculate through the UNC system.
And you could tell there was much more of a presence of kids who were
graduating from North Carolina high schools, and then going on to the flagship campus
in Chapel Hill. So, that change was taking place in that six, seven years. And the other
thing that I noticed is just going out into the countryside, and then also in the Chapel Hill
area, it seemed to me that there was kind of an emerging leadership, that there was much
more of a public presence for Latinos in politics and business, than there is here. And it
seemed to me that North Carolina, at least the little part that I was in, was maybe ten
years ahead of South Carolina in terms of its development.
DS: Oh, most definitely. They’re very well organized out there, and because I
have gone out--I also represent the Consulado Mexicano in North Carolina and South
Carolina, and so I do go out there once in a while. And I do have a type of friendship with
some of the organizations out there. And they’re well organized. They’re powerful. So
yeah, yeah they’re more advanced than we are.
KT: It seemed like it at least.
DS: I think we’re more--I think ever since 2006, you know, they arrested so many
people that day, and people got fired from their jobs. People have gotten a little worried

�Diana Salazar

42

and a little concerned because remember they feed our children, or their children. So, that
message got across you know, and so I just think they’re more organized in North
Carolina. I agree with you. They’re pretty--and I have a goddaughter who is going to
nursing school out there in North Carolina, but she lives in Aiken.
KT: That’s a bit of a commute, huh?
DS: Yeah, there’s--and she roommates with three other siblings that all three are
going to college in the same college with her. And there’s a lot of Latinos there, at the
college she’s going to. I don’t know which one it is, I’d have to call her. But yeah, you’ve
got--now have you gone to the College of Charleston for any reason lately?
KT: Oh, yeah, I’m down there a little bit.
DS: There’s Latinos there. My daughter’s best friend, Connie, she goes there. She
wants to be a physical therapist. You’ve got two Sanchez girls out there, too. So, yeah,
we’re growing. Yeah, we’re growing. I’m happy.
KT: And then just lastly, reflections on--you know, are you optimistic about the
possibility of reform this summer?
DS: Yes. I have faith. I have hope, and it’s time for a new change for our country.
Those who are bad apples have got to go as an American, as a human being. We have to.
We cannot accept murderers. We cannot accept people that have hurt others in any
fashion that are going to affect our country. And I speak as an American. But as a Latina,
give us an opportunity. We’re human. We just want to work, and we all want to have the
American dream. Why not just make it easier and stop the border crossing, yeah. But I
think that will always exist, legally, illegally, it will exist.
KT: Is there anything that maybe we talked about and that--touched on and you

�Diana Salazar

43

might want to elaborate upon or is there something maybe--maybe a question that I didn't
ask, but something that’s really central to you.
DS: Oh, my God. Oh, no, we’ve talked ever since I was a little girl, so you’ve
done a great job. You’ve done a great job.
KT: We covered some terrain.
DS: Things I haven’t even talked about in years. Yeah, no, I mean you did great
on your questions and you made me think, and you made me cry, but-KT: I didn't make you cry.
DS: In a good way, it was good memories. Oh, yes, it was good memories.
KT: Well, good, good.
DS: Oh, yeah, no, no, no, everything is good. No, it’s just like I said, if any--if I
leave the note again, anything is let my children be an example to the American Latino,
they will be successful. And I didn't go to college. I didn't finish high school because I
was in love. But the world will change, and there will be more active political Latinos.
And as Americans, I think we’re scared of that control, that change. So that’s why we
don’t have immigration laws, but there are so many valedictorians who are Latinos.
There are so many Latinos that want to get educated. Why not?
KT: Well, thank you so much for coming over and taking off the time.
DS: Absolutely enjoyed it. Enjoyed every bit of it.
KT: I enjoyed this because-DS: You learned something too.
KT: That you know, I’ve been aware of you and your work for a couple years,
and have always been curious to know a little bit more about who you are.

�Diana Salazar

44

DS: Did you learn something yourself?
KT: I certainly did. I learned quite a bit about you. So, thank you.
DS: Thank you. Quite welcome.

End of recording.

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
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&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
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&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
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&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
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&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
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                <text>Oral History of Diana Salazar, interviewed by Kieran Walsh Taylor, 13 June, 2013</text>
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                <text>Diana Salazar is a Mexican American born in Homestead, Florida. Her father and grandfather worked as labor contractors, supplying immigrant workers to farmers on the Eastern Seaboard. In the interview, Salazar remembers when she was twelve and a teacher told her “do not become a statistic Mexican girl that works in the fields and gets pregnant. […] You go get your education because you’ve got it in you.” She also recalls that as a child she witnessed an immigration raid on a labor camp in Maryland. Though she knew she was not at risk of being deported, the events left a deep impression upon her. Around the age of sixteen, her parents moved to Orlando and stopped being migrant workers because they did not want this lifestyle for their children. Later, they moved to Hollywood, South Carolina where Salazar completed her high school senior year at Baptist Hill High. She returned to Orlando, Florida where married her first husband. She came back to the Lowcountry in the 1980s with her second husband and first child. Salazar tells about her extensive work experience and activism. In 2006, when massive immigrant protests were held around the country to raise awareness about the struggles of undocumented individuals and demand comprehensive immigration reform, three thousand people congregated in Marion Square in Charleston. Salazar tells she organized the march with the guidance and support of her cousin Emma Lozano, a Chicago activist, but she found no support from local politicians. Salazar is proud of her achievements, among them being the recipient of the Martin Luther King Picture Award.&#13;
&#13;
Descripción: Diana Salazar nació en Miami, Florida. Su padre y abuelo trabajaron como contratistas, supliendo de mano de obra de trabajadores inmigrantes a los agricultores de la costa este de Estados Unidos. En la entrevista, Salazar recuerda dos eventos que la marcaron siendo niña. El primero fue una conversación con un profesor que le dijo "no te conviertas en una estadística, otra chica mexicana que trabaja en el campo y se embaraza joven. [...] ve y edúcate". El otro suceso fue una redada de inmigración de la que fue testigo en un campo de trabajo en Maryland; a pesar de que sabía que no estaba en peligro de ser deportada quedó profundamente impactada. Cuando tenía aproximadamente dieciséis años sus padres decidieron dejar la vida migrante y se establecieron en Orlando, Florida. Más tarde se trasladaron a Hollywood, Carolina del Sur y fue allí, en la escuela Baptist Hill donde Salazar curso su último año de la preparatoria. Siendo muy joven se casó y fue a vivir Orlando con su marido. En los años ochenta regresó a Carolina del Sur con su segundo marido y su primer hijo y desde entonces ha residido en el Lowcountry. En la entrevista, Salazar cuenta sobre su amplia experiencia laboral y su activismo. En el año 2006, cuando miles de personas marcharon en distintas ciudades del país para crear conciencia sobre las luchas de los indocumentados y para exigir una reforma legislativa, alrededor de tres mil personas se congregaron en Marion Square en Charleston. Salazar explica que fue ella quien organizó la marcha, que recibió el apoyo de su prima Emma Lozano, una activista de Chicago, pero que en cambio, no encontró repuesta positiva en los políticos locales. Salazar se siente orgullosa de sus logros entre los cuales figura de haber sido elegida para recibir un premio por su trabajo en la comunidad llamado Martin Luther King Picture Award.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;This interview is part of “Las Voces of the Lowcountry” series. This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies. The digital recordings and transcripts are part of The Citadel Oral History Program Collection at The Citadel Archives &amp;amp; Museum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;&lt;a href="http://lcdl.library.cofc.edu/lcdl/catalog/lcdl:113459" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Listen to the audio on the Lowcountry Digital Library.&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;</text>
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                    <text>TRANSCRIPCION– EDITH
Narradora: EDITH
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha: 13 de agosto, 2019
Lugar: North Charleston
Duración: 71 min.
MARINA LÓPEZ: Mi nombre es Marina López. Hoy es 13 de agosto del año
2019 y estoy con Edith para grabar una entrevista del proyecto Voces Latinas de
Lowcountry. Edith, ¿te querés presentar, por favor?
EDITH: Sí, qué tal. Yo soy Edith, argentina, de la provincia de Mendoza y llegué
a este país en el 2001.
ML: Contame un poco de Argentina. ¿Sos de la ciudad de Mendoza?
E: Sí, dentro de la capital de Mendoza se divide en distritos y yo soy de Godoy
Cruz que está pegadito, es como si fuera Charleston la capital y North Charleston o West
Ashley, así pegadito al centro.
ML: Contame de tu mamá y tu papá o de con quién te criaste.
E: Fui única hija. Mi mamá era puntana, es decir, de otra provincia pegada a
Mendoza, que es San Luis, y mi papá mendocino. Y se conocieron en Mendoza porque
mi mamá quedó huérfana cuando tenía ocho años. Eran tres hermanos y la hermana de la
mamá de ella se hizo cargo de sus sobrinos, de dos de los sobrinos, la otra hermana, los
separaron, pero se hizo cargo otra hermana, porque eran gente de campo. Tenían fincas y
todo eso y no se podían hacer cargo de tres niños juntos. Entonces, se la trajo a Mendoza
y ahí conoció a mi papá y se casaron, me imagino yo, no sé mucho la historia esa. Yo fui

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única hija y vivimos siempre en Godoy Cruz.
ML: ¿Ahí fuiste a la escuela?
E: Sí, a las dos --, o sea, allá se divide en dos etapas: la primaria y la secundaria.
Sí, las dos en Godoy Cruz.
ML: ¿Cuál es tu primera memoria de chiquita? ¿Qué es la primera cosa que te
acordás?
E: Cuando andaba en andador, creo yo, me acuerdo, una escena tengo en la
cabeza de esa parte, que vivíamos mi mamá, mi papá conmigo y mi abuela y el hermano
de mi mamá con la esposa y mi prima, que mi prima me lleva ocho años a mí. Y ella
jugaba conmigo. Tenía un kiosquito porque vivíamos pegados al lado de la escuela.
Entonces, tenían un kiosco. Yo sí me acuerdo que andaba en el andador en el patio y mi
prima me seguía y me cuidaba, una escena así la tengo.
Y después, cuando tuve cuatro años que fue mi primer cumpleaños que me
festejaron y ahí estaba muy --, ya nos habíamos cambiado a la otra cuadra, cruzando la
calle nada más y ahí me festejaron mi cumpleaños. Es lo único que yo me acuerdo.
00:03:40 Interrupción en la grabación.
ML: Entonces, estábamos en que se habían cambiado de casa, el primer
cumpleaños que te festejaron, ¿verdad?
E: Fue a los cuatro años y bueno, me acuerdo que mi mamá me hacía todo,
porque yo cuando nací ella tenía cincuenta años, los dos tenían cincuenta años. Fui
adoptada. Era más abuela que madre entonces a mí me hacía todo. Me bañaba, nunca,
creo que hasta los doce años no lavé un calzón porque ella lo hacía todo.
No sabía cocinar, o sea, limpiar, nada más agarraba un trapo por jugar como para

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repasar los muebles, pero nada. Bueno, estaba re entusiasmada porque iban a venir por
primera vez amigas del barrio y mi prima. Iba a ser un festejo, o sea, estaba re
entusiasmada y no me la olvido nunca porque fue el único. Después vine a festejar mi
cumpleaños acá, ya después nunca más volví a festejar mi cumpleaños. Entonces por eso
me acuerdo porque fue muy, muy especial para mí. Muy esperado.
ML: Contame cómo fue que decidiste venir a Estados Unidos.
E: Es que estaba entre un pie dentro de una villa miseria o la calle. Estaba
económicamente apretadísima, mal, deprimida. Me dieron como dos pre infartos allá,
depresiones y justo una familia amiga de Guillermo, del padre de mi hijo, se vinieron
para acá. Todo por una cadena, ¿no? unos traen a otros y bueno, a través de ellos
llegamos acá.
Primero, lo trajo al padre de mi hijo, pero ya estábamos muy mal. El padre de mi
hijo ya había empezado a agarrar el alcohol y ya no trabajaba como antes. Es decir, los
lunes era como los peluqueros, no se trabajaba por el alcohol.
ML: Eso mientras estaba en Mendoza.
E: En Mendoza.
ML: Antes de que me sigas contando cómo llegaste acá, vos me decís que te
viniste como en el 2001. Esta crisis económica grande de tu familia, ¿era una cosa que
venía pasando en tu familia desde hacía mucho tiempo o está asociada a la crisis
económica enorme de la Argentina o una combinación de las dos cosas? ¿Cómo lo ves
vos?
E: Bueno, lo que pasa es que cuando yo era chica no se nota tanto. O sea, cuando
uno es chico juega y no lo ve tanto, pero sí cuando ya sos más grande ves en qué viviste y

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cómo viviste. Y sí, era muy limitado, pero yo calculo que no por falta de mucho dinero,
sino por falta de respeto de mi padre hacia mi mamá. Yo creo que él nunca le quiso dar
mejor vida porque económicamente él podría haber tenido mejores cosas.
Cuando se separaron, a la fuerza se separaron, mi papá vendió la casa que --, ya le
había otorgado una casa por el trabajo. Él trabajaba de bodega de vinos y a través del
trabajo les daban a los empleados una casa de barrio, digamos. Bueno, a él ya se la habían
otorgado, pero él no se quería mover de ahí donde estábamos. Y estábamos en una pieza
horrible. Esas paredes de adobe largas, con el techo alto.
ML: Esas casas viejas.
E: Esas casas re viejas que se había dividido con una cortina, me acuerdo, esas
cortinas gruesas floreadas rojas, que no me olvido más de esa cortina horrible, la
habitación de lo que era el comedor y había un pedazo con una parecita pequeña donde
estaba la cocina. Allá la cocina era una cocina con una garrafa. Y afuera estaba el baño. Y
siempre vivíamos así, mal, pero podría haber vivido bien, pero él no quiso. También
alcohólico.
Tenía las damajuanas entonces eso no faltaba en mi casa y todo el almuerzo, la
cena, la mayoría eran siempre peleas. Yo tenía que comer rápido porque si no mi plato
desaparecía, mi plato volaba al piso, porque se rompían los platos. Cuando se separaron
yo tenía doce años, por ahí, más o menos doce años, y se separaron a la fuerza porque yo
ya no lo aguantaba. O sea, la salvé a mi madre que él la matara tres veces, a la tercera
dije, “Ya basta.”
Y ella fue una mujer especial. No era un ser humano normal. No era normal
porque era un ángel, era mujer jamás la escuché decir la palabra tonta. Nunca la escuché

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criticar a nadie. Nunca se metió con ningún vecino. Nunca se rio de nadie, nunca se burló
de nadie. Siempre era tan cariñosa, siempre sonriendo, siempre con una sonrisa. Y todo el
mundo que me habla de ella me dice lo mismo.
No entiendo cómo ha sido tan buena y te quería tanto, me decían. Eras tan
especial para ella. Y sí, fui la única hija. Me enteré después de muchos años, cuando tenía
dieciocho – bueno, me estoy salteando demasiado, ¿no?
ML: No, no importa.
E: Que la mujer que me tuvo a mí me buscó, cuando yo tenía más o menos cuatro
o cinco años. Ella apareció en la casa de mi abuela, la madre de mi papá y esa mujer no le
dio la dirección mía porque dice, “Pobre Margarita – mi mamá – con tantos años, la
quiere tanto a esa criatura que no le puedo decir que esta mujer dónde vive porque la va a
matar a la otra, a mi mamá.” Y le agradezco, le agradezco que no me la haya quitada, que
no me hayan sacado de ahí.
No haberla conocido a la otra persona no sé por qué le pasó lo que le pasó,
tampoco la juzgo porque --. Donde yo nací era más bien de viñas, o sea, lejos de Godoy
Cruz está la parte de las viñas, es gente de ahí, de esa zona.
ML: De campo.
E: Claro. Entonces, ahí yo no sé si a una mujer joven o una mujer grande, si fue
violada, si fue que los padres la obligaron a abortar, porque era soltera, o se metió con un
hombre casado, o fue una prostituta. No sé nada. Hasta el día de hoy no sé nada de esa
mujer, entonces no puedo juzgarla. Lo que sí estoy agradecida por la madre que me
otorgó o que me dio la posibilidad de tener.
ML: ¿Hasta qué edad viviste con tu mamá?

�Edith

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E: Hasta los diecisiete. Ella falleció cuando yo tenía diecisiete años.
ML: Jovencita.
E: No tanto, ella tenía sesenta y ocho.
ML: Pero vos sí.
E: Yo sí, quedé sola ahí porque mi papá se compró después como una

prefabricada que no sé cómo la reconocen acá, tipo traila, no sé.
ML: Uh-huh.
E: Estaba buena, estaba grande, pero estaba medio arteriosclerótico. Y la vendía
en dos pesos, o sea, como dos dólares porque en ese entonces estaba uno y uno. La
vendía a ese precio y se la tuve que vender porque la estaba regalando, a cualquiera le iba
a firmar un papel. Entonces, yo le tuve que decir a la gente que él estaba mal y que la
casa estaba a nombre mío, para que no se la compraran.
ML: Para no perderla.
E: Claro, y ahí lo tuve que llevar donde estaba viviendo, que era la casa --. lo que
pasa es que cuando ellos se separaron yo la agarré a mi mamá, porque estaba hinchando,
estaba hinchando y --. Ella primero fue una vuelta en el patio la quiso agarrar con un
cuchillo de cocinero, de esos grandes, le quiso cortar el cuello. Y yo me le colgué-porque era un hombre alto, altísimo, grandote, y yo no sé cómo hice, pero salté y me
colgué del cuello de él y no la mató, pero la tenía agarrada así con el cuchillo acá. La
salvé.
Fuimos a la policía. Las dos nos fuimos hasta el destacamento de la policía y el
policía, “¿Qué le habrá hecho usted, señora? ¿En qué lo habrá provocado?” Y mi mamá,
nunca peleó, nunca levantó la voz, fue muy sumisa. Eso también a mí en parte me

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perjudicó porque como que me sentí que me dejé abusar por gente, por no tener carácter
o me lo hice fuerte después de golpe, y fui o fui vista muy agresiva. Pero eso fue también
en bronca de ella, o sea, de que no se supo defender y no me enseñó a defenderme.
ML: Quiere decir, si te sigo bien, después cuando tuviste a tus tres hijos se te
junta esa historia difícil más lo que estaba pasando en la Argentina todo junto.
E: Todo junto, porque cuando después el padre de mi hijo empezó con alcohol ya
no trabajaba, después renunció y andábamos mendigando de un lado para el otro. En el
día yo me quedaba, él trabajaba por el día y pedía que le pagaran el día, en el momento,
porque yo en el día me iba, estando embarazada con los otros dos o con uno, a la casa de
alguna amiga a quedarme todo el día porque no tenía a dónde quedarme con mi hijo. Y en
la noche juntaba dinero y pagaba un hotel familiar para poder dormir.
ML: Estabas sin casa, estabas viviendo en la calle directamente.
E: En la calle.
ML: ¿Por cuánto tiempo estuviste viviendo en la calle antes de venirte?
E: Como dos años, con niños chicos que me lloraban por hambre, por calor, por
sueño, sin leche. Se me cortaba la leche para amamantar por la depresión, por las
angustias, por los problemas que estaba pasando.
ML: Y además de tus amigos, ¿no había dónde pedir ayuda?
E: No, yo ahí ya me veían como la rata, “¿para qué voy a ayudar a esa con tantos
niños? Que se mete con un tipo que no le sirve y traer problemas. O ayudarle porque está
con ese hombre. No, no sirve. Dejala. Dejala que viva en una villa miseria.” La madre de
él le decía que me llevara a mí a vivir en una villa miseria. Y yo dije, no, prefiero vivir en
la calle antes de --, porque de una villa miseria no salís más.

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Esa es la mentalidad que yo creía, o sea, yo tenía esa idea. Una vez que yo me

metiera en una lata a vivir o con barro o no sé cómo se arman esas casas así, muy
precarias, dije, yo de ahí no salgo más. Entonces, no. tengo que salir de ahí, y me metía a
las iglesias y me ponía a rezar y a llorar ahí a pedirle a Dios, le decía, “Bueno, mirá, ya
está, yo no doy más. Todo esto te lo entrego a vos, hacé algo vos porque yo no sé cómo
salir de esto. Ya no veo nada. No hay solución. No encuentro cómo.” Al contrario, todos
me tiraban abajo. Y justo se vino esta persona para acá, este matrimonio para acá --.
ML: ¿Y era un matrimonio que vos conocías de antes?
E: Eran amigos de él.
ML: ¿Eran vecinos, era gente que trabajaba con ustedes?
E: No, eran unos amigos de juntada de él y los conoció en el barrio y después ya
yo me hice amiga de la mujer de él y los niños crecieron juntos. Nos quedamos
embarazadas juntas las dos y teníamos tres hijos cada una las dos. Bueno, ellos se
vinieron por el primo de ella.
ML: ¿Que estaba aquí?
E: Claro, estaban aquí. Andrea y Horacio.
ML: Uh-huh.
E: Bueno, a través de Andrea y Horacio se vino Roxana y Mitchell. Y nosotros
nos quedamos allá. nunca me imaginé venir a Estados Unidos yo. Jamás en la vida se me
ocurrió. Para mí Estados Unidos era como viajar a Marte. Imposible. Algo que jamás en
la cabeza se me hubiese ocurrido. Disney para mí era un sueño de esos de princesas,
imposibles. Bueno, eterno, era algo --, como estaba yo recogiendo ropa de lo que me
pudieran dar, yendo a las iglesias por leche en polvo, a veces no tenía que nada comer, les

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hacía una sopa y le ponía una hoja de lechuga para poder alimentarlos porque no había
nada.
No podía trabajar porque los horarios de allá eran cuatro y cuatro. No es como acá
horario corrido, que esto fue para mí una bendición enorme llegar acá a este país. Y
tenías que llevarlo a la escuela, caminando, cuatro o cinco cuadras, depende de la
distancia. De ahí, esperar que entraran, ir a la parada del colectivo a buscar trabajo a
algún otro lado y de aquí que llegara ya eran casi las doce, que tenía que volver otra vez a
--, o sea, no tenía forma, no había forma. Y este otro que tampoco me dejaba trabajar a
mí, porque sabía que si yo juntaba dinero yo me iba, yo lo dejaba. Entonces, él no quería
tampoco que yo trabajara.
ML: ¿Cómo empezaste a fantasear con la idea de venirte? ¿Cómo esta idea -E: Nunca fantaseé.
ML: ¿Cómo se armó el viaje entonces?
E: Lo que pasa es que como nos habíamos hecho amigos de ellos, yo me había
hecho muy amiga también de los padres de ellos. Entonces cuando ellos se vinieron en el
2000 empezaban a salir los celulares, pero ellos tampoco tenían, y eran cascotes,
ladrillos, que era más pesado el cargador también que el teléfono y tenías que andar con
eso en la cartera, con los hombros hechos pelota por el peso del bolso. Yo no tenía
todavía eso.
Y en enero fue el cumpleaños del papá de él y lo fuimos a saludar y él llamó,
Mitchell llamó para saludar a su papá y yo estaba ahí. Entonces, me pasaron el teléfono
para saludarlos nosotros a ellos, porque éramos todos los fines de semana estábamos
juntos, y sino en la semana ella y yo con los niños. Entonces, me pasa y me dice,

�Edith

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“Quedate en la casa de mi papá que yo mañana llamo para hablar tranquilos, porque
ahora como están con la gente y el festejo no se puede hablar.” Le digo, “Bueno,” y me
quedé.
Al otro día llama él y dice, “Mira, yo te quiero ayudar a vos con tus hijos, pero si
no lo traigo a Guillermo, yo no puedo ayudar. No te puedo pagar a vos y a los chicos todo
el pasaje, todo junto. Tengo que traerlo a él para que él trabaje y con lo que él gana les
paga los pasajes a ustedes y se vienen. Si acá te separás o no te separás ya ustedes verán.
Pero yo te quiero ayudar a vos con tus hijos y es la única manera de hacerlo.” “Bueno,
gracias.”
Yo estaba, no lo puedo creer. Eso es algo --, viste cuando estás, así como en una
nube, estás drogada, que no entendés. No, no entiendo. ¿Cómo irme? ¿Cómo hago?
Entonces, le dije a él. Lo primero que hizo fue decirle a la familia de él, que tiene ocho
hermanas mujeres y una madre y todas en contra mía. No sé por qué, pero nunca hasta el
día de hoy nunca lo supe. Y le decían, “No, éste no se va a ir, vos olvidate que te apuesto
lo que quieras, pero mi hermano de acá de este país no sale. Él no se sube a un avión, no
pisa ni un escalón para subir a un avión. Jamás en la vida va a salir de acá, así de acá se
van a ir a vivir a una villa miseria ustedes.”
Y mi familia, por mi lado también. O sea, mi familia tiene más dinero, tiene
posiciones o son doctoras, abogadas y toda esa onda, pero por eso mismo me hacían a un
lado, porque yo era la pobretona que estaba en la calle con tres niños y un tipo borracho
que no me daba nada. Entonces, mejor, ante los problemas, mejor sacarlos antes de dar
una mano. Y así me hicieron. Entonces, dice, “Yo quiero que venga acá para febrero.”
Y éste renunció al poco trabajo que tenía, lo renunció. Renunció directamente.

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Antes de renunciar un día antes de venirse o algo así, no, él renunció porque allá tenía --.
El otro le dijo, “Yo te --.” Tenía que renovar el documento, el DNI, porque estaba
destrozado, estaba como molido ya. Ya no servía más. Para sacar el pasaporte tiene que
tener --.
ML: Un buen DNI.
E: Exacto. Para hacer el trámite rápido tenía que ir a Buenos Aires y mi primo es
de la Policía Federal y en ese entonces se daba el pasaporte con la Policía Federal. Ahora
ya no pero antes sí. Entonces, le dije, “Te vas para --.” Éste otro, Mitchell, de acá, le pagó
el pasaje para que se vaya en colectivo hasta Buenos Aires, es como de acá a Nueva York
la distancia más o menos, y le pagó el pasaje del colectivo, le dio la plata para que sacara
el documento, le dio la plata para el pasaporte, para que tuviera para comer, y no se sacó
el pasaporte.
Se fue a sacarse el DNI y volvió. Y no porque le dio vergüenza hablar con mi
primo, que lo estaba esperando para sacarse el pasaporte, se lo daban --, es más, se queda
ahí en mí casa y al otro día se viene con el pasaporte en la mano. No quiso el estúpido.
Volvió. Después volvió otra vez.
00: 25:00 Interrupción en la grabación
ML: Estábamos con los documentos que le hacían falta a Guillermo para poder
viajar.
E: Después ya no trabajó más, o sea, changuitas, muy rara vez, entonces yo tuve
que hacerme-- empezaron a salir los planes en Argentina, planes de jefa de hogar y yo me
anoté, porque ya que éste no trabajaba por lo menos una entrada, ¿no? Bueno, me metí en
plan de Jefa de Hogar que tenía que volver a estudiar la secundaria si no la habíamos

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terminado y sino había que cuidar los niños de las chicas que iban a estudiar. Entonces,
yo tuve que decir que no había terminado porque no iba a cuidar niños. Prefiero estudiar
antes de cuidar los niños ajenos. Entonces, me metí a estudiar.
Y ahí nos pagaban 150 pesos por mes, pero era algo. Estábamos en un
departamento que era interno, porque eran un pasillo donde estaba el departamento por
ahí metido, pero no había trabajo, con 150 pesos no alcanzaba para la comida y hasta ahí.
Eran tres niños, había que lavar la ropa, o sea, hay que comprar jabón, bueno, todo eso, y
no alcanzaba. Entonces, nos cortaron la luz, nos cortaron el agua, dejó de pagar la renta.
El tema ya me salvó un poco por dos meses que la renta no la pueden sacar a uno así
nomás, pero sí tenía la luz cortada y el agua cortada. Entonces, un vecino con la
manguera me pasaba agua, me pasaban un cable con electricidad para tener luz para estar
con mi hijo. Hasta que éste esperaba que-- Michel esperaba que Guillermo juntara algo
de dinero para mostrar.
Es decir, yo le mando el pasaje, mandó traer dinero para volverse otra vez a
Buenos Aires a sacarse el pasaporte porque no lo había sacado en el momento porque
hizo doble gasto, pero estaba tirado, “Ay, yo no puedo, no puedo,” pero sí le alcanzaba
para la cerveza o sí le alcanzaba para el vino, el tetra, ese horrible que--. Bueno, y
encerrado ahí en la casa nada más. Según él con depresión, pero era un vago y yo ya
estaba cansada. Entonces, lo llamé y le dije, “Por favor, llevátelo de acá porque ya no
aguanto más. Éste dejó el trabajo, no hace nada. Con 150 pesos al mes de lo que me están
pagando a mí no puedo, o sea, ya no tengo para útiles para la escuela, no puedo.”
Entonces, me mandó dinero y dice, “Andá, averíguate cuánto sale un pasaje,
sacale la reserva, sacale todo completo, pero no le digamos nada a él.” Porque parece que

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lo decía y no sé si la mala onda o qué, se apagaba todo. Tardó hasta mayo, desde febrero
que se tendría que haber ido, que dejó de trabajar, hasta mayo que le mandó el pasaje--.
Tuve que ir yo a sacar el pasaje de avión, hacer la reserva para él tenía que ir a firmar el
día que tenía que retirarlo, entonces ahí se enteró. Fue un viernes para salir el domingo
salía el avión. Y ahí se lo dije, le tuve que decir para que se viniera. Y era tartamudo tipo
Mariano.
Cuando se ponía nervioso tartamudeaba más, entonces, le digo, “Más vale que no
tartamudees en el aeropuerto y que te devuelvan porque sospechan que vos te vas a
quedar o algo así, porque yo te doy una patada tan grande que vas a volver solito, pero
por el aire. No te quiero volver a ver acá. Yo necesito que vos me saques de acá.”
Entonces, se vino. Vino para acá, estuvo trabajando, viviendo con Michel. Le dio lugar
ahí, para hacerla corta, ¿no?
Y juntando dinero, pero yo tendría que haber llegado acá en agosto del 2001 pero
la madre de él la asaltaron en la casa, no sé, se quiso cambiar entonces ese dinero que yo
tenía para los pasaportes se lo tuve que dar a ella porque él me lo pidió para que se
cambiara de casa. Encima se lo tuve que llevar yo, ella no vino a buscarlo porque ella
jamás visitó una casa donde yo vivía. O sea, de los pocos lugares donde yo estuve, que
eso es otro tema ya de Argentina. Cuando él me tenía que haber mandado el dinero
cerraron los pasaportes. Hubo una época en el 2001, desde agosto creo hasta octubre, no
daban pasaportes.
ML: Que no se imprimían los pasaportes, una cosa así.
E: Era tanta la gente que estaba yéndose a España o a Estados Unidos que no
daban abasto y esa fue una etapa donde no dieron pasaportes. Apenas empezaron a dar en

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octubre me los saqué, en noviembre ya tuve los pasaportes de todos y llegamos en
diciembre. Pero yo tenía que pagar los pasajes-- no me acuerdo, salía creo que 2.100
dólares los cuatro pasajes, mis hijos y yo, 2.100 dólares era increíble la diferencia, ¿no?
Yo tenía que pagarlo un día viernes porque viajaba el domingo de la otra semana, pero él
ya no me llama y me dice, “No te puedo mandar el dinero de los pasajes porque no me lo
pagaron, me lo van a pagar el lunes. O sea, el lunes te paso el dinero.”
El lunes tenía que pagar. Bueno, llamo a la agencia de viajes, una chica divina, y
le expliqué que no le habían pagado a él que me giraba el dinero de Estados Unidos el
lunes. Me dice, “Está bien, no hay problema si vos viajás después del domingo. No tengo
problema.” El sábado abrió la boca Cavallo y habló del corralito. Y ahí se me vino el
mundo abajo porque el corralito había que sacar $150 pesos o dólares, porque estaba uno
por uno, por semana. Y no se puede sacar más de eso.
Entonces, no había forma de pagar. Yo pensé que era por el banco nada más, justo
tenía 150 dólares yo en el banco, entonces fui y retiré eso nada más que tenía en el banco.
Entonces me voy a Western Union el día lunes, porque me mandó dinero por Western
Union para pagar el pasaje y Western Union me dice, “Te puedo dar 150” Le digo, “No,
tengo que pagar el pasaje de avión.” “No te puedo dar más, porque el país está así. Se
puede, ya sea por Western Union o por cómo sea, no te puedo dar más de 150 por
semana.”
Le digo, “No, es que usted no entiende.” Yo estaba desesperada. Era mi última
oportunidad en la vida. De ahí yo ya no salía más, o sea, ya habían empezado los saqueos
de supermercado, los asaltos, todas esas cosas terribles que pasaron en la Argentina en el
2001 y yo ya me desesperé. Me dice, “Te lo pongo en tu cuenta de banco.” “¿Para qué?

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No puedo sacar más de 150.00 por semana. No puede ponérmelo a mí cuenta. Es
imposible. Yo necesito pagar los pasajes de avión.” Bueno, me fui a la agencia, porque
todo eso fue en el centro.
Me fui a la agencia de viaje, le expliqué a la chica y ya me largué a llorar porque
digo, no puede ser. Todo mal, todo me salía -- unas trabas impresionantes. Estuve todo
ese año-- Bueno, miles de cosas me pasaron ese año. y ya no tenía nada, yo había vendido
hasta la última silla donde sentarme; para juntar dinero. O sea, allá se vendía todo, ropa,
cocina, heladeras, sillas, mesa, no teníamos nada para dormir, o sea, estaba viviendo en la
casa de una tía esa semana porque yo me iba a ir y no tenía lugar donde dormir, tres hijos.
Entonces, tenía que irme sí o sí.
Era desesperante la cosa. Y la chica me vio tan mal que me dice, “Bueno, vamos a
Western Union que me lo depositen en mí cuenta y yo lo voy cubriendo porque voy
sacándote $150. Te doy el pasaje y yo lo voy cubriendo después.” Así que así fue como
me vine, por esa chica, porque con esa chica, agradecida toda la vida, toda la vida. Me fui
con el hombre de Western Union. Western Union tuvo que cerrar porque yo la peleaba
tanto que tuvo que cerrar en ese momento para irse con ésta otra, porque ésta también
cerró la agencia.
Me fui con los dos que cerraron los negocios para ir al banco, que depositara la
plata ese hombre a la cuenta de ella, porque estaba a nombre mío y no sé cómo era la
huevada esa. Entonces la cuestión es que así ella, no sé cómo habrá hecho, pero cubrió el
pasaje mío con mis hijos después que me vine.
ML: ¿Qué les dijiste a tus hijos?
E: A mis hijos como eran chicos, porque Matías tenía ocho años, Cibele seis y no,

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porque Mariano tenía cinco años, Cibele tenía ocho y Matías tenía nueve. Les decía que
íbamos a ver al papá pero que íbamos a viajar en un avión después en otro, después en
otro y después de mucho tiempo íbamos a llegar a un lugar donde estaba el padre. Pero
mientras tanto no tenían que decir nada porque era sorpresa entonces si otras personas
sabían que íbamos a ver su papá, le podían decir y sonaba la sorpresa para él. Entonces,
lo tenía calladito, que no metieran la pata. Esa era la forma que encontré. Bueno, fui a
buscar el pasaje el viernes antes de irme el domingo, y ahí recién llamé a mi familia, mi
prima, mi tía, a decirles que me iba el domingo. Decían, “No, no te creo.”
Habían apostado hasta un asado de que Guillermo se buscaba otra mujer o nos
dejaba abandonados a nosotros y que nosotros quedábamos dentro de una villa miseria. Y
fueron, mi familia fue. La familia de él no fue ninguno, pero mi familia fue toda, pero
para asegurarse, porque no podían creer que yo me venía. Cómo la rata vagabunda de la
calle iba a irse a Estados Unidos, a cualquier parte de Estados Unidos, pero a Estados
Unidos. No lo podían creer. Y fueron para que yo les mostrara el pasaje y les tuve que
mostrar el pasaje. Me dicen, “Bueno, ojalá pases porque capaz que llegas a Miami y de
ahí te vuelven.”
ML: Esa era la otra cosa que te iba a preguntar, cómo fue, porque Mitchell te
ayudó con el dinero, con que Guillermo pudiera viajar, todo eso. ¿Cómo fue prepararte,
decirte, “Mirá, esto es lo que te va a pasar cuando…”?
E: La chica de la agencia me lo dijo.
ML: ¿Ella fue?
E: Me dice, “Cuando llegues a la cola vos fijate cuál es la más larga y metete en
esa porque es la que menos preguntan porque están más ocupados, porque la ven larga

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entonces quieren pasar rápido. Entonces, metete en la fila más larga para que se sienta
presionado porque tiene mucha gente y no te pregunte tanto.” Eso es lo que hice. Pero yo
no sabía. Cuando yo llegué-- Bueno, a todo eso, me despidieron, “Bueno, ya te
esperamos mañana, entonces otra vez venimos a buscarte al aeropuerto.” Yo les avisé el
viernes. Tenían tiempo de hacer un asado o venir a saludarme.
No, fueron al aeropuerto y yo venía con una valijita chiquita. En esa valijita
chiquita traía nada más que la ropa de los cuatro. Eso es lo único que traía para acá. Es lo
único que traje porque no tenía nada más y lo mejorcito, y encima de invierno porque yo
venía en diciembre. Tenía camperas grandes porque allá en Mendoza es con nieve,
entonces tenía esas camperas impermeables, con bufanda y gorras y guantes. Y antes de
bajar del avión ya les había puesto los guantes, la gorra y era en diciembre, en Miami,
pobres niños estaban traspirados y yo qué sabía que no hacía frío. Se supone que
veníamos al invierno. Allá hacía calor, pero acá no.
Entonces, llegaba a pleno invierno. Entonces, yo los abrigué, se les veían los
ojitos nada más, pobrecitos. Llegamos al aeropuerto de Miami a las cinco de la mañana y
me puse en la cola más larga. Y yo vi un cartel contra la pared que decía, “Inmigración”,
a bueno, de acá, del cajero este no sé si me va a cobrar o no me va a cobrar, pero yo del
cajero paso para Inmigración y no, esa era Inmigración y yo no sabía. No tenía idea.
Entonces, lo tomé normal. Lo tomé tranquila porque dije, no, después de esto voy a
Inmigración. Y nunca llegó Inmigración.
Cuando me preguntó, “¿Usted por qué viene?” “Por las fiestas, porque se casa un
amigo entonces nos invitó al casamiento.” Porque me habían dicho, “Si te preguntan por
algún gringo, dale el nombre del jefe de ellos.” Bueno, me habían dado el nombre, pero

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nunca me habían dicho que era soltero. Yo lo había casado. Menos mal que no me
preguntaron. Me dice, “¿Y cuándo se vuelve?” “Y por lo que dice la fecha del pasaje, ahí
dice quince días. Bueno, en quince días me vuelvo.” Y mi hijo, “Mamá.” “Ya nos vamos,
ya nos vamos. Ya el señor nos deja pasar ahora y ya…” Y pasé.
Y digo, “¿Y ahora qué hago? ¿Para dónde voy?” “Usted tiene que seguir para allá
y allá va a ver las maletas.” Bueno, una maletita chiquita. Esa que se usa arriba del avión,
bueno, yo la había mandado para allá porque yo no sabía, porque era con ropa y era
chiquitita. Y de ahí estaba buscando Inmigración y buscaba Inmigración y estaba perdida,
y digo, ¿y cuándo me van a hablar? ¿Cuándo me van a dejar pasar?
Y cuando veo de golpe así, estaba Guillermo y Michel esperándonos y los chicos,
“Papá, papá,” le gritaron. “¿Dónde está Inmigración?” “No, si ya lo pasaste.” Nunca me
enteré. Y ahí llegué y a los tres días se cayó el gobierno, hubieron cinco presidentes en un
mes, que nadie quería hacerse cargo de la Argentina. Bueno, y aquí estuve una semana
viviendo con ellos en la misma casa. Después ya fuimos a buscar una renta y vivimos
como pequeña Mendoza, porque éramos todos argentinos en ese pedacito… eran diez
casitas chiquititas, por la Dorchester.
ML: ¿Ese era el barrio que estaba ahí en Dorchester, casi Cross County RD? ¿Ese
barrio que tenía árboles grandes?
E: Dorchester y casi el aeropuerto, la salida del aeropuerto.
ML: Estaban más cerca del aeropuerto. No existe más ese barrio.
E: Sí, todavía está.
ML: Okay, okay. No, estaba pensando en otro lugar. Pequeña Mendoza, ¿fueron a
un lugar donde estaba lleno de --?

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E: Claro, éramos todos mendocinos, eran diez departamentitos, porque todo lo

demás alrededor eran trailas, pero esos eran diez departamentitos chiquititos. Eran
pegados uno al otro, ¿cómo se llaman?
ML: ¿Cómo town houses?
E: Sí. No, eran…
ML: Dúplex.
E: Eso, dúplex. El ambiente ya se puso pesado porque ya empezamos a conocer.
O sea, recién llegados uno busca lo más barato, lo que puede. Encontré un colchón afuera
y con ese dormíamos y así. Todo siempre lo que se encontraba. Y ahí empecé a trabajar
en la noche con las mujeres en oficinas porque si no, no me dejaba. Después empezó la
violencia física.
ML: Cuando vos decís trabajar a la noche, ¿es era en oficinas?
E: Limpiando oficinas. Cuando ellos llegaban del trabajo se quedaban con los
niños los hombres y como estábamos todos juntos, algunos llegaban más temprano y
otros más tarde, entonces se cuidaban. Y nos íbamos a limpiar oficinas dos horas, tres
horas, no sé cuántos eran. Después empezó la violencia, empezó a tomar más porque vio
que se ganaba mucho más que en Argentina, con poco menos trabajo que lo que él hacía
allá. En vez de progresar o querer tener cosas mejores, empezó a tomar más porque tenía
más dinero para tomar.
Y ya lo mezcló con droga, lo mezcló con cocaína creo. Porque yo me di cuenta
después que me separé, yo no-- Lamentablemente, yo nunca me metí en información de
drogas, nunca probé y no sé de drogas, entonces no sabía las reacciones, cómo
reaccionaban las personas cuando están drogadas, cuando están tomadas. Y una amiga

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después que me separé me dijo, “Cuando vos lo ves que toma y toma y toma y se ve
como normal es porque está con droga.” Yo no tenía idea. Ah, sí, después me enteré.
Después él me lo confirmó, pero yo no tenía idea.
ML: ¿Cuánto tiempo estuvieron casados, bueno, viviendo juntos mientras
estuvieron acá?
E: Yo llegué en diciembre del 2001 y en diciembre del 2003 me fui.
ML: ¿Te fuiste a vivir sola?
E: Claro, son dos años, pero un año nada más de convivencia. O sea, fue una
golpiza después tuve tan grande de él que estuve el último año viviendo en la misma
casa, pero yo durmiendo en la misma cama con Cibele, sin tener nada con él, hasta que
conseguí un trabajo y me pude cambiar.
ML: Eso me gustaría que me cuentes como de tu historia de cómo te fuiste
poniendo de pie y los trabajos que fuiste consiguiendo y cómo te diste vuelta acá.
E: Ese trabajo de la noche se empezó a cancelar porque él empezó, “No, que yo
llego muy tarde, que no puede más cuidar a los niños, que mejor no te vayas, que mejor
quédate acá que yo para eso trabajo,” y aparte que me asustó. Cuando yo llegué a este
país no sabía nada y como él ya llevaba más meses que yo, un poco más de meses que yo,
él me decía que acá un niño que queda solo la policía te lo quita y no lo ves nunca más.
Entonces, yo estaba aterrada con la policía. Yo tenía miedo. No conocía nada, o sea, tenía
miedo de eso. y los demás, recién llegados, todos llegaron en el 2001.
ML: Y eso después del 11 de septiembre.
E: Claro, después del 11 de septiembre.
ML: Que las cosas se pusieron feas aquí también.

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E: Exacto, entonces era la escuela, estar pendiente de a qué hora llegaban de la

escuela y no me dejaba, porque tampoco yo no entendía. Nunca manejé, jamás tuve un
auto, una bicicleta es lo más que tuve en Argentina. Y acá no sabía manejar. Le pedí a
una amiga que me enseñara y me decía, “No, porque tiene que ser tu carro nada más,
cuando tengas el tuyo te enseño.” ¿Cómo voy a tenerlo si no sé manejar?
La cuestión es que dejé de trabajar entonces estaba encerrada, no hacíamos nada,
me estaba volviendo ya loca. Eso era deprimente. Iba a veces a clases de inglés con las
mismas madres de la escuela, cuando los chicos estaban en la escuela, pero no avanzaba.
Es como que no avanzaba.
ML: ¿A dónde ibas a clase?
E: En la Dorchester hay una iglesia. Es que no sé las calles, no sé las otras calles
que atraviesan, pero hay un puente que atraviesa que llega a una escuela, que de este lado
había unas trailas que la agarró ahora la del avión, Boeing.
ML: ¿Se llamaba Trailwood?
E: Algo así. Hay una iglesia en la esquina, en frente de esa escuela. En esa iglesia
fui las primeras clases con…
ML: Goodwin Elementary.
E: Algo así.
ML: La iglesia que está en frente.
E: Uh-huh, ahí fui a las primeras clases de inglés gratis que encontré. Ahí conocí
algunas chicas de otras culturas, porque no conocía nada de México, de otros países. Pero
veía que cuando les pedía trabajo eran como muy cerradas. Si eras de México te decían
sino no. No sé, es que conocía México nada más, México y los argentinos, nada más. No

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conocía otras personas.
Después, una de las chicas empezó a trabajar en una empresa de toallas, en un
warehouse, un galpón de toallas y la llamaron porque era por dos semanas. Y necesitaba
otra más, pero ella le había dicho a las otras, y las otras ya no querían porque tenían sus
trabajos de limpieza de casas y me dijo a mí, porque querían otra persona más. Y entré
por dos semanas para… las toallas que devolvían separarlas por tamaño, las grandes, las
de las manos y las chiquitas y todo eso. Era eso. Sacar el trabajo en dos semanas. Esas
dos semanas se convirtieron en cuatro años.
ML: ¿Dónde estaba el lugar, el warehouse?
E: Acá en la Cross County, estaba ahí y después cuando ya me instalé ahí ya se
me fue a Summerville, a la loma del queso, allá después de la Oakshore, que ahí después
hay una cárcel, bueno, pasando todo eso, allá se fue a instalar. Pero al principio era acá,
entonces yo me tomaba el colectivo, me bajaba en Ashley Phosphate, no en la
Dorchester, porque no tenía miedo de dar toda la vuelta, no conocía nada, y me bajaba y
me iba hasta el trabajo y después me volvía otra vez caminando hasta allá a tomar el
colectivo. Llegó un momento que ya no quería volver a mi casa.
Yo sabía que tenía que hacerlo por mis hijos, pero era todos los días pelea, era
todo el día, desayunaba alcohol, desayunaba cerveza él, porque empezó que el café le
hacía mal, que él te también, que el mate igual, que la leche lo mismo, así que cerveza.
Era alcohol, cerveza, todo el día. Yo dejaba este trapo acá, un papel, o una miga de pan, y
era una sucia, mala madre, mugrienta, basura, no servía para nada.
ML: Estaba enfermísimo él.
E: Sí, y me enfermó porque yo pensé que como mujer ya no iba a servir nunca

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más. O sea, como madre sabía que tenía que defenderlos a mis hijos, pero como mujer
me deploró tanto, me bajó tanto, que yo no sabía si servía como mujer. Yo dormía con mi
hija porque no había forma ahí. Era un departamento donde estaba el comedor con un
pasillo donde la primera habitación de mi hija, la segunda de los chicos y la tercera era la
de él, porque yo ya no dormía más ahí, y un baño y la cocina.
En el living se levantaba días de semana, que mis hijos tenían que ir a la escuela,
tenían que dormir, dos, tres de la mañana a todo volumen a escuchar pornografía.
Entonces, era insoportable, era insoportable. Yo seguí trabajando ahí a pesar de que él no
quería, y empecé a juntar dinero y con un amigo me llevaba a buscar rentas, porque
teníamos una hora de break, de lunch. En esa hora yo aprovechaba para que alguien
viniera a buscarme y me llevara a buscar los departamentos a preguntar cuánto necesitaba
de depósito, porque yo llevaba seis meses trabajando ahí.
No, esperé tres meses, porque yo calculaba como en la Argentina, a los tres meses
fijo. Entonces, más o menos le calculé eso acá, porque no tenía idea, era ignorante de
todo acá, de todas las leyes de acá, completamente ignorante. Entonces, calculé tres
meses de trabajo y junté dinero para un depósito y ahí puse el depósito en Pepper Tree
[Apartments]. Y me cambié ahí, pero cuando me avisaron yo no estaba y él escuchó el
mensaje en el teléfono de la casa.
Bueno, ahí es cuando se enteró que me iba. Y me vine con la cama de mi hijo y
una mesita cuadrada que era con cuatro sillitas, cuatro banquetitas para nosotros cuatro y
nada más y así empecé a trabajar ahí y a mantenernos ahí, con sopa Maruchan y ¿cómo
era que se llamaba? Que era como un burrito, Chimichanga, que era lo más barato que
conseguía: la sopa Maruchan y la Chimichanga, cuando no tenían escuela, porque durante

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la escuela a mí me salvaba muchísimo el desayuno y el almuerzo y el horario de escuela
que era horario corrido, que llegaban a las tres, cuatro de la tarde y me daba tiempo a mí
de trabajar.
Era hermoso. O sea, para mí fue una bendición tan grande haber llegado a este
país y poder criar a mis hijos acá y poderlos criar con una cultura donde no se ve gente
emborrachándose en la esquina de la casa, en la puerta de la casa, en la calle, drogándose
en una plaza, no se ve. Eso acá no, hay droga, hay alcohol, hay borrachos, hay de todo,
pero adentro. El que lo hace lo hace porque sabe, pero no porque se acostumbra a verlo
como algo normal un niño. Eso en la calle no lo hay acá, y eso me encantó. Si un niño se
ve en la calle caminando un policía lo para y le pregunta por qué se escapó de la escuela.
Allá no, allá andan…
ML: ¿Y en ese barrio, en Pepper Tree, las calles eran como tranquilas, había lugar
para que los chicos jugaran, verdad?
E: Sí, y yo metí la pata con los demás latinos argentinos, porque me preguntaban
qué tal el barrio, porque estaban todos amontonados en otro barrio que era Willows al
lado de la iglesia Santo Tomás. Y yo metí la pata diciendo, “Es re tranquilo, son la
mayoría blancos, no te molestan. Está bueno. Me gusta.” ¿Para qué? Hicieron yum, como
moscas a la miel, se vinieron todos para acá, todo el mundo. ¿Y qué pasó?
Se vinieron los morenos a robarle a los latinos, porque para los morenos todos
somos mexicanos y todos piensan que todos tienen el dinero debajo el colchón, porque
los mexicanos al principio, ahora ya no, pero en esa época, en el 2000, 2002, 2004, le
daba miedo sacar cuenta de banco porque pensaban que así los iban a agarrar porque no
tenían documentos y todo eso. Entonces, tenían cash. Y empezó a llenarse de morenos, a

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robarles y ¿qué hicieron? Se fueron.
¿Qué pasó? Se quedó lleno de morenos. Pero no era el problema ese para mí, el
problema en los Willows fue que me aumentaban todos los años cincuenta dólares para
renovar el contrato. Yo me quedé seis años ahí. Estuve seis años y todos los años
cincuenta dólares más, cincuenta dólares más y un día de atraso, también era cincuenta
dólares y al otro día diez y diez o cosas así. Bueno, se cambió la amiga mía acá, me dice,
“Venite. Es feo el barrio, pero es más barato y te va a gustar, o sea, te vas a ahorrar
dinero.”
Bueno, me vine para acá y hasta ahora en diez años acá el viejito me habrá –
primero estuve ahí al lado, que son de dos dormitorios, estuve dos años y de ahí me vine
para acá – me habrá aumentado cincuenta dólares en diez años la renta. Así que estoy
tranquila.
ML: Contame después del lugar ese de las toallas donde estuviste trabajando, ¿a
dónde pasaste?
E: De ahí encontré un amigo argentino que trabajaba en un restaurante en
downtown, City Marina y me dijo, “Venite para acá, qué vas a seguir en ese galpón que
te morís de --.” Es que había que descargar camiones, hacer unos pallets muy pesados,
muy altos, muy grandes y también venían los caños de PVC, esos de cloacas y había que
descargar eso o cargarlos los camiones. Entonces, era muy pesado.
ML: ¿Te puedo preguntar cuánto te pagaban la hora en ese trabajo?
E: Ahí me pagaban, no me acuerdo cuánto me pagaban la hora, pero yo sé que
sacaba $350.00 a la semana.
ML: Con cuarenta horas.

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E: Sí, trabajaba de lunes a viernes, entraba a las seis creo, sería a las cinco, por

ahí, no me acuerdo. O de las siete a las cinco, pero teníamos una hora de lunch. O sea que
era una hora menos. Pero después a ese jefe mío yo le pedí plata adelantada para comprar
un auto, porque se habían ido re lejos y el encargado que me pasaba a buscar, él entraba
una hora después y me hacía entrar a mí una hora después y me iban a echar. Está bien
que me llevaba el encargado, pero no era culpa del dueño que yo no tuviera carro.
Entonces, no tenía cómo hacer para --.
ML: Seguir trabajando en tu horario.
E: Claro, entonces le tuve que pedir plata adelantada para comprarme un carro sin
saber manejar. Una vecina me enseñó a parquear, en una semana a parquear y me daba
vuelta así a la manzana y me hacía parquear y nada más. Eso es lo único que sabía hacer.
Y encontré un autito, era un Volkswagen Jetta de no sé qué año era, pero estaba
abandonado, hojas por todos lados, al motor tenías que sacarle así las hojas para ver si
tenía motor, porque estaba abandonado, pero mal. Y me lo vendieron en $300 dólares en
ese entonces y me lo compré.
Pero cada vez que paraba le tenía que poner agua porque se le vaciaba toda el
agua y estaba el motorcito ahí. Una de las puertas estaba clavada con clavos. O sea, era
un desastre el autito. La cuestión es que una amiga me sacó la patente para poder
manejar, y me mandé a la 26 [I26] sin que nadie me dijera así se maneja. Esto tenés que
hacer con el freno, esto tenés que hacer con la… nadie. Mirar por los espejos, nadie me lo
dijo.
Yo lo que hacía era lo que hacía el de adelante. Si el de adelante se iba a
atropellar, yo también porque no tenía idea. En la 26 iba… está la línea blanca, esa que ya

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-- de la línea blanca iba al medio el auto porque yo estaba bien a la orilla. Era así.
Llegaba al trabajo y me tenía que despegar los dedos porque era una tensión, unos
dolores de espalda, de tensión por eso, por el trabajo y por el manejar.
ML: ¿Quiénes eran tus compañeros en ese lugar? ¿La mayoría de la gente eran
latinos o había de todo un poco? ¿Cuánta gente trabajaba con vos ahí?
E: No, no muchos latinos. Eran más bien gringos y morenos. Tenía una amiga,
Cristal, una blanca gordita divina, era buena piba, pero media perdida. Tenía un hijo con
un moreno. Le gustaban los morenos entonces le gustaba esa onda con drogas y eso, pero
era buena persona. Después había un puertorriqueño que hasta el día de hoy es mi amigo,
muy buena gente.
Otra gente que iba y venía, hubo un momento que hubieron muchísimos
empleados, pero en otro momento quedamos cuatro o cinco, que todavía me sigo
hablando con uno de los morenos. El encargado que me llevaba era un mexicano, pero
ese ya se agarró la ciudadanía y ya no habló más con nadie. Se le fueron los humos. Es el
único, pero el puertorriqueño y el moreno a esos los veo, no los veo, pero sí los hablo.
Hablamos por teléfono.
ML: ¿Cómo fue cambiarte de estar en este tipo de trabajo a trabajar en un
restaurante que trabaja tanto?
E: En mi vida había hecho.
ML: Y que trabaja tanto, además, ¿verdad?
E: Sí, encima es rápido, porque allá uno casi como que se tomaba el tiempo de
hacer los pedidos, pero eran pesados. Pero ahí, porque me metió este chico, este cordobés
también. Y al mes se iba, me dice, “De lavaplatos entrá.” Y él me enseñó cómo manejar

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la máquina y ahí empecé, y me empezaron a apurar, a apurar, y ya me acostumbré a lo
rápido. Ya no podía trabajar despacio. Y ahí me quedé diez años. También el mismo
monto, $350 dólares, pero me iba aumentando un dólar al año de sueldo, así que llegué a
tener a doce la hora porque creo que entré a ocho o siete la hora, algo así. Y estuve
trabajando ahí diez años hasta que me enojé.
ML: ¿Por qué te enojaste?
E: Porque había entrado un moreno, un pibe joven, adolescente, no sé, y yo le
tenía que enseñar y no quería que una latina que no hablaba el inglés le enseñara a él.
Porque él era americano y yo no. entonces, le dije, “Sos un estúpido.” Ay, pegó un grito
en el cielo, se sacó el delantal, empezó a gritar adentro del restaurant, en la cocina, que
por qué yo le había dicho estúpido, que él no era estúpido, que tenía dos hijos que
mantener. Le digo, “Yo tengo tres. ¿Y? Seguís siendo estúpido igual.”
Y entonces vino el dueño y me dice, “¿Qué pasa?” Porque yo trabajaba con él
todos los días, o sea, el dueño es cocinero ahí, trabaja ahí todos los días. Pero era bueno
conmigo, en los partidos de fútbol, por ejemplo, cuando jugaba el mundial, que eran dos
horas de partido, a mí me dejaba… me iba al bar, dejaba el trabajo y me sentaba las dos
horas a ver el partido de Argentina. Me iba con la bandera, la camiseta, todo de
Argentina.
Pero me dice, “Calmate porque yo necesito gente blanca, negra, latina.” “A mí no
me importa si es azul, verde, roja, amarilla, marrón, a mí me importa el respeto y éste no
me respeta y es un estúpido.”
Y se lo dije adelante del dueño, le volví a decir estúpido. “No, pero es que yo me
voy.” “Bueno, si querés andate, pero la que se va soy yo.” Y agarré, me saqué el delantal

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y me fui y no volví más. No volví más ni por el cheque ni nada. A una compañera le
pedía que me lo trajera, igual que lo de los taxes también. Le pedí a ella que me lo trajera
porque yo no volví más. Pasaron tres años y volví. Me metí en hoteles.
Empecé a trabajar-- primero me fui por acá, para tenerlo cerca, caminando, a
buscar acá y encontré en el laundry, pero después me habían avisado de la cocina. Como
yo estaba acostumbrada a la cocina yo pensé que era lo mismo. No, no era lo mismo. Era
más fácil todavía. Era mucho más fácil, porque era calentarlo en el microondas y ponerlo
ahí, los desayunos gratis esos que son una porquería. Esos no los recomiendo porque son
asquerosos. Vienen congelados los huevos, todo congelado, es un asco. A mí no me
gusta.
Pero bueno, eso lo tenía que hacer. Y me gustó. De ahí me mandaron a limpiar
cuartos, al laundry, cuartos, lobby, bueno, ya empecé con los hoteles. Ya después me
metí con otro.
Después de tres o cuatro años volví porque una amiga me dice, “Vamos a comer
donde vos trabajabas.” Que yo no volví nunca más, me da vergüenza, no sé cómo me van
a recibir, no sé si va a estar enojado o no, porque no le di tiempo a que me dijera esperá.
Ni tampoco él me llamó. El dueño jamás me volvió a llamar. Era una empleada más,
nada más. Nadie es indispensable. Entonces, cuando volví fuimos a comer y ahí sí me
abrazaron todos. Me sorprendió y me preguntaban si quería volver a trabajar. Le digo,
“Ni loca, esto es un asco. No, acá no vuelvo más.” Pero me gustó cómo me recibieron,
porque no me lo esperaba. Yo esperaba que me ignorara, pero todos me abrazaron. Todos
se vinieron, todos los empleados dejaron de trabajar para irme a saludar. Y la que me lo
dijo, para mí me lo dijo con la intención para ver qué tal, si es verdad que trabajabas acá

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o algo así. Y se quedó con la boca abierta.
ML: En todo esto de que vos venís con una familia grande, que sos responsable de
tus chicos, que tenés que darte vuelta con el trabajo y sobrevivir en un país diferente,
mientras tanto hay cosas que están pasando en el país con los inmigrantes, que tenemos
crisis periódicas con los inmigrantes y persecuciones periódicas a los inmigrantes. ¿Cómo
has vivido eso vos?
E: Con miedo. Salir a la calle y manejar es ponerme a rezar-- persignarme antes
de salir y persignarme en el momento que llegue a donde llegue, ya sea el trabajo o al
Wal-Mart o a donde sea. Es persignarme, es rezar y pedirle a Dios que me cuide para
seguir acá porque no quiero volver a mi país. No tengo nada. Las sillas que tenía para
sentarme las vendí antes de venirme. No me quedó nada, ni casa, ni terreno, ni nada, ni
hermanos, ni padres, no tengo nada.
ML: ¿Ese sentimiento de tener que rezar y encomendarte a Dios es una cosa
permanente
E: Todos los días
ML: ¿O crees que ha habido picos, que ha habido épocas en que las cosas están
más calmadas y épocas en que las cosas se ponen horribles?
E: No, bueno, capaz que estuvieron más calmadas al principio, después ya
discriminación, la cantidad de gente que empezó a llegar, o sea, no sé qué pasó, pero sí
está más peligroso o más perseguido. Y eso hago todos los días sin parar porque ya es
como cuando uno prende el motor, persignarme es prender el motor, es normal en mí,
cuidarme así, protegerme. Trato de no manejar de noche.
Ahora más que todo porque no veo mucho, no quiero manejar, trato de no salir,

�Edith

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trato de estar siempre acá, de no gastar mucho. Como cuando uno quería divertirse antes,
o sea, yo empecé a salir cuando mis hijos ya eran grandes, porque desde los noventa hasta
que fueron adolescentes que los pude dejar, no fui a bailar nunca más, excepto que fuera
un casamiento, cumpleaños de quince, algo familiar. Pero salir a bailar a un lugar, a una
discoteca o cosas así, ya no lo volví a hacer hasta que fueron grandes. Y después la parte
económica me ayudaron muchos mis hijos. O sea, terminaron la High school, empezaron
a ayudarme y hasta el día de hoy me ayudan mucho los tres.
Pero por la seguridad no, cansada. Eso sí, cansada de tanta discriminación,
cansada de esperar de que no hay una solución, de que no todos somos delincuentes, no
todos cruzamos la frontera porque, no todos somos ignorantes. A pesar de lo que pueda
llegar a pasar si me deportan o no, trataré de no quedarme en mi país. Me buscaré un
pasaje para irme a Italia, no sé, como no necesito visa, como argentina, pero agradecida
de haber podido criar a mis hijos y dejarlos, de última, dejarlos ya grandes, ya hechos
unos hombres y mujeres. Ya está. Ya lo cumplí. La meta que quería lo logré. Estoy
agradecida de haber llegado a este país.
ML: Y vos los ayudaste a tus chicos muchísimo a conseguir, no solamente con
todo lo que hiciste como mamá, pero con la documentación de tus hijos vos los ayudaste
muchísimo.
E: Ah, sí. Yo se lo llené, yo lo junté.
ML: Contame cómo fue eso.
E: Bueno, fue con Obama, gracias a Obama que sacó lo del Green Act (sic), el
DACA. Todo el mundo empezó a estar entusiasmado, coincidía que tenían más de quince
años, ya los tres, y que habían entrado al país --. O sea, teníamos pruebas de que habían

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entrado al país de más chicos y que --. Entonces, buscamos una abogada que se llama
Emily Guerrero y nos hizo --. Éramos tanta cantidad, éramos más de cien personas, más
de cien chicos que querían la oportunidad del DACA, entonces ella hizo dos grupos con
abogados de inmigración, porque ella sola atender a cada uno no iba a poder.
Entonces, juntó un grupo de abogados famosas acá en Carolina del Sur, abogados
de inmigración, y nos juntó en una iglesia, creo que fue, en un salón, no me acuerdo bien,
y ahí nos cobró nada, $50 dólares, cosa que en otros lados por cualquier persona
cobraban $300, $500 aprovechaban el momento de furor del DACA para cobrar $500
$600 hasta $1.000llegaban a cobrar, $2.000 llegué a enterarme que le habían cobrado a
alguien porque lo hicieron tarde.
Y así obtuvieron el DACA gracias a Dios, ellos pudieron sacar licencia, permiso
de trabajo, no pudieron estudiar. No pudieron estudiar por ayudarme, porque no se podía,
a pesar del DACA que tenían la oportunidad de estudiar, le cobraban como si fuera que
vinieran de otro estado, al que le salía cien por mes, a ellos les salía $200 y era mucho
dinero. Les ayudé, me sacrifiqué para-- estando acá, que es tan barato, para que ellos
ahorraran dinero para comprarse un carro cada uno y lo lograron, poder alquilar.
Se fueron los tres, primero uno a probar solo, eso que hacen los americanos que a
los dieciocho años se van de la casa. Bueno, ellos también quisieron hacerlo. Volvieron.
Después otro volvió y así, van y vuelven, van y vuelven. Mi hija se casó y no tengo
nietos todavía. Matías es el único que está viviendo fuera de la casa, pero tengo la
esperanza de que vuelva. [Risas]
ML: No, no. [Risas]
E: Tengo la esperanza de que vuelva.

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ML: Tengo otra pregunta para hacerte. En todos estos años, viniste en el 2001 así

que van para dieciocho años que estás acá.
E: En diciembre.
ML: Dieciocho años que estás acá, y entonces has visto todo esto ir y venir en
materia de inmigración, ¿has visto también algún cambio – y en esto de ahora estás un
poco más organizada vos también y con más tiempo porque tus chicos son grades – has
visto alguna diferencia en cómo la comunidad se ha organizado? Además de esta
situación con Emily Guerrero, cómo la comunidad se ha ido organizando para tener más
fuerza --.
E: Para más ayuda, para más información. Sí, sí, se han hecho muchas reuniones
de grupos latinos que ayudan y que se van conociendo de a poco y de a pasitos se van
expandiendo para dar información a la demás gente. Eso es muy interesante. Y la policía
que también está colaborando con los latinos.
ML: Así que vos has visto que no solamente ha crecido la población, pero, sino
que ha crecido también cómo la población se ha ido organizando.
E: Sí, se abren más, a no tener miedo de informar, de hablar, de preguntar. O sea,
a la policía como yo, al principio en el 2001, yo perdí la Visa U por miedo a la policía,
porque si yo le decía a la policía los abusos físicos que yo recibía, yo tenía miedo que me
quitaran mis hijos por negligencia, o por no tener un trabajo con qué mantener a mis hijos
si el hombre éste se iba de la casa. Y cuando ya me fui, cuando ya me informé ya era
tarde. Era tarde para hacer la denuncia en la policía y nunca me enteré, o sea, me enteré
después cuando empezaron a hacerse organizaciones, cuando empezaron a hablar, cuando
empezaron a contar.

�Edith

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Primero era boca a boca, después empezaron a hacer reuniones, a informar con

folletos, con ‘no le tengan miedo al 911’ ‘llamar a violencia de la mujer’ y todo eso.
Hasta quise organizar uno contra la violencia. Lo organicé, lo tenía casi armado, tenía
una psicóloga para charlas, tenía a Tony, no sé si la conoces, Tony Strain
ML: Sí, sí.
E: Que ella hace también charlas de autoestima para levantar la autoestima. La
esposa del hombre que yo trabajaba en el restaurante era policía, entonces a través de ella
tenía a alguien que pudiera dar charlas como policía, mujeres policía para ayudar y
también para dar clases de defensa personal. También tenía a otra chica que es argentina,
que es de Salta, o no me acuerdo qué parte del norte, que trabaja en Inmigración.
Ella trabaja para Inmigración y podía tener organizaciones, cosas gratis que podía
a través de ella conseguir. Se iba a cortar una calle si hacía falta, organizar algo en un
parque o con el permiso del gobierno a través de ella. A través de Tony, que trabaja
también en la parte de venden casas, pedir una para-ML: Como inmobiliaria, como real estate.
E: Uh-huh, claro, para pedir hacer una casa para recibir gente, era gratis, que el
gobierno las tiene ahí, el banco las saca y no las-- ese tipo de casas. También estaba otra
que trabaja con abogados de inmigración, con abogados regulares. Me hice amiga de una
chica que trabaja en My Sister House para dar charlas. Me dio un montón de folletos,
pero el problema fue que no entendieron que era sin fines de lucro, y querían dinero,
aunque sea para la gasolina. Y yo no podía darles dinero para una gasolina, para
reunirnos y organizar cosas.
Ya teníamos hablado hasta para tener un teléfono las veinticuatro horas y quién

�Edith

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iba a tener prendido para ciertas horas para contestar en caso de emergencia, un 1-800 era
o algo así, no me acuerdo. Pero se me fue todo por eso. Y después otras empezaron, “Ay,
hay que escucharle cosas deprimentes y eso no me gusta, eso es feo.” Me hizo acordar
tanto a la Argentina. Cuando me dejaban a un lado porque no tenía dinero, porque no
tenía donde vivir. Entonces, donde hay problemas mejor apartarse, mejor no escuchar y
mejor sacarlo porque es perjudicial o es feo. No está bueno ayudar a los que están mal
porque te trae mal, te pone mal. Entonces, ¿cómo vas a ayudar si no--?
Esa gente está en un pozo. Mujeres que mueren, se mueren porque les da miedo
dejar al marido, dejar al tipo porque creen que no tienen recursos. O como le pasó a una
que la maltrataba y le pegaba y la marcaba hasta que ella puso una denuncia, al tipo lo
deportaron, pero la amenazaba que le iba a matar a la hija allá, en México. Entonces, de
eso tienen miedo. Esos casos así. Y yo tengo la esperanza de hacerlo todavía.
ML: Y vos estás hablando de una cosa que es una situación de vulnerabilidad
mucho más grande todavía que, no solamente sos vulnerable porque sos inmigrante y no
tenés papeles, sino que sos vulnerable porque hay gente en situaciones de violencia
tremenda que también agregan mucho más dolor y mucho más estrés a muchas de las
mujeres con las que nosotros nos cruzamos todos los días. Edith, yo te agradezco tanto tu
tiempo, que nos hayas compartido tus experiencias. ¿Hay algo que no te pregunté y que a
vos te gustaría agregar?
E: No, agradecida eternamente de haber vivido acá con mis hijos chicos porque
me dio la oportunidad el horario de escuela, la gente acá que no te discrimina por la edad,
eso es una ventaja enorme, cosa que en mi país tampoco lo hubiera logrado capaz porque
acá se puede pedir por teléfono un trabajo y te dicen, “Bueno, preséntese, mañana

�Edith

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empieza a trabajar,” y no saben si sos gorda, si sos flaca, si sos vieja, si sos chueca, si
usás anteojos o no. Eso está buenísimo y por eso estoy tan agradecida de haber llegado a
este país, de haber vivido todo lo que viví acá que es impagable, aunque me fuera hoy.
Pero me encantaría seguir viviendo acá toda la vida.
ML: Ojalá que sí.
E: Ojalá.
ML: Bueno, mil gracias.
E: Gracias a vos, Marina
End of recording.
MLL 8/28/2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Edith (b. 1967) was born in Mendoza, Argentina and lived there until 2001 when, like thousands of compatriots affected by the economic crisis, she decided to leave the country. She arrived in the United States with the help of good friends who were in South Carolina. She only had her three children and the hope of a better life. She settled in North Charleston where she has resided since then. In the interview, Rivamar talks about the process of learning to function in a strange community, how she was able to put an end to the abusive relationship she had with her children's father and how she learned to survive and thrive as a single mother. She tells about the different jobs she has done and her family's strategies to get ahead. She is grateful and proud of her children. Finally, Rivamar reflects on the evolution of local organizations in which immigrants congregate and advocate for their rights. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edith (1967) nació en Mendoza, Argentina donde vivió hasta el año 2001 cuando al igual que miles de compatriotas afectados por la crisis económica decidió dejar el país. Llegó a Estados Unidos con la ayuda de unos amigos que estaban en Carolina del Sur. Solo traía a sus tres hijos y la esperanza de una vida mejor. Se estableció en North Charleston donde ha residido desde entonces. En la entrevista Rivamar cuenta acerca del proceso de aprender a desenvolverse en una comunidad extraña, como pudo terminar la relación abusiva que vivía con el padre de sus hijos y como aprendió a sobrevivir y prosperar como madre sola. Cuenta acerca de los diferentes trabajos que ha realizado y las estrategias de su familia para salir adelante. Se manifiesta agradecida y orgullosa de sus hijos. Finalmente, Rivamar reflexiona acerca de la evolución de las organizaciones locales en las que los inmigrantes se congregan y abogan por sus derechos.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCION – ENRIQUE MARTÍNEZ
Narrador: ENRIQUE MARTÍNEZ
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha de la entrevista: 22 de febrero, 2017
Lugar: Goose Creek
Duración: 70 min.

MARINA LÓPEZ: Mi nombre es Marina López y hoy es 22 de febrero del año 2017, ¿Se
podría presentar por favor?
ENRIQUE MARTÍNEZ: Sí, como no, buenas tardes, mi nombre es Enrique Martínez, soy
mexicano, tengo actualmente 57 años y casi 30 de vivir acá en los Estados Unidos, de
hecho, tengo exactamente 27 años, la edad de mi hijo.
ML: ¿Y de qué parte de México es?
EM: Tampico, Tamaulipas, México.
ML: Y cuénteme de su familia, cómo era su familia, el lugar donde usted creció.
EM: Bueno, Tampico es una ciudad que está en la costa este de México, es un estado que
se llama Tamaulipas, la ciudad donde yo nací pertenece al estado de Tamaulipas. Mi
familia es una muy grande, somos muchos hermanos, somos doce en total. Yo soy el más
pequeño y por azares del destino pues buscando trabajo y mejores oportunidades de vida,
llegué acá a los Estados Unidos.
ML: ¿A qué dedicaba su familia, su mamá y su papá en –
EM: Bueno, mi mamá era una ama de casa, difícilmente antes trabajaba una señora con
tantos hijos, difícilmente le quedaba tiempo para trabajar, pero mi papá trabajaba para una
compañía petrolera en México que se llamaba – que se llama Petróleos Mexicanos.
ML: Y usted era el más chiquito de la familia, ¿Qué se acuerda de ser el más chiquito de
la familia?
EM: El conocimiento.
ML: Cuénteme.

�Enrique Martinez

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EM: Sí porque generalmente los benjamines de las familias –Benjamín de llamamos al más
pequeño– los benjamines de las familias siempre son los que absorben el conocimiento de
los hermanos más grandes, ya podemos vivir algunas experiencias y lo que sí es que yo
me, soy muy feminista porque me crié entre casi puras hermanas, de hecho, la familia
somos doce, pero son ocho mujeres y cuatro hombres.
Entonces las últimas de la familia son casi puras mujeres. Entonces cuando yo estaba
pequeño, realmente todavía las que estaban en mi casa, prácticamente son dos generaciones
entre doce, pues prácticamente entre la mayor y la menor hay una diferencia –entre mí y
mi hermana mayor hay una diferencia como de veinticinco años, entonces prácticamente
somos hay como dos generaciones.
Entonces cuando yo estaba pequeño, yo me acuerdo haberme criado solamente entre cinco
de mis hermanas. Entonces, una cosa que sí hizo mi mamá que yo le aplaudo mucho el
hecho de tener esa enseñanza de la vida, es ser muy feminista porque mi madre quería que
mis hermanas fueran diferentes a ella, ella fue una ama de casa que nunca trabajó, ni
siquiera aprendió a manejar, con eso le digo todo.
Entonces ella no quería que mis hermanas vivieran la misma vida que ella, sino que "tienen
que estudiar, tienen que ir a la escuela", porque mi papá era un poquito machista en ese
aspecto, verdad, decir "no, las mujeres se van a casar y van a ir a trabajar a la casa", hasta
ahí, verdad. Y mi mamá dijo "no, ellas tienen que estudiar, superarse y el día de mañana si
no se casan, tienen una profesión para trabajar", entonces no quiso que fueran amas de
casa, quiso que se superaran.
Varias de mis hermanas son profesionistas, o sea, tienen carrera universitaria, y con esa
mentalidad pues me crié yo de, entonces nunca he visto a la mujer como la mayoría de la
sociedad machista en México, decir "la mujer va para la casa a trabajar y el hombre es el
que va a ir a buscar el sustento de la familia", yo digo lo contrario, o sea –perdón, no lo
contrario, sino que la mujer debe de compartir con el hombre las responsabilidades de la
casa y también tener la libertad y la igualdad en un matrimonio.
ML: ¿Y cuáles eran las cosas que a usted le gustaba aprender cuando era chico, que le
gustaba –
EM: Me gustaba muchísimo leer, leer.
ML: ¿Qué era lo que leía?
EM: Leí muchísimos libros, precisamente porque mis hermanos ya me habían dejado ahí
muchos libros que ellos habían comprado y todo eso. Pues leí de todo, cuando era niño
realmente leí de todo, quizás a muchas cosas no le entendí y de grande, ya de mayor,
verdad, que empecé a ir a la universidad [Universidad Autónoma de Tamaulipas]y todo
eso, volví a leer muchos de los libros de los libros que leí de niño y que los entendí.
Por ejemplo, me recuerda muchísimo El Principito, lo leí de niño, pero no le entendí muy

�Enrique Martinez

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bien. Me gustó el libro, pero no dijéramos "no aprendí nada", cuando uno aprende de los
libros es cuando uno comprende, verdad, es lo que yo digo también a la gente, "lean",
verdad, "entonces van a aprender algo, y si no lo aprende, con el tiempo van a ver que la
enseñanza que tenía ese libro les va a servir de algo en la vida".
ML: Cuénteme cuáles eran los roles de su mamá y su papá en la comunidad en México,
usted me dice que usted viene de una familia bien tradicional, su papá machista trabajando
en una empresa petrolera, su mamá tenía todos estos chicos en la casa, ¿Cuáles eran los
roles sociales, trabajaban en la iglesia, en la comunidad –
EM: No, no, no, no, para nada, nada, yo creo con tanta familia no les daba tiempo para
nada. Yo lo que sí no me explico es mi papá cómo le hizo para sostener toda una familia
de ese tamaño.
Por ejemplo, ahorita imagínese una familia de doce, casi imposible sostenerla
económicamente, por muy buen trabajo que tengas, ya con cuatro, cinco personas ya es
difícil, imagínate doce, quizá comprando todas las cosas por mayoreo.
De hecho todavía cuando yo era niño me acuerdo, mi mamá se quedó acostumbrada a
comprar las cosas por mayoreo, o sea, nosotros no íbamos al mercado así común, sino que
íbamos al mercado y comprábamos las cosas por caja, por ejemplo, mi mamá todavía
compraba las cajas, el tomate por caja, el plátano allá en México era muy común que –
como hay mucho plátano en México, te venden todo el racimo, o sea, todo lo que viene
siendo la penca y trae un montonal de manos, porque decía que uno de mis hermanos, el
mayor, era grande y fuerte y se comía en una sentada se comía toda una mano de plátanos,
o sea, agarraba lo que era un litro de leche y toda una mano de plátanos, imagínate. Porque
éramos de buen comer ahí.
Yo de hecho soy de los más bajitos, tengo hermanos que – bueno, de mi estatura, pero el
mayor era muy alto, muy alto, media como 1.80 y fuerte. Entonces otro hermano que
falleció también cuando era joven, falleció de veinte años más o menos, era muy fuerte
también así, corpulento.
ML: Así que no había comida que les alcanzara en la casa.
EM: Exacto, no porque entonces se compraban, te digo, los huevos se compran por caja,
nuestra alimentación era la básica, verdad, afortunadamente quizás por esa misma
necesidad de alimentar la familia, nuestra alimentación fue muy natural, frutas, verduras,
pues en aquel entonces no había tampoco tanta fast food como hay ahora.
Entonces yo creo que –mi mamá nos hacía jugos naturales para desayuno, nunca faltaba en
la mañana el primeritito el jugo de naranja, huevos de cualquier manera, no, y pues la
comida tradicional mexicana, que siempre estamos acostumbrados a los frijolitos, el arroz,
la tortilla, la carne.
ML: ¿Cómo fue que se empezó a gestar en usted la idea de venirse para el norte?

�Enrique Martinez

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EM: Bueno, yo tuve la oportunidad en México de estudiar, mi mamá nunca quiso que
nosotros nos quedáramos sin estudio, entonces yo sí tuve la oportunidad de ir a la
universidad. Pero con la mujer que me casé, ella no fue a la universidad, entonces para ella
se le dificultaba un poquito – perdón – un poco el hecho de trabajar, para mí no porque
estudié una carrera universitaria y después trabajé, no tuve ningún problema, pero mi ex
esposa, o sea la mamá de mis hijos, ella no tuvo esa oportunidad que yo.
Entonces cuando ella estaba embarazada –ya ella había estado con una prima aquí en la
frontera trabajando cuando estábamos de novios. Como el estado de nosotros es un estado
fronterizo con Texas, hay mucha gente que viene acá para Texas a trabajar y se regresa, va
y viene, va y viene, anteriormente hace pues casi treinta años no era tan problemático venir
para Estados Unidos y regresar como ahora, verdad.
Entonces trabajaba la gente de este lado y vivía allá en México, entonces se venía una
temporada a trabajar acá unos seis meses y regresaba. Ella ya lo había hecho. Entonces
cuando estaba embarazada ella no tenía trabajo y me dice "sabes qué, me voy para Estados
Unidos", le digo "no, pero ¿cómo?", "sí, pues es que aquí realmente las cosas son muy
difíciles y todo eso", entonces le dije "bueno, si quieres vete tú, pero yo no me voy a ir, yo
aquí tengo toda mi familia, mis amigos, no voy a ir para los Estados Unidos".
Pero me entró la –me empezó a pesar la conciencia y como ella estaba embarazada, ¿Cómo
iba a venirse sola acá para Estados Unidos? Y ya de último momento decidí "bueno, me
voy contigo".
Y nos venimos acá para Texas a trabajar, pero también en Texas está un poquito más difícil
la situación del trabajo. Entonces un amigo ahí nos recomendó con una persona que vive
aquí en Sur Carolina, de hecho, en John's Island vivía. Me dijo "mira, yo tengo un amigo
allá que siempre tiene trabajo en el campo, es un trabajo temporal, pero pagan bien, ¿No
quieres ir para allá?", "no pues donde sea ahorita".
Llegando ahí a Texas nos venimos aquí, el primer viaje que hicimos, fue a Sur Carolina a
trabajar aquí al campo, y ahí trabajamos la primera temporada, y en eso nació, le digo, mi
hijo porque ya estaba, ya estaba –cuando nosotros venimos aquí a Sur Carolina fue en mayo
y mi hijo nació el 30 de agosto.
ML: ¿Qué tipo de trabajo hacían en Texas, cuál era el tipo de trabajo por el que su señora
estaba interesada cuando se –
EM: Ella cuidaba niños, cuidaba niños ahí en Texas. Y yo me vine a trabajar en lo que
hubiera, verdad, entonces había trabajo de construcción.
ML: Y en ese momento, ¿La promesa de cuidar niños era mejor que el trabajo al que ella
podía acceder en México?
EM: Claro porque aquí se pagan en dólares, por ejemplo, aquí si te ganas, por muy barato

�Enrique Martinez

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que te paguen, te paguen treinta dólares, no te lo ganas en México trabajando, porque allá
el – para que te hagas una idea, lo que por ejemplo ahorita, el mínimum wage en México
viene siendo como cien pesos, que viene siendo el equivalente a cinco dólares por día el
trabajo.
ML: Por día, no por hora.
EM: Sí, en México se paga por día. Si trabajas ocho horas diarias, de viene saliendo como
un total como de – pues al tipo de cambio actual que está demasiado caro ahorita el dólar,
o sea, se devaluó muchísimo la moneda mexicana, viene siendo como cinco dólares.
ML: ¿Y en ese momento usted en Texas no encontró nada para hacer para usted?
EM: Sí, pero eran trabajos muy temporales, muy temporales. Como llega uno y no tienen
los medios para moverse, por ejemplo, uno tenía que depender de quién tenía trabajo y
venir a recogerte a la casa.
Cuando llegamos pues llegamos ahí con unos amigos de –una familia que eran amigos de
mi ex esposa, entonces –
ML: ¿En qué campo trabajó en John's Island, con qué ranchero trabajaba, se acuerda?
EM: Sí, sí cómo no, la familia Henkel, Henkel, bueno, llegué a trabajar aquí, llegué con un
señor que era mexicano, él se dedicaba en la temporada a cortar tomate y llevarlo a vender
al mercado de Columbia. Entonces como vio que yo era una persona que estaba más o
menos preparada, no me quiso meter al campo directamente, sino que "ayúdame mejor a
vender tomates allá en –
ML: ¿Nos puede contar quién era?
EM: Sí cómo no, él se llamaba Abel Hernández, Abel Hernández se llamaba él.
ML: ¿Y Abel tenía su propio –
EM: Negocio, no, no, él lo trabajaba a alguien, pero él llevaba gente a trabajar, era el
contratista. Y también les llamaban en aquel tiempo, les llamaban "pinteros" porque
recogían el tomate pinto.
El tomate pinto, ya cuando empieza a agarrar color, no es comercial para los rancheros en
el aspecto de que ya no lo pueden llevar a las bodegas porque ellos tienen que recoger el
tomate verde. Cuando empieza a agarrar color, ya no lo pueden mandar a la bodega porque
se madurarían muy rápido, entonces tiene que cortarlo verde, pero cuando el tomate
empieza a agarrar color es cuando entra en ese trabajo para aprovechar el tomate los que
recoger el tomate maduro o con un poquito de color, lo empacan y entonces ya el ranchero
le pagan por caja.

�Enrique Martinez

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Vamos a suponer que fue y recogió mil cajas en un día, vamos a suponer que en aquel
entonces si el tomate tiene buen precio en aquel entonces, vamos a suponer que costaba en
promedio la caja diez dólares, la caja de tomate, a ranchero le pagaban cinco y entonces
ellos iban y lo vendían allá a Columbia a diez, y ahí le pagaban al que le ayudaba a recoger.
Vamos a suponer, le pagaban a la persona, al ranchero cinco dólares, al que recoge el
tomate un dólar por cada caja mas lo que le cuesta llevarlo, vamos a suponer que era otro
dólar entre lo que le empacan y lo que gasta una persona y todo eso. Vamos a suponer que
lo quiere a mil cajas, le va a costar 5000 dólares se recogía mil cajas, verdad, 5000 dólares,
pero él iba a venderlo a 10, iba a recoger diez mil dólares menos los costos, le quedaba
todavía libres unos 2500, 3000 dólares cada vez que recogía mil cajas de tomate, muy
buenos, muy buenos porque quizá eso lo podía hacer a veces hasta en un par de días,
recogían mil cajas de tomate.
ML: Y usted vivía en John's Island.
EM: Vivía en John's Island –
ML: ¿Qué partes de la isla estaba usted?
EM: Ahí cerca de la Maybank Highway.
ML: Maybank pero es larga, Maybank donde estaba.
EM: ¿Usted recuerda dónde estaba la empacadora de tomate DiMare?
ML: Sí.
EM: Muy cerquita de ahí, muy cerca de ahí, porque el señor ese tenía como un tipo una
tienda frente a la DiMare, ahí enfrente tenía su negocio. Prácticamente lo que hacía –lo que
más vendía él ahí era cerveza para los trabajadores inmigrantes.
ML: Para los trabajadores. ¿Y usted alguna vez viajó con los trabajadores también, usted
fue trabajador migrante o siempre estuvo ahí en –
EM: No, no, nunca me gustó eso, por eso es que cuando vino aquí, después de que yo me
iba a ir, que yo la estaba pensando, no quería irme, me tocó la suerte de que – o sea, suerte
para mí, mala suerte para muchísima gente que perdió muchas cosas en el huracán.
ML: Y antes de contarme eso, cuénteme de la isla en esa época y cuénteme de sus
impresiones, por usted venía, usted venía de una ciudad me dice, usted venía de vida
citadina y se viene a meter en el medio del campo en ese momento, chocante, ¿No?
EM: No, lógicamente que –
ML: ¿Cómo le fue a usted y su señora para acostumbrarse a –

�Enrique Martinez

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EM: ¿Para adaptarse? Bueno, realmente adaptarse es difícil, muy, muy difícil. Muy difícil
adaptarse porque después de esta acostumbrado a una vida relativamente citadina, llegar al
campo sin nada es muy difícil, el precio que se paga es alto porque aparte no había ninguna
comunidad formada como por ejemplo ahorita. Ahorita tenemos tiendas, llega alguien
nuevo y dice "mira, aquí hay una tienda", "oye, ¿Cómo me pueden ayudar con esto?", hay
personas que se dedican a ayudarte, sí, mira, hay instituciones que se dedican a ayudar a la
gente migrante o en general a la gente hispana, en general, verdad. Hay instituciones, hay
personas.
Ya hay una comunidad más formada, hay iglesias especialmente que hacen misas en
español, hay abogados que hablan español, hay tiendas como la mía, pero también hay
tiendas americanas que tienen muchos productos hispanos, está el Wal-Mart que ya
consigues casi de todo ahí.
En aquel entonces no había ni lo básico para nosotros que era tortillas, correcto, no había.
Por eso fue la razón por la cual yo empecé una tienda hispana.
Mi ex esposa, cuando iba a trabajar para el campo, me llevaba de comida, entonces porque
se nos ocurrió que ella podía – pues la gente le empezó a pedir comida, decían "oye", la
mayoría de la gente eran hombres solos, yo era de los pocos que tenía familia, entonces
"¿Por qué no nos traes comida a mí?" Y entonces a ellas se le ocurrió hacer lonches para
venderlos ahí entre los otros trabajadores, verdad.
Compramos una van y yo me acuerdo haberla adaptado para, poner una cocinita para
calentar hay algunas cosas y todo eso, mantener la comida caliente. Entonces empezó a
vender ya comida y le fue muy bien, y empezamos, vendíamos sodas y todo eso.
Y después en el campo donde yo empecé a trabajar, ya después de haber ido a trabajar a
vender tomates, cuando se terminó la temporada, le digo que aquí hubo muchísimo trabajo
porque en ese entonces se viene un huracán –perdón, el huracán Hugo, fue en el año 89–
perdón. Cuando terminó el trabajo del campo y yo no me fui de aquí, entonces en ese
tiempo porque termino de por esta época más o menos, se viene el huracán Hugo que fue
un huracán tremendo.
Yo todavía estaba trabajando con ese señor y me dijo "pues ahí puedes quedarte mientras
en la casa mientras consigues algún trabajo". No, después hubo demasiado trabajo,
demasiado, o sea.
ML: ¿Qué hicieron ustedes para el huracán?
EM: Nosotros nos fuimos de aquí a Columbia, yo estaba allá en Columbia básicamente.
Como yo me salí del tomate allá, allá me iba todavía a venderlo, cuando fue el huracán
todavía estaba yo ahí en Columbia.
ML: Y su señora estaba allá con usted.

�Enrique Martinez

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EM: No, no, ella se quedaba aquí en la familia con la que habíamos llegado.
ML: ¿Y ella donde estuvo entonces para el huracán –
EM: No, no, ese día si se fue, sí, nos fuimos allá para Columbia, ella se fue para allá
conmigo. Llegó con mi bebé, mi bebé ya tenía quince días de haber nacido, que él nació el
30 de agosto y el huracán fue el 20 de septiembre creo, 19 ó 20 de septiembre, o sea, tenía
veinte días de haber nacido.
ML: Qué susto, ¿No?
EM: Sí, pero bueno, ahí fue parte de la vida, estaba pequeñito, aquí tengo una foto
casualmente del lugar donde yo vivía cuando, en ese lugar en el que vivíamos, ese, mira,
mi bebé, que ahora está en El Citadel, esta foto de hace veintisiete años. Ahí en la trailita
donde vivíamos.
ML: ¿Así que usted me dice que no tenían una familia, que eran amigos suyos solamente
aquí conoce vinieron o no?
EM: No los conocíamos, no los conocíamos, ellos eran conocidos de la otra familia con la
que estábamos, conocidos nada más, pero él a veces le llevaba "oye, ¿No hay gente por allá
para que se quiera venir a trabajar aquí?", y entonces le dijo "ya casualmente estaba una
familia aquí" que era mi señora y yo. Y te digo, nosotros nos quedamos a trabajar aquí. Y
él aquí venía como un par de meses.
ML: ¿Hasta cuándo vivieron en la isla?
EM: Yo dejé de vivir ahí cuando nos separamos, cuando mi – estoy hablando de casi veinte
años, yo en lo particular dejé de vivir allá. Yo viví. Juntos como ocho años ahí, porque
después de – sí, estuvimos casados por ocho años y fue que nos separamos, nos separamos
mi esposa y yo y mi hija estaba pequeñita, mi hija apenas tenía dos años, ahorita tiene
veintiuno, ya cumplió veintiuno.
ML: ¿Vio si cambió durante el tiempo en que usted estaba allá, vio cambios, evolución en
la comunidad latina mientras usted todavía estaba en la isla?
EM: Uh-huh. Después del huracán mucha gente se empezó a quedar porque había mucho
trabajo. Empezaron a hacer –después del huracán empezaron a hacer Kiawah ya como
comunidad porque había algunas casas ahí, pero después del huracán hicieron un campo
de golf, concibieron muchísimas casas y todo eso, entonces trabajo había bastante en
Kiawah.
Me acuerdo uno de mis trabajos que yo tuve después del huracán fue trabajar en Kiawah
en el campo de golf apenas en construcción.

�Enrique Martinez

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ML: ¿Y usted sí era parte ahí del mantenimiento del campo?
EM: No, apenas estaba en construcción. Uno de los trabajos que me tocó hacer es por
ejemplo preparar la arena, mezclar la arena, y claro lo mezclamos con una máquina, verdad,
y una persona encargada para hacer la arena especialmente para el campo de golf, que lleva
diferentes tipos de sacks, no sé cómo le llaman ustedes, nosotros decimos zacate, pasto, al
pasto, hay diferentes pastos.
Y como debe de estar muy bien cuidado, cada pasto necesita una textura especial de tierra,
y como ahí es pura arena, pues lógicamente había que hacer capas de tierra para poder
poner ese pasto. Entonces nosotros preparábamos la arena, la mezclábamos con una especie
de fertilizantes –en una máquina, pero, lógicamente, y entonces ya nosotros íbamos ahí, las
íbamos echando en los camiones, la máquina –bueno, la misma máquina, no, era nosotros
los sacos de fertilizantes los abríamos, los echábamos a la máquina para irlos mezclando.
Pero era muchísimo trabajo.
Ese fue uno de los trabajos que hice. Otro de los trabajos era sembrar una clase especial de
ese que le llaman aquí sweet grass, sweet grass que es muy común, para ponerlo ahí,
barreras para la arena, para que no pasara la arena de la playa cuando venían tormentas,
que venía para acá, cosas así nos tocó hacer.
ML: ¿De dónde vienen los otros trabajadores, la gente que trabajaba con usted, quiénes
eran?
EM: Llegó gente de Florida, gente de Florida que venían con la misma compañía que venía
la construcción, de esa, pero también aquí empezaron a coger la gente local, los que había.
Nosotros mismos recomendamos, verdad, por ejemplo, llegó ahí a haber muchísima gente
trabajando, unas trescientas personas trabajando ahí porque pues usted sabe que aquí
trabajan con tiempo y eran casi puros trabajos manuales, por ejemplo –
ML: Pero no eran solamente latinos, ¿Verdad?
EM: Los encargados eran americanos, pero lógicamente no se trabajábamos ahí eran
solamente latinos.
ML: ¿De verdad? En construcción.
EM: Sí, en la construcción del campo de golf.
ML: Ok.
EM: Quizá les era difícil conseguir mano de obra local en John's Island, por ejemplo, la
gente de color en aquel entonces no quería, no le interesaba mucho hacer el trabajo. Y
entonces, la verdad es que la gente mexicana cuando viene para acá o latina en general,
verdad, viene con una mentalidad de trabajar mucho. Yo por ejemplo llegaba y pues con
la mentalidad de trabajar mucho, mucho, mucho, a nosotros no nos importaba si era

�Enrique Martinez

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viernes, sábado, domingo, trabajábamos, si tenemos que hacer.
En el rancho igual, verdad, tenemos que trabajar a veces los domingos porque es cuando
viene la época de cosechas, no importa – al tomate no le va importar que es domingo para
no madurar si hace mucho calor, porque en la época del cultivo de tomate que en aquel
entonces era el principal cultivo que había aquí en John's Island, el tomate, de un día para
otro empieza a agarrar color y eso era lo que no querían los rancheros, verdad, que agarrar
color, sino que tiene que cortarlo verde.
ML: ¿Tiene usted relación con algunas de las organizaciones que se empezaban a formar
en esa época como Rural Mission o como Our Lady of Mercy?
EM: Sí, correcto, correcto, ellos nos ayudaron bastante. Cuando nació mi hijo, Rural
Mission nos abrió las puertas para llevar a mi hijo ahí al daycare, Rural Mission.
ML: ¿Cómo fue que ustedes se conectaron con ellos?
EM: Ellos vinieron a nosotros, porque éramos pocos en aquel entonces, éramos pocos
hispanos que realmente permanecimos aquí en la isla, y ellos mismos nos vinieron a buscar,
o alguien les dijo de nosotros. La gente siempre fue muy buena con nosotros, eso sí lo que
yo puedo asegurar es que nunca nos cerraron las puertas de ningún lado, que fue –inclusive,
nosotros fuimos mi ex esposa y yo después de que ella vendía comida ahí en el campo, y
viendo la necesidad de conseguir cosas como tortillas, que eso para preparar la comida y
no había aquí, nosotros lo tenemos que pedir de Atlanta para ya comprar en cantidades más
grandes, verdad, porque aquí no había, batallábamos muchísimo para conseguir las cosas.
Entonces empezamos a ir a Atlanta a traer cosas y a venderlas entre la gente que estaba
aquí, pero dijimos "oye, creo que podemos tener una tienda" le dije a mi ex esposa, porque
ya vendíamos en la casa donde vivíamos algunas cosas, verdad, entonces "vamos a poner
una tienda para que sea algo más", y casualmente un señor que trabajaba para el periódico
que se había acercado a nosotros cuando nosotros vivíamos ahí, él hablaba perfectamente
español, él se llamaba, se llama Robert Hawkins, él trabajaba para el Post and Courier era
el editor de Post and Courier, el gerente editorial de Post and Courier, y él vivía en John's
Island.
Y él se acercó a nosotros y empezó a hacer amistad con nosotros, iba para la casa él y la
esposa, y como él ya tenían hijos grandes pues ya empezaron a procurar a mi familia, ó sea
a hacer mí, mi esposa, a mi hijo. Y entonces pues gracias a ellos nosotros pusimos la
primera tienda hispana ahí en John's Island.
ML: ¿Y esa dónde la tenían?
EM: En Maybank Highway, frente al Piggly Wiggly.
ML: Ok.

�Enrique Martinez

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EM: Frente al Piggly Wiggly de John's Island. Posteriormente con el tiempo nos pasamos
al lado del Piggly Wiggly, estábamos ahí –actualmente está ahí un restaurante mexicano se
llama "El Mercadito". Nuestra tienda se llamaba "El Mercadito", y ellos conservaron el
nombre de "El Mercadito" como restaurante.
Pero cuando mi esposa y yo nos separamos, mi esposa vendió la tienda a ellos y ellos
hicieron después un restaurante ahí donde estaba la tienda.
ML: Así que esta familia gringa les dio apoyo a ustedes.
EM: Correcto, sí.
ML: ¿Tuvieron en algún momento ustedes una comunidad en John's Island con quién
festejar cumpleaños, con quién festejar las Navidades?
EM: Correcto, sí, sí, lógicamente, lógicamente uno va haciendo amistades, amistades ahí,
y hasta la fecha. Mi ex esposa –ella vive ahora aquí en Goose Creek, y ella tiene algunos
conocidos que todavía quedaron de allá de John's Island, todavía a veces llegan por aquí–
la última vez que fui yo a casa de ella que fue una fiesta, que fue el día de acción de gracias
– no, no de acción de gracias, fue el día de, en marzo, que dicen el día de Easter.
ML: Que es Pascua, claro.
EM: El día de Pascua.
ML: Sí.
EM: De Easter. Ahí llegaron algunas personas que desde allá de John's Island que
conocíamos de hace más de veinte años.
ML: Si yo tuviera que ir a buscar a la familia más vieja de John's Island, ¿A quiénes tengo
que buscar, ¿cuáles son los nombres que se le vienen a la cabeza?
EM: Bueno, parte de mi ex esposa.
ML: Que no me dijo el nombre.
EM: Uh-huh, más se va a –ahorita le voy a enseñar una foto de ella porque ahí tenemos
una ahora en diciembre. [Mirando Facebook] Casualmente hay una familia aquí de
uruguayos que ellos y hacían muchos negocios, argentinos, por cierto. Aquí una foto que
yo tengo, aquí hay una foto de, que fue ahora en diciembre, esta me gustó, la puse yo, ¿Te
huele a Caballo de Troya?
ML: Sí, claro.
EM: ¿Tú nunca leíste un libro que se llama "Caballo de Troya"?

�Enrique Martinez

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ML: No, lo he escuchado nombrar, pero nunca lo leí.
EM: Está buenísimo, buenísimo, a propósito de ella te digo. Yo leía "fue el último libro
que leí antes de venir acá para los Estados Unidos. Aquí en Estados Unidos se me hizo
muy difícil leer porque no conseguía libros.
ML: En ese momento no había mucho que leer.
EM: No había libros. Pero yo en México leí –y el último libro que leí en México antes del
primer para acá, lo acabo de terminar, fue "Caballo de Troya", un escritor español, pero no
recuerdo ahorita de dónde, no sé si es gallego, será Benito, ahorita olvidé. "Caballo de
Troya".
ML: Así que usted tuvo su primer negocio con su señora, ¿Había tenido negocio en México
ya o se vinieron a hacer negociantes aquí en, comerciantes aquí en Estados Unidos?
EM: Aquí a ver si identificas a alguien. Mira, ellas Argentina, ella, ella es uruguaya, ella
creo que se apellida Zoccolillo, esa es su hija Antonella.
ML: Y con ellos se juntan aquí en Goose Creek.
EM: Sí.
ML: Y cuenten entonces, ¿Ustedes se encontraron en el comercio su profesión, usted había
pensado cuando vivía en México que iba a ser comerciante alguna vez?
EM: No.
ML: Cuando estudió, ¿Pensó que ese iba a ser su –
EM: Mi ex esposa lo era.
ML: Su esposa sí era.
EM: Era comerciante.
ML: ¿La familia de ella sería que –
EM: Uh-huh, el papá de ella era –casualmente sembraba muchas cosas, era agricultor y
sembraba cosas, y entonces el papá generalmente lo vendía a los comerciantes, verdad,
entonces ella le compraba papá porque vivía a unas cinco o seis horas de aquí de la ciudad
de Tampico – no, menos, quizás unas cuatro horas. Y entonces ella iba hasta ya, traía
tomate y lo vendían en los mercados. A ella le gustaba andar haciendo eso.
Pero también como era temporal, no lo trabajo así dijo, dijéramos seguro, pero a ella le

�Enrique Martinez

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gustaba el comercio. De hecho, ella me ayudó muchísimo para ayudarnos ahí a levantar
ahí el comercio ese, tiene carácter.
Te iba a enseñar una foto de ella –
ML: Y ustedes se vinieron, me dice que era más fácil ir y volver cuando ustedes se vinieron
para acá, entonces yo asumo que ustedes se vinieron sin visa, ¿Verdad?
EM: Nos venimos con visas, sí.
ML: ¿Con visas se vinieron?
EM: Sí, con visas nos venimos, sí.
ML: Y después ¿Cómo hicieron para poder quedarse aquí?
EM: Nos quedamos simple y sencillamente.
ML: Siempre se quedaron –
EM: ¿Te gusta a ti el bossa nova, has escuchado bossa nova?
ML: Sí, se quedaron aquí definitivamente después.
EM: Correcto.
ML: Y pudieron hacer su vida acá.
EM: Esto es un grupo de jóvenes españoles que hacen, pero todos jovencitos, mira, me
encantó esa pieza, por eso la puse, cómo cantan ellos, me impresionó la manera que cantan.
Esta es una de mi canción favorita de bossa nova porque la letra es preciosa, prácticamente
es un poema.
ML: Si, risas
EM: Pero ya no salimos un poquito el tema, ¿No? Nos salimos un poquito del tema. ¿Te
iba a enseñar la foto ya no?
ML: ¿Cómo fue que decidieron quedarse? Después se vinieron, estuvieron aquí, qué –
EM: Ellos me encantan, ellos son los argentinos, Les Luthiers
ML: ¿Cómo fue que ustedes decidieron quedarse aquí definitivamente, ustedes habían
venido con la idea de quedarse con su señora o fue una cosa que fue surgiendo en el camino
a medida que –

�Enrique Martinez

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EM: Correcto, las circunstancias de la vida son las que te hacen cambiar tu destino, porque
muchas veces tú tienes planes, tú tienen metas, tú tienes ideas. Yo por ejemplo jamás
cuando estaba en México pensé que me iba venir acá, de hecho, odiaba la idea de venirme
a vivir acá a los Estados Unidos porque había gente que conocía que decía "no, nosotros
vemos a trabajar allá", y yo siempre dije "yo nunca me voy a mover mi patria".
Pero las circunstancias de la vida, en este caso las cuestiones económicas me hicieron –
ML: ¿Cómo siguió manejando usted su relación con su familia? Usted tiene de esta familia
tan grande con tantas mujeres, me imagino mucho cariño ahí, ¿Cómo hizo usted para seguir
manteniendo la relación con su familia en la distancia?
EM: La perdí completamente, perdí, completamente. Sobre todo, los primeros años que
estuve aquí. Durante años no me comuniqué con ellos. Casualmente cuando tenía poco
tiempo de haber llegado aquí para los Estados Unidos cuando mi madre murió, y no me di
cuenta porque yo me perdí totalmente, o sea, de familia, le dije –ni siquiera le dije que me
venía.
Porque ya mis hermanas ya tenían todas sus vidas, no, yo era el único que quedaba y soltero
y después de que me casé pues ya, y era más pequeño, entonces ya después de que me casé
ya casi no nos hablábamos y cuando decidí venirme fue de así, de la noche la mañana.
En mi trabajo mi jefe con el que trabajaba se sorprendió, porque me dijo "no hombre, ¿Qué
vas a hacer en Estados Unidos?", y yo, es que tenía un buen trabajo allá en México.
Y entonces de la noche a la mañana le dije "sabe qué, renuncio porque me voy a Estados
Unidos", mi jefe me decía "Pero ¿cómo te vas a ir para allá? Mira, no sabes, allá vas a sufrir
mucho", digo "lo que pasa pues realmente no sé ni a lo que voy, pero no puedo dejar a mi
esposa que se vaya sola, me voy con ella y pues pase lo que pase.
ML: ¿Y ha vuelto México?
EM: Sí.
ML: ¿Cuándo ha vuelto?
EM: Hace, la otra vez que fui hace diez años, sí. Pero ya ahorita ya no he vuelto porque
realmente mis hijos están aquí. Este es uno de mis hermanos, mira, hermano mayor, es él,
de los hombres, y esa es la esposa, y esta es mi ex esposa, la mamá de mis hijos. Aquí está
mi hija, y en ese caso viene siendo mi sobrina y dos sobrinas que ya viven aquí en – ellas
son hijas de un sobrino mío que yo me traje para acá a trabajar conmigo cuando yo tenía
un restaurante, y él también ya se quedó a vivir aquí, el –
ML: Así que ya no –

�Enrique Martinez

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EM: Ya mis sobrinas, por ejemplo, ella se acaba de graduar en días pasados del USC
[University of South Carolina].
ML: Excelente.
EM: Y ella se acaba de ir a USC a estudiar medicina.
ML: Cuénteme de cómo usted hizo porque usted se vino de México a aquí como rapidito,
¿No?
EM: Sí.
ML: Y se viene para acá, se viene a trabajar al campo, ¿Y cómo fue que usted se dio vuelta
con el idioma? Porque para poner un negocio me imagino que tiene que aprender las reglas
del lugar, tiene que aprender sobre las leyes, sobre la matrícula para tener negocio –
EM: No realmente,
ML: Cuénteme
EM: No realmente, fue circunstancial también. Mire, aquí está, ellos son mis dos hijos y la
mamá de mis hijos, ahora estuvimos en diciembre ahí en la casa de los amigos que nos
invitaron y ahí nos tomaron esa foto. Ella es la mamá de mis hijos. Este chico es argentino.
Perdón, ya me perdí un poquito en la – permíteme un segundo. Di más.
ML: Me decía que no le hacía falta aprender tanto, que se había ido dando vuelta sin
problemas con el idioma.
EM: Correcto.
ML: ¿Cómo fue eso?
EM: Bueno, uno – yo te digo, la ventaja mía es que como leí mucho cuando era pequeño,
entonces tienes un poquito más la mente abierta para el aprendizaje, creo que eso es lo que
te ayuda mucho cuando lees, cuando estudias, cuando fuiste a la universidad.
ML: ¿Qué había estudiado en la universidad?
EM: Yo estudié administración agropecuaria, se llama la carrera que yo estudié, en México
es una carrera común porque allá como hay mucha agricultura agropecuaria, entonces es
dedicada al campo y a la agricultura –a la agricultura y el ganado, es agropecuaria. Creo
que debe quizá Argentina también exista.
ML: Nosotros tenemos agronomía.

�Enrique Martinez

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EM: Bueno, en México existe la carrera de agronomía que es –la agronomía es básicamente
el estudio dedicado al cultivo, a los cultivos vegetales, el reino vegetal, y agropecuario es
al cultivo animal.
ML: Del ganado.
EM: Al ganado, del ganado.
ML: Entonces se dice que tiene la mente abierta, estaba listo para aprender acá lo que se le
EM: Correcto, sí, sí.
ML: Mas la –
EM: Tú te has dado cuenta. Cuando una persona fue a la universidad y una persona no ha
ido y empiezan a hacer un trabajo, la persona que tiene estudios tiene la mentalidad más
abierta para hacer las cosas. A diferencia de una persona que no tiene preparación
académica, porque tú está acostumbrado al estudio, estás acostumbrado a la investigación,
estás acostumbrado a adaptarse a las circunstancias de la vida.
Es lo que yo le digo a mis hijos, "la inteligencia del hombre no es cuánto sabes, sino su
capacidad para adaptarse a las circunstancias de la vida", que donde llegues vas a tener que
hacer lo que vieres.
ML: ¿Cómo fue que siguió después entonces su camino después de la tienda de John's
Island?
EM: Cuando mi esposa y yo nos separamos me vine acá para esta área porque me decían
que había muchos mexicanos, y entonces –yo cuando me separé de ella empecé a trabajar
otra vez en lo que había llegado, que fue en landscaping, fue unos de los trabajos que yo
hice allá en Kiawah de landscaping, y entonces cuando me separé de ella pues realmente
no tenía para dónde irme, entonces me fui a trabajar otra vez al campo.
Porque en aquel entonces ya teníamos un restaurancito pequeño y una tienda, la tienda la
que te digo, "El Mercadito", y pusimos un restaurancito pequeño que se llamaba "La
Huasteca" en aquel entonces, estoy hablándote de hace veinte años.
Y al haberme separado de ella, pues dije "mira, quédate ahí con los niños y todo eso y yo
me voy a salir de la casa". Entonces me salí y me vine aquí a North Charleston a vivir, y
ahí conseguí un trabajo de landscaping.
Como al mes me habla mi ex esposa y me dijo "sabes qué, la señora de los envíos de dinero
–pues ya en aquel entonces hacíamos envíos de dinero allá en John's Island –te está
buscando, quiere platicar contigo", dije "bueno, está bien, voy para allá a platicar con ella".
Y ella me ofreció un trabajo de ser coordinador regional de las tiendas donde se hacían

�Enrique Martinez

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envíos de dinero con la compañía de ella. Y empezó a trabajar aquí, me fui para Florida,
como ella sabía que yo tenía una carrera profesional entonces dijo "mira, tú vas a estar bien
en este trabajo que te voy a dar, aquí hay que enseñarle a la gente cómo hacer envío de
dinero", porque en aquel entonces estaban empezando a mecanizar los envíos de dinero.
Originalmente comenzaron los envíos de dinero por teléfono, uno cogía un teléfono con la
línea directa y decía "mi nombre es Enrique Martínez" y allá del otro lado está una persona
ya en una computadora haciendo el envío, verdad, y "¿Para dónde lo va a enviar?", "no,
pues para México", "¿Y cómo se llama la persona que lo va a recibir?", "no, pues tal
persona".
Y entonces a través de un fax me mandaban la información, ellos lo computarizaban allá,
lo imprimía el envío ya, o sea, ellos capturaban los datos, hacían a través de las
computadoras porque había computadora, una computadora me imagino central, y
entonces ya nos enviaban el fax donde venía toda la información, la cantidad de dinero que
iba a recibir, el nombre de la persona, en qué institución se lo iban a pagar allá, y estoy
hablándote de hace veinte años.
Y así era como nosotros empezamos a hacer los giros, los giros para enviar dinero a
México, a través de un fax. Entonces nos enviaban el fax y ahí venía toda la información,
el cliente lo firmaba, nos entrega dinero y nosotros al día siguiente depositamos el dinero
en el banco y ya se enviaba el dinero para México.
Ya ellos la compañía directamente lo capturaba los datos. Ahora nosotros directamente
capturamos los datos, cuando viene una persona aquí y me dice "yo me llamo Enrique
Martínez y quiero enviar dinero para México", "ah, sí, usted se llama Enrique Martínez,
ok, Enrique Martínez Sánchez, ¿Cuál es su domicilio, ¿cuál es su número telefónico?",
"Ok, aquí en la ciudad de Goose Creek, está bien ya, ¿Cómo se llama la persona que recibe
allá?", "no, pues se llama Juana Sánchez Pérez", "Juana Sánchez Pérez, ¿En qué ciudad
vive? Ok, vive en Guanajuato, en México, ¿En qué banco – y ahí te dan las opciones para
– ahorita te voy a enseñar cómo nuestro principal trabajo, aquí qué es lo que hacemos?
ML: ¿Cuánto tiempo tiene que se viene a vivir para acá, desde John's Island, prácticamente
población rural de gente que está trabajando en relación al campo y se viene acá a vivir a
la zona de Goose Creek que me dice que eran casi ocho, nueve años de que había llegado,
así que yo estoy asumiendo que cerca de, desde el 2000, no es cierto?
EM: Correcto.
ML: A fines de los noventa, casi el 2000. Y usted dice que había una población mexicana
considerable para acá, aquí en Goose Creek que –
EM: Yo no sabía.
ML: No sabía.
EM: No sabía, sino que cuando empecé a trabajar para la compañía de envíos de dinero,

�Enrique Martinez

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me di cuenta que aquí había una población ya estable y estaba esta tienda pequeña que
estaba aquí, entonces yo hablé con mi manager y le dije "mira", porque uno de nuestros
trabajos era establecer puntos nuevos para envíos de dinero, uno de mis trabajos era ese.
Entonces yo le dije, "Goose Creek –porque ella quería en North Charleston una agencia, y
yo le dije "está bien en North Charleston, ahí en la –
ML: ¿En dónde en North Charleston?
EM: En North Charleston, ahí por la Stall Road, ahí está.
ML: Ok, ¿Y pusieron una –
EM: Se puso una y donde creo que ahorita actualmente venden por ahí por donde están las
gasolineras, hay una esquina ahí donde había como una casa ahí, y ahí pusimos una agencia
en aquel entonces.
ML: Stall y Ashley Phosphate en esa época.
EM: En la Ashley Phosphate and Stall Road, por ahí atrasito hay un shoppincito center,
pero antes había como una casa, que hay creo que actualmente venden tacos o no sé qué,
algo ahí.
ML: Ok, así ahí habían puesto una y se dijo "pero también tenemos que venir acá a Goose
Creek".
EM: Este lugar me gustó, o sea, aquí a esta casa. Y entonces me dijeron "no, creo que
Goose Creek no creo que sea", no sé. Entonces yo ya había visto este lugar que estaba en
renta y le dije yo a la –había hablado, había investigado el lugar aquí, esta era una casa,
había oficinas aquí, había unas oficinas de algo.
Entonces había hablado con la señora porque decía "for rent", porque ya la habían dejado,
y hablé con la señora y le dije que, si no me la rentaba, y me dijo "no, sí te la rento", y
hablé con la manager y me dijo que no. Entonces le dije "sabes qué, yo me voy a agarrar
esa, entonces la voy a rentar para mí y voy a renunciar trabajo", me dijo "no, pero no
renuncies y que no sé qué", dijo "bueno, pues ni modo", "yo voy a volver a hacer lo que
estaba acostumbrado a hacer allá en John's Island, que era tener una tienda y vender para
mí, me gusta más eso, voy a tener más".
A pesar de que esa me daba la oportunidad de viajar, yo en aquel entonces me sentí muy
mal, porque me sentía muy solo. Cuando iba a los hoteles, me quedaban hoteles así, todo
eso, porque viajaba y me tocaba viajar a Florida, Georgia, parte de Alabama, y aquí a Sur
Carolina.
ML: ¿Y todo hacía con tiendas que estaban –

�Enrique Martinez

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EM: Hacían envíos de dinero.
ML: Con envíos de dinero –
EM: Porque empezaban a digitalizar, empezaban a llevar a las tiendas computadoras para
que cada quien capturaran los datos y ya se enviará la información vía electrónica, ya a
través de la computadora, verdad, como lo hacemos ahora.
ML: Cuénteme cuándo se vino para acá y pudo estar de vuelta en la tienda como se quería,
¿Qué empezó a ver de la comunidad que había, dónde trabajaba la gente de esta comunidad,
de dónde, de qué partes de Latinoamérica venían, qué –
EM: Ok, se ha ido moviendo la gente. Cuando yo llegué por aquí, el 90% de la gente en
esta área –de hombres, estoy hablando de hombres– trabajaba en construcción, el 90% de
las mujeres y actualmente todavía lo siguen haciendo, trabajan en limpieza de casas, 90%
en construcción y 90%.
Una pequeña comunidad trabaja, así como comercios, las mujeres también, algunas
mujeres trabajan en construcción, son raras, pero las hay, sobre todo el trabajo de pintura,
el trabajo de pintura es más común entre las mujeres porque no es tan pesado como la
construcción, la construcción a veces hay que levantar cosas pesadas.
ML: ¿Y le llamó la atención algo de que la comunidad fuera de algún lugar en particular?
EM: Brasileños, yo los conocía a los brasileños –perdón– y empezó a llegar aquí a mi
tienda bastante brasileño, muchísimo, ahí fue donde conocí a mi otra esposa, como el año
conocí a esta señora que era brasileña y empezamos a dating, y yo le decía "pero aquí hay
demasiado brasileño", y le digo "vamos a poner una tienda brasileña".
Y entonces allá al cruzar la calle había un local ahí que estaba vacío y pusimos un
restaurante –una tienda brasileña, y empezó a llegar también bastante brasileño.
ML: ¿Sigue siendo la comunidad brasileña –
EM: Fue en un tiempo, era la más grande que cualquier otra comunidad, porque inclusive
llegaron a poner como seis tiendas brasileñas en el área.
ML: Y había un restaurante grande aquí.
EM: Había un restaurante que se llamaba el “Amazonas", Amazonas, no sé si llegaste a
venir.
ML: Uh-huh. Y entonces, ¿Y esa comunidad ya no existe acá?
EM: Desapareció cuando se acabó el trabajo hace como seis, siete años.

�Enrique Martinez

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ML: Y cuando se dice que se acabó el trabajo, ¿A qué se refiere?
EM: Se acabó el trabajo porque hubo una época de crisis aquí inmobiliaria, que se
devaluaron muchísimo el precio de las casas hace como siete, ocho años. Entonces la
construcción bajó muchísimo, la gente no tenía trabajo, porque te digo, el 90% de la gente
trabajaba en construcción. Al bajar muchísimo el precio de las casas también bajó el precio
para pagar a los contratistas, y a mucha gente no le convino.
Otra de las cosas, cuando entró la gobernadora actual que acaba de renunciar, Nikki Haley,
se pusieron también muy estrictos con las normas de migración, porque personas que
cogían pues persona que la deportaban.
ML: ¿Qué impacto tienen esas leyes de inmigración en su negocio?
EM: Mucho, mucho, o sea, si realmente se ponen muy estrictos, la gente deja,
prácticamente de salir, de salir a comprar, solamente lo más básico van a hacer, y falta
algunos días al trabajo, entonces se pone muy despacio.
Por ejemplo, en aquel entonces yo tenía otra tienda también ahí en la esquina que después
se la dejé a mi sobrino, el que se vino a trabajar conmigo de allá, se la dejé esa tienda para
que él la trabajara, la administrara. Ya cuando llegó le pagaba para que él me la
administrara, pero realmente no estaba ganando nada de dinero, porque le pagaba a él y a
la esposa y luego le pagaba una casa y le daba un carro y todo eso y no me convenía a mí,
al contrario, estaba poniendo de bolsillo.
Entonces le dije "mira, te dejo la tienda, tú manéjala, adminístrala, gana tu dinero, pero
échale ganas y quédate con ella", pero a mí no me conviene, o sea, realmente yo le estoy
perdiendo dinero ahí.
Y entonces, te estoy hablando de hace como diez años. Y en ese entonces hace seis años
se puso tan dura la cosa que él dijo "voy a cerrar, voy a cerrar porque realmente no me
conviene estar aquí, no estoy ganando nada de dinero, voy a mejor a buscar un trabajo" y
cerró la tienda, y le dije "mira, no cierres la tienda, si quieres busca un trabajo, pero a lo
mejor van a venir tiempos mejores, deja que tu esposa maneje solamente la tienda, si sale
para pagarse a ella es suficiente, así que ya no tiene que ir a trabajar a ningún lado".
Y así lo hizo textualmente sigue teniendo todavía la tienda ahí.
ML: ¿Le tocó a usted tener que suplementar con otra cosa en el momento?
EM: Yo he hecho varios negocios, sí, sí. Sí sucede eso porque por ejemplo puse un
restaurante y un bar ahí al mismo tiempo hace muchos años aquí en la esquina, y al
principio me fue muy bien en el restaurante, con el tiempo no porque la zona no es muy
buena, la zona para restaurante mexicano, es buena para lonche, pero noche no haces
dinero.

�Enrique Martinez

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Un restaurante de lonche no hace dinero, el lonche es barato y la gente toma una soda o un
agua. La gente aquí es muy común de que tome agua en el lonche. Yo ya cambié por
ejemplo mis hábitos ahora, yo tomo agua en el lonche, acabo de ir a comer hace ratito y
tomé agua para lonchar, pero yo porque cambié mi hábito de tomar soda.
ML: Pero entonces no es buen negocio –
EM: No es buen negocio, para un negocio la cerveza por ejemplo que te cuesta un dólar y
la puedes vender a cuatro, ese sí es negocio. Pero puse un bar al lado del restaurante, eran
dos negocios ahí, era un restaurante y una cantina, eran negocios separados, pero cuando
yo agarré local, agarré los dos y entonces los abrí, tumbé la pared y entonces dice un bar
ahí.
El bar no era muy bueno, no era muy rentable en el día, pero la noche, en los fines de
semana empecé a hacer bailes y entonces ahí sí era rentable. Y entonces ahí ese negocio
compensaba el restaurante, para no haberlo cerrado, porque también dije "no, el restaurante
tampoco", después de un año – porque yo estuve con tres años con este restaurante, dije "el
restaurante no es muy bueno pero el bar daba dinero".
En la noche llegamos a vender hasta $5000 en una noche, en una noche, en el bar ahí. El
licor es un buen negocio, por qué tú sabes, una botella, una botella que te cuesta $30, tú le
sacas fácil, fácil, $200 en tragos. Una cerveza que te cuesta un dólar en 1 bar de la venden
en cinco dólares fácilmente, de poner música y la gente está ahí, está bien, es buen negocio,
pero es muy cansado, eso sí, muy cansado el bar, estar lidiando con la gente que está
tomada, sobre todo los hispanos.
ML: Con la gente tomada.
EM: En general, ¿No?
ML: Con la gente tomada. Y entonces, así que todo ese tiempo has estado aquí haciendo
este negocio aquí, ¿Cómo ha evolucionado su relación con la comunidad, con otras
organizaciones, con su vida pública?
EM: No, hasta eso que ha sido bastante tranquilo, ya tengo – lo que sí es que soy una
persona bastante conocida en la comunidad porque ya tengo veinte años casi en ese lugar,
tengo desde el año 2000, entonces son diecisiete años, diecisiete años aquí en este punto,
y yo abro los siete días de la semana, nunca cierro, nunca cierro, ni en Navidad, ni en Año
Nuevo, ni en Thanksgiving, nunca cierro, ese es mi lema "nunca cerrar".
Cuando se vino el huracán, en días pasados que vino un huracán, yo no iba a cerrar, sino
fue porque mis hijos no obligaron a irme con ellos a Atlanta, a quien me hubiera quedado,
verdad. Entonces pues saben que soy una persona que pueden confiar su dinero para
enviarlo a México, yo soy una persona que he sido muy legal en ese aspecto, nunca, nunca
nadie podrá jamás levantar la mano para decir "esa persona me robó", porque esa ha sido
una prioridad para mí, un modelo de a seguir para mis hijos de decir "una persona honrada

�Enrique Martinez

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que ha sabido trabajar para la gente", y ganar para yo vivir, no gano una gran cantidad de
dinero pero gano suficiente para vivir, pero siempre cumpliéndole a la gente con la
responsabilidad de que el dinero que ellos mandan, como si fuera el que yo le mandara a
mi familia eso es lo que yo siempre he pensado.
El dinero que me trae la gente aquí, que me entrega en sus manos – en mis manos de sus
manos de trabajo, quiero que llegue allá puntualmente en el momento en que se necesita,
con la finalidad de que la gente cumpla sus sueños en su país.
Mucha gente está construyendo. Todos estos, por ejemplo, estos envíos, yo lo reviso día
tras día, verdad, estos son los de ayer, todos los envíos que la gente hizo, verdad, lo vamos
revisando cada día para que no falte nunca el dinero. Éste es el papel que le entregamos a
la gente –bueno, es el que nos quedamos, nosotros nos quedamos. La gente cuando hace
los envíos de dinero no da su información y nosotros le damos una copia de este dónde
viene una clave con el dinero que va a recibir allá en México.
Ellos nos lo firman porque también nosotros para propósitos del IRS necesitamos conservar
esto, que la gente que hizo un envío sea una persona que realmente exista, para evitar el
lavado de dinero, porque hay algunas compañías quizás se puedan formar fantasma,
creando nombres –el IRS controla mucho esto. Nosotros tenemos auditorías como cada
dos, tres años, vienen y revisan que estemos cumpliendo con las leyes anti lavado de dinero.
Especialmente últimamente, en los últimos años más, más que hace veinte años. Hace
veinte años nunca tuvimos –cuando yo empecé a hacer envíos nunca tuvimos ningún
problema, nunca ningún agente del IRS nos visitó, como de unos diez años para acá
después de que sucedió los ataques se hizo un acta patriótica, una ley patriótica donde son
más estrictos ahora con el anti money laundering program.
ML: ¿Y usted ha tenido la oportunidad de hacerse ciudadano?
EM: Todavía no, todavía no.
ML: ¿No, por qué no?
EM: Quizás no ha habido la oportunidad, pero sí lo vamos a hacer más adelante.
ML: ¿Le interesaría usted?
EM: Claro que sí, claro que sí, sí.
ML: Ok, así que haciendo patria aquí de todos modos. Me dijiste que tienes dos hijos.
EM: Correcto.
ML: Que tienes dos hijos y una nieta.

�Enrique Martinez

23

EM: Una nieta, sí, correcto.
ML: ¿Cuáles son sus sueños para sus hijos y su nieta?
EM: Bueno, uno de ellos casi, casi se cumple ya, que es ver a mi hijo egresado del Citadel.
Cuando nosotros aquí y veíamos a los –mi ex esposa y yo, cuando veíamos a los cadetes
del Citadel, que fuimos a conocer la escuela, verdad, y veíamos a veces que íbamos para
el downtown veíamos a los jóvenes ahí caminando tan gallardos con su uniforme, siempre
tuvimos esa idea, tanto ella como yo, de que algún día nuestro hijo estuviera ahí.
Cuando él salió del high school, fuimos a investigar porque a él también le gustaba la idea,
fuimos a investigar. Como nosotros estábamos separados, le dije "bueno, vamos a hacer el
esfuerzo por tratar de educarlo ahí" pero era bastante caro en aquel entonces, estamos
hablando de 18,000 dólares el semestre.
Dijimos "bueno, pues mitad y mitad", pues estamos separados, ella ya tenía otra pareja, yo
tenía otra pareja ya, "y vamos a hacer el esfuerzo de mitad y mitad, verdad", pero ella no
pudo, creo que no estaba en una buena posición económica para haberle ayudado, y a mí
tampocoEntonces él, o sea él decidió irse a los marines, verdad, dijo "no, yo me voy entonces a los
marines", de hecho, a mí ni me –a la mamá ni a mí me dijo que se iba a inscribir. De repente
vimos que empezó a hacer mucho ejercicio nada más, verdad, cuando ya en su último año
de high school empezó a hacer mucho ejercicio. Cuando acordamos ya estaba inscripto en
los marines.
A mí me llenó de orgullo, a la mamá no porque dijo "no, yo no quiero que se vaya a ir a la
guerra y que no sé qué, y que no sé qué", lógicamente yo le entendí, pero dijo "no, pues lo
que tener hacer lo tiene que hacer".
Gracias a Dios nunca lo mandaron a la guerra, o sea, yo digo fue para mí una bendición
porque lo mandaron para muchas partes, estuvo haciendo ejercicios militares en Corea,
estuvo en –Sur Corea por supuesto, estuvo en Japón, únicamente se la pasó en Japón, pero
de ahí los mandaban a otros países, en Tailandia, estuvieron en North Korea – perdón, el
Sur Corea, en Tailandia, Filipinas, anduvieron por ahí en esas partes, verdad.
Pero nunca lo mandaron a la guerra, nunca. Él estaba molesto por eso, mi hijo estaba
molesto.
ML: Y ahora es un estudiante del Citadel.
EM: Ahora es un estudiante del Citadel. Cuando salió para allá, regresó y dijo "papi, yo
creo que necesito estudiar porque no –empezó a trabajar unos meses con la mamá, la mamá
se dedica a la construcción, empezó a trabajar, dijo "no papi, yo necesito estudiar por este
trabajo, eso de trabajar así es muy duro", y dijo "no lo saco al trabajo duro" por qué él
estaba acostumbrado, el padrastro que trabajaba en una construcción lo ponía desde los

�Enrique Martinez

24

dieciséis años o menos, como los quince años, ya le ayudó al papá, andaba y todo eso.
Y a veces venía aquí a mi tienda todo sudado y todo sucio. Me daba tristeza a veces, pero
a la misma vez me llena de orgullo saber que estaba aprendiendo algo de la vida, que la
vida no es fácil, que hay que trabajar duro para ganarse la vida.
ML: ¿Tiene algunas preocupaciones por su familia y por su nieta con la situación que
estamos viviendo ahora?
EM: No por ellos, no por ellos, sé que –por ejemplo, ellos ya son ciudadanos americanos,
ya nacieron aquí lógicamente mi nieta, mi hijo no le preocupa absolutamente nada, al
contrario, él es de un pensamiento más republicano que demócrata, entonces él está –él
dijo "no, yo creo que va a ganar Trump las elecciones, pero yo quiero ver a ver qué es lo
que él hace, me gustaría ver qué es lo que hace", y dijo, realmente lo que, en enforce the
law no es algo malo, al contrario.
Por ejemplo, yo en lo personal pienso que la gente mala de aquí de este país que viene de
otros países a hacer cosas malas aquí a este país deben de irse, estos países no tienen
oportunidad para ellos y no quiero que se las den oportunidad de hacer lo que en otros
países se hace, de burlar la ley, aquí la ley es dura con la gente que es mala, o sea, la gente
que viene con ideas malas mejor que se vaya, no se necesita en este país para construir un
país mejor. Al contrario, si los pueden echar para fuera, que los echen, ni modo, caiga quien
caiga, ni modo.
En cada guerra a veces hay casualidades y a veces va haber gente inocente que
desafortunadamente va a caer en estas redadas, pero ni modo, es como las guerras como te
digo, en las guerras a veces se pierden vidas humanas inocentes, pero les tocó estar en el
lugar equivocado, en el momento equivocado. Y son las casualidades.
Y así le ha pasado a mucha gente actualmente, que los deportan sin tener, que son buenas
personas, pero cayeron desafortunadamente en el momento equivocado.
ML: Yo le agradezco tanto por su tiempo, ¿Hay alguna cosa que yo no le he preguntado
que usted quisiera contar, que usted quisiera agregar?
EM: Más que nada, que quedara ese concepto, verdad, sobre todo últimamente, se ha
hablado mucho de los mexicanos, en esta administración del gobierno se ha hablado mucho
de los mexicanos, que, si los mexicanos somos violadores, que somos narcotraficantes, y
no, realmente el porcentaje de esa gente es muy pequeña comparada con la inmensa
población de gente que viene a trabajar y a hacer cosas buenas a este país.
No los pueden juzgar a un millón de personas por lo que hizo una persona, por mucho que
sea un mexicano no quiere decir que todos seamos –yo creo que por cada millón de
mexicanos buenos que hay, en este país estoy hablando, debe de haber un narcotraficante
y debe de haber un violador, porque existen en todas las sociedades del mundo.

�25

Enrique Martinez

Yo no puedo juzgar a los blancos por lo que fue una persona a masacrar ahí a diez personas
inocentes dentro de una iglesia, por ser un hombre blanco con pensamientos raciales no
puedo juzgar que toda la gente blanca sea igual que él, porque no lo es, por qué él es una
persona entre millones, y nunca se va a juzgar a nadie por lo que hacen los demás de su
misma condición y raza.
Entonces te gustaría más que nada decir eso, verdad, de que nosotros somos personas –la
mayoría, la inmensa mayoría de mexicanos que estamos aquí somos personas– y no
solamente hablo por los mexicanos, hablo en general, de los latinos que venimos a este
país, tú eres una de ellas. Venimos con esa mentalidad de trabajar, de superarnos, de sacar
adelante a nuestras familias, de ser mejores, y que, si este país nos da la oportunidad de
hacerlo, nosotros no venimos a quitarle trabajo a nadie, al contrario, venimos a fortalecer
ese espíritu de trabajo que tienen los americanos, de salir adelante.
Este país tiene trabajo para todo el mundo, quizás sea el más industrializado del mundo,
pero siempre va a haber trabajo para todo mundo, siempre. Gente que acaba de llegar ayer
de países latinoamericanos, el día de mañana ya está trabajando, porque vienen, porque lo
hay, verdad, existe esa posibilidad de trabajo. No le venimos a quitar el trabajo a nadie, a
nadie, al contrario, venimos a hacerlo más fuerte.
No digo que este país sea grande sin nosotros, no, algunas personas dicen eso, "no, los
latinos –es una mentalidad también errada, así como hay una mentalidad errada que dice
que todos somos malos, pues hay otra mentalidad errada que decir "gracias a nosotros este
país está progresando", nos verdad, este país ha sido grande pero este país tiene oportunidad
para todos.
Y lo único que sería es que todos los latinos que estamos aquí tuviéramos esa mentalidad
de decir "¿Cómo vamos a demostrar a los americanos que somos mejores?", Trabajando
duro, estudiando mucho, superándonos, siendo mejores. Y esa creo que va a ser la
mentalidad que va hacer cambiar a los americanos de quienes somos nosotros los latinos.
ML: Bueno, yo le agradezco muchísimo por su tiempo y por sus palabras, muchísimas
gracias.
EM: Gracias a usted, al contrario, quizás hablamos un poquito de todo, ¿No?
ML: No, todo muy bien.
EM: Más que nada como una mezcla de –
End of recording.
Edited by ML 9/15/17

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Enrique Martinez is the owner of La Casa Mexicana, one of the first Hispanic stores in the city of Goose Creek. He was born in Tampico Tamaulipas, Mexico and studied Agricultural Administration at the Autonomous University of Tamaulipas. At the end of the 1980s, he emigrated with his then-wife, Marcela Ortega, to the United States and after a brief stay in Texas, they settled in Johns Island, South Carolina. Martinez started working in agriculture, but the devastation caused by Hurricane Hugo in 1989 and the subsequent real estate development in the area, demanded more workers and created new job opportunities. Martinez found work in the construction of the Kiawah golf courses. He and his wife opened El Mercadito, the first Hispanic store in Johns Island. After their separation, Martinez left the island and moved to North Charleston. He became familiar with the growing Hispanic community of Goose Creek and decided to establish the store he still owns. In this interview, Martinez reflects on his experiences as an immigrant and the evolution of the Hispanic community in the area. He also speaks proudly of his children and of what he has been able to achieve in his life. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Martínez es el propietario de “La Casa Mexicana” uno de las tiendas de productos hispanos con más trayectoria en la ciudad de Goose Creek. Nació en Tampico Tamaulipas, México y estudió administración agropecuaria en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. A fines de la década de los ochenta emigró con su entonces esposa, Marcela Ortega, a los Estados Unidos y después de una breve temporada en Texas la pareja se asentó en Johns Island, Carolina del Sur. Martínez encontró empleo en la agricultura, pero la devastación producida por el huracán Hugo en 1989 y el posterior desarrollo inmobiliario de la zona demandaron más trabajadores y originaron nuevas oportunidades por lo cual Martínez comenzó a trabajar en la construcción de los campos de golf de Kiawah. Junto a su esposa abrió la primera tienda de productos hispanos en Johns Island “El Mercadito”. Después de su separación, Martínez dejó la isla y se mudó a North Charleston. Se familiarizó con la vibrante comunidad hispana de Goose Creek y decidió establecer allí el negocio que todavía conserva. En la entrevista, Martínez reflexiona acerca de la evolución de la comunidad hispana en el área y sus experiencias personales como inmigrante. También habla con orgullo de sus dos hijos y de lo que ha podido construir en su vida.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCIÓN– ERÉNDIRA FABELA ESTRADA
Narradora: ERÉNDIRA FABELA ESTRADA
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha: 27 de mayo, 2019
Lugar: Johns Island S.C.
Duración: 109 min.
MARINA LÓPEZ: Hoy es 27 de mayo del año 2019. Y estoy con Eréndira Fabela
para hacer una entrevista del proyecto de historia oral, Voces Latinas del Lowcountry.
Eréndira, se quiere presentar, por favor.
ERÉNDIRA FABELA: Sí, mi nombre es Eréndira Fabela Estrada y soy de San
Pedro Coahuila, México. Soy una maestra de español de preparatoria, de estudios
secundarios en la escuela Military Magnet.
ML: Me dijo San Pedro, Coahuila. Cuénteme cómo es San Pedro.
EF: San Pedro es una ciudad pequeña, un pueblo que está en medio del desierto.
Ahí no hay agua, no llueve. Hay cactus, cerros que no tienen vegetación más que de
cactus. Es un pueblo muy tranquilo.
ML: ¿A qué se dedicaban su mamá y su papá?
EF: Mi papá era comerciante. Él compraba cualquier cosa que podía comerciar,
desde muebles, camionetas, en aquel tiempo armas, ahora ya no se puede, dólares. Él
compraba los dólares, se los compraba a las personas que iban de aquí en la tarde cuando
el banco estaba cerrado y al otro día él iba y los vendía al banco. Entonces, se ganaba
algo de dinero en eso. También confeccionaba sombreros de palma, de fieltro, él los
arreglaba. Ese era otro de sus oficios que tenía. Y mi mamá ella vendía productos Avón,

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vendía mucho, era muy buena vendedora también.
ML: Y usted tiene hermanos, ¿verdad?
EF: Sí, hermanos y hermanas. Tengo tres hermanos, José Luis, Joel Arón y
Abelardo. Y cuatro hermanas, Marta, la mayor, Magda, María y Verónica.
ML: ¿Y usted qué número de hermana es?
EF: Soy la número siete.
ML: ¿La más chiquita?
EF: Hay el ocho, yo soy el siete.
ML: Hay otro más. ¿Qué se acuerda de crecer en una familia tan grande?
EF: Pues, muy feliz, porque en medio de tantos hermanos y ser la más pequeña y
pues no teníamos económicamente, pero no nos faltaba ni la comida ni qué vestir ni un
techo. Y pues muy amados por mi papá y por mi mamá y entre nosotros, muy unidos. Era
fiesta, todos los días era fiesta en la mañana, al mediodía y en la noche.
ML: ¿Cómo que había fiesta a la mañana y al mediodía?
EF: Sí, en la mañana era el desayuno o almuerzo entonces todos ahí en la mesa,
preparaba mi mamá de almorzar. O sea, uno le dice almuerzo, en México es una comida
entre el desayuno y el almuerzo, el lonche que dicen aquí. Entonces, en la mañana era de
comer el café, que los huevos, la leche, el jugo, el pan. Y al mediodía el caldo, que el
arroz, que las tortillas. Y en la noche cenábamos. Todas las noches era frijoles, pan,
nunca faltaba el pan. A cada quien le tocaba un pan de francés y un pan de azúcar, y café
negro con leche. Yo no me acuerdo que nos quitara el sueño, me acuerdo que me dormía.
[Risas]
ML: ¿A qué hora le tocaba ir a la escuela?

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EF: A la escuela era solamente por la mañana y en la tarde, pero entré a la escuela
a los seis años. Entonces, entraba a las 8:00 y salía a la 1:00. Y luego entraba a las 3:00 y
salía a las 5:00.
ML: ¿Era escuela pública?
EF: Sí, escuela pública de puras niñas. Pero lo que yo más me acuerdo es que yo
estaba en la casa, seis años es un niño ya muy grande de seis años estar en su casa.
Entonces, de eso me acuerdo porque mis hermanos ya estaban más grandes y se iban a la
escuela todos, pero yo me quedaba con mi mamá.
ML: ¿Y todos los chicos entraban así a la escuela a los seis años o es porque a
usted la estaban chiqueando?
EF: No, entraban ya, no había kínder. Entraba uno hasta que entraba a primaria, al
primer año.
ML: ¿Qué responsabilidades tenía como niña en su casa?
EF: En mi casa le ayudaba a mi mamá, que acércame la escoba, o que tráeme el
recogedor o que ayúdame a doblar la ropa. Yo ahí simplemente de compañera, yo creo.
Eso era lo que hacía.
ML: ¿Y su mamá trabajaba desde la casa con lo que ella hacía?
EF: En las tardes. Mi papá trabajaba, o sea, también él era su propio jefe entonces
él en la mañana hacía el trabajo fuera, iba y entregaba lo que tenía que entregar y por las
tardes él trabajaba en la casa arreglando los sombreros, haciendo los sombreros y él se
quedaba con nosotros y mi mamá se iba a trabajar.
ML: Cuénteme de su vida como adolescente en San Pedro.
EF: Muchos amigos y amigas. Muy alegre, muy extrovertida, porque siempre he

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sido así. Mi mamá y una amiga me decía desde que yo era pequeña, me decía que era una
hormiga, un asquelito porque siempre andaba con niños y niñas. Entonces, pues así fue la
secundaria, o sea que la adolescencia fue la secundaria, lo que sería aquí la middle school,
pues, la época más bonita, la época de la adolescencia que te empiezan a gustar los niños
y que te enamoras por ahí y que todo es drama. Pero yo creo que fue muy feliz y
saludable. Creo que ahora puedo ver saludable.
ML: ¿Qué no la haría saludable, por qué la define como saludable?
EF: Porque de tener amigos y amigas, salir a pasear. Hay una plaza ahí entonces
da uno vueltas y vueltas en la plaza y se tomaba un helado, a los bailes, había bailes
estudiantiles, ir a lugares de paseo, así como picnic, con las amigas y los amigos, sin nada
de alcohol, ni drogas ni sexo ni nada. Eso le llamo yo que fue saludable, amigos, amigas,
todos más o menos de la misma edad.
ML: Usted me parece que me contó que la iglesia, la vida de iglesia había sido
una parte importante de su crianza, ¿verdad?
EF: Sí, ya cuando empecé la preparatoria, al empezar la preparatoria hubo algo
que marcó mi vida. Si en ese tiempo se pudiera decir que fue como una nubecita que
ensombreció mi adolescencia. Tenía una amiga muy querida, yo era más pequeña, yo era
una niña y ella era ya una jovencita, y luego yo era una jovencita y ella era una muchacha
joven, siempre fue como unos quince años, dieciocho años más grande que yo. Entonces,
yo era creo como su hermana. Ella no tenía hermanas, su hermana pequeña, y ella tuvo
un accidente de automóvil y falleció ella y sus hermanos, sus papás y un amigo.
Y en ese viaje se suponía que yo debería de haber ido, pero tenía un examen de
admisión para entrar a la preparatoria entonces por eso no fui. Cuando inicié la

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preparatoria su muerte tan trágica, me afectó mucho. Yo me deprimí muchísimo, yo no
quería vivir, me quería morir. O sea, estaba en la adolescencia y eso fue muy duro. Creo
que fui por ahí, como una vez o dos veces con un psicólogo. En ese tiempo creo que no
ayudó mucho. [Risas] Y a mí lo que me fortaleció y lo que me hizo que en ese momento
de crisis fue que conocí a una muchacha que iba a los retiros juveniles y ella me invitó. Y
luego ya tuve amistad.
Nos juntábamos con un sacerdote que acababa de llegar y entré a hacer un retiro
espiritual y ya de ahí empecé mi vida espiritual, a participar en los retiros como ayudante,
dar catecismo en la parroquia, ir a los ejidos, a las comunidades rurales, a ayudarle al
padre y a evangelizar y hasta de misión creo que estuve por allá en una sierra, como
quince días. Y estuve en un convento, estuve tres meses. O sea, que estaba pensando ser
religiosa.
ML: ¿Estuvo haciendo discernimiento para ser religiosa?
EF: Sí, entonces estuve en el convento.
ML: ¿Y por qué no se quedó?
EF: Porque en ese tiempo creo que tenía un novio. [Risas] Y como que dije yo, yo
no quiero irme ahí por decepción. Yo no quiero estar aquí porque digo, me --.
ML: Por el corazón roto.
EF: Sí, yo quiero estar porque de veras sea lo que quiera. Entonces, vi que lo que
tal vez en ese momento era que me estaba refugiando porque yo estaba con el corazón
roto. Entonces, dije, creo que no. Pues seguí ayudando bastante, muy activa en la
comunidad de jóvenes católicos. Eso es lo que yo creo me ha mantenido. La fe.
ML: A lo largo de los años.

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EF: Sí.
ML: Me dijo que usted después de la prepa fue a la universidad, ¿todavía en San
Pedro?
EF: Sí, hice trabajo social.
ML: ¿Tiene algo que ver con esta vocación de servicio?
EF: Sí, yo creo que sí, con eso de servir, de poder servir, de poder ayudar en lo
que se puede. Yo creo que ha estado escondido, estuvo escondido, ahora lo puedo ver.
Estuvo escondido el deseo de enseñar, porque yo trabajaba en las comunidades rurales y
mi trabajo era enseñar a las señoras a preparar conservas o lo que hubiera ahí y que, si lo
podían usar para ellas mismas, o si lo querían vender, hacer pan y venderlo y para que
ellas --.
Era como algo como empoderar a la mujer. Mi tarea era de enseñar, pero eran
señoras, amas de casa, y como siempre cuando uno educa, según uno está educando,
enseñando, uno sale enseñado. Yo creo que esa es la verdadera educación, que aprendí
muchísimo con todas esas señoras. Y puede ser que no hayan sido cosas escolares, pero
de la vida, yo aprendí mucho con todas esas mujeres de las comunidades rurales donde
estuve trabajando. Y también estuve trabajando con los ancianos en una casa de ancianos.
Y con jóvenes con adicciones.
ML: ¿Eso fue mientras estudiaba trabajo social o después de recibirse de
trabajadora social?
EF: Algunos fueron antes, como el año de servicio social.
ML: ¿Eso es parte de la carrera?
EF: Sí, como práctica antes, y luego ya después el servicio social, y luego trabajo

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también. O sea, que trabajé en comunidades rurales.
ML: ¿Se le cruzó a usted en algún momento mientras estudiaba trabajo social que
iba a hacer su vida en Estados Unidos?
EF: Para nada.
ML: ¿Cómo fue que vino a parar a Estados Unidos?
EF: La hermana María, que es la cuarta, se casó y se vino para acá, para Estados
Unidos. Y ya tenía aquí ella cinco o diez años, no sé cuántos tendría, y me invitó y le dijo
a mi mamá que no estaba bien, que se sentía un poco mal y que, si podía yo venir para
que la acompañara, que la cuidara. Y como allá por ser la única que quedaba yo en casa,
mi mamá me mandaba – bueno, yo quería ir también – pero que se alivió la cuñada, que
se alivió la hermana, y ahí voy, y no vivían ahí. Entonces, este era un reto y lo pensé
mucho cuando dijo, “Ve con tu hermana.” Entonces, lo pensé y también fue un momento
de corazón roto. [Risas] Entonces, dije yo, ay, sí, me voy de aquí. En eso de que ella está
enferma y que yo con eso, y dije, pues, me voy, voy a cuidarla.
ML: ¿Y usted tenía trabajo fijo en ese momento?
EF: Sí, estaba trabajando. Trabajaba en una oficina. No estaba haciendo trabajo de
servicio social. Estaba esperando, había solicitado en una ciudad que está más hacia el
norte de San Pedro, en un hospital. Y lo que son las cosas, que yo me vine, arreglé mi
pasaporte y como estaba trabajando no fue difícil arreglar el pasaporte. Arreglé mi
pasaporte y me vine con una tía. Ella me trajo de San Pedro porque pues sola no. Me vine
sola de San Antonio a aquí, pero de San Pedro a San Antonio, con mi tía. Y ahí duré ocho
días porque mi hermana compró el boleto de avión y ocho días después.
ML: ¿Cuántos años tenía cuando se vino?

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EF: Como veinte, veintiuno.
ML: Cuando usted dice que arregló su pasaporte, ¿se vino con visa de turista?
EF: Sí.
ML: ¿Qué tan fácil o difícil era conseguir visa de turista en ese momento en
México?
EF: Era difícil si no --. Alguien que no tenía trabajo o que no tenía estudio, era
imposible tener la visa. Te daban la visa si tu tenías un trabajo fijo, o si estabas en la
escuela de vacaciones.
ML: Y usted dice que se viene con su tía a San Antonio.
EF: A San Antonio y duré ocho días en San Antonio, y cuando estaba ahí en San
Antonio, me avisaron que tenía una entrevista de trabajo en Monclova.
ML: ¿La del hospital?
EF: Uh-huh, pero ya mi papá no me dijo nada. Entonces, hasta allá, después años,
me dijo. Entonces, ya me vine yo aquí y mi hermana vivía en un campamento aquí en --.
ML: Antes de que lleguemos ahí, déjeme que le haga otra pregunta, ¿su tía vivía
en San Antonio?
EF: No, ella vivía y vive en San Pedro, pero tenía un sobrino, un primo mío.
ML: Eso le quería preguntar, ¿si ya había en su familia, además de María, que se
había venido para aquí, si ya había en la familia esta – no sé si decirle tradición – pero sí
esto de que ya había otros miembros en la familia que habían venido a Estados Unidos a
trabajar y que iban y volvían o que estaban establecidos aquí?
EF: No, ella era su sobrino de ella, o sea, primo mío, pero estaba en San Antonio.
Y había familia, pero en Chicago y de muchos años, pero nunca me dio por visitarlos.

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ML: ¿Su mamá y su papá viajaron también o no?
EF: No.
ML: De la familia suya, las primeras que viajas es la generación suya, María,
usted.
EF: Sí, y nada más somos María que se vino su esposo y luego ella se vino con él,
y yo que vine con ella. Y luego un hermano viajó, pero a Chicago porque en Chicago ahí
sí había familia. Entonces, él fue para allá y ya cuando estaba yo aquí él se vino para acá.
ML: ¿Alrededor de qué años estamos hablando cuando usted se viene para acá?
EF: El ochenta y nueve.
ML: ¿Se vino antes o después de Hugo?
EF: Antes.
ML: ¿Usted estaba aquí cuando vino Hugo?
EF: Uh-huh, y vivía en el campo.
ML: Entonces, su hermana vivía en el campo.
EF: Uh-huh.
ML: ¿En qué campo vivía María?
EF: Se llamaba el Campo de Salomón, está en la River.
ML: ¿A qué altura está?
EF: A la altura, antes de llegar, se cruza la Bohicket está River y antes de llegar a
la Bohicket, ya casi llegas.
ML: ¿Está cerca del parque nuevo, del parque de caballos de Charleston County
Park?
EF: Por ahí, por esa área, pero está muy cerca de llegar al crucero con el que --, ya

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ves que la River entra aquí y da la vuelta, nomás hay dos aquí. Entonces, entras así, esta
es toda la River y luego entonces la River aquí se vuelve a juntar con lo que es esta
Bohicket Road. Está muy cerca de ahí ese campo.
ML: Entonces, ¿si uno va hacia Bohicket está a la derecha o a la izquierda el
campo?
EF: Si vas hacia Bohicket está a la izquierda.
ML: ¿Está todavía?
EF: Sí, todavía están.
ML: ¿Y está activo el campo?
EF: Sí, creo que sí porque Jimmy Schaffer es uno de los únicos que todavía
planta.
ML: Ese es el dueño.
EF: El dueño. Ahora creo que ya el hijo es el que se hace cargo.
ML: Entonces, María estaba viviendo ahí.
EF: Ahí vivía porque mi cuñado trabajaba para él.
ML: ¿Y María ya se había establecido en Johns Island o estaba de paso en Johns
Island?
EF: Ya se había establecido aquí. Aquí estaba ya porque su esposo estaba
trabajando con Schaffer.
ML: Así que usted vino a visitarla a María aquí. ¿Y qué pensó cuando se encontró
en la isla y viviendo en el campo?
EF: Uy, dije, ¡qué horrible! [Risas] O sea, sí, porque yo en San Pedro, aunque era
una ciudad pequeña, un pueblo pequeño, a todos lados iba caminando, con los amigos, al

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cine, a la hora que fuera, y entonces aquí llego y yo nunca había estado en la selva. Era
una ciudad en la selva y toda esta oscuridad y no había nada aquí.
ML: ¿Por qué oscuridad?
EF: Porque estaba el bosque atrás.
ML: ¿En qué mes del año llegó?
EF: En junio.
ML: Con todo el calor, además.
EF: Uh-huh.
ML: ¿A usted le había anticipado María cómo era?
EF: No.
ML: Usted no sabía nada. ¿No se imaginaba el lugar?
EF: No, la comida no me gustaba y ese calor y recuerdo que yo no quería comer
nada más que, creo que lo único que comía era – a mí allá en San Pedro ni me gustaba,
pero aquí comía lo único que quería era tortillas. O sea, yo no --.
ML: ¿Por qué la comida no le gustaba? ¿No era comida mexicana? ¿No estaba
con mexicanos usted acá?
EF: Sí, pero no me sabía igual, ni la carne ni nada. Y menos de los restaurantes.
Entonces, lo único que quería comer yo eran tortillas. Mari las hacía, tortillas, chile y
frijoles. Me salió lo mexicano. [Risas] Sí, me salió lo mexicano. Ah, y con queso. Era lo
único que comía y nomás una comida y yo no quería más. “Ándale, come pollo.” “No, yo
no quiero pollo.” “Come.” “No, yo no quiero nada.” Nada, nada, no quería comer nada. Y
fue muy duro.
ML: Cuénteme del viaje desde el aeropuerto hasta Johns Island.

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EF: Uy, yo dije, a dónde me llevan. [Risas]
ML: ¿Quién la fue a buscar?
EF: Mi cuñado y mi hermana. Sí, ya me recogieron y luego que empieza a venir
uno. Y se va poniendo más oscuro, y oscuro, y oscuro. Y dije yo, Dios mío, ¿dónde
estoy?
ML: Porque usted viene del desierto, usted está acostumbrada a ver todo, hasta el
horizonte ¿verdad?
EF: Uh-huh.
ML: Y de pronto viene aquí, que es pared de árbol.
EF: De árboles y más árboles y en la noche. O sea, ahorita hay un poco más de luz
porque la población aquí hay aumentado, pero de todas formas si uno sale para allá, no se
mira nada. Si no hay luz, el reflejo de la ciudad está muy lejos, entonces está muy oscuro.
ML: Y la otra cosa que me pregunto es por sus impresiones. Usted era una joven
recién recibida como profesional, que había estado trabajando en zonas rurales, pero de
pronto usted viene a vivir a una zona rural, no como trabajadora sino como su familia
está ahí. ¿Cómo fue eso?
EF: Ahora se ve el choque cultural, es muy duro, es muy difícil y yo creo que para
todo mundo --. Recuerdo muy triste, estaba yo muy triste y no quería comer y no dormía
bien, porque estar pensando. Recuerdo que yo me asomaba y veía el bosque y no se
miraba nada.
ML: ¿Tenía posibilidad de irse, decir, de acá me voy?
EF: No, pues ¿cómo? Acababa de llegar y cuanto llegué ya me quería regresar.
[Risas]

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ML: Pero su mamá la había mandado entonces, ¿había manera que usted en ese
momento usted desafiara a su mamá y dijera, no, yo me vuelvo mañana?
EF: Pues, yo creo que sí, pero no sé, pero como la tristeza o la depresión como
que me tenía, así como --.
ML: Es difícil hacer cosas cuando uno está deprimido o tomar decisiones cuando
uno está deprimido.
EF: Como atarantado, voy a usar la palabra.
ML: Hermosa la palabra. [Risas]
EF: [Risas] Sí, atarantada, como que, en somnolencia, como que --. No, no se me
ocurrió. Decía yo, pues ahorita se va a pasar pronto el tiempo y luego ya me van a ir a
llevar. Y conocí al papá de Abril y creo que fuimos novios una semana y luego nos
casamos.
ML: Se enamoró.
EF: Como en un rato nos casamos. Eso fue en junio, para julio nos regresamos,
los primeros días de agosto y él fue para últimos de agosto, nos casamos en septiembre y
nos regresamos.
ML: ¿Así que estuvo un mes acá?
EF: Uh-huh, soltera me fui.
ML: Se volvió con novio.
EF: Y luego me regresé. Él fue después. O sea, yo me fui con María y su familia y
luego él fue después a pedirme y a casarse. Y ya nos regresamos en septiembre, antes del
Hugo. Aquí nos agarró el Hugo.
ML: Se casó. ¿Qué dijo su familia?

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EF: Mi papá no quería, al principio él y ni mi mamá no querían. Pero pues, no sé
si a todos, pero me respetaron lo que yo quise. Mi papá me preguntó si estaba enamorada
o lo hacía por decepción. Y le mentí. [Risas] Sí, le dije, “Sí, estoy enamorada.” Y tal vez
estaba enamorada, el enamoramiento pues eso se da en cuatro minutos y dura seis meses,
ocho meses. Entonces, pues tal vez estaba enamorada.
ML: ¿El papá de Abril es de la misma zona de dónde es usted? ¿Es de San Pedro
también?
EF: No, él es de la costa. Él es del sur, él es de Acapulco, la costa. Yo soy del
norte.
ML: ¿Y él era él --?
EF: El contratista, el crew leader.
ML: De dónde vivía María con su familia.
EF: Uh-huh.
ML: Así que cuando usted se vuelve, después de casarse, ya sabía que se volvía al
bosque usted y que se volvía a la selva, como dice usted.
EF: Uh-huh.
ML: ¿Venía a vivir al campo ahí también?
EF: Sí, ahí al campo. Y yo ahora recuerdo que ya nada más, como manejaba
siempre, ya nada más entraba a la 17 [Hwy] y venía para acá y yo se me encogía el
corazón porque decía, ya llegué a la isla, a esta oscuridad. Tampoco nunca se me ocurrió
decir, aquí me quedo, allá en mi pueblo. Pero también después de casarme, como dicen,
dije yo, ¿qué hice?
ML: Usted dice que usted no tomó la opción que otras mujeres toman de quedarse

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en su tierra y que el marido trabaje en Estados Unidos. Nunca se le cruzó por la cabeza.
EF: No, no, yo decía, para mí el matrimonio es para siempre y donde esté el
esposo, pues yo voy a estar.
ML: Sabe que usted es la primera persona que entrevisto aquí en la isla que
habiendo vivido en el campo tiene una mirada del campo desde la administración del
campo. Y entonces, yo he entrevistado trabajadores del campo, pero no gente que está en
la administración. Entonces, le quería preguntar sobre eso, ¿cómo es para usted ser la
esposa de un contratista? ¿Cómo es el ciclo de vida de la esposa de un contratista en
relación al trabajo de la familia?
EF: Era migrante, los primeros cinco años de vida de mi hija trabajaba él,
empezaba en enero con lo de preparar la tierra y todo eso. Entonces, en enero empezaba a
trabajar y trabajaba febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto y luego en agosto, los
últimos de agosto, que ya recogía todo nos íbamos para México y vivíamos allá el resto
del año, hasta que volvía a empezar la temporada. Por seis años, siete años, eso hicimos.
Entonces, desde la administración y desde --. O sea, es muy personal porque
puede ser que si le pregunta a otra esposa de un contratista, pues lo que va a decir es que
yo le llevo de comer y aquí estoy, lo atiendo y eso es todo lo que hago. Pero yo, como la
esposa, no era solamente esa la función. Yo llevaba la administración, o sea, las cuentas,
los cheques, contarle a cada trabajador sus horas, lo que él ganaba y como se les paga al
contado, efectivo, entonces, hacer los sobres, como desde el jueves o el miércoles a veces
el tenerlo listo para el viernes, a más tardar el sábado muy temprano irles a pagar.
Ir a recoger el cheque, depositarlo, cambiarlo, hacer las formas para el income
tax, y yo iba con él mientras no tuve a Abril y luego antes de que entrara a la escuela

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Abril, me iba con él o yo me iba después y llegaba y él traía un grupo y yo traía otro
grupo. Y a veces él con el grupo que traía terminaban a las cinco, seis de la tarde. Y si yo
traía un grupo que tenía que piscar determinada cantidad, entonces a veces yo eran las
siete, ocho, las nueve, y yo traía con los trabajadores.
ML: Y cuando usted dice ‘traía’ ¿qué quiere decir?
EF: De que yo andaba con ellos allá acompañándolos.
ML: ¿Y de dónde a dónde los trae?
EF: De las labores al campamento y estar encargada. O sea, ser el supervisor de
ese grupo.
ML: Usted me dice que el trabajo en esa época era de enero a agosto, cuando se
terminaba la cosecha. ¿Cómo es que es el proceso de contratar a los trabajadores?
¿Cuándo usted sabe cuántos trabajadores va a necesitar, a dónde busca los trabajadores?
EF: Empiezan con pocos, cuando empiezan a preparar la tierra, a ponerle el
plástico, traen unas máquinas entonces a lo mejor con unos seis, ocho trabajadores, como
en enero, con esos completan. Y por lo regular, cuando iba a México, se traía gente, o se
ponían de acuerdo y aquí llegaban, por teléfono y ya los conocía y llegaban. Y conforme
iba avanzando la temporada, entonces primero con esos seis, siete, cuando empezaban a
plantar pues ya necesitaba como unos quince, veinte a lo mejor, para plantar.
Y luego cuando ya está lista la planta, le quitan los tallos, para quitarle los tallos y
para amarrar, la van poniendo en esos palos ahí en medio, se necesita más. Pero muchos
llegaban, le empezaban a hablar porque como es gente que cada año venía, entonces le
hablaba, “¿Tienes trabajo?” Y llegaban.
A veces sí tenía que ir a Florida, cuando ya iba a empezar la pisca, porque para la

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pisca ahí ya se necesitan cien o ciento cincuenta, entre más gente traiga, pues es mejor
para él. Gana por comisión entonces le conviene más. Entonces si se iba a Florida y allá
donde hay campamentos también, y llegaba con diez, doce trabajadores.
ML: ¿Cuánto trabajan cuando están preparando la tierra los trabajadores son
locales generalmente, es gente que vive por aquí?
EF: No, vienen.
ML: También es gente que está migrando.
EF: Uh-huh, también es gente que está migrando.
ML: Así que usted vivía en el campamento durante seis meses del año.
EF: Uh-huh.
ML: ¿Alguien más vivía en el campamento con ustedes o solamente ustedes
estaban fijos por seis meses?
EF: Había más, había algunas otras familias, o algunos trabajadores que se
quedaban a ayudarle hasta que terminara el trabajo.
ML: ¿Cómo cuántas familias podían ser que estuvieran viviendo juntas?
EF: Algunas dos o tres familias.
ML: ¿Y estas familias se quedaron después acá?
EF: No, de los que trabajaban con él no.
ML: ¿Qué quiere decir trabajar por comisión?
EF: Por ejemplo, si él contrata diez trabajadores a él le van a pagar, vamos a
decir, diez centavos por cada pie cuadrado que el trabajador amarre. Entonces, si dice uno
así diez centavos, pues por un pie es poco ¿verdad? Pero cuando son cientos, miles de
pies, diez centavos y con diez, veinte o treinta, pues esa es su comisión.

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ML: ¿Y siempre se calcula igual cuando están preparando el campo o cuando
están cosechando, es la misma manera de calcular cuánto gana el contratista?
EF: No, depende del trabajo que esté haciendo. Empieza por horas. Cuando están
plantando y cuando andan preparando la tierra es por horas. Cuando andan destallando y
amarrando el tomate, y cuando andan piscando eso le llaman por contrato, como te decía,
que si amarran diez acres, cierta cantidad a él le va a tocar. Si piscan una tonelada pues
también le va a quedar cinco centavos por cada cubeta o veinticinco centavos por cada
cubeta. También son toneladas las que piscan.
ML: ¿Sabe desde qué año el papá de Abril estaba aquí en Johns Island?
EF: Él decía que ya tenía como veinte años, treinta años.
ML: ¿Veinte, treinta años en Johns Island?
EF: No, en Estados Unidos. Sí, a lo mejor en Johns Island tendría como unos
quince o veinte años. Llegó a Texas y luego estuvo en Florida y luego se vino con un
contratista a trabajar aquí y luego creo que algo le quedó mal el contratista y él hizo ese
trabajo y de ahí se acomodó con el americano, con Schaffer, y pues, es muy trabajador.
Hay que decir lo que es, es muy trabajador y es muy inteligente para ese trabajo.
ML: Usted estaba haciendo este trabajo, que era un trabajo full time para usted,
¿verdad?
EF: Sí.
ML: ¿Usted recibía como esposa del crew leader, usted también recibía su ingreso
o el ingreso era familiar?
EF: Sí, también a mí me daba él, pero él lo ponía todo junto. Pero creo que tal vez
a mí me daba algunos cincuenta o cien dólares diarios.

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ML: Dígame una cosa, ¿quién era la gente que llegaba? Cuando usted empezó a
venir acá, ¿eran solamente hombres, era gente mexicana, eran familias? ¿Quiénes
llegaban cuando usted estaba trabajando?
EF: Era la mayoría hombres. Y como que a él no le gustaba familias porque
tomaban más espacio y había que darles más privacidad y todo. Entonces, solamente que
no tuviera gente le ayudara recibía familias, sino solos. Y de preferencia mexicanos.
Llegó a haber del Salvador, creo, de Guatemala también, pero la mayoría eran
mexicanos.
ML: Cuénteme de Hugo.
EF: Estaba recién casada y nada más nosotros vivíamos en el campamento y
empezaron a anunciar que venía y ya él no estaba trabajando, pero él estaba grabando
música, porque es lo que hacía cuando no trabajaba. Y de repente ponía las noticas y total
que como a las ocho y media, casi las nueve, dijo, “Se va poner muy feo. Vámonos.”
Pues, nos agarró ahí por la 61 [Hwy], ya había empezado y nos fuimos a, creo que
fue a Savannah, sí, Georgia. Antes de llegar a Georgia, nos fuimos a un hotel, pero como
en ese tiempo él era el que pensaba, entonces al siguiente día, a las once de la mañana nos
regresamos. Y cuando veníamos por la carretera pues vi todos los carros, todos los
árboles caídos. Duramos como tres horas de ahí de la River al campamento.
ML: Porque estaba todo caído.
EF: Todo caído. Ahí vamos, así se metía por veredas y luego ya otras veredas y
había gente que andaba tratando de --, los que se quedaron abrían paso. Total, como tres
horas llegamos al campamento. No había luz, no había agua.
ML: ¿Y sus cosas estaban ahí todavía?

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EF: Uh-huh, sí, no le pasó nada. Son de bloque. No le pasó nada. Y estuvimos
diez días, doce días sin luz, sin agua, hasta como llegó la ayuda, serían cinco días, no sé
cuántos días que llegaron y en el otro campamento también había gente y ahí llegaron y
creo que llevaron agua y latas. Y ahí estuvimos, comíamos puras latas.
ML: ¿Y tenían a alguien a cargo en ese momento? ¿Había otros trabajadores ahí
con ustedes?
EF: Estaban los dos sobrinos de él. Vivían en otra de las casas, pero de mujer
nada más estaba yo con él. Y después como no había trabajo en la labor, se acabó todo.
Schaffer le dijo que fueran y que limpiaran su casa, que la del cuñado, quitaran los
árboles y eso es lo que anduvieron haciendo.
ML: Yo escuchaba que el huracán le había dado mucho trabajo a mucha gente
latina.
EF: Pues, no había porque como se habían ido todos. Después de la labor no había
hispanos, entonces él y sus dos sobrinos tenían mucho trabajo, pero andaban en eso,
andaban limpiando para el americano.
ML: Al dueño del campo.
EF: Al dueño del campo.
¿Generalmente era tomate lo que plantaban?
EF: Pues, tomate, repollo, sandía, ejote, pepino.
ML: Cuando usted vino a fines de los ochenta, ¿quién más estaba en la isla aparte
de María? ¿Qué otro latino ya estaba viviendo acá en la isla? ¿O con quiénes empezó a
relacionar usted aparte de con su esposo?
EF: Con su hermano de él, estaba su hermano y su esposa de él, y luego después

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de que nos venimos nosotros, a los pocos meses, como en diciembre se vino una amiga
mía y el esposo. Se casaron y se vinieron y mi esposo él les ayudó para que arreglaran sus
papeles.
ML: Así que usted se trajo sus amigos.
EF: Una amiga, María Cárdenas y el esposo se vinieron.
ML: Pero ella se vino después que usted.
EF: Sí.
ML: Siguiéndola a usted se vino.
EF: Sí, ya que me casé y fuimos y pues yo los llevé con mis amigos y él no estaba
trabajando allá entonces, le dijo que se viniera y arreglaron su pasaporte.
ML: ¿Y ellos también estuvieron trabajando en el campo con ustedes?
EF: Sí.
ML: ¿Por cuántos años vivió en el campo?
EF: Como cinco años.
ML: ¿Y qué la decidió a salirse?
EF: Pues, que tuve a una hija y entonces yo dije, aquí yo no quiero que ella
crezca. Tenía como un año, catorce meses creo, cuando nos cambiamos. Yo no quería
que ella viviera ahí y que estuviera ahí en ese ambiente de puros hombres solos, que
toman, jugando a las cartas. Y pues menos las muchachitas, las mujeres, ese no era un
lugar para criar familia y menos una niña.
ML: ¿Cómo lo convenció al papá de Abril a salir de ahí?
EF: Pues, no quería porque decía, “Aquí no pagamos nada, aquí puede uno
ahorrar todo el dinero, y no, no, no.” Pues rogándole, insistiendo, insistiendo, y le decía

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yo, “Aunque sea nada más una casa de un cuarto, como sea, pero aquí no.” Y había otra
casa por la River, una casa pequeña, decía yo, “Mira esa, esa casa, aunque sea.” Porque
decía él, “Es que yo no quiero estar lejos del trabajo.”
Y porque él me dijo, “¿Dónde quieres la casa? ¿La quieres aquí o la quieres en
México?” entonces, yo le dije, “En México.” Y después decía, “¿Pues, no me dijiste que
en México?” “Pues sí, pero una también aquí. [Risas] Aquí también necesitamos una.
Abril ya no puede estar allí y aparte yo ya me cansé de que cada seis meses había que
rentar un cuarto de esos y poner las cosas ahí. Ve y sácalas y de vuelta ve y mételas. Y
más que nada, yo no quiero que ella crezca allí. Entonces, pues justo era las calles donde
pasábamos y también vi la casa esta, que estaba de --.
ML: ¿Esta casa, aquí se vino a vivir?
EF: Sí, entonces le decía, “Mira, ándale, vamos, vamos, vamos.” Hasta que lo
cansé.
ML: Lo convenció.
EF: Lo convencí y luego como dos años me duró diciendo, “Ves, que estamos
aquí, que gastamos y que no sé qué,” y luego pues le dije un día, “Pues, mira, te quejas,
pero como quieras que estás muy a gusto aquí, con el aire acondicionado y que te dejan
dormir,” porque allá no dejaban dormir. Ahí mismo los trabajadores cualquier cosa iban y
lo levantaba o tomaban y en la noche se oía. Le digo, “Estas a gusto aquí porque te
puedes dormir y te vienes aquí y ya tú te olvidas, allá los dejas y estás tranquilo.”
ML: ¿Y usted se salió del campo y siguió trabajando con él en el campo durante
la temporada?
EF: Sí.

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ML: ¿Por cuántos años hizo ese trabajo?
EF: Yo creo que como otros cinco años después de que Abril --.
ML: Así que al menos diez años usted ha estado trabajando en la administración
del campo.
EF: Uh-huh, sí, y por ejemplo, iba y me subía, manejaba yo un tractor cuando
andaba poniendo las estacas, yo iba con el tractor por entre los caminos y los trabajadores
iban poniendo las estacas. O si había que llevarlos de una labor a otra labor, o sea, sí
seguí ayudándole y el fin de semana con las cuentas. Allá hacíamos las cuentas en la
labor y ya cuando entré a la escuela, entonces ahora sí las hacía yo aquí, pero ya no
andaba yo en la labor trabajando.
ML: Antes de que me cuente de la escuela, déjeme que le haga dos preguntas
más. Una es que me cuente el tema de cómo comen los trabajadores en el campo. Porque
otra historia que yo he venido a aprender, que yo no sabía, es de las mujeres que para
ganarse la vida, venden comida en el campo.
EF: Sí.
ML: ¿Qué me cuenta de eso?
EF: Hay alguien de una de las familias de ahí, por ejemplo, mi hermana María,
ella era lo que hacía. ella le vendía de comer a los trabajadores.
ML: ¿Cómo se organiza eso?
EF: Cuando yo llegué yo le ayudaba en eso. Ella compra el mandado como que
van a hacer fiestas todos los días, hacen en fiesta en la mañana fiesta en la tarde y fiesta
en la noche. Les preparan de almorzar en la mañana. Por lo regular, ahora ya esas señoras
que hacen la comida tienen ayudantes, mujeres que les ayudan, pero por ejemplo, Mari

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no tenía.
Pero tienen quién les ayuden, entonces les hacen tortillas, en la máquina, esas
recién hechas. Les hacen huevos, frijoles, huevos con chorizo, café o refresco en la
mañana, y almuerzan ahí o se los ponen en taquitos o en ollitas o lo que sea. Y al
mediodía como ya andan trabajando y no se pueden separar de allí, esa señora lleva la
comida a los trabajadores ahí.
ML: Al campo.
EF: A la labor.
ML: Entonces ¿van al campo a la mañana a darle antes de que salgan a trabajar y
después en la labor o todo en la labor?
EF: No, en la mañana, en la casa, en el campo, y ya en la tarde es en la labor. Y
cuando ya están piscando y están en la empacadora, como eso es hasta en la noche, la
madrugada, les llevan de cenar de nuevo a la empacadora.
ML: ¿Y eso es una cosa que arregla cada trabajador con las señoras que venden o
es una cosa que arregla el contratista?
EF: No, cada trabajador. Hay algunos contratistas que traen a las esposas o las
suegras y los hacen que comen ahí con la familia. Pero otros dejan que vaya y les den
alguien más.
ML: ¿Los trabajadores en el campo tienen dónde cocinarse también?
EF: Sí, pero no tienen tiempo. Se van a las seis, siete de la mañana y regresan a la
madrugada. O sea, no tienen tiempo.
ML: Y para hacer mandado tampoco.
EF: No, a veces cuando vienen con la familia, pues sí van y hacen su mandado y

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les preparaban, pero nada más a su familia.
ML: ¿María cocinaba para cuánta gente?
EF: Como cincuenta, sesenta, setenta.
ML: ¡Guau! Es un capítulo aparte para hacer una entrevista aparte. La otra
pregunta antes de que me cuente de la escuela. ¿Qué relación tuvo usted con las
instituciones de la isla, de la iglesia, y Our Lady of Mercy y Rural Mission y alguna otra
institución que haya habido cuando usted llegó se haya ido formando?
EF: Cuando llegué todavía no había nada para la comunidad hispana. Era
solamente en inglés y yo me integré. Iba a la misa en inglés, a las once o a las nueve de la
mañana iba yo a misa. Ahí conocí a Claudette Humbert que ya falleció, a la hermana
Amelia también, ahí en la iglesia, y luego ellas iban al campamento como a platicar,
porque no es como los Testigos de Jehová ni nada que fueran y que le hablaran a uno.
Ellas iban a acompañarlo a uno en su vida, “¿cómo están?” Y esa era la manera de
llevar a Jesús con su compañía. Y se fue haciendo la relación más estrecha, al grado de
que cuando yo di a luz a Abril ella estuvo conmigo. Cuando estaba embarazada --.
ML: ¿Sister Amelia?
EF: No, Claudette. Sí, me dijo, “Cuando ya te vayas a aliviar le dices a Salomón
que me avise. Yo quiero estar ahí.” Entonces, así fue. Ahí estaba ella como si fuera mi
mamá. estuvo ahí en la sala de parto. Y luego la hermana Amelia después cuando el
Hugo, que empezó el Lady of Mercy. Estaban por Edenvale, creo que se llama esa calle,
y Bohicket.
Era una casa y ahí empezaron. Tenían alguna información en español, que la clase
de inglés. Era como sentir uno el sentirse como en familia, aunque no entendiera el

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idioma, pero sentir el cariño de ellos. Entonces, yo empecé a visitarlos ahí y a seguir
yendo a la misa en inglés porque no había ni por dónde. A la hermana Elsa también la
conocí.
ML: ¿Elsa María [Lopez]?
EF: Uh-huh, porque ella conocía a mi ex esposo desde hacía más tiempo,
entonces también ella iba al campo, pero iba más Claudette y la Sister Amelia, allí iban
casi cada ocho días. Entonces, ellos se convirtieron en parte de la familia. Nos adoptaron
como familia, las hermanas y Claudette. En Franklin Fetter era la única clínica que había
aquí, pues, y ahí había un doctor que hablaba español, entonces ahí empecé a ir.
Y luego el doctor que estaba, el doctor [Carter 01:12:03] se apellidaba, decía que
yo no me veía como las demás señoras. Decía, “Yo sé que aquí hay muchas señoras que
sus maridos las maltratan, pero ellas no me dicen. Y ellas tienen miedo, ellas ni siquiera
me quieren ver ni me quieren mirar.” Y me dijo que, si no me gustaría ayudar ahí y
empecé a ayudarle, platicaba yo con las señoras.
ML: ¿Cómo se llamaba el doctor?
EF: Doctor [Carter].
ML: ¿Y hablaba con las señoras en Fetter Clinic?
EF: Uh-huh, y cada vez se fue haciendo más estrecha la relación con las
hermanas, o sea, con todo lo que era la institución, con todas ellas, siempre apoyo.
ML: ¿Ahí aprendió inglés o usted ya sabía inglés?
EF: Sabía escribirlo y leerlo en la high school en México, pero entendía más de lo
que podía hablar. O sea, no podía hablar mucho pero sí podía leer.
ML: ¿Y empezó a ir a las clases de las hermanitas en inglés o no?

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EF: Si, empecé a ir. No mucho porque eran en las tardes y yo para la tarde yo ya
no tenía tiempo. O sea que las clases eran para los que trabajaban.
ML: ¿Qué quería decir ‘no tenía tiempo’, usted tenía un esposo y una niña, por
qué no tenía tiempo?
EF: Porque el esposo trabajaba en el día, para las cinco, seis de la tarde, el esposo
ya llegaba y ya cuando llegaba a las seis de la tarde, tenía que tener cena y ya estar con él
porque él ya no se iba ni nada. Entonces, no me podía yo salir a que dijera pues, “TE doy
de cenar y me voy.” No. entonces, casi que yo fui a las clases de inglés con ellas.
Después cuando llega lo de la escuela, entonces, vuelven a entrar ellas en mi vida.
ML: ¿Cómo fue que se gestó esto de usted de querer ir a la escuela?
EF: Empezó como cuando mi hija, como nos íbamos a México y luego
regresábamos, como que eso a ella le afectó en cuanto a su educación. Entonces, cuando
regresábamos ella estaba como que se atrasaba. Y hubo una vez que casi me dijo la
maestra, en el último cuarto del año escolar, “Si no se nivela, se va a quedar en primer
año, segundo año.” Entonces, yo dije, no, pues, yo le tengo que ayudar y empecé a
trabajar con ella, todos los días después de que llegaba de la escuela. Sí salimos adelante,
y ella pasó el año, pero yo también dije, ahorita está en primero, en segundo, y yo le
puedo ayudar, a lo mejor le voy a poder ayudar hasta sexto, a lo mejor la secundaria, tal
vez la prepa, ¿y luego?
A mí me va a quedar chico el conocimiento que ella va adquiriendo y yo no voy a
saber. Entonces, yo tengo que aprender para ir delante de ella y para poderla guiar. Y
aquí en la casa yo no voy a poder. Entonces, me inscribí en una clase de inglés, como
segunda lengua, en el colegio de Charleston, porque esas clases eran en la mañana

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cuando él estaba ocupado, yo podía también ir. Entonces, yo entré, estuve un semestre en
una clase de inglés como segunda lengua, y la terminé esa clase y yo dije, me falta más.
Un semestre no es nada, yo necesito aprender más inglés.
La clase esa fue en el edificio que se llama Bell, antes era de Bellsouth, del
teléfono que había aquí, en ese edificio ahí tenía yo mis clases. Yo cuando estaba ahí
afuera yo veía que entraban muchos muchachas y muchachos y entraban, y entraban, y
salían, y salían, y yo dije, a mí me gustaría, yo no sé qué hacen ahí, pero yo también
quiero entrar ahí a donde van esos muchachos y esas muchachas. Entonces, terminé mi
primer semestre y nos fuimos a México.
Ya se llegó agosto y nos fuimos a México y cuando regresamos yo dije, voy a
volver a entrar a otro curso de inglés como segunda lengua. Entonces, fui a la oficina
donde se registra uno y me dijeron, “No vamos a tener esa clase ya de inglés como
segunda lengua.” “¿Cómo? ¿Por qué si apenas empezó?” “Pues no.” Y me recuerdo que
la --, creo que después ella se hizo profesora de ahí, y me dijo, “No, no va a haber. ¿Tú
quieres estudiar?” “Sí, yo quiero estudiar, quiero seguir con inglés como segunda
lengua.”
Y me dijo, “Pues, está la clase de inglés 101.” Y le dije yo, “¿Y eso qué es, con
qué se come?” “Es inglés,” me dijo. “Si quieres ahorita mismo te anoto y ahorita mismo
te vas a la clase. Ya empezamos hace cuatro o cinco días.” Luego yo dije, “Bueno, ¿por
qué no?” Me inscribió en ese rato y me fui al edificio Bell. Ahí fue la clase de inglés. Y
cuando yo llegué pues ya tenían cinco días, iban a tener un quiz creo de un libro y ya yo
ahí cuando yo golpeaba y veía todos esos jóvenes y ese profesor tan joven y todos esos
son muchachos, yo dije, “Dios mío, ¿dónde me he metido? ¿Qué hice?”

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Dije, no, nada más oía, ya mañana no vengo. Dijo, “Van a tener un quiz el viernes
y este es el libro,” Y me dio el libro. Dijo, “Para que estudies.” “Yo acabo de llegar.”
“Ten, te presto mi libro para que estudies.” Ya me puse a estudiar y fui al otro día, y fui
al otro día y el viernes que teníamos el quiz pues yo había estudiado y presenté el quiz y
entonces dije, yo nomás que pase este quiz y yo me voy de aquí.
Pues, ya pasé el quiz y luego entonces digo, pues, ya pasé un quiz y tanto que
estuve estudiando todos estos tres días de día y de noche. Ahí me sentaba yo en la cocina
a estudiar. Pues, que “Ahora vamos a leer otro libro, y luego hay otro quiz,” pues me
aventó el otro libro y el otro quiz. Ya nada más decía yo, ocho días y me salgo. Pues no,
ay, no si ya pasé ese otro quiz. Bueno, ya nada más que este y otras dos semanas. Y así
me fui, total que terminé el semestre. Y dije yo, yo ya me voy. Esto no, esto es demasiada
adrenalina.
Me saqué una A menos, creo, y dije yo, una A es una A, que tenga menos o más
es una A. Pero dije, no, yo ya con esto ya tengo. Y ahora sí ya tengo dos clases de inglés.
Y luego me dijo el maestro, porque yo iba mucho con él a preguntarle, no salía de ahí de
la oficina y luego me dijo, “¿Ya te inscribiste para el otro? Yo también lo voy a dar. Está
más fácil, es poesía.” “No, yo ya me voy.” Él era de la isla, el profesor, le digo, “No, yo
ya me voy.” “No, ¿por qué?” “Después, yo entro después.” “No, porque se te va a hacer
más difícil. Es más, mira ven, siéntate, ahorita mismo te voy a meter yo en la clase.”
Y me metió en el inglés 102 con él mismo. Y dije yo, pues nada más esta clase y
ya. Pues, no, empecé con historia. Dije, bueno, pues historia, pues ya nada más. y luego
no, pero es que ya llevo doce créditos y muchas desveladas. Bueno, pues, ahora voy a
hacerle y voy a llevar dos clases. Y luego, ay no. Bueno, pues ahora tres clases, hasta que

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me eché la carga completa por semestre, y aparte durante el verano hacía Maymester uno,
y luego Summer uno y Summer dos.
ML: ¿Cómo fue, además de tener que poner tanta energía en estudiar, ¿cómo fue
pelear por este derecho en su casa?
EF: Fue difícil porque mi esposo en ese tiempo, o sea, que primero como que no
me puso atención. Debe haber dicho, “Está yendo a unas clases.” Pero como que fue
viéndolo más en serio y como que esta empezó con una clase y ahorita lleva seis clases.
Está todo el día allá y a veces se va en la tarde, en la noche. “Tu aquí ya no me atiendes.
Tu no me haces caso.” Y él llegaba y sí le tenía, como quiera, le hacía y llegaba y estaba
la cena lista y todo.
Pero ya le daba de cenar y atenderlo y yo me encerraba en el cuarto para estudiar
y hacer la tarea, lo que tuviera que hacer. Y él quería que me fuera a acostar. “¿Qué
haces?” Y venía a pelear. “Tú ya te has vuelto muy desobligada conmigo. No me haces
caso. No es con esos libros.” Y era el pleito. Y un día me preguntó, que por qué yo estaba
como poseída estudiando. Dice: “Te la pasas todo el día, toda la noche, sábados,
domingos estudiando y estudiando, vacaciones.”
Fue cuando le dije, “Tú estás loco y un día te vas a ir y yo no quiero casarme con
alguien nada más para que me mantenga y mantenga a mi hija. Y tampoco voy a andar en
las labores. Yo sé que es muy pesado. Yo no sé ese trabajo. Yo no puedo. Me voy a morir
de hambre y voy a matar a mi hija. Limpiando casas, le ayudé a mi hermana, – también
anduvo limpiando casas – es muy pesado, muy, muy pesado. Se necesita mucha energía y
juventud y no voy a estar así siempre. Ahorita no me canso y voy y le ayudo y en tres
horas nos echamos tres mansiones, pero no voy a estar siempre así.

�Eréndira Fabela Estrada

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Y luego le dije de prostituta, pues, soy muy tonta, capaz que se van a ir y me van
a quedar a deber el dinero y nomás me van a enfermar y ahí me van a dejar. Entonces, lo
único que yo sé hacer y que me gusta hacer es estudiar. Entonces yo voy a estudiar y voy
a estudiar para terminar una licenciatura y poder, para el día que tú te vayas, yo pueda yo
salir adelante sin depender de nadie y tampoco tener que andar en esos trabajos tan
difíciles.” Pues ya no me dijo nada. Y les contaba, primera era queja, o con algunas
personas era queja, les decía que yo me la pasaba en la escuela. Y con otras personas, él
estaba muy orgulloso de que yo estaba estudiando. Pero sí fue muy difícil, o sea, el pleito
con él aquí y luego el que no era yo una estudiante normal.
ML: Qué hay del resto de la comunidad, cómo vio el resto de la comunidad, su
familia en México, su hermana, que usted – el médico ya le había dicho, “Usted no hace
las cosas de las otras señoras.” ¿Cómo vio su comunidad estas decisiones que usted
tomaba?
EF: Como en la comunidad yo creo que antes, o yo no sé si sigue ahora, pero yo
no me fijo en eso, pero como que aquí en la comunidad hispana, “como que a ella le
compró el esposo un carro nuevo, a mí también cómprame uno nuevo. Como que ella trae
este vestido nuevo, yo también un vestido nuevo.” Entonces, como que ”Ah, ¿ella está en
la escuela? Bueno, pues voy a ver, yo también voy a ir a las clases de inglés, con las
hermanas.” Y hubo, yo creo, como una o dos hasta se animaron a ir al Trident pero una
clase, dos, y dijeron, “No, esto está difícil.” Entonces, le pararon. Y sí, como que los
hombres a lo mejor, como que decía, “Esta mujer no está bien de la cabeza.”
ML: Así que de los hombres encontró esta resistencia, pero de las mujeres no,
como que las mujeres la vieron más como ¡guau! yo también podría hacer eso.

�Eréndira Fabela Estrada

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EF: Sí, y ahora yo lo que veo, y me da mucho gusto, y digo, bueno, alguien tiene
que hacer camino y sufrirla y como dicen, no todo el que siembra es el que cosecha,
entonces, o no todo el que trabaja es el que va a cosechar. Ahora yo veo que las mujeres –
o sea, sí fue uno como un despertar y como que quisieron, pero como que era mucho el
reto o como que es trabajo. Sí hubo como unas varias, dos o tres, vamos a decir que
empezaron en el Trident, tomaron una clase o dos, o a lo mejor hasta tres, y luego pues
ya, le pararon. Ahora, por ejemplo, Mario, yo veo que me dicen que vieron, pues, si ella
pudo, ¿por qué yo no voy a poder?
Y los jóvenes, porque antes eran generaciones y generaciones, por ejemplo, si
vivían en los campos o vivían aquí y se casaban con un trabajador o con esto y ya a tener
niños y ni siquiera la preparatoria. Como la generación de Abril, fue ella y Denise, creo
que son las únicas y Oralia Vera, que vivían en campos y que terminaron una
licenciatura. Pero todas las jóvenes de esa edad con niños y no terminaron ni la prepa.
Entonces, hay otra generación que estaban niños y digo yo, esos niños vieron y esas niñas
vieron y hay una muchacha que está en el colegio de Charleston y que quiere ser maestra.
Hay un muchacho que está en el Trident y que quiere ser maestro de español. O
sea, que los niños se fijaron, esos niños me vieron y esos niños son los que --. Era
demasiado tarde para las jóvenes como Abril, esa generación eso se perdió, pero como
que los niños estaban viendo y ahora de los niños ahí van, están en la high school. Esa
niña que nos encontramos en el restaurante –
ML: Que quiere ser enfermera.
EF: – Uh-huh, y me dicen que me admiran y respeto y dice, “Pues es que usted,
mire usted cómo pudo.” Yo digo, si todo lo que pasé para eso sirvió, si uno o una o un

�Eréndira Fabela Estrada

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muchacho se inspiró, yo me siento muy satisfecha.
ML: ¿Su niña también se inspiró?
EF: Sí, también ella. Yo la llevaba, porque con su papá no contaba ¿verdad? O
sea, él ponía el dinero, hay que decir lo que es, como su esposa tenía yo derecho a lo que
también yo trabajaba entonces él pagó. No tengo ninguna deuda de lo que fue el colegio,
pero pues él quedarse con ella pues no. La mayoría de las veces estaba trabajando y otras
veces, pues casi siempre estaba trabajando. Entonces, aunque yo tuviera clases en la
tarde, pues yo me la llevaba. Me llevaba Abril a la escuela y cuando vacaciones, no eran
las vacaciones mías, entonces yo me la llevaba. Y allá se sentaba ella atrás, ahí estaba el
monito sentado, a veces leyendo o escribiendo. La conocían los maestros.
Las clases que tenía en las noches, porque llegué a tomar unas clases que eran
express, siete semanas, y ya entonces eran en la tarde, como de las cinco a las nueve, y la
recogía y me la llevaba. Y entonces, a veces su papá le decía, “A mí se me hace que tu
mamá tiene un novio porque no sale de allá.” [Risas] Le decía a ella. “Estás loco, papá, si
ahí ando yo, cuál novio, la traen de friega las clases. Yo ando ahí papá.” Entonces, ella,
como la llevaba, dice que ella dijo, “A mí me gusta esta escuela,” y pues también ella
egresó de ahí, del colegio de Charleston y no nada más con un diploma, sacó dos
licenciaturas de ahí, del colegio de Charleston. Y luego cuando entré a hacer la maestría
le digo --.
Bueno, para empezar, cuando estaba en el colegio yo y que ella iba le dije, “Mira,
para que tú a mí no me vayas a decir, “Mami, está muy duro, no se puede,” yo eso de tu
boca no lo voy a oír nunca porque sí se puede.” Y cuando empecé la maestría le dije,
“Mira, y no nada más es una licenciatura, hay que seguir y también no me vayas a decir

�Eréndira Fabela Estrada

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que no se puede.” Y muchas veces ahora que está en la facultad de medicina decía, “Está
duro, mami, está duro, pero sí se puede.” “Sí, sí se puede.”
Y ella dice, “Yo no sé cómo le hiciste, mami, con una hija y luego con un marido,
y en el colegio es pesado. Si yo nomás con el puro colegio se me hace pesado.” “Pues, es
que cuando fijas un objetivo vas a trabajar alrededor de él y vas a hacer todo lo que se
necesita para lograr eso que tú quieres.” Esa fue de mis inspiraciones para poder estar con
ella, para ayudarle, para estar con ella y para apoyarla en todo lo que pudiera yo.
ML: Bueno, muchísimas gracias por compartir su historia con nosotros. ¿Hay
algo que no le he preguntado y que a usted le gustaría agregar o reflexionar antes de que
apaguemos el grabador?
EF: No sé si hay alguna otra pregunta, alguna duda.
ML: Me queda preguntarle solamente sobre sus alumnos ahora.
EF: Mis alumnos, mis alumnos, bueno pues, he encontrado muchas satisfacciones
aún a pesar de que inconscientemente siempre tenía eso del maestro, de enseñar, pero a
mí nunca me pasó por la mente que yo quería ser maestra. Es un trabajo, sí es de retos,
pero es muy divertido. Yo me divierto mucho en el trabajo. Tengo que estar como
consciente, porque si no estoy consciente me aburro y pierdo el sentido. Entonces yo
tengo que estar bien conscientes para ver los pequeños detalles cada día, que son los que
me mantienen, como sus cosas de ellos, de que va uno y que me cuente, que me siento así
o me siento de otra manera, que me cuenten sus locuras y su manera de ver el mundo.
Y que he aprendido mucho de ellos. O sea, que yo les enseño, pero ellos también
a mí me han enseñado mucho. Una cosa que ellos me han enseñado es empezar cada día
y no guardar rencor. Los puedo regañar ahorita, a las ocho de la mañana y les pongo una

�Eréndira Fabela Estrada

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maltratada y hasta les escribo, y para las tres de la tarde me están gritando, “Hey, Miss
Fabela, me escribiste hoy pero como te quiero, te amo.” Entonces, esa limpieza, esa
inocencia de que ellos me han enseñado que le hagan en un rato nos podemos querer
matar, pero al rato ya ahí están, “Acércate, déjate, vamos a tomarnos una foto.” “¿Vas a
mi juego?”
Ellos le han dado luz y sentido a mi vida y yo creo que ellos han encontrado o
encuentran en mí también lo que muchas veces no tienen en sus casas. Yo lo que siempre
me repito es que si yo les digo que los quiero o si yo les sonrío, esa es la única muestra de
amor que ellos van a tener en todo el día. Entonces, yo tengo que sonreír, yo tengo que
jugar con ellos, yo tengo que hacerlos sentir y ver que el mundo de los adultos no es tan
terrible, tan aburrido como pareciera que a veces ellos vivieran en sus hogares.
Entonces, cuando ellos entran a mi salón yo les digo, “Aquí cuando ustedes están
en mi salón, ustedes son míos y yo los voy a defender de lo que sea, y ustedes aquí
pueden estar seguros y aquí siéntanse amados, porque yo los amo. A veces no me gusta
cómo se portan mal, cuando se portan mal, pero a ustedes los amo. No me gusta que se
porten mal. No me gusta el comportamiento, pero a ustedes sí los amo.” Yo creo que
ellos me dicen que estoy loca, que yo estoy loca, y les digo, “Pues, yo creo que sí para ser
maestro y para estar aquí con ustedes, hay que estar loco.” [Risas]. “Uno bueno aquí no
funciona.” [Risas] Porque juego con ellos y yo creo que los descontrolo, porque
[01:46:46], “¿Y está loca qué trae?”
ML: No entienden.
EF: Sí, “Esta loca qué trae.” Pero es lo que se necesita para mantenerse ahí y yo
creo que eso me ha ayudado mucho en la vida, sentirme muy realizada con lo que hago y

�Eréndira Fabela Estrada

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con ellos. Tengo trece años en esa escuela y --.
ML: ¿Lleva trece años de maestra?
EF: Sí, ahí y en la misma escuela. Y ellos cada vez que se gradúan, que hay una
generación que se va, quieren que me vaya, porque dicen, “Porque ya está bien fea la
escuela.” Y le digo, “¿Cómo no me dijiste que me fuera el año pasado?” Y dicen, “¿Por
qué no te vas? Te deberías ir a una escuela.” “Donde haya niños menos locos que ustedes
me aburriría.” Yo les digo que no me voy porque me gusta mucho el uniforme. [Risas]
Pero yo creo que me gusta y los quiero mucho porque tengo trece años ahí con ellos.
ML: Muchísimas gracias por su tiempo. Muchísimas gracias por recibirme en su
casa.
EF: De nada.
End of recording.
MLL 6/11/19

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1739">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Oral History of Eréndira Fabela-Estrada, interviewed by Marina López, 27 May, 2019</text>
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                <text>Eréndira Fabela Estrada (b. 1963) was born in San Pedro, Coahuila, Mexico. Her large family, school and her participation in her Catholic Church youth groups shaped her life. When she was twenty years old, she arrived for the first time in Johns Island, South Carolina to visit her sister and brother-in-law. There, she met her future husband and father of her daughter who worked as a contractor for a local farmer. Soon, Fabela Estrada was working with him in the fields and helping to manage the administrative side of contracting seasonal agricultural workers. The couple divided their time between Johns Island and San Pedro but decided to settle down indefinitely when their daughter started school. Motivated to improve her English to help her daughter with homework, Fabela Estrada began taking classes at the College of Charleston. She continued studying until she graduated with a Bachelor's degree in Spanish and Education. For twelve years, she has worked as a Spanish teacher at the Military Magnet Academy in the City of North Charleston. In the interview, Fabela Estrada reflects on her experiences working in the agricultural fields, her love of studying and teaching, and the difficulties and satisfactions she experienced by challenging her traditional community roles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eréndira Fabela Estrada (1963) nació en San Pedro Coahuila, México y creció sin carencias ni lujos en el seno de una familia numerosa. Su familia, la escuela y la participación en los grupos juveniles de la iglesia católica dejaron una marca importante en su vida. A los veinte años llegó a Johns Island, Carolina del Sur para pasar un tiempo con su hermana y su cuñado que se habían radicado en la isla. Fue ahí donde conoció a su futuro esposo y padre de su hija que trabajaba como contratista para un ranchero local. Con él trabajó en todas las labores implicadas en el cuidado de los campos y la organización de los trabajadores. La pareja repartía su tiempo entre Johns Island y San Pedro, pero decidieron establecerse definitivamente cuando la hija de ambos comenzó la escuela. Motivada a capacitarse y mejorar su inglés para poder ayudar a la niña con las tareas escolares, Fabela Estrada comenzó a tomar clases en el College of Charleston. Poco a poco, continúo estudiando y se graduó con un Bachelor en español y educación. Por doce años se ha desempeñado como profesora de español en la escuela Military Magnet Academy en la Ciudad de North Charleston. En la entrevista, Fabela Estrada reflexiona acerca de sus experiencias trabajando en el campo, su amor por el estudio y la enseñanza y los desafíos que enfrentó para salirse de los roles tradicionales de su comunidad.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCIÓN – JUAN FERNANDO SOTO MARTÍNEZ
Narrador: JUAN FERNANDO SOTO MARTÍNEZ
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha: 22 de mayo 2019
Lugar: Charleston
Duración: 91 min.
Marina López: Mi nombre es Marina López. Hoy es 22 de mayo del año 2019. Y
estoy con Fernando para hacer una entrevista del proyecto de historia oral, Voces Latinas
del Lowcountry. Hola, Fernando, ¿te podés presentar, por favor?
FERNANDO MARTINEZ: Hola, Marina, muchas gracias. Sí, soy Fernando Soto.
Soy periodista local y originario de México.
ML: Nos podés contar un poquito, Fernando, dónde naciste y cuándo naciste.
FM: Nací en un pueblito que se llama San Pedro de las Colonias Coahuila en el
centro norte de México. Nos mudamos a Ciudad Juárez, Chihuahua, cuando tenía un año
de edad, que es la frontera con Texas y de ahí, nací en el 94, el 29 de diciembre de 1994.
Y ahí vivimos por mis primeros siete años de vida, antes de mudarnos a los Estados
Unidos.
ML: Cuando decís ‘vivimos’ ¿con quiénes vivías?
FM: En ese momento nomás era mi madre, mi padre y tengo una hermana que
nació en el 98, en Ciudad Juárez.
ML: ¿Qué te acordás de Ciudad Juárez?
FM: Me acuerdo de un lugar grande donde había montañas, donde de repente
hacía mucho calor, donde no llovía seguido, pero cuando llovía se inundaba, porque es un

�Juan Fernando Soto Martinez

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área de parte del desierto de Chihuahua. Y me acuerdo de algunas memorias lindas de mi
familia, que tengo años sin verla, de caminar por el centro de Ciudad Juárez, en el
mercado, comiendo gorditas, visitando la familia, tomando una ruta, un bus, para ir de un
lugar a otro, pero por la mayor parte caminar a todos los lugares, porque era muy fácil de
hacer.
ML: ¿Quién estaba en Ciudad Juárez aparte de tu familia inmediata? ¿Quién más
estaba allí?
FM: Ahí están mis dos abuelas, mi abuela materna, mi abuela paterna, mi abuelo
por parte de mi madre, estaban dos hermanos de mi padre y tres de mi mamá. Y poco a
poquito se fueron mudando de la ciudad de México y a San Pedro, Ciudad Juárez más
familiares, porque era una zona donde empezaron a llegar maquiladoras, fábricas de los
Estados Unidos. So, la oportunidad de trabajo era inmensa en los 90 y a principios de los
2000, entonces todo el mundo trabajaba en maquiladoras.
ML: ¿Y esa fue la razón por la que tu mamá y tu papá se mudaron para allí?
FM: Sí, claro.
ML: ¿Sabes si los abuelos se mudaron primero o tu mamá y tu papá se mudaron
primero?
FM: No sé quién se mudó primero.
ML: ¿Quién trabajaba en tu familia, tu mamá o tu papá?
FM: Mi papá.
ML: ¿Sabes en qué?
FM: Sí, mi papá cuando yo era niño, vivíamos en Ciudad Juárez trabajaba en
frente de la casa de nosotros, había una pescadería, un lugar donde venden mariscos y ese

�Juan Fernando Soto Martinez
señor tenía también restaurantes, tiene restaurantes, y creo que él era uno de los
principales importadores de mariscos entre Ciudad Juárez, Chihuahua y El Paso, Texas.
En eso trabajó mi papá. También trabajó en alumbrado público, en el servicio público de
electricidad de la ciudad. Y por un corto momento fue policía en Ciudad Juárez. Pero
bueno, la situación en México es diferente, esa carrera no le satisfizo en términos
personales.
ML: Así que ellos fueron por el boom económico de Ciudad Juárez, pero no es
que trabajaron en las maquiladoras.
FM: No.
ML: Trabajaron en otras industrias. Y vos empezaste la escuela entonces en
Ciudad Juárez.
FM: Sí, empecé la escuela en Ciudad Juárez. Mis padres trabajaron en industrias
no relacionadas con las fábricas, pero mis tíos y mis tías ellos sí trabajaron en fábricas
maquiladoras. Los hombres de la familia de mi papá trabajaron para Coca Cola por un
largo tiempo. Y me recuerdo que me llevaban a las headquarters de Coca Cola y ahí
tenían un almacén enorme lleno de juguetes que promocionaban Coca Cola, todo tenía
Coca Cola, el osito polar de Coca Cola y hacían festivales grandes. Entonces, las
maquiladoras estaban intentando abarcar más el mercado mexicano y así tener contacto
con la comunidad local.
ML: Comprando el interés de los chicos con los juguetitos.
FM: Sí. [Risas]
ML: Tu mami trabajaba.
FM: Trabajó previamente como secretaria, pero mi madre siempre, la mayor

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parte, se ha dedicado a criarnos, a ser ama de casa. Tengo dos hermanos más que
nacieron acá. Casi todos nos llevamos cuatro años, así es que en lo que ya uno estaba
suficiente grande nació el otro, entonces ya quedábamos en casa.
ML: Estaba bien chiqueado uno entonces recién venía el otro.
FM: [Risas] Sí.
ML: Tiempo de chiquear a cada uno. Empezaste la escuela allí, así que tu proceso
de alfabetización empezó en español básicamente.
FM: Sí.
ML: Empezaste a leer y escribir en español. ¿Sabés por qué tu familia decidió
venir a Estados Unidos?
FM: Sí. En el cambio del siglo se empezó la guerra contra las drogas y Ciudad
Juárez en un momento, en ese momento, empezó a ser uno de los lugares más violentos
del mundo, e inclusive llegó a ser el lugar más violento del mundo, fuera de una zona de
guerra. Recuerdo yo aún muy claramente que había campañas de televisión por parte de
agencias, por parte de todo tipo de organizaciones que estaba previniendo al público
sobre cómo protegerse del narcotráfico, de la violencia. La violencia que empezó contra
las mujeres primero y recuerdo que --. Nosotros íbamos al Paso, Texas, cada fin de
semana, a ir de compras, de paseo, nomás para relajar. Y recuerdo en algún momento que
pusieron una cruz en una madera de plywood rosa y la cruz estaba hecha de cuchillos y
cada cuchillo representaba una mujer que había sido asesinada por la violencia. Y
eventualmente esa violencia incrementó a ser mujeres y niños. Recuerdo escuchar
historias horribles de la violencia de lo que sucedía con niños, que los encontraban en
basureros o mujeres que las encontraban al lado de la calle y por esa razón decidieron mis

�Juan Fernando Soto Martinez

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padres, al igual que miles de juarenses de buscar otro lugar donde vivir más seguro.
ML: Vos decís que tus papás se cruzaban a Ciudad Juárez todo el tiempo, ¿tenían
papeles para cruzarse a Ciudad Juárez o era porque la frontera estaba más abierta en ese
momento?
FM: No, teníamos que tener visa. So, teníamos visa de turistas y cruzábamos
seguido.
ML: ¿Cómo se vinieron a Estados Unidos? ¿Con qué estatus legal se vinieron a
Estados Unidos?
FM: Mi padre empezó a trabajar en Estados Unidos en el 98, cuando mi hermana
nació y él era uno de esos migrantes que venía, trabajaba una temporada, se regresaba a
México y eventualmente creo que un gran amigo le dijo, “Vamos para Charleston a ver
cómo está el trabajo.” En el 2001 encontró él un trabajo que desde entonces ha estado ahí
y nos íbamos a venir ese mismo año, 2001, pero pasó 9/11, entonces todo el proceso de
inmigración se detuvo por un momento y cuando empezó otra vez comenzó más lento,
más riguroso y nos mudamos aquí en el 2002.
ML: ¿Tu papi había empezado a viajar a aquí y qué trabajo venía a hacer tu papá
cuando venía por temporada?
FM: Él hacía de todo. Creo que vivió en California por un rato, trabajaba en las
yardas. Creo que me contaba que trabajaba en una fábrica donde hacían kétchup, por un
momento. Trabajaba en diferentes cosas. No recuerdo muy bien todos los lugares que ha
vivido. Pero sí vivió en diferentes partes de California y Texas.
ML: ¿Cómo era para vos de chiquito que tu papá se fuera y que volviera? ¿Cómo
vivías eso?

�Juan Fernando Soto Martinez

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FM: Creo que era un poco difícil de entender porque yo veía a mi papá --. Bueno,
a mí el tiempo se me hacía cortísimo cuando él estaba en casa. Cuando él se iba se me
hacía infinito. Entonces, al tener más familia cerca ayudaba a suplementar la ausencia de
mi papá, pero al igual siempre todo el mundo me recordó que él estaba haciendo eso por
el bienestar mío y de mi mamá, y eventualmente de mi hermana. Gracias a Dios nunca
nos faltó nada, pero sí, aún estaba muy pequeño creo yo, para recordar exactamente.
ML: Pero te acuerdas de alguna reunión con tu papá, algún momento que haya
vuelto, alguna cosa en tu memoria de estos reencuentros.
FM: No necesariamente alguna memoria de un reencuentro, porque creo que para
mí, no entendía yo el concepto de dos naciones. Creo que para mí era todo como --,
podíamos ir y venir a cualquier lugar como si nada y él nomás estaba trabajando y
regresaba. Y no fue hasta mucho más tarde que nos mudamos acá que entendí el concepto
de la frontera y de la división y el concepto del tiempo también. Pero en realidad no
recuerdo.
ML: ¿Y te acuerdas de tu mamá en esa época cuando se tenía que quedar contigo
y con tu hermanita solos?
FM: Sí, claro, mi mamá nos cuidó, nos crió. Para todos lados íbamos con mi
madre. Tuvimos la fortuna de que mi abuela paterna, la mamá de mi papá, vivía a unas
casas de con nosotros, entonces también pasamos un gran tiempo con ella. Mis otros
abuelos vivían, no sé exactamente en concepto de tiempo ahora, qué tan lejos vivían, pero
vivían dentro de Ciudad Juárez. So, nos íbamos en el camión a visitarlos y mi madre
siempre estaba con nosotros.
ML: Y vos decís que como chiquito no tenías idea de frontera, no tenías idea de

�Juan Fernando Soto Martinez
dos naciones, solamente de este ritmo de que tu papá se iba y volvía. Cuando tu papá
viene para Charleston y decide probar suerte en Charleston y quedarse aquí, ¿Cómo fue
que vos supiste como niño, que te venías a vivir a Charleston? ¿Supiste o no?
FM: No. yo recuerdo que me dijeron que íbamos a venir a visitar a mi papá.
Entonces, eso creo que nunca revisité ese tema o esa etapa de mi vida hasta hace unos
años, que empecé a darme cuenta de quién soy yo mismo, y de cómo caigo en esta
sociedad. Y me dijeron cuando tenía siete años que íbamos a venir a visitar a mi papá
entonces nos subimos en el camión. Le dije adiós a nuestra familia que estaba allá
pensando que íbamos a regresar, porque todo dejamos ahí. Solo nos trajimos algunas
maletas y todo se quedó. Y no fue hasta que pasó una semana, dos semanas, un mes, dos
meses, entramos a la escuela aquí, y pasó todo un año entero que empecé a entender que
esto era para más largo. Pero inclusive por años, hasta como sexto, séptimo grado, yo
pensé que íbamos a regresar aún. Y nunca me pasó por mi mente, hasta como a los
quince años que no, ya eso era solo una memoria, era una fantasía mía aún querer volver
regresar pero que ya no se iba a realizar eso.
ML: ¿Cómo fue el viaje?
FM: Largo. Yo recuerdo que cruzamos la frontera y nos subimos a un autobús de
Greyhound.
ML: Yo nunca he estado en Ciudad Juárez y El Paso. Cuando decís cruzamos la
frontera, ¿me puedes dibujar, pintar cómo es cruzar la frontera?
FM: Sí, hay dos puentes principales que te llevan al Paso y viceversa, a Ciudad
Juárez. Y nosotros entramos por un puente con visa de turista, porque la teníamos desde
siempre, que yo me acuerdo. Nomás recuerdo como cualquier otro fin de semana que

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�Juan Fernando Soto Martinez

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fuimos al Paso, nos pusimos en línea, estábamos esperando en la garita, en la aduana, que
nos tomaran nuestras huellas, de vez en cuando tomaban una foto, quizás te checaban tu
maleta, a dónde vas, te pasaban y llegamos al centro del Paso donde estaba el Greyhound.
Nos subimos al Greyhound y en camino para Charleston. Pero ese camino creo que duró
como tres días.
ML: ¿Y eran tu mamá, tú y tu hermanita?
FM: Sí, y primero pasamos a Dallas porque ahí vivía un hermano menor de mi
papá y pasamos con él un día y ya seguimos nuestra trayectoria a Charleston. Y no
recuerdo si él vino con nosotros o no en ese momento, pero eventualmente él llegó aquí.
ML: ¿Y tu papá los estaba esperando?
FM: Aquí en Charleston.
ML: ¿Tienes idea cómo llegó específicamente? ¿Ya estaba en Johns Island tu
papá?
FM: Sí, mi papá siempre llegó a Johns Island y desde ese entonces no ha salido de
ahí.
ML: ¿Él te ha contado cómo [Risas] fue que llegó a Johns Island? ¿Por qué Johns
Island y no North Charleston o Goose Creek o alguna otra ciudad?
FM: Mi papá también nació en Durango, pero creció en Coahuila donde conoció a
mi madre, en San Pedro. Él tenía un amigo que fue quien le recomendó que viniera a
Charleston a probar suerte, y ya estando acá se dio la casualidad de que ese amigo estaba
hablando de otros dos amigos con los que iban a vivir, y se dio la casualidad de que esas
dos personas eran vecinos de los padres de mi papá en algún tiempo. Vivían en la misma
colonia. Y ellos vivían en Johns Island desde los 90, creo, entonces así se dio. Todo fue

�Juan Fernando Soto Martinez

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como que cayó perfecto para él.
ML: ¿Puedes decir qué familia es la familia que vive en Johns Island también?
FM: Sí, la familia Cárdenas. Mario Cárdenas ahora es diácono para la diócesis de
Charleston y María Cárdenas, Lupita, como la conocemos, es también muy involucrada
en la parroquia de Holy Spirit.
ML: Así que ellos eran los conocidos de tu papi de allá del pueblo. Entonces, te
subiste en el bus con tu mamá. llegaste a Charleston y ¿qué te pareció Johns Island
cuando llegaste?
FM: Cuando llegué, nosotros llegamos de la estación de Greyhound, que está en
North Charleston, nos subimos a una van y esa van nos llevó hasta la casa donde estaba
mi papá en Johns Island, y en Johns Island hay un aeropuerto, y llegamos de noche. Y yo
recuerdo todo --, a todo el mundo le cuento eso porque me parece gracioso ahora que soy
grande – que ese aeropuerto tiene lucecitas prendidas en la noche y yo me recuerdo
haberle dicho a mi hermanita, le digo, “Mira, mira, mira, ahí va a haber un baile, va a
haber un baile,” porque había luces por todos lados de diferentes colores.
Y recuerdo que por mucho tiempo veía esas lucecitas en la noche, yo no me daba
cuenta de que era un aeropuerto, hasta ya que estaba mucho más grande y siempre pensé
que ahí iba a haber algún baile, alguna fiesta. Pero me pareció muy diferente. Ciudad
Juárez es una población enorme, tiene creo que más de un millón de personas. Johns
Island en el 2002 cuando nosotros llegamos, casi no vivía gente ahí. Y había muchos
árboles, había vacas, había granjas por todos lados, y algo que no estaba acostumbrado yo
para nada, mosquitos. Era horrible tener que estar en el verano, la humedad. En Ciudad
Juárez la humedad no existe, es parte del desierto. Está muy, muy caliente o muy, muy

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frío, pero cero de humedad. So, fue un ajuste que creo que todavía estoy tratando de
ajustarme al clima. Pero se convirtió en mi hogar y Johns Island para mí siempre va a
tener un lugar muy especial.
ML: ¿En qué parte de la isla se acomodó tu familia?
FM: Cuando vivimos con ellos, vivimos en River Road, como a mediación de la
isla y de ahí nos mudamos para Betsy Kerrison, que está casi pegado con Seabrook y
Kiawah. Y luego de ahí nos volvimos a mudar otra vez para una callecita que se llama
Brian [Stary 00:19:26] que viene a dar con River Road otra vez y ya eventualmente a
donde están mis padres ahora, cerca de Edenvale. So, siempre nos hemos mantenido casi
en el centro de Johns Island.
ML: Tenías siete años, ¿te acuerdas en qué mes llegó tu familia aquí?
FM: Sí, me recuerdo porque es una fecha muy especial. Bueno, la he hecho una
fecha muy especial porque hace algunos años que ya me di cuenta que nunca vamos a
regresar para México y cómo fue ese cambio de vida para mí, decidí que ahora soy parte
de Estados Unidos y este es mi nuevo hogar. Llegamos el 4 de julio y por eso había
muchas luces y cuetes y por todos lados, que yo pensaba que iba a ser un baile en el
aeropuerto. Y esa es la independencia de los Estados Unidos y yo lo tomo como el día de
la liberación de mi familia del poder ser libres de que yo esté aquí y pueda ser periodista,
pueda decir lo que yo quiera decir, informar de lo que quiera informar, sin temer las
razones por las cuales dejamos México. 4 de julio.
ML: Quiere decir que casi enseguida empezaste a ir a la escuela.
FM: Sí.
ML: ¿Cuál fue tu primera escuela?

�Juan Fernando Soto Martinez

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FM: Mt Zion Elementary School. María Cárdenas estaba muy involucrada con Mt
Zion y la comunidad y de ahí ingresé a summer camp, las últimas dos semanas de
summer camp. Y ya después de ahí mi mamá me inscribió para empezar las clases en
agosto.
ML: ¿Cómo fue para un chico de Ciudad Juárez, un chico de ciudad, ir a una
escuela rural, ir a una escuela en inglés?
FM: Fue diferente pero no tanto, porque había otros --, bueno, en ese summer
camp, en esos campamentos de verano, había otros alumnos hispanos que también sus
padres venían por temporadas a trabajar en el tomate, en Johns Island, y recuerdo
específicamente un paseo que tuvimos a un parque, no sé si era Wannamaker Park, pero
me imagino. En ese entonces yo nomás – nos subimos a un autobús, fuimos súper lejos,
vi puentes por todos lados y llegamos a un parque de agua.
Y yo me acuerdo de un niño que se hizo mi amigo, pero no recuerdo su nombre.
Él hablaba español y él me traducía para todas las cosas. Y cuando empecé tercer grado,
no sé, yo nomás me sentaba en la clase y escuchaba. Pero no sé si fue el vivir en la
frontera, yo no hablaba inglés, pero no sé si vivir en la frontera y visitar El Paso y quizás
escuchar, no necesariamente que yo estaba memorizando las palabras de la gente, pero el
haber escuchado el inglés antes, yo siento como que yo sabía lo que estaba pasando,
entendía. En tercer grado yo fui como terrific kid, era alumno perfecto. Tenía las
calificaciones más altas de ciencia y de matemáticas. Tenía tutoras de inglés y asistía a
ESOL entonces yo me recuerdo que era un año donde casi me quedé tímido, callado y ya
en cuarto y quinto grado fue cuando empecé a desarrollar más mi inglés verbalmente y
entender. Pero fue un año difícil. Mi hermana apenas empezaba el CD [Child

�Juan Fernando Soto Martinez

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Development] y ella estaba muy apegada a mi mamá. So, por unos dos meses ella lloraba,
lloraba todos los días y me sacaban a mí del salón para ir a consolarla.
Y en esos tres años yo y mi hermana hicimos un bond muy lindo. Nosotros somos
muy pegados, inclusive en estos momentos vivimos juntos. Ella vive con su esposo, ya
tiene una niña, pero vivimos juntos. Y siempre hemos tenido el respaldo el uno al otro.
Las personas nos hacían bullying, los otros alumnos, porque no sabíamos inglés, por
muchas diferentes razones, inclusive nos tuvieron que sacar de subirnos del autobús
porque nos hacían bullying, casi todos los días nos pegaban, etc. Y me recuerdo que mi
hermanita me defendía, ella era más pequeña que yo, me defendía de los bullies. So, en
ese término fue difícil. Tengo una memoria de una persona que fue muy amable conmigo,
para todo me ayudaba. Él habla inglés, yo hablo solamente en español, pero él me
ayudaba y me trataba de defender.
ML: ¿Era un compañero?
FM: Sí, un compañero. So, él hizo una marca positiva en mi vida. Ahora, ya de
adultos él no tuvo tan buen camino, pero yo lo recuerdo como una persona buena.
ML: En ese momento fue importante vos. ¿Quiénes fueron las personas
importantes en la escuela para vos? Estaban los bullies, ¿quién fue, además de tu
hermana, el soporte que tuviste o que no tuviste en la escuela en ese momento?
FM: El soporte, mi maestra de tercer grado, Miss [Bunnel 00:25:35], que también
vive en Johns Island, y la acabo de ver hace unos años de casualidad, y nurse Abby, Abby
Beckford. No sé, son unos ángeles, porque ellas fueron más allá de su labor, de su trabajo
de maestras y de enfermeras, dentro de sus horas laborales de ocho a cinco, para
asegurarse de que yo y mi hermana estuviéramos bien. Y eso me da emoción,

�Juan Fernando Soto Martinez

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sentimiento, cada vez que lo recuerdo porque eso fue tan importante.
No teníamos absolutamente nada ni nadie más y creo que si no haya sido por
ellas, no fuera la persona que soy ahora, no hubiera tenido las oportunidades que tuve en
tercero, cuarto y quinto grado para ser la persona que soy ahora. Mi maestra de cuarto,
Miss Kimberley [Ininteligible 00:26:34] y mi maestra de quinto, Miss [Ininteligible
00:26:38], siempre fueron personas que me apoyaron incondicionalmente. Y creo que a
ellas les agradezco todo y les debo todo de darme esa fuerza de creer en mí, de que yo sí
puedo ser alguien, puedo lograr algo.
ML: ¿Te acuerdas si ustedes tenían algún tipo de reclamo con tu mamá y tu papá
por estar aquí en Charleston?
FM: En algún momento, como entrando en la adolescencia.
ML: Cuando recién llegaste no, cuando eras chiquitito no.
FM: No. como te digo, yo en mi mente pensaba que íbamos a regresar.
ML: Estoy pensando en el camino de inmigración de tu familia, que de Coahuila
se fueron moviendo a Ciudad Juárez. ¿La familia se siguió moviendo también a Estados
Unidos?
FM: Sí.
ML: Más primos o más tíos vinieron con ustedes también.
FM: Eventualmente, un hermano de mi papá se mudó para Johns Island, y él
ahora ya trajo toda su familia, vive en Johns Island. Y otro hermano intentó, pero no le
gustó y se regresó a México. Por parte de mi madre, primas y tías se han mudado para
diferentes estados de los Estados Unidos. La familia de mi mamá es enorme. Yo recuerdo
cuando estábamos en México hacíamos reuniones y se juntaban como cientos de

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personas, a mí se me figuraba. De hecho, ya celebran una reunión familiar en México y
tenemos una página de Facebook donde todo el mundo que esté relacionado con nosotros
le puede dar like y tiene como 1200 likes.
So, hacen una reunión de como trescientas personas en un ranchito en México.
Entonces, sí tiene familia por todo México y por todo Estados Unidos. De parte de mi
padre, su papá biológico lo dejó cuando tenía como tres años y él estuvo en su vida como
hasta los quince. Y ya después de ahí no supo nada. Y creo que el reclamo que he tenido
yo hasta recientemente ha sido con su padre. No con mi papá ni con mi mamá, porque yo
entiendo ahora el sacrificio que ellos hicieron, pero sí el reclamo con mi abuelo y jamás
lo llamo abuelo.
Él se mudó para Texas y empezó otra familia. Cuando yo estaba en la universidad
tuve un trabajo donde podía buscar a personas e información de cierta gente y por meses
tenía esa espinita de buscarlo a él, y sabía muy poco de él, y un día lo hice y lo encontré.
Le pasé esa información a mi mamá y lo llamamos y contestó su esposa, tenía otra hija.
Fue un drama breve y eventualmente ya reconoció que mi papá sí era su hijo, etc., pero
nunca quise tener yo esa relación con él por ese rencor y reclamo, no remordimiento,
pero si rencor y reclamo hacia él. Porque creo que si él haiga estado presente en la vida
de mi padre, no hubiese sucedido todo esto, tantas cosas. Estoy agradecido, no es una
vida fea, no hemos tenido una vida horrible, pero sí ha sido una vida dura como
inmigrante y tener que establecer tus raíces de nuevo por completo.
ML: Recién me hablabas de la gente que fue tu soporte en la escuela y me hablas
de los Cárdenas, como amigos de tu familia. ¿Qué tan importante fue la iglesia católica,
la parroquia, cuando eras un niñito y cuando eras un adolescente?

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FM: Fue importante creo que como en la adolescencia, cuando recién llegamos no
había misa en español todos los domingos. Era una vez al mes en una iglesia pequeñita,
lo que era antes Holy Spirit, que ahora son los vecinos de Habitat [for Humanity] Johns
Island, y era una vez al mes y nuestra comunidad latina era pequeñita. Cabíamos en ese
cuartito de iglesia y sí, yo siempre le digo a todo el mundo que la comunidad de la isla,
como la llamamos, es muy unida porque creo que todos hemos crecido juntos. Ahora ya
todos estamos grandes, hay más pequeños y ya todos han hecho su vida, pero creo que los
padres de nosotros continúan viviendo ahí, y la comunidad sigue creciendo. Y ahora la
población en total en Johns Island es enorme, pero la población hispana se hace presencia
ahí.
ML: Puede ser que leí que fuiste a Nativity.
FM: Sí.
ML: ¿Por qué tus papás te sacaron de Mt Zion y fuiste a Nativity, sabes?
FM: Porque todo el mundo decía que Haut Gap y St Johns no eran buenas
escuelas.
ML: Y todo el mundo quiere decir --. ¿Quién es todo el mundo?
FM: Como las amistades de mis padres, las personas de la iglesia, algunas
personas que eran voluntarias en Mt Zion que se preocupaban por mí decían, “No, él
tiene mejor futuro que vaya a otra escuela a que fuera a Haut Gap o St Johns. Y mis
padres decidieron sacarme de ahí. Nosotros nos íbamos a mudar de regreso a México, ya
estábamos listos para regresarnos a México en el 2006, y empezamos otra vez el año
escolar en Nativity. Yo en sexto grado y mi hermana creo que, en segundo, y tuvimos una
beca por parte de la iglesia, porque íbamos a la iglesia en español seguido desde que

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llegamos. Y ahí empezamos una beca cuando yo estaba en sexto grado.
ML: ¿Y eso fue otro ajuste?
FM: No, creo que ahí me sentí un poco más cómodo porque ahí no sufrí de
bullying y bueno, yo ya había crecido en la fe católica, so, no era nada nuevo para mí. Y
mi inglés en ese entonces ya había mejorado bastante. Nosotros cuando llegamos aquí
también recibimos mucha ayuda de Our Lady of Mercy. Sister Mary Joseph, otra persona
que nos ayudó inmensamente en todo momento, fue gran parte de nuestros logros y mi
mamá empezó a ser voluntaria cuando estaba en middle school, y ahí conoció a otra
voluntaria, Ruth Baker, y esa señora le decía a mi mamá, “Oh, yo quiero conocer a tus
hijos, yo quiero conocer tu familia,” y ya mi mamá un día, así como si nada dijo, “Okay,
la puedes conocer.”
So, nos introdujo a esta señora y su esposo y ellos empezaron a preguntar sobre
nosotros. Nosotros nos íbamos a regresar a México y ellos dijeron, “Ustedes no pueden
regresarse ahí. La violencia ahí no ha parado, no tienen oportunidades. Tus hijos están
educados en escuela pública, son bien educados, etc.” Y ofrecieron empezar a pagar la
colegiatura mía y de mi hermana en la escuela privada. Y desde entonces he tenido esa
suerte, esa fortuna de estudiar en colegios privados para poder llegar a este momento.
ML: ¿Qué trajo me dijiste que hacía tu papi en la isla?
FM: Landscaping. Trabajaba en Golf Club en Briar’s Creek.
ML: Y me decís que todavía sigue haciendo --.
FM: Todavía sigue.
ML: ¿Y el trabajo de landscaping lo hacen solamente en la isla o una empresa que
sale fuera de la isla a trabajar?

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FM: Es un campo de golf privado dentro de la isla y nomás hacen trabajo ahí.
Cortan greens.
ML: ¿Y después de Nativity fuiste a otra escuela privada, verdad?
FM: Sí, tenía la opción de ir a Bishop England o Charleston Collegiate y Bishop
England quedaba muy lejos de Johns Island, so, tenía que levantarme muy temprano. Los
hijos de los Cárdenas iban a Bishop England y tenían que levantarse como a las cinco de
la mañana y dije, eso no es lo que voy a hacer yo. Entonces, fui a Charleston Collegiate
que me podía levantar a las siete y media y llegaba a la escuela a tiempo.
ML: ¿Fue muy diferente la experiencia de esa escuela a un high school común en
St Johns, por ejemplo?
FM: La diferencia es que son clases pequeñísimas. Yo tuve la clase más grande
por mucho tiempo en esa escuela, que fue de treinta y dos alumnos, entonces mis clases
eran como de ocho personas y creo que eso es la diferencia entre la forma en que yo me
eduqué, de que tenía más atención con los maestros a comparación de algunas amistades
que tenían treinta alumnos en solo un salón de clases. Entonces, tenía más ayuda
individualmente.
ML: ¿Tenías amigos que estaban en la escuela pública?
FM: Sí.
ML: ¿Qué te contaban?
FM: Creo que poco a poco se fue rompiendo esas amistades porque ya en ese
momento, le cuento a mis amistades ahora, les digo, en ese momento yo era demasiado
mexicano para ser americano, pero demasiado americano para ser mexicano. Y creo que
había un estereotipo todavía aún de que porque yo iba a escuela privada yo me creía

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como una persona blanca, o porque mi forma de hablar era diferente, lo que yo pensaba
que era una manera educada, la gente me empezaba a decir que yo hablaba como una
persona blanca. Entonces, se fue separando esa amistad.
Yo iba a campamentos durante el verano. Tuve la oportunidad de ir a un
campamento en Nueva York por todo un verano y de hacer diferentes experiencias, que
no necesariamente se dan en una escuela pública. Entonces eso fue muy rápidamente
como el quiebre entre yo, como persona, como niño de escuela, y el resto de la
comunidad. Y eso es algo que sí me da un poco como de dolor y de rencor, porque yo
siempre he ayudado a la comunidad.
En mi infancia creciendo aquí en Charleston, yo recuerdo que yo traducía para
todo el mundo y yo traducía para cosas traumáticas, casos de violencia doméstica, cosas
que un niño de ocho o diez años no debe de traducir. Y entonces, cuando empecé a ir a
escuelas privadas, que se empezó a separar todo el resto de mis amistades que tenía de
todo el mundo que me conocía, me fui aislando como entre yo solo. Pero ahora ya de
grande ya se me pasó y ya.
ML: ¿Cómo es que un chiquito pequeño termina traduciendo para estas
situaciones para las que un chico no está preparado para lidiar todavía?
FM: Eso me pregunto aún yo porque recuerdo tres experiencias traumáticas. Una,
nuestros vecinos en una ocasión, eran todos hermanos, dos hermanas y un hermano, y
ellas eran muy amables con nosotros y me cuidaban a mí y a mi hermana de vez en
cuando, y teníamos los vecinos al lado izquierdo que les gustaba el relajo, etc. Tenían
otras personas que venían, salían, igual amables, y un día uno de sus amistades de los
vecinos de la izquierda, tomaron demasiado y le gustaba una de las vecinas de la otra

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casa, que ellas no son personas provocadoras.
Se quedaron en su casa, ellas son cristianas, personas religiosas. Y un día [golpea
la mesa] bien recio en la puerta de nosotros, “Llamen a la policía, llamen a la policía que
se quieren llevar – le voy a poner otro nombre – a Lupe.” “¿Cómo que se quieren llevar a
Lupe?” “Sí, el amigo de los vecinos del otro lado anda tomado, está viniendo acá,” y yo
me quedé así en shock. Nadie más hablaba inglés y alguien tenía que llamar al 911. Y de
repente viene otra persona que, “Oh, su hermano ya agarró un machete.”
En ese momento yo llamé al 911, me recuerdo que me paniqueé. Mi hermana
estaba paniqueando, mis padres creo que se habían descuidado de nosotros en ese
momento inmediato porque fueron a tratar de ver cómo podían ayudar. Y me peleé con
mi hermana por un segundo, creo que le jalé el pelo de la desesperación en ese momento.
Y llamo al 911, les traduzco y yo veo por la ventana de la cocina que la vecina, la que se
querían llevar, Lupe, estaba pegando en el vidrio de su recámara. Y este hombre la
jaloneó.
Eventualmente su hermano lo agarró con el lado plano del machete y lo golpeó
varias veces. Él salió corriendo a su troca y la remangó a todo lo que daba al carro de ella
y a la traila donde vivían ellos. Y eventualmente se echó de reversa y se fue, se dio a la
fuga y ya nadie más escuchó de él. Teníamos otro vecino, varias trailas más delante, que
tenía diabetes, él había perdido casi su vista, veía borroso y su esposa, no sé, no me
quiero meter en su vida personal privada, pero no cuidaba suficientemente de él y lo
dejaba por muchas horas solos y los vecinos iban y checaban a él y le daban de comer y
le ayudaban a tomar sus medicamentos.
Y un fin de semana, nadie sabía que él estaba ahí solo y al no poder ver tomó el

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medicamento incorrecto y se estaba intoxicando y una vecina fue y lo encontró
inconsciente y corrió hacia nosotros para que yo llamara al 911. Llegaron los
paramédicos y los paramédicos le preguntaron a mi papá que si estaba bien que si él y yo
nos subiéramos a la ambulancia con el vecino para traducir. Y esa fue una experiencia
horrible que no se me va a olvidar, porque era tanto que le tenían que hacer y poner
máquinas y tratar --.
ML: ¿Cuántos años tenías?
FM: Ahí tenía como diez, once años. Así igual viví varias experiencias donde,
bueno, nuestra comunidad no era grande y los únicos que hablaban inglés eran los hijos.
ML: Vos me contaste una vez que una de las cosas que te había preocupado
yendo a la universidad, ¿puedes decir en qué universidad fuiste?
FM: Spring Hill College.
ML: Ya me vas a contar cómo fue que llegaste ahí, pero una de las cosas que te
había preocupado de estar en la universidad era que esta ayuda que vos le brindabas a tu
familia, no iba a estar ahí.
FM: Sí, creo que cuando creces en este ciclo no te das cuenta. Como desde que
llegamos aquí que tenía yo siete años, esa fue mi responsabilidad. Yo en mi mente creo
que me hice de esa idea, de que así era todo el mundo y esa era mi responsabilidad de ser
una persona que traducía, que ayudaba a mis padres y a quién me dijera. Yo pensé que
todo el mundo hacía eso. Cuando me fui a la universidad en otro estado, en Alabama, era
la primera vez que me separaba de mi comunidad, de mi familia, por un año entero.
Me había separado de ellos por un verano mientras estaba en campamento. Y fue
una ansiedad que sentía yo dentro de mí mismo porque ahora no estaba y en un

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campamento, yo estaba lejos, viviendo en otro lugar, doce horas de lejos, y yo sabía que
había cosas que arreglar. Yo sabía que había que ayudar y no podía y al tener que hablar
con mis padres o con mi hermana y saber de problemas, me incrementó esa ansiedad de
que no puedo hacer nada por ustedes. Yo sé que se ocupa esto, pero estoy en otro estado
que no puedo ayudar. No es como si puedo tomar un carro y en una hora estoy ahí.
Entonces, eso fue difícil.
ML: Cuando vos conversabas con tu mamá y tu papá te enterabas de las cosas que
estaban pasando acá, y es como que, hoy yo podría estar haciendo a, b y c y no lo hago
porque estoy lejos.
FM: No creo que mi papá y mi mamá lo hacían a propósito. Creo que es como los
latinos, en conversación regular de que, “Oh, deja te cuento lo que pasó con esto y esto y
esto y esto,” pero la diferencia es que cuando estás acá con ellos, tú puedes contribuir de
cualquier manera, y de lejos no se puede hacer eso. y ellos no me hablaban para
necesariamente que querían que yo arreglara algo, pero yo sentía esa responsabilidad, esa
ansiedad de que yo tengo que hacer esto y no podía.
ML: ¿Cómo fue tu decisión de irte a la universidad? ¿Cómo te preparaste, quién
te ayudó?
FM: Esas personas que mi mamá nos introdujo cuando yo estaba en sexto, yo
nunca pensé que iba a ir a la universidad.
ML: ¿Por qué no?
FM: Nunca se me dio la idea. Mis padres no fueron a la universidad, no fue algo
con lo que crecí yo en mi hogar, que tienes que ir a la universidad, porque yo soy el
mayor. Mis hermanos ahora ellos sí tienen eso inculcado en ellos, que ellos tienen que ir

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a la universidad. Y estas personas que conocimos les dijeron a mis padres que yo iba a ir
a la universidad. Apliqué para el SAT, mi junior year y ya mi senior year apliqué para
una escuela en norte Carolina. Estas personas dijeron, “Nosotros tenemos un amigo que
está en el board de Sping Hill College,” y yo dudé porque dije, es Alabama, en este
tiempo en el 2012 el clima político también no era tan bueno. Había leyes como la de
Arizona.
ML: Era horrible.
FM: Sí, te podían detener y preguntar sobre tus documentos. Nosotros estábamos
con visa de turistas así que en ese momento yo no tenía documentos. Mi visa se había
expirado cuando tenía 15 años. Y dije, “No, Alabama no, ni siquiera es una opción. Yo
ya apliqué a esta escuela, mandé el depósito, ya voy a ir ahí. Está a cuatro horas de aquí
por si algo pasa, cuatro horas no es nada.” “No, ve chécalo a ver si te gusta.” Tomé un
vuelo, visité un lunes, toqué tierra en ese campus y me enamoré de esa universidad. Se
sintió inmediatamente como si fuera mi hogar. Y así decidí, regresé el martes, llamé a la
otra universidad y dije, “Sorry, no puedo ir.” Apliqué a Spring Hill. Metí mi depósito y
en agosto comencé.
ML: ¿Cuándo fue que hiciste tus papeles? ¿Ya habías entrado en la universidad
cuando empezaste el proceso de los –
FM: No, yo me gradué de high school de diecisiete años y no puedo aplicar a
nada porque no era mayor de edad y en ese entonces no había nada. Hasta en mediación
de 2012 que la administración del Presidente Obama anunció el programa de DACA y ya
después de ahí me tuve que esperar a cumplir los dieciocho, que era en diciembre. So, mi
primer semestre estuve indocumentado en Alabama, y de hecho en el primer mes que

�Juan Fernando Soto Martinez

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estuve en Alabama tuve una experiencia horrible, mi primera experiencia negativa con un
oficial.
Porque todas mis experiencias en Charleston habían sido que cuando yo tenía que
llamar al 911, si llegaban bomberos y llegaban policías y llegaban paramédicos, ellos
estaban aquí para ayudarme. Y en ningún momento viviendo en Charleston y en esas
ocasiones donde tuve que llamar al 911, me sentí yo como que estaba mi vida en peligro
en frente de estos servidores públicos. Ellos me habían tratado de lo mejor y nos habían
ayudado en parte de nuestra comunidad. Y yo había escuchado noticias que en Arizona
los policías no son buenos, que esto y que el otro, pero nunca me había pasado.
Y me pasó eso en Alabama el primer mes. Íbamos mis amigos nuevos y yo a la
playa, una amiga iba manejando su carro. Iba yo del lado detrás y un policía se regresa,
hace una vuelta u, se regresa, nos detiene. Según nos detuvo porque íbamos diez millas
por hora en exceso de velocidad. Nos dio un ticket dentro de diez, quince minutos, y los
cuarenta y cinco minutos que prosiguieron fue interrogar a cada persona dentro del carro.
Éramos cinco personas en total. Y sacaron a todos menos a mí del carro. Uno de
los oficiales vino contra mí y me dijo, “¿Tienes drogas, algo ilegal, un arma?” Le digo,
“No, vamos a la playa. Tengo unas botellas de agua, mi toalla y como vengo vestido.” “Si
esculcamos este carro y encontramos alguna droga todos se van a ir a la cárcel. ¿Estás
entendiendo eso?” “Si la dueña del carro te da permiso de buscar dentro del carro, tú
puedes hacer lo que quieras. No vas a encontrar nada en mi persona y no creo que
tampoco de ellos.” Y ella dijo, “Sí, puedes buscar tu mi carro si quieres.”
Él se fue, su compañero que estaba en ese mismo carro, siguió interrogando y
preguntó, “¿De dónde eres?” Y ya pues, “He vivido aquí siempre, so, a todo el mundo le

�Juan Fernando Soto Martinez

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digo de Charleston,” especialmente en college cuando todo el mundo dice, “¿De dónde
eres?” No me preguntan dónde naciste, me preguntan de qué estado vienes. So, yo, “De
Charleston.” Dijo, “No, no, no, tu apellido, ¿de dónde es tu familia?” “Oh, somos de
México.” “Tu identificación.” No tenía papeles, la única identificación que tenía era la
identificación que te da la escuela, que era la foto mía, Juan Soto, mi primer nombre es
Juan, pero yo me voy por Fernando, y decía Spring Hill College y una foto del college.
Y dijo, “¿Por qué no tienes identificación?” “Oh, no la he sacado.” “Cuando
regreses a Carolina del Sur es lo primero que tienes que hacer.” So, después de una hora a
estar en el calor, que nos estaban gritando, el oficial que me pidió mi identificación me
dijo, “¿Alguien tiene alguna otra pregunta?” Y le dije, “Sí, yo tengo una.” Y yo, mi vos
temblando, y él dijo, “¿Tú vas a ser el asshole que nos va a mantener aquí otra hora en el
calor?” “No, es una pregunta breve. ¿Por qué nos detuvieron? ¿Porque íbamos a exceso
de velocidad?” “No, en realidad, se le hizo sospechoso a mi compañero de que tu venías
en el carro con ellos.”
Y en ese momento, se frizó todo el mundo y sentí – ni te puedo explicar qué sentí,
pero se retiró él y yo comencé a llorar, porque nunca me había sentido como, no sé, ni sé
explicarte en este momento cómo me siento, pero me dejó tanta rabia. Yo nunca he hecho
nada malo, negativo en este país, porque yo sé mi estatus legal perfectamente, y yo sé el
sacrificio que hicieron mis padres para que este oficial en una hora, yo sentí como que
toda mi dignidad se fue por la ventana, todo, todo se fue por la ventana. Y en ese
momento me sentí como culpable, como, ¡guau! pudimos ir a la cárcel por mi culpa, por
los sentimientos de estos dos oficiales.
ML: Como que logran deshumanizarte completamente.

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FM: Sí. Y yo soy una persona que me gusta hablar por otras personas, I’m very
outspoken, y nunca pensé que me iba a pasar eso a mí. Y cuando me pasó a mí yo me
quedé sin palabras. Pero desde ese entonces me hice el propósito de asegurarme bien de
los derechos que tengo yo y los derechos que tienen otras personas, no nomás en términos
de inmigración, sino que yo sé que hay abuso de poder y yo sé que no todo el mundo es
así. No todo el mundo es malo y tiene esos sentimie ntos, pero decidí que nunca más me
voy a quedar callado cuando este en esas situaciones.
ML: ¿Te acuerdas cuándo tuviste consciencia de tu estatus legal, de tus cuestiones
de documentación?
FM: Sí, cuando empecé a aplicar para la universidad. Porque mis padres no
fueron a la universidad y no vivían en Estados Unidos, so, yo tuve que aprender todo el
proceso de cómo aplicar para la universidad por mi cuenta. Todo el mundo hablaba de
FAFSA, FAFSA, FAFSA, y que yo trato de aplicar y que yo no aplico para FAFSA
porque no tengo seguro social. Que todo el mundo, “Oh, College of Charleston, USC,”
que yo no puedo aplicar porque no califico como colegiatura de in state dentro del estado.
Y ahí fue cuando me di cuenta de que me di conciencia, de qué significaba tener esos
documentos. Porque nunca había tenido ningún problema viviendo en Charleston y fue
en ese entonces, en my senior year, que me di cuenta qué significaba ser indocumentado.
ML: ¿Cómo te encontraste con tus compañeros de Johns Island en esa
consciencia? ¿Te diste cuenta si los otros estaban teniendo la misma consciencia que vos
tenías de tu condición de indocumentado?
FM: ¿Mis compañeros latinos?
ML: Sí, los jóvenes con los que te juntabas.

�Juan Fernando Soto Martinez

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FM: Mi mejor amiga lloró conmigo porque era así como que --, ella me decía,
“Tu eres tan buena persona, I don’t understand. This is so unfair.” Y yo apenas estaba
tratando de entender todo eso también. Pero de ahí más nada, solamente como varias
personas supieron, mi college counselor sabía y unos que otros administrado res de la
escuela, de Charleston Collegiate. En la universidad igual, lo sabía mi admissions
counselor, la vice presidenta de admissions, el presidente de la escuela, mis – ahora los
llamo – mis padrinos, que pagaron mi colegiatura, y de ahí en más nadie sabía que era
indocumentado.
ML: ¿Fue esa una decisión consciente?
FM: Parte creo que sí, pero parte era como, yo nunca le he dicho a alguien que no
soy indocumentado o que tengo documentos por mi propia cuenta. Si alguien pregunta yo
no tengo ningún problema en decirles, pero no era algo que yo hablaba públicamente por
ese temor de que no sé esto qué tan extensivo pueda ser el problema de que yo no tengo
documentos. Y más estando en otro estado solo.
ML: Y la razón por la que te pregunto es porque yo he visto, compartiendo con
distintos chicos, como una diferencia en el modo de presentarse que con la
documentación de DACA y de los dreamers. Hay muchos chicos que han abrazado su
condición y esto de sin documentos, sin miedo, y se han sentido como con fuerza como
para mostrarse. Y otros chicos que prefieren que no, mantener esta parte de su identidad
como uno mantiene otras partes de su identidad solamente para los más allegados. Por
eso te pregunto si fue consciente o si fue una estrategia para protegerte o qué.
FM: Nunca fue una estrategia para protegerme pero sí fue inconsciente al
principio y ahora la manera que lo veo, es que toda mi vida, toda esta gente nunca supo

�Juan Fernando Soto Martinez

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que yo era indocumentado porque nunca era tema de plática, de importancia, y todo el
mundo me decía, “Oh, eres bien amable, eres bien educado, eres bien inteligente,”
entonces parte de mí sentía que estas mismas personas escuchaba que hablaban de otros
inmigrantes de manera negativa, entonces poco a poco les fui diciendo a las personas,
“Hey, ¿por qué hablas así de los inmigrantes?” “Tú eres la excepción, tú no eres así.”
“No, yo también soy indocumentado.”
Y se quedan así como en shock. Entonces, aprendí a utilizar eso como estrategia
de mi identidad migratoria. Dejo que la gente me conozca como la persona que soy y en
inglés, cuando hablo en inglés, mucha gente me dice que no se me distingue mi acento.
Entonces, muchas personas piensan que yo soy nacido aquí, automáticamente, yo nunca
les digo nada de que nací aquí, y eventualmente cuando les digo, “No, no, yo nací en
México, yo viví en México siete años. De hecho, no tengo papeles,” se quedan así como
que, “What? That’s crazy.”
Y me he fijado que cambia su manera de pensar hacia los inmigrantes porque creo
que muchas personas hablan sobre los inmigrantes sin haber conocido las historias y las
experiencias de alguien. Pero me conocen a mí, so, ahora cuando hablan se expresan de
cierta manera. Ellos tienen a mí como amigo, a mí como compañero y a mí como líder en
qué pensar y bueno, yo conozco un inmigrante y él no es así, entonces por qué me siento
así. Y he perdido amistades al igual, pero las que he ganado es mucho más valioso y
cambiar esa mentalidad en esa gente.
ML: ¿Quién te acompañó en este cambio de consciencia, si se quiere, política?
¿Quién te acompañó en este proceso de hacerte cargo de esta parte… bueno, siempre te
has hecho cargo de esto, pero de ser más abierto con más gente respecto de tu situación?

�Juan Fernando Soto Martinez

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¿Hubo otros jóvenes con los que compartiste esta situación? ¿Hubo otros grupos con los
que te sentiste identificado y que te apoyaron?
FM: No, yo tomé esa decisión por mí mismo. Conozco otras personas que son
indocumentados o que tienen DACA, pero a ellos no les gusta hablar de su estatus por
este miedo. Y lo entiendo, yo entiendo que cada persona tiene un mundo diferente y tiene
una historia diferente. Yo le digo a mis amigos cercanos, “Si voy a una entrevista de
trabajo no le voy a decir que soy indocumentado porque yo quiero ese trabajo, pero si yo
tengo que hablar de mi estatus migratorio, quiero que sea en una plataforma, en una
manera, aunque sea con una persona donde voy a hacer una diferencia. Y si todo se va al
carajo en ese instante y no sé lo que haga, me tienen que deportar, tan siquiera hice algo
para defenderme y defender al grupo de personas que represento.”
ML: ¿Cuáles fueron las cosas que te encantaron yendo a la universidad?
FM: Todo. A mí me encantó mi universidad. A mí me gustó todo. Como soy
mexicano, nosotros crecimos con esa influencia católica y tradicional. En este entonces
mi papá se estaba convirtiendo en pentecostés, creo que él sentía mucho rencor y estaba
tratando de buscar una manera de no estar enojado con Dios. Esa paz no se la estaba
dando la iglesia católica. Y por un momento la encontró en la iglesia pentecostés. Y yo
tenía un enojo, parte de la adolescencia, de que el mundo está en contra de mí, y cuando
fui a la universidad dije, yo no voy a ir a la iglesia --.
Es una universidad católica, pero no tenía que ir a la iglesia y poco a poco mi
enojo fue creciendo, hubieron diferentes experiencias durante mi primer año en la
universidad que yo dije ¿cómo puede existir un Dios y que estén pasando estas cosas tan
feas en mi familia? No la entiendo, ¿por qué no estás aquí para ayudarme y salvarme? Y

�Juan Fernando Soto Martinez

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en ese enojo mío me di cuenta de que un día todo se arregló por sí mismo y nunca Él me
dejó. Y cuando yo le reclamaba a Dios, teníamos dos iglesias, dos chapels dentro de la
universidad abiertas las veinticuatro horas.
Yo iba y le reclamaba adentro de la iglesia, enojado, ¿por qué sucede esto? Igual
regresé a ese chapel a llorar y a agradecerle de que nunca me había dejado. Entonces,
nunca seguí yendo a la iglesia los domingos a misa, y creció mi fe diferente porque al ir a
esa escuela jesuita católica, en todas las materias que estudiaba trataban de inculcarte no
la iglesia católica, no la Biblia, sino Jesús, ¿qué haría Jesús? Qué haría Jesús por otras
personas, por los pobres, por la gente que está-- y me conecté en este momento con esa
parte de mi fe, de que dije, esto es lo que yo estaba haciendo toda mi vida.
Esto es lo que han estado haciendo personas conmigo. Me han estado ayudando.
Yo, como una minoría, cuando éramos demasiado pobres, cuando apenas llegamos
inmigrando a Johns Island y yo en torno, ayudando a la comunidad, teniendo esa
responsabilidad, que es una responsabilidad social. Entonces, me encantó ese aspecto de
que todo lo que hacía y hasta ahorita todo lo que hago es que ¿qué haría Jesús en ese
instante? Y no es en el sentido de que el versículo tal te dice que no hagas esto y que
hagas esto.
Y esto me llevó a fascinarme con todo aspecto de esa universidad. Fue muy
difícil para mí moverme fuera de ahí, de Alabama, porque ahí encontré mi identidad
propia, como una persona de fe, como una persona creyente en Dios, como una persona
que empezó a identificarse con más hispanos, de otras nacionalidades, con las que sí
podía compartir mi educación, podía compartir experiencias, podía compartir política.
Tenía amigos venezolanos, amigos hondureños, amigos cubanos y todo eso se mezcló

�Juan Fernando Soto Martinez

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con mi identidad política, a mi identidad sexual, mi identidad como persona dentro de mi
religión.
Porque dije, bueno, todo esto puede coexistir y la escuela, la universidad tuvo un
año donde hubo un tema que se llama Intersectionality, en la cual te enseñan cómo todo
esto sí puede existir y se puede cruzar. Al igual iban alumnos musulmanes. Yo tomé una
clase en Judaism sobre la fe judia, al igual que la fe musulmana dentro de una escuela
católica, algo que nunca pensé que iba a hacer. Entonces, me abrió bastante los ojos a
amar al prójimo en cierta manera, no nomás de decirle verbalmente, sino de decirle
verbalmente y no me importa qué etiquetas vienen pegadas junto a ti. No me importa tu
identidad de cualquier cosa, más que decir, es una persona buena y ayudas a otras
personas al igual sin importar la etiqueta que tienen ellos.
ML: ¿Cuáles fueron las cosas que te costaron? ¿Cuáles fueron las dificultades que
tuviste, además de este encuentro con la policía horrible? ¿Cuáles fueron las cosas que te
costaron como estudiante de primera de generación, como persona que no tenía tradición
en su familia de ir a la escuela, estando lejos?
FM: Todo. En algún momento sentí como que tenía que dejar a mi familia en
pausa y todo lo que conocía de la tradición para poder entender y disfrutar yo esa
experiencia y poder seguir adelante, porque por eso lo hice, para salir adelante. Mis
amistades si tenían problemas en materias agarraban un tutor, sus papás eran de dinero,
les podían comprar cualquier cosa, este libro, este tutor, ve a otra escuela para tomar
solamente este curso, algo que no necesariamente yo podía hacer tan fácil.
Gracias a Dios y mis padrinos les empecé a comentar yo a ellos qué dificultoso se
me hacía. Aparte entré como en depresión por tanto estrés y mis calificaciones

�Juan Fernando Soto Martinez

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empezaron a bajar un poco y ellos ya empezaron a ayudarme a hacer ese pedazo de mi
vida, en los cuales me daban esa ayuda para poder competir en cierta manera con mis
compañeros y poder tener esa experiencia de universidad.
ML: Vos me contaste una vez que conversamos que a vos te parecía muy
importante que los adultos y el resto de la comunidad supiéramos y estuviéramos alerta a
los temas de salud mental de nuestros chicos yendo al college. ¿Quieres hablar de eso?
FM: Creo que por la misma razón de que muchos de nosotros somos primera
generación de ir a la universidad, nuestros padres, no es que no entiendan, sino es que no
saben. Ellos no tuvieron esa experiencia de saber de qué, okay, ahora estoy yendo a la
escuela. Tengo una clase de nueve a diez, tengo tiempo libre de diez a una. En la tarde
tengo otra clase de dos a tres, y al siguiente día --, a ellos se les hace como que, nomás
vas a la escuela unas cuantas horas al día y no tienes nada que hacer, eres un huevón, te la
pasas tomando, esto y lo otro.
Y no, tienes que pasarte mucho más tiempo en la biblioteca leyendo, noches
duras, que para ellos no se les hace como trabajo arduo, porque nuestros padres son
trabajadores de afuera, fuertes. Ellos piensan que el sol es lo que te mata, el sol es trabajar
duro y no tienen esa idea de que el trabajo de leer y de hacer research, de buscar tu propia
respuesta a preguntas, y de hacer tus propias preguntas dentro de tu materia, toma un
nivel de energía mental que no lo puedes balancear con salir a tomar una margarita.
Eso es algo que tienes que cargarlo semana tras semana, tienes que responderle a
este profesor, a este otro profesor y al mismo tiempo tú te empiezas a convertir en adulto
y responsable de tus propias cosas, de tus propios gastos, quizás tienes un trabajo de part
time. Quizás tus padres son tienen dinero para darte para que compres este libro que

�Juan Fernando Soto Martinez

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cuesta $300.00 dólares, entonces ese estrés se empieza a acumular y tu mente no está
capacitada para sostener todo eso.
Entonces, para mí entré en depresión y tuve la fortuna de poder salir, pero tengo
una amiga que fuimos a la misma escuela desde sexto grado, fuimos a la misma
universidad. Yo le dije, “Te va a encantar esta universidad,” ella también entró en esa
depresión y ella no pudo con su estado mental. Parte de eso es que ella no pudo separar a
su familia. Yo dejé de hablarle a mis padres porque yo ya no podía escuchar esas
historias. Yo ya no podía sentir eso de que no podía ayudar. Y ella seguía llamando a su
mamá y su mamá le daba más problemas, y más problemas, y ella se preocupaba. Ella
tenía que trabajar, su mamá no podía pagar esto. Le tenía que pagar a sus hermanos esto.
Entonces, ella no le podía pedir dinero porque se sentía culpable. Ella empezó a
trabajar. Tiene sus días largos. No ha dormido bien, no ha comido bien. Está estresada,
cierta materia ocupa dinero, ocupa tiempo, no lo tiene, ninguno de los dos y sus
calificaciones bajaron hasta que ya no pudo regresar porque no se iba a recuperar. Y no
pidió esa ayuda a la universidad y creo que también eso es algo más importante que uno
como hispano tiene un orgullo de que lo tengo que hacer yo mismo, lo tengo que hacer yo
mismo, si no me ayudo yo nadie me va a ayudar. Pero creo que tenemos que entender que
está bien, que aceptemos que no podemos hacer todo. Somos personas fuertes y hemos
empezado desde cero, pero no nomás porque hemos empezado desde cero quiere decir
que no puedes pedir ayuda a alguien.
ML: ¿Por qué decidiste volver a Charleston?
FM: Porque estaba trabajando en una estación de televisión y me encanta mi
trabajo de periodista y me pagaban nueve dólares con sesenta centavos la hora. Eso es

�Juan Fernando Soto Martinez

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2016. Y yo estaba contento de tener trabajo dentro de mi profesión. Yo nunca había sido
esa persona de que, yo quiero ganar treinta dólares la hora. Yo estaba contento con nueve
sesenta. Pero sí estaba viviendo de cheque a cheque. Era como mil dólares arribita de mil
dólares al mes, tenía que pagar renta, tenía que pagar agua, luz, y yo no le estaba
pidiendo a mis padres para que me ayudaran porque yo ya me había graduado de la
universidad. Ya tengo casi veintiún años, yo soy un adulto.
Por qué mis padres se tuvieron que mudar, salir de la casa y ellos me tuvieron
cuando tenían diecinueve por qué yo no voy a poder ser un adulto de mi propia cuenta. Y
tenía que pagar mi carro. Y se me hizo muy difícil. Después mi jefe me dijo que yo hacía
muy buen trabajo, que me iba a promover, pero que el puesto que me iba a promover de
hecho pagaba cinco centavos menos, pero me iba a dejar así. Me lavó el cerebro. Dije,
“Sí, encantado.” Yo de periodista voy a avanzar mi carrera. Subí de puesto dos veces
más, mi sueldo no subió y yo fui quien recomendó a las dos personas que vinieron
después de mí, que no son periodistas.
Pero eran buenas amistades mías y ellos se habían graduado con un degree en
English Literature y la diferencia entre nosotros no era mucha. Nos graduamos el mismo
año, de la misma universidad. Yo era el que tenía experiencia de periodista. Yo era el que
manejaba a mis dos compañeros de trabajo, que eran mis amigos y que les enseñaba lo
que tenían que hacer, y mi jefe me halagaba que, “Eres tan bueno en esto.”
Y en conversación uno de ellos se fue y a la otra la iban a promover y dijo, “Oh,
my God, ahora voy a poder pagar más cosas ya que me van a subir el sueldo a doce
cincuenta y cinco.” Y yo le dije, “¿Disculpa?” “Sí, tú ya debes de ganar como a quince,
¿verdad?” Y le dije, “Quince dólares no.” Dijo, “A mí me van a subir el sueldo de diez

�Juan Fernando Soto Martinez

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dieciséis, algo así, a doce cincuenta y cinco.” Le dijo, “Yo gano nueve sesenta la hora.” Y
ella se enfureció.
Y me enfurecí yo y decidí --, tuve que tomar muchas decisiones en ese momento,
de hacer un escándalo, “¿Por qué me estás pagando a mí menos? ¿Es por mi sexualidad o
porque sabes que tengo DACA? Yo sé que no es por mi empeño en mi trabajo porque tu
cada rato me recuerdas y le recuerdas a mis compañeros, a los reporteros y cuando viene
corporate, que hago muy buen trabajo y te genero los resultados que quieres y más.”
Entonces, yo sabía que no era mi empeño. Y no entendía por qué. Pero dije, es mi
primer trabajo en la industria, si quemo este puente no voy a poder trabajar en esta
industria jamás. So, decidí tragarme mi coraje y puse mi two week notice, mi anuncio de
dos semanas, me dijo, “No, ¿por qué te vas? Que te ocupo aquí. Vas a tener buenas
oportunidades de progresar, irte a un mercado más grande. ¿En qué te puedo ayudar?”
“No, en realidad no puedo pagar nada con los $1,000.00 dólares que gano al mes.” Dijo,
“Desafortunadamente es todo lo que te puedo pagar. No hay más presupuesto.”
En una compañía que cada rato te recuerda que estamos ganando mucho dinero,
mucho dinero, y los anunciadores están pagando más y comprando más anuncios. En el
2016 los anuncios políticos eran inmensos y costaban carísimos. Y era difícil para mí
verlo a los ojos y no decirle de groserías. Pero me tragué todo ese coraje y todo ese
orgullo y mi hermana menor dijo, “Hey, Armando que lo conoces dice si puedes venir a
trabajar en su compañía. Le gusta que eres organizado, que cuando termines esto, bla,
bla.”
Y le dije, “No, de hecho, ya puse mi aviso de dos semanas. En dos semanas voy
para Charleston.” Me fui de Alabama para acá con cien dólares y nadie sabía más que mi

�Juan Fernando Soto Martinez

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hermana. Y ella me prestó creo que otros cien dólares y justo cuando llegué aquí, duré
tres días sin trabajo. Trabajé en un restaurante y en el restaurante te pagan al día, y con
eso sobreviví unas semanas mientras me contrataban en el otro lugar. Estaba durmiendo
en el sillón de una amiga y ya cuando agarré cheque fijo, seguí trabajando en el
restaurante durante unos cuantos días, para establecerme y ya se normalizó. Y regresé a
Charleston, que me encanta, así es que regreso a casa.
ML: Dos preguntas te quiero hacer antes de que terminemos. Una es que nos
cuentes de tu propio trabajo como periodista y de la página en Facebook de tu propio
proyecto.
FM: Yo comencé mi página de Fernando Soto cuando estaba en high school
todavía yo siempre he tenido esa espinita por ser periodista. Cuando estaba en Mt Zion yo
fui el reportero por morning announcements y recuerdo que teníamos un circuito cerrado
dentro de la escuela y, ni sé cómo le hice porque no sabía inglés, pero me dejaron
hacerlo. WCO News, no sé si todavía existe eso. y me encantó. En middle school yo
también hacía los anuncios. En high school no teníamos esa oportunidad, so lo tomé
como proyecto mío adicional.
Tomé clases de video, me compraron la escuela una computadora nueva para
poder editar, una cámara nueva para poder grabar y una sábana verde para poder grabar.
Y empecé mi página para que la gente de high school me siguiera y dar anuncios y
cuando fui al college, pues se me dio la oportunidad de empezar la estación de televisión
dentro de la universidad, porque no existía. Existía el periodismo, pero nomás por escrito,
para periódico. Se dio esa oportunidad so empecé a crecer un poquito más como
periodista y cuando regreso a Charleston dije, bueno, ahora trabajo en construcción, pero

�Juan Fernando Soto Martinez

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esa no es mi pasión.
Eso lo estoy haciendo porque ocupo dinero, carrera fija, y el periodismo no se me
estaba dando. Y dos de los canales que están aquí locales, son de la misma compañía que
dejé en Alabama. Entonces, por ninguna razón, aunque esté muriéndome de hambre
vuelvo a trabajar para ellos. Y me di cuenta de que había una necesidad de latinos de
tener información específica. Tenemos medios en español aquí que dan información, pero
se me hace que es mucha información sobre eventos felices, momentos felices, eventos
en el parque, la estación de radio que va a venir este artista, el drama, el entretenimiento.
Y no hay información para ayudar a la gente de la que yo crecí, de redadas de
inmigración, de salud mental, del incremento de enfermedades transmitidas sexualmente,
no existe eso a nivel local. Entonces, decidí lanzar mi página recursos estatales.com para
hacer un lugar de noticias sobre crimen, que pasa local en las comunidades de Johns
Island. La gente que vive en Johns Island sabe lo que pasa en Johns Island. La gente que
vive en North Charleston sabe lo que pasa en North Charleston, no nomás lo que pasa en
Wannamaker Park o en Britlebank Park.
Saben si hay una exposición de salud a cierta bacteria, saben esa información
también, pero también tienen los recursos para, okay, si me pasó esto a mí, ¿a quién
acudo? Si tengo un problema migratorio, ¿cuáles son los abogados? No siempre ocupo un
abogado de inmigración, quizás tuve un choque, un abogado de lesiones, ¿qué es lo que
puedo hacer? Y se me dio esa idea y ahorita lo estoy financiando de mi propio bolsillo
por esa pasión que tengo al periodismo y a mi comunidad. Como te estaba diciendo
anteriormente, que ya se me pasó ese rencor que tenía que me separé de mi comunidad
porque me veían como una persona que había dejado sus raíces, su cultura.

�Juan Fernando Soto Martinez

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Pero quiero que sepan que mi empeño es siempre con los latinos, con los hispanos
y quiero utilizar todas las buenas fortunas que he tenido para regresar un poquito a ellos,
para que ellos tengan una experiencia más --, que sientan que esta comunidad es suya. No
se sientan como que soy un inmigrante de México, de Honduras, en Charleston. No, soy
un inmigrante viviendo en Charleston y esta es mi casa.
ML: Otra cosa que me ha llamado la atención de tu trabajo es que estás presente
en la mayor parte de los acontecimientos. Que estás siguiendo las primarias muy de
cerca, camino a las elecciones, estás mirando el proceso muy de cerca. ¿De dónde viene
esa curiosidad?
FM: Del 2016. Yo trabajaba para esa estación de noticias que es una estación de
noticias – se supone que el periodismo debe ser información factual que puedas
corroborar en algún sitio de alguien, no la opinión mía. Yo tengo mis propias opiniones,
todos los periodistas tienen sus propias opiniones, pero no debes escucharlas. Y si las
escuchas te deben dejar saber también el otro lado de la opinión. Y esta estación no lo
estaba haciendo y el 2016 fue tóxico para mi comunidad, para la comunidad LGBT y la
comunidad inmigrante, la comunidad pobre. Y decidí que yo no iba a dejar que nos
calláramos, aunque volviéramos a perder elecciones.
No lo estoy diciendo como si fuera demócrata, pero como comunidad, porque no
creo que la comunidad pobre ganó esas elecciones. No creo que la comunidad LGBT
ganó esas elecciones ni la comunidad de inmigrantes. Y no es para que alguna comunidad
gane. Pero no estamos siendo representados. Entonces, yo no quiero decirle al público lo
que hizo esa estación, que era promover al presidente Donald Trump como el candidato
perfecto, y obligar a que periodistas dijeran cosas que ellos sabían que no era verdad. y

�Juan Fernando Soto Martinez

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bueno, si eres periodista sabes que no estás en este medio para hacerte rico.
Claro, si trabajas para Univisión, Telemundo, o CNN ganas mucho dinero, pero
en tus estaciones locales ganas como cualquier otra persona o mucho menos. Entonces, lo
estás haciendo porque tienes una pasión de informar al público. Y decidí que en estas
elecciones creo que es mi deber continuar ese periodismo para informarle al público de
las demás opciones que hay, al igual que soy crítico de la actual administración porque no
hace cosas a favor de los inmigrantes, ni siquiera legalmente, los demócratas tienen igual
esa maña de pescar a cierta parte de la población. Ganan los votos y ya, nada sucede.
Y creo que estas elecciones del 2020 son súper importantes y me da tristeza que
hay otros medios locales y no aprovechen. Ellos tienen dinero para cubrir estas elecciones
locales y no he visto a ninguno de ellos ahí. Entonces, para mí eso habla mucho de su
intención con nuestro público y es exactamente lo que pasó en esa estación. Iban tras el
dinero y eso no beneficia a las personas que no pueden pagar por tener ciertos servicios:
la gente pobre, la gente del LGBT, la gente inmigrante. Entonces, yo estoy tratando de
hablar con todos los que se pueda, de entrevistarlos y preguntarles.
Fui a ver a Pete Buttigieg y una reportera, le dieron tiempo adicional para hacerle
una pregunta que si te dan una oportunidad de esas tú la tomas y haces la pregunta más
importante de tu vida. tú nunca sabes si ese va a ser un momento histórico y le preguntó,
“¿Qué tal te parece Charleston?” No, a mí no me importa si te pareció o te gustó o tienes
calor, ¿qué vas a hacer por la gente inmigrante? ¿Qué vas a hacer por las personas
detenidas en [Sheriff] Al Cannon Detention Center, que están pidiendo asilo, que llevan
meses arrestadas sin ver la luz, sin saber dónde están? ¿Qué vas a hacer por la gente que
quiere ir a la universidad y no puede ir dentro del estado de Carolina del Sur? Pagan

�Juan Fernando Soto Martinez

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impuestos, pero no pueden tener esa colegiatura.
Eso es lo que me importa y por eso estoy empeñado en cubrir eso. no se ha dado
la oportunidad de que haya un republicano que llegue a Charleston para las elecciones del
2020, pero igual si llega yo, a veces estoy hasta las dos, tres de la mañana, tratando de
conseguir información para saber a quién contactar para asegurarme de que yo esté
presente y tenga acceso a ellos el día que visitan.
ML: Muchísimas gracias por conversar conmigo hoy. ¿Hay algo, antes de que
terminemos, que no te haya preguntado y que te gustaría agregar?
FM: Sí, he tocado sobre mi identidad sexual y creo que esa es otra cosa
importante al igual que la salud mental, porque, y esto me encantó y lo he usado varias
veces desde que te conocí, que tú me dijiste de la cebolla, de que los problemas son como
capas de la cebolla, y lo sigues pelando, y lo sigues pelando, y la salud mental, el estatus
migratorio, y el sistema educativo de cierta persona, todo eso afecta a quién soy yo, quién
eres tú y muchas personas. Y creo que, al no tener esta información como latinos, porque
nosotros estamos dedicados a seguir trabajando, trabajando, trabajando, no tenemos
tiempo para nada más, no pensamos en nuestras cosas y conozco personas que no son
abiertamente gay o lesbianas o bisexuales o cómo se identifiquen, y eso tiene que ver
mucho en tu felicidad.
Creo que, si has hecho el sacrificio de estar en un país nuevo, de dejar toda tu
familia en tu país natal, tienes el derecho de buscar esa felicidad en tu nuevo hogar. Y es
muy importante porque cuando yo decidí ya decir públicamente o decirles a mis
conocidos, a mi familia, que soy gay, haz de cuenta que empecé a amarme a mí mismo y
preocuparme por mi felicidad y no quiere decir que soy egoísta y que nomás me

�Juan Fernando Soto Martinez

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preocupo en la mía, sino que ahora yo siento que tengo más energía y más poder ahora
que ya, a nadie le importa que yo tengo novio.
No me tengo que preocupar por eso y puedo enfocar toda esa energía en algo más
que sí puede ayudar a alguien. Y las personas que escuchen esto, latinos, por favor, eso es
lo más importante. Sigan su felicidad, no tiene chiste de venir a un país y estar amargado,
estar deprimido y ser infeliz ganando dinero y morir así. Y quizás nunca ver a tu familia
en México, en Honduras, en donde vivan, y que por lo menos no seas feliz, y eso no te
cuesta dinero.
ML: Te agradezco muchísimo la confianza. Te agradezco muchísimo el tiempo
que nos has regalado.
FM: Muchas gracias por tenerme.
End of recording.
MLL 6/18/2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Oral History of Juan Fernando Soto Martínez, interviewed by Marina López, 19 May, 2019</text>
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                <text>Journalist and activist Juan Fernando Soto Martínez (b.1994) was born in the city of San Pedro de las Colonias, Coahuila, Mexico but soon his family moved to Ciudad Juárez, Chihuahua. When he was seven years old, his parents decided to immigrate to the United States and settled down in Johns Island, South Carolina. From an early age, he excelled as a student and as a result, a couple from the Catholic community provided financial support to further his education. He attended Charleston Collegiate, a private school on Johns Island and Spring Hill College in Alabama where he earned a Bachelors in Journalism. After completing his degree, Soto Martínez returned to Charleston and founded Recursos Estatales (State Resources), an information service for the local Spanish-speaking community. In the interview, Soto Martínez reflects on his DACA status, the complexities of growing up in a small community, his love for journalism and his activism. He affirms his right to live his life on his terms and to pursue his dreams as a Latino gay man. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El periodista y activista Juan Fernando Soto Martínez (1994) nació en la ciudad de San Pedro de las Colonias, Coahuila, México, pero pronto su familia se mudó a Ciudad Juárez, Chihuahua. Cuando tenía siete años sus padres decidieron emigrar a Estados Unidos y se radicaron en Johns Island, Carolina del Sur. Desde pequeño se destacó como estudiante y un matrimonio de la comunidad católica lo ayudó económicamente para que pudiera estudiar en la escuela privada de Johns Island, Charleston Collegiate y posteriormente en Spring Hill College en Alabama donde obtuvo el título de Bachelor en Periodismo. Después de completar sus estudios regresó a Charleston y fundó Recursos Estatales, un emprendimiento periodístico que sirve a la comunidad hispanohablante local. En la entrevista, Soto Martínez reflexiona sobre su situación de joven DACA, las complejidades de crecer en una comunidad pequeña, su amor por el periodismo y su activismo. Afirma su derecho a vivir su vida en sus propios términos y a perseguir sus sueños como joven latino y gay.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCIÓN – KARLA AGUIRRE
Narradora: KARLA AGUIRRE
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha de la entrevista: 1 de mayo, 2019
Lugar de la entrevista: Charleston, SC
Duración de la entrevista: 91 min.
MARINA LÓPEZ: Mi nombre es Marina López. Hoy es 31 de mayo del año
2019 y estoy con Karla Aguirre, para hacer una entrevista del proyecto Voces Latinas del
Lowcountry. Karla, buenas tardes, ¿te puedes presentar, por favor?
KARLA AGUIRRE: Mi nombre es Karla Aguirre. Tengo veintitrés años. Nací en
la ciudad de México en el año 1995 y ahora vivo en Charleston, Carolina del Sur.
ML: Contame de México. ¿En qué parte de México creciste? ¿Con quién creciste?
KA: Crecí con mis padres y con mi hermana, específicamente en el lugar que se
llama Tepito. Me acuerdo muy poquito de México. Solamente viví ahí hasta la edad de
seis años y lo poco que me acuerdo es la casa de mis abuelos, de mi papá y de mi mamá.
tengo muy poca memoria de mi niñez en México. Creo que las cosas que resaltan más
cuando la gente me pregunta de México es los juegos que jugábamos como niños con mis
primos, cuando íbamos a la casa de mi abuelita Rufina todos los viernes, todos iban a la
casa y jugábamos ahí y siempre nos metíamos en problemas. Y también me acuerdo de
los tacos, de la calle, pero también me acuerdo de las cosas feas que vivimos en México.
Es difícil crecer hijos en México, es muy caro vivir ahí. Entonces, mi papá era el
que trabajaba. Mi mamá trabajó hasta un tiempo, después de ahí se tuvo que dedicar
solamente a mí y mi hermana. Había mucha violencia, nos asaltaron varias veces en el

�Karla Aguirre

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autobús, en el metro y cosas así se quedan con uno como niño. No soy la única que ha
hablado de eso, gente que ha vivido en México también y que ahora vive acá habla de lo
mismo, que se acuerda como niño que alguien asaltó a alguien. Entonces, es como una
mixtura de cosas hermosas, pero también cosas malas que se ven al diario. Pero siempre
me trato de acordar de lo más bonito que pasamos con familia que ahora no vemos.
ML: Si pensás en tu casa en Tepito, ¿te acordás cómo era la cuadra en que vivías?
¿Podés describir cómo era la cuadra?
KA: No me acuerdo de la cuadra, pero un lugar donde sí me acuerdo mucho es--,
vivimos en los mismos apartamentos que la hermana de mi mamá, mi tía Rocío, ellos
viviendo en el segundo o en el tercer piso, y nosotros vivíamos en el primer piso, me
acuerdo. Y era como un edificio rojo y café, estaba como plantado en medio de la nada.
Tenía cerca alrededor, pero era pura tierra alrededor, parece que nada más pusieron ahí
edificio y cuando acabaron de construir se llevaron las máquinas y así lo dejaron.
No vivimos ahí por mucho tiempo porque nos sacaron de ahí, no me acuerdo por
qué, pero me acuerdo que no estuvimos ahí por mucho tiempo. Pero es uno de los lugares
que me acuerdo. Estaba en medio de una calle, el autobús nos dejaba al otro lado de la
calle de dónde vivíamos. Era un lugar muy extraño, era en medio de la nada. No me
acuerdo que hubiera visto tiendas. De mi memora yo nada más tengo como una memoria.
ML: Como si hubiera sido una construcción nueva, un barrio alejado nuevo.
KA: Sí, pero el lugar no estaba muy bonito. Era nada más un cuarto arriba donde
mis papás tenían su cama y tenía una cama para Sandy y yo me dormía en la cama con
mis papás, un baño, unas escaleritas, una sala que combinaba con la cocina y ya.
ML: Era bien pequeña.

�Karla Aguirre

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KA: Sí.
ML: Me decís que la otra memoria que tenés es jugando con tus primos en la casa
de tu abuela Rufina. ¿Tu abuela Rufina es abuela por parte de tu mamá o de tu papá?
KA: De mi mamá, es su mamá.
ML: ¿Y te acordás del barrio de la abuela Rufina?
KA: Sí, de eso sí me acuerdo más. Se llama calle 2 de agosto y como muchas
calles y su casa está como en medio de muchas calles. Me acuerdo que si salías de la casa
y te ibas a la izquierda y dabas toda la calle, al final llegabas como a un parque y luego
cruzabas el parque y había un mercado. Si te ibas para el otro lado llegabas a una casa
donde vendían paletas. Y del otro lado había una papelería, como una farmacia, pero
donde solamente vendían cosas para útiles. Y la única razón porque me acuerdo era
porque mis primos compraban cosas ahí.
ML: Nosotros a eso le decimos librería. A mí me encantaba de chica.
KA: Sí, nada más era un puestito así súper chiquito, había un señor e ibas y le
decías qué querías, y te lo daba. A dos calles de la casa de mi abuela, vivía, vive mi tía
Angelina, una de las hermanas más chicas de mi mamá, con su esposo. Sí, me acuerdo
cómo se veía todo. Me acuerdo mucho porque en esa casa pasamos mucho tiempo. Ahí
creció mi hermana. Yo no crecí ahí, ahí creció mi hermana, pero mi mamá nos dejaba con
mi abuela mucho cuando ella trabajaba. Yo era muy pequeña cuando eso pasaba, pero por
lo que sé mi mamá me decía.
La casa de mi abuela es de concreto, toda de concreto, en el patio de atrás todavía
no lo acababan, entonces era tierra, entonces jugábamos ahí afuera con la tierra. Nos
metíamos todos tierrosos y siempre nos regañaban. El segundo piso de la casa, todavía no

�Karla Aguirre

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lo acababan. Tenía ventanas. Las ventanas estaban abiertas, o sea, era nada más el
concreto, no tenía puertas, no tenía nada y jugábamos ahí arriba. Una vez con los tabiques
hicimos como una cocina, volábamos papalotes que hacía mi primo Gigio de bolsas de lo
que encontrara.
Y en la casa iban a hacer un tercer piso, pero el tercer piso era así, como nada más
la parte de arriba y había unas escaleras para subir, pero las escaleras no estaban
terminadas. Eran de palos así nada más, unas escaleras que hicieron ahí y me acuerdo que
no nos dejaban ir para ahí arriba porque era peligroso. Y en una de esas nos escapamos
para ahí arriba y los últimos que íbamos cruzando las escaleras era yo y mi primo Ulises,
que somos los más chicos de los grandes. Y justo cuando ya íbamos a la mitad fue
cuando nos vieron nuestros papás que íbamos para arriba y nos bajaron a todos.
Pero entiendo, era peligroso porque no tenía barandal. Íbamos casi, casi gateando
para subir y ahí arriba tampoco había barandal, entonces esos son uno de los recuerdos
que me acuerdo mucho.
ML: ¿Te acordás o sabés por lo que tu familia te ha dicho cuál era el trabajo que
hacía tu papá y tu mamá y qué trabajo hacía el resto de tu familia en México?
KA: Mi mamá y mi papá trabajaban haciendo como invitaciones. No sé cuál sea
la forma correcta que se le diga, pero trabajaban en una casa muy vieja con un señor que
se llamaba Sr. Marescal, que ya falleció. Pero era un señor muy bueno con mi papá y con
mi mamá. Siempre nos hacía de comer, nos traía dulces y la casa era así como estilo muy
vieja. Parte de la casa estaba cerrada, nunca entraba, nada más usaban como dos cuartos y
donde estaba la fábrica.
ML: ¿Como una imprenta?

�Karla Aguirre

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KA: Sí, y eran impresores. Hacían invitaciones, hacían tarjetas de trabajo, hacían
todo eso y me acuerdo que había una máquina bien grandota en medio y era donde mi
papá trabajaba. Pero en ese entonces no teníamos la tecnología que tenemos ahorita, era
los finales de los 90s, principio de los 2000. Mi papá tenía que mezclar la pintura correcta
para agregársela a la máquina para que la máquina imprimiera lo que hacía. Mi mamá
hacía lo que le llamaban pegar caja, que pegaba las cajas para hacer los cartones y mi
hermana y yo pasamos ahí mucho tiempo. Era a lo que se dedicaban mis papás y ese fue
el trabajo que yo me acuerdo.
ML: ¿Y ustedes iban con ellos?
KA: Sí, ya cuando fuimos más grandecitas, mi hermana me lleva cinco años,
entonces a lo mejor yo tenía como un año y a lo mejor ella seis, íbamos y nos dormíamos
en cajas para que después trabajaran. También ahí trabajaba mi tío Oscar, que es el
hermano de mi mamá. Y los hermanos de mi papá nunca estuvieron ahí con nosotros.
Cuando vivíamos en México mi papá tenía dos hermanos que vivían en Aguas Calientes
y ellos trabajan para el gobierno, trabajan como tipo censos de México y mis otros tíos
viven aquí en los Estados Unidos.
Y las hermanas de mi mamá, la mayoría de ellas eran madres en casas y sus
esposos trabajaban o vendían tamales, comida en la casa. Era lo más común. Hasta la
fecha mi tía vende pozole y quesadillas y todo eso, y mi abuela tamales. Mi mamá era
como la única que iba y trabajaba en un lugar.
ML: Fuera de la casa.
KA: Uh-huh, y mi tía Lola. Pero nunca supe qué hacía mi tía Lola. Sé que
trabajaba en una oficina, pero nunca supe qué hacía. Esos eran los trabajos que tenían,

�Karla Aguirre

6

pero no alcanzaba el dinero, entonces a la noche mis papás con mi abuela, en la casa de
mi abuelita, vendían postres, plátanos con crema, papas fritas, todo eso. Eso me acuerdo
mucho porque mi abuela vendía tamales a un lado y mis papás vendían que papas en
espiral y no sé qué tanto, fresas con crema, y tenían mucha gente que iba ahí y a eso se
dedicaban mis papás también.
ML: Así que prácticamente trabajaban todo el día.
KA: Sí.
ML: ¿Te acordás cómo supiste que ibas a venir a Estados Unidos? ¿Supiste que
ibas a venir a Estados Unidos?
KA: No, me acuerdo bien el día que nos dijeron que ya nos iban a traer. Era un
viernes. Habíamos llegado a la casa de mi abuelita Rufina como todos los viernes y así
como íbamos entrando, sonó el teléfono de la casa de mi abuelita y era mi papá
diciéndole a mi mamá, “Prepara a las niñas, ya se las van a llevar.” Y así como entramos,
saludamos a todos y así dijimos adiós y fue la última vez que le dije adiós a mi tía
Claudia, a mi tía Angelina, a mi abuelita y fuimos a la casa de mi abuelita Cuca, donde
vivíamos, mi mamá nos puso ropa en una mochila y le dijimos adiós a mi abuelita Cuca.
Y nos subimos a un autobús y en el autobús venía un señor tocando una guitarra y
venía cantando una canción que hasta la fecha cuando la escucho, la odio, no me gusta
esa canción. Creo que es por el recuerdo de que —, porque yo y mi hermana nos vinimos
a Estados Unidos antes que mis papás. Nos vinimos primero. Y me acuerdo que tomamos
un autobús.
ML: ¿Qué canción es la que odiás?

�Karla Aguirre
KA: No me sé el nombre, es una canción rock en español, pero todavía mi
hermana la escucha y no me gusta. No sé si sea el recuerdo de porque vinimos aquí o
simplemente no me gusta la canción.
ML: Es una asociación fea.
KA: Sí, y yo me acuerdo que mi mamá decía que estaba muy emocionada yo de
venirme. Fuimos no sé dónde era, tomamos un autobús, llegamos a una central de
autobuses y estuvimos ahí por horas y horas.
ML: ¿Conocían a la persona con quién se venían?
KA: Yo no, ni mi hermana, pero era alguien que mi papá conocía. No lo
conocíamos, era una señora. Y cuando llegó, dice mi mamá que me subí a la camioneta,
que ni les dije adiós, que nada más me subí a la camioneta. Tenía seis años.
ML: ¿Y te acuerdas por qué estabas tan contenta en ese momento?
KA: No.
ML: Pensarías que te venías de paseo.
KA: Es más probable. Hasta la fecha yo no puedo entender por qué estaba tan
contenta de subirme a una camioneta con extraños.
ML: Pensarías que estabas de paseo.
KA: Yo pienso que sí.
ML: ¿Tu mamá y tu papá les habían anticipado a ustedes que se venían para aquí,
antes de ese día que fuiste a la casa de tu abuela Rufina, después te volviste a lo de tu
abuela Cuca, te acordás que tu mamá y tu papá te hayan preparado para decir, nos vamos
a vivir a Estados Unidos, ustedes van a irse con gente desconocida o no?

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KA: Yo pienso que sí, yo pienso que nos habían dicho algo, pero yo no me
acuerdo. Yo pienso que prepararon más a mi hermana. Mi hermana tenía doce años.
Pienso que fue a ella a la que le dijeron, “Se van a ir así, ella así se llama. Tienes que
cuidar a tu hermana.” Pero yo no tengo razón de que mis papás me hayan dicho algo. A
lo mejor sí me dijeron, pero estaba muy pequeña.
ML: ¿Tenías seis años cuando te viniste?
KA: Sí.
ML: ¿Se subieron al autobús, y después qué pasó? Esperaste un montón en la
terminal.
KA: Sí, esperamos horas. No llegaron por nosotros hasta la noche. Nos subimos a
la camioneta y cruzamos la frontera esa misma noche.
ML: Y cruzaron la frontera --.
KA: Así, manejando.
ML: ¿Iban sentaditas ustedes?
KA: Sí, íbamos sentadas. Era una van y yo y mi hermana íbamos hasta el asiento
de atrás con otras niñitas que eran hijas de la señora. Y me acuerdo que en el camino nos
dijeron, “Okay, les van a decir que digan American citizens, y yo no podía decir eso. Mi
hermana lo pudo decir, yo no. entonces, dijeron, “Mejor hazte la dormida.”
Y me acuerdo que me acosté en las piernas de mi hermana y ya nos dijeron,
“Okay, ya vamos a llegar.” Y llegamos, pero yo supuestamente estaba dormida, pero
sentía las flashlights en mi cara. Pero no, no dije nada y escuché cuando todos dijeron
“American citizens,” y en menos de diez minutos habíamos pasado. Y así fue cómo
entramos.

�Karla Aguirre

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ML: ¿Sabes por dónde pasaron?
KA: Texas, no me acuerdo exactamente dónde por Texas, pero entramos por
Texas.
ML: ¿Y a dónde llegaron a parar?
KA: Llegamos a Texas y llegamos a una casa de unos extraños, no sé quiénes
eran. Y me acuerdo que mi hermana y yo nos despertamos y no había nadie en la casa.
Había un muchacho y una muchacha, no sé quiénes eran, pero yo y mi hermana nos
quedamos en el cuarto. Teníamos miedo y también teníamos hambre. Pasaron horas y
horas y la señora que nos estaba cruzando no llegaba.
Ya cuando por fin la muchacha vio como que nos asomábamos, nos dijo,
“¿Quieren comer?” Y le dijimos que sí y nos hizo huevo y ya de a rato llegó la señora
que nos estaba cruzando. Se había ido de compras con sus hijas. Y estuvimos ahí por
unos días. Después de ahí no me acuerdo a dónde más fuimos, pero me acuerdo que
íbamos a tomar un autobús.
Nos quedamos en un hotel, un motel, seis con una cama y en la cama se durmió la
señora, su hija y mi hermana y había dos sillas así, y las juntaron y yo me dormí en las
sillas. La siguiente mañana fuimos al McDonalds. Porque mis papás le dieron dinero, nos
compraron como chocolates o algo así. Nos pusieron en un autobús y de Texas, creo que
fue, hasta Atlanta, Georgia.
ML: ¿Solitas?
KA: Sí, no me acuerdo que haya ido la señora, porque cuando yo me bajé de ahí
estaba esperando mi tío Enrique, el hermano de mi papá, mi tía Lola, la hermana de mi
papá, y mi prima Jessica, la hija del hermano de mi papá. Esperándonos en Atlanta en

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una tienda. El autobús llegó a la tienda, nos bajamos, ya nos saludaron y nos subimos a
una van y de la van manejamos desde Atlanta, Georgia, hasta Charleston aquí.
ML: ¿Vos los conocías a tus tíos o era la primera vez que los veías?
KA: No, era la primera vez que los veía. Sabía que mi tía Lola había ido a México
antes, pero yo era muy niña para recordar. Al único que conocía de los tíos que estaba
aquí era mi tío Beto, el hermano más chico de mi papá. Y lo había conocido porque él
regresó para casarse en México con su esposa. Y ahí fue cómo lo conocí. Estuvo tiempo
con nosotros, pero el único que conocía de todos ellos. No me acordaba de nadie más.
seis horas después llegamos a la casa, una traila, aquí en Johns Island donde vivía mi tío
Enrique, mi tía Lola, mi tío Joel, mi tía Margarita, sus dos hijos, mi tío Beto, mi tía
Fabiola y ahora nosotros.
Y me acuerdo que llegamos y salieron gente a abrazarnos y nosotros como que
no, no los conocemos. Hacía mucho calor, era agosto. Me acuerdo que entramos a la
traila y nos sentamos en dos sillas ahí luego, luego. Y todo el mundo nos veía y nosotros
como que no, yo no sé quiénes son. Y si — Llegamos ahí, nos dieron de comer, pero
como el resto de las horas después de que llegamos—. No me acuerdo, lo último que me
acuerdo fue que nos sentamos en esas sillas, nos dieron de comer y después de ahí todo es
—.
ML: ¿Cuántas horas calculas, porque me imagino que como nena no deberías
saber, pero cuántas horas calculas que estuviste en viaje desde que saliste del DF hasta
que llegaste Johns Island?
KA: A mí se me hizo una eternidad. Pero yo pienso que fueron como dos, tres
días.

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ML: Y si vos lo pensás como concibe el tiempo una criatura de seis años,
probablemente es una eternidad y cuando se te borró la sonrisa también de estar con
gente desconocida.
KA: Sí, no me acuerdo que si hablamos con mis papás o no en esos viajes. Mucho
para mí fue como —, me acuerdo cosas así de acá pero no sé, creo que sí fueron como
dos o tres días, porque una noche nos quedamos en esa casa extraña, al otro en un hotel,
entonces—.
ML: ¿Qué tipo de trabajo hacía tu familia acá que estaban en Johns Island?
KA: Mis tíos trabajaban para una compañía que se llama Cruz, de landscaping.
Mi tío Beto trabajaba en construcción. Mi tía Fabiola trabajaba en el Ryan’s, y mis tías
trabajaban limpiando casas también.
ML: ¿Hacía mucho que estaban ellos ya en Johns Island o mucho en Estados
Unidos?
KA: En Johns Island creo que sí desde que aquí. Creo que mi tía y mi tío han
estado aquí desde los ochenta, si no estoy mal. Sí, pero por lo que sé, siempre han estado
aquí en Carolina de Sur, porque tenemos otra familia aquí.
ML: ¿Cuándo llegaron tu mamá y tu papá?
KA: Creo que llegaron como un mes después. Creo no sé, pero a mí se me hizo
una eternidad. Ellos ya habían cruzado, pero creo que estaban en la frontera y trataron de
cruzar y no pudieron y luego trataron otra vez y creo que así se le llevaron por un tiempo.
Luego ya pudieron cruzar y estuvieron en Texas con unos familiares que tenemos ahí. Y
luego, ya por fin, llegaron a Carolina del Sur. Pero ellos llegaron a finales de septiembre.

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Entonces, casi un mes, que para mí se me hizo como cinco o seis meses sin mis
papás. Me acuerdo que cuando mi hermana me decía, “Okay, vamos a hablar con mamá y
papá, pero no llores.” Y yo le decía, “No, no, no voy a llorar,” pero lloraba y algo que a
mi mamá siempre se le ha quedado es que le decía, “Está verde, verde, verde aquí.”
porque yo veía muchos árboles. Y sí, nunca me dejaban hablar con mis papás casi.
Bueno, sí me dejaban, pero no querían que hablara con ellos porque me ponía a llorar y
no había nadie que me consolara.
Entonces, decía, “Es que no puedes llorar porque si no tu mamá y tu papá se
quedan preocupados.” Pero yo tenía seis años. Nadie me iba a quitar mis llantos. Y por
fin llegaron mis papás, llegaron a la casa de mi tía Tonia. Me acuerdo que fuimos y
alguien me preguntó, “¿Cómo te has portado Karlita?” Y les dije, “Bien.” Y alguien dijo,
“Bien mal,” y cuando volteé era mi mamá. Mi mamá estaba entre los familiares y ya vi a
mi mamá y ya me acuerdo que la abracé.
Me acuerdo que me iba a sentar en el sillón y ya la volteé y la abracé. Y también
mi hermana, y le preguntamos dónde estaba mi papá, y mi papá estaba escondido en el
baño. Y ya fuimos a buscarlo y fue la noche que llegaron mis papás. Fue como llegaron.
Fue bonito porque habíamos empezado la escuela ya con un lenguaje nuevo. Yo iba a la
Angel Oak, mi hermana iba Haut Gap, no estábamos juntas. Era el tiempo que nos
separaban. La maestra que tuve, porque me metieron en segundo grado, una maestra muy
buena, la primera que tuve.
Ella usaba un diccionario de inglés español para tratar de comunicarse conmigo. y
luego ya me pasaron a otro salón donde había una muchachita que hablaba español,
entonces ella fue la que me ayudó. Pero no me gustaba ir a la escuela. Era muy difícil. No

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entendía. Me ayudaba mi tía a hacer las tareas, pero la verdad es que nadie de mis
familiares habla inglés tampoco muy bien. Entonces, nadie entendía.
Mi tío Beto me enseñaba a contar monedas. Mi hermana tampoco entendía. Mi
hermana también se le hizo muy difícil. Entró directo al middle school—si, no— Mi
hermana aprendió inglés más rápido que yo. Ella lo aprendió al año, a mí me tomó casi
dos años aprenderlo bien. Me acuerdo que tenía clases de ESL con una maestra, pero es
difícil.
ML: Y no había tantos niños por lo que vos me decís, porque te cambiaron de
salón para que estuvieras con otra niñita que hablaba en español.
KA: Sí, no había tantos. En el salón que yo estaba no había nadie. Tenía una
amiguita y era una morenita. Fue mi primera amiga, pero ni ella ni yo entendíamos,
entonces nos hablábamos a señas. Y creo que ya por fin los maestros dijeron, “No, pues,
no la va a hacer.” Me pasaron al otro salón y cuando se acabó el año le mandaron a hablar
a mi mamá y una maestra le tradujo y le dijo que me iban a poner en segundo grado otra
vez el siguiente año. Mi mamá dijo que no, dijo, “No, ella puede, ella puede.” Y sí, me
mandaron al tercer grado donde tuve a mi maestra, Miss A. fue la mejor maestra que
pude haber tenido en el mundo. Ya hablaba inglés un poquito mejor, pero es cuando me
di cuenta que los maestros en verdad tienen mucho que ver cómo uno como niño --.
ML: ¿Qué la hizo tan especial?
KA: Era muy dulce, muy paciente, hacía formas de asegurarnos que nos gustara la
escuela, porque la maestra que tuve en segundo grado no tenía nada de paciencia y estaba
grande también. Bueno, no sé si era porque no hablábamos el mismo idioma, no sé, pero
Miss A. fue una maestra muy dulce, siempre se preocupaba por nosotros, tenía animales.

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Todo lo que hacíamos en la escuela siempre tenía que ver con hacer con tus manos y yo
soy muy así.
A mí me gusta aprender visualmente o ver con manos, hacer cosas, tocar cosas,
entonces ella se aseguró de eso. Ella es de Sud África entonces yo creo que ella entendía
eso como de hablar inglés con un acento, no entender ciertas cosas, creo que también por
eso hubo una conexión más fuerte entre ella y yo. Ella sabía qué era no saber un idioma
bien. Me acuerdo que cuando ya cursé el tercer año y tuve que ir al cuarto grado y no me
gustó, pero nada, pero porque no tenía una Miss A. en el cuarto grado.
Y yo fui la única clase que enseñó en Angel Oak. Cuando acabó ese grado ella se
fue a otra escuela y la volví a ver cuando entré al sexto grado en Charleston Collegiate,
ahí estaba enseñando el segundo grado y ahí fue cuando la volví a ver. Fue chistoso
porque yo siempre pensé, ¿qué le pasó? Y ahí estaba.
ML: Se había cambiado de escuela. Así que te tocó cambiarte de tener tus primos,
de jugar en la calle del barrio a venirte a Johns Island a tener una amiga con la que no
podías hablar.
KA: Sí, vivíamos con mi prima y mi primo y luego al lado estaba la prima de mi
papá con sus tres hijos, entonces con ellos jugamos aquí. Pero no era lo mismo, o sea, sí
hacíamos, deshacíamos, jugábamos, venía el carrito del helado y todo eso, pero pienso
que nunca fue lo mismo como en México. Yo tenía mejor relación con la familia de mi
mamá porque era con los que yo me conocía, con los hermanos de mi papá no tanto
porque siempre estuvieron aquí en los Estados Unidos. Entonces, sí fue muy diferente a
cómo era allá en México.
ML: Tu familia decidió después pasarte a una escuela privada, ¿verdad?

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KA: Sí.
ML: ¿Cómo fue eso? ¿Sabes por qué decidieron eso?
KA: Mi hermana empezó a ir ahí. Cuando llegamos nos dijeron que nos iban a
meter con las monjitas. Entonces había un autobús de mi escuela que nos rejuntaba y nos
lleva a Our Lady of Mercy para hacer tarea. Y de ahí fue donde empezamos a conocer a
esta gente, que ya no está trabajando ahí, pero eran unas monjitas, no me acuerdo sus
nombres, pero muy dulces. Y una de ellas fue la que le dijo a mi mamá de Charleston
Collegiate para mi hermana, y ayudaron a buscarle becas y mi hermana fue.
Entonces, cuando yo estaba en el quinto grado e iba a acabar mi mamá también
quiso mandarme ahí. Me acuerdo que me hicieron los exámenes y me iban a decir si sí
entraba o no, y sí entré. Y también me ayudaron a buscar beca, entonces fue cómo entré
ahí.
ML: Entonces, tu hermana estuvo en Haut Gap un poquito pero después la
mandaron a --. Y esta escuela, Charleston Collegiate ¿es middle y high school o es
middle solamente?
KA: No, entonces mi hermana cursó todo middle school en Haut Gap, cuando
entró a high school fue cuando la mandaron allá y Charleston Collegiate es de PreK hasta
el doce grado. Entonces, es completa la escuela. Pero yo entré ahí desde el middle school.
Cursé middle school y high school en Charleston Collegiate que fue muy diferente a lo
que estaba acostumbrada.
ML: ¿En qué sentido?

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KA: No había tantos niños de color. Cuando entré no entendía muy bien. Bueno,
cuando entré había un niño con el que yo iba a la escuela en Angel Oak, también entró él
ahí.
ML: ¿Otro niño latino?
KA: Sí, el primer grado no le puse mucha atención. No entendía muchas cosas.
Séptimo grado ya fue un poquito diferente. Fue cuando me di cuenta que la escuela que
iba no era lo mismo que la anterior. En esta escuela iba mucha gente de dinero y era
notable que mi familia no tenía dinero. En el octavo grado cambiaron las cosas. Cuando
crucé octavo grado fue cuando mi hermana se graduó de high school, entonces en el sexto
y en el séptimo ahí tenía a mi hermana, en el octavo la tuve, pero cuando entré a high
school ya no estaba mi hermana.
Y cuando entré a high school fue cuando me empecé a dar cuenta que yo era un
poquito diferente a todos los demás. Mi familia no venía de dinero. El color de la piel era
diferente. En esta escuela tienen algo que se llama Winterim y es cada marzo y ponen
diferentes viajes. Siempre hay un viaje grande, unos más chiquitos y unos locales. Pero
tienes que pagar dinero y los viajes grandes siempre eran como Japón, o Italia, a las
Galápagos, a las Bahamas, y fue cuando me di cuenta que yo no podía ir a esos lugares
porque no tenía pasaporte. Y fue cuando empecé a darme cuenta que yo era
indocumentada, en esos momentos cuando entré al ninth grade. Fue cuando empecé a ver
las diferencias entre mi historia, de dónde venía yo, a dónde venían mis compañeros.
ML: ¿Sabías que no tenías pasaporte o fue una cosa que tus papás te tuvieron que
decir?

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KA: No, fue lo que me enteré yo solita. Creo que mis papás nunca nos dijeron,
“Tú no eres de aquí.” no, fue algo que yo me empecé a dar cuenta sola, pero fue algo
también que tuve que fingir. Entonces en la escuela todos la van, así como de su Spring
Break, fui a las Bahamas, fui acá, bla, bla, bla y pues, nosotros no. Mi mamá trabajaba,
mi papá trabajaba. Cuando llegamos aquí mis papás nos compraron muchas cosas, cosas
que nunca tuvimos en México.
Mis papás siempre se aseguraron de darnos lo mejor que podían, pero cuando vi
que no tenía lo mismo que ellos, se volvió como una doble vida casi. En la escuela yo era
alguien diferente y en mi casa yo era alguien diferente. Hubo un momento en que hasta
me sentía avergonzada de mis papás. Me sentía avergonzada del carro que manejábamos.
No quería que mis papás vinieran a la escuela. No quería que mis papás hablaran español.
Y así fue noveno grado, el diez, once, y cuando me gradué pues todo el mundo
aplicó que a Furman, al Citadel, a College of Charleston, o sea, a escuelas grandes y el
college counselor que teníamos en ese momento, y eso porque yo era indocumentada, y
trató su mejor de ayudarme. Fue cuando recibí DACA en el 2012, entonces recibí DACA
unos meses antes de que me graduara, pero para entonces los college applications ya
habían acabado. Ya había pasado diciembre, entonces ella me llevó a Trident con otro
estudiante que yo no sabía que era indocumentado, pero nos enteramos juntos.
Sabíamos, pero no íbamos a hablar de eso, porque él tanto como yo era como una
doble vida, así de que en casa soy esto, y en la escuela soy algo diferente. Fuimos a
Trident, me ayudó a aplicar, pero fue una experiencia muy—, creo que fue la primera vez
que yo sentí un tipo de discriminación. Comparado al resto de mi familia yo soy la más
güerita y hay muchas veces que por mi color de mi piel me tratan diferente de cómo

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tratan a mi mamá o a mi papá o a muchos de mis amigos. Pero esa vez cuando quisimos
aplicar, me acuerdo que la señora nos dijo, “Oh, aquí no recibimos aplicaciones como
personas como ustedes.”
ML: ¿Y eso era en 2012?
KA: Uh-huh.
ML: Era la época en que todavía estábamos peleando con las universidades de
Carolina del Sur para que aceptaran a los estudiantes.
KA: Sí.
ML: Porque Carolina del Sur había dicho, “no queremos estudiantes que pisen el
campus,” ¿verdad?
KA: Sí.
ML: No solamente no darle becas, no pueden ni pisar el campus. Así que justo en
esa época llegaste ahí.
KA: Sí. Y ya, nos dijeron, “Vayan al edificio no sé qué,” y fuimos al edificio y
me acuerdo que nos sentamos en una sala de espera y luego nos llamó una señora
individualmente. Nos sentó y ya nos empezó a hacer preguntas. Nos pidió nuestro seguro
social, nuestra carta de trabajo, nos pidió la información que necesitábamos y luego nos
dijo, “Okay, ¿qué quieres hacer?” Y ya le dije que quería ser un associates in art, y me
dijo que para qué, y le dije que porque me quería transferir a una escuela de four years
para ser una maestra.
Y me dijo, casi, casi, riéndose, me dijo, “Oh, no pierdas tu tiempo, no te van a dar
la licencia para ser maestra.” y en ese momento sacó una lista de todo lo que NO
podíamos hacer aquí. No podemos ser maestros, no puedes ser abogado, no puedes

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trabajar en criminal justice, no puedes ser nurse, no puede —. Y dije, “Entonces, ¿qué
puedo hacer?” Y me dijo, “Pues, casi nada. No pierdas tu tiempo.” Pero mis papás
querían que yo fuera a la escuela, de todos, me apliqué, tomé el basic english, basic math,
psicología. Lo que una persona hace en un semestre yo lo hice en un año.
¿Por qué? Porque eran casi mil dólares por clase, ochocientos dólares por el
crédito más doscientos dólares por los libros. Era porque a cada rato estaban cambiando
los libros. El mismo que usaron la gente anterior ya no era el mismo que querían.
Después de ese año, cuando me gradué, después del año que hice en Trident me salí.
Dije, “Mamá, yo no quiero hacer esto. No puedo. No me gusta.”
Creo que también tenía que ver que de high school a college fue una transición
muy difícil para mí. Nunca fui mala estudiante, simplemente no me gustó esa transición.
Creo que también tuvo mucho que ver cómo nos trataron cuando tratamos de inscribirnos
a la escuela. Y desde entonces no he pisado un campus de educación al menos para hacer
lo que hago para mi trabajo ahora.
ML: Me pregunto cuando te escucho, qué soledad tan grande la de los estudiantes
que navegan en la escuela siendo una persona, están en la familia siendo otra persona,
pero la gente de la escuela no te termina de entender, la gente de tu familia que quiere lo
mejor para vos tampoco termina de entender, y entonces me pregunto quién te acompaña
en esa soledad, ¿con quién podías hablar de eso de estar en el limbo, de estar caminando
dos culturas? Digo, todos los jóvenes a esa edad están buscando su identidad, ¿verdad?
Pero la historia que contás parece de una gran soledad.
KA: Sí, fueron tiempos muy difíciles en toda mi high school, porque nunca
entendí, porque hubo mucho tiempo de mí que nunca entendí por qué vinimos aquí, para

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qué vinimos aquí. Estando en un país donde no nos quieren, o sea, donde un papel tan
chiquito tiene tanto significado, no importa la persona que eres, no importa lo que quieres
hacer. Pero a la misma vez la mayoría de mis amigos era gente blanca con dinero, donde
sus papás tenían estos títulos tan grandes, donde vivían en casas tan grandes, donde a la
edad de dieciséis tenían los mejores carros.
Entonces, aprender la cultura americana y la cultura mexicana y combinarlos en
una persona, fue muy difícil. Yo quería ser americana, o sea, decía, okay, soy blanca,
hablo el idioma. Hubo mucho tiempo que yo me sentía más americana que mexicana, y
veía a la cultura mexicana y decía, “ay, por favor”. Mi mamá me ponía almuerzo y lo
tiraba, no lo comía. Nunca le llevaba sus tuppers. Decía, “¿Dónde están mis tuppers?”
“Ay, se me olvidó.”
Pero la verdad es que los tuppers estaban en la basura, porque me daba tanta pena,
sentía tanta humillación de que todo el mundo viera de dónde era. Pero creo que no soy la
única que pasa por eso. Hay muchos estudiantes que pasan por ese momento,
especialmente en high school, porque estás tratando de averiguar quién eres, qué quieres
hacer. Tienes la presión de que, okay, ya te vas a graduar, ¿dónde vas a ir a la escuela? Y
agrégale a eso, algo que se supone que tiene que ser accesible que todo el mundo, no lo
es. Ir a la universidad no es algo accesible para todos.
Entonces, cuando todos hablaban de universidades, hablaban de universidades
grandotas, que es 40,000 dólares al año, algo que no podemos hacer. Y también vi la
experiencia que mi hermana vivió, porque mi hermana vivió eso antes que yo. Y tampoco
ella tuvo alguien que la guiara. Entonces, cuando me tocó a mí ella no me pudo ayudar
porque no supo qué hacer. Mi hermana tampoco fue al colegio.

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La verdad es que en esos momentos yo no tenía a nadie en quién inclinarme, no
tenía una amiga que pasaba lo mismo que yo, no tenía una maestra con quien decirle esto.
Había un maestro que sabía de nuestra situación, de mi hermana y yo, y es porque le
pedimos cartas de recomendación porque necesitábamos cartas de recomendación para
cuando aplicamos para DACA. Él sabía, pero él nunca dijo nada tampoco.
ML: Pero en la isla había más gente en la misma situación, ¿no?
KA: Sí, yo no soy buena para hacer amigos. Entonces, yo nunca tuve amigos más
que la gente que vivía --.
ML: ¿Y fuera de la escuela tenías algún otro espacio? Y es tan difícil hacer
amigos, ¿fuera de la escuela había algún otro espacio donde te encontraras con gente?
¿No iban a la iglesia?
KA: Sí, íbamos a la iglesia, pero no.
ML: No tanto.
KA: Sí, crecí en la iglesia, cuando cumplí quince fue cuando ya dejamos de ir a la
iglesia. Pero íbamos a la iglesia, mis papás siempre estuvieron muy involucrados en la
iglesia cuando crecí, en México también aquí. Pero siempre había tanto drama adentro de
la misma iglesia, entre la gente.
ML: [Risas]
KA: Yo creo que eso también hartó a mis papás, dijeron, “¡Pero ya!” Entonces,
fue como una mixtura de todo y dejamos de ir porque todo el mundo siempre se estaba
peleando. Hasta la fecha mi papá va y todavía se están peleando por las mismas
situaciones. Pero sí, mi hermana y yo fuimos parte del grupo juvenil de la iglesia, pero la

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gente que iba era más grande que yo. Yo era la más chica, tenía doce años, trece años.
Todos tenían dieciocho, diecinueve, veinte, veinticinco.
Entonces, era no era la gente con la que yo me juntaba. Entonces, nunca tuvo
como un espacio fuera de ahí para hacer amigos. No soy muy buena para hacer amigos,
soy muy introvertida. Trato de ser más abierta, especialmente con mi trabajo, pero
prefiero salir con mi mamá y con mi papá que con amigos.
ML: Y vos me contaste mientras estábamos conversando que un viaje a
Washington había sido muy importante para vos en esto de encontrar una comunidad de
gente que tenía una situación semejante a la tuya.
KA: Sí, fue en el 2017. En ese tiempo estaba pasando por unos tiempos muy
difíciles. Me había casado, luego me había divorciado, tuve depresión. Fueron tiempos
muy fuertes. Perdí mi trabajo. Perdí mi trabajo por una salud mental que nadie entiende.
Siento que a veces la depresión es muy mal entendida en muchos aspectos. Y me
corrieron de mi trabajo. Entonces estaba trabajando con mi mamá y mi hermana
limpiando casas.
ML: ¿En qué estabas trabajando cuando estabas pasando por este problema?
KA: Trabajé en una boutique de zapatos y ropa en Kiawah, en Freshfields, y nada
más éramos yo y la otra señora. Y siempre me decían que fui una de sus mejores
empleadas, pero cuando se tomó tiempo de que yo necesitaba tiempo porque no estaba
bien, fue cuando me corrieron. Y entonces me fui a trabajar con mi mamá y con mi
hermana. Pero fueron tiempos difíciles, tiempos muy oscuros que ahora entiendo que no
soy la única que ha pasado por eso.

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ML: ¿Cómo busca ayuda una joven DACA que tiene problemas de salud mental,
que está teniendo dificultades, a dónde va a buscar ayuda en Charleston?
KA: No hay. Cuando yo tenía quince fue la primera vez que me diagnosticaron
con depresión. Entonces, iba al MUSC en esos momentos, entonces todavía me trataban
los pediatras en ese tiempo, porque todavía no tenía dieciocho. Entonces, me mandaron a
un lugar ahí en West Ashley, atrás de Home Depot, que tienen un lugar ahí. Fui, pero la
señora que me trató no—, entonces, dejé de ir. Y así me la llevé y cuando pasé por todo
esto—.
En high school, cuando estaba pasando por depresión, el counselor que teníamos
le había dicho a mi mamá que —, mandaron llamar a mi mamá y le dijeron que ahí
estaban los papeles, solamente teníamos que firmarlos para que me mandaran a Palmetto
Mental Health Institute en Goose Creek or North Charleston. No sé dónde queda. Y yo le
dije a mi mamá, “Yo no voy a ir ahí. No estoy loca.” Entonces, no fui.
Cuando paso por todo esto fue cuando dije, “okay, este es el momento” y fue el
primer lugar que pensé para ir a buscar ayuda. Pero no es lo que uno piensa. Fue una
experiencia—yo siento que salí de ahí peor que como entré, porque yo sentía que nadie
entendía lo que estaba pasando. Los planes que tenía no pasaron. La vida que yo había
pensado y soñado y visto a mis veintidós años no estaba yendo como yo quería.
Entonces, fue una gran lección, de que, una, la salud mental en las familias latinas no es
hablado muy común. “Ay, no llore” “Tienes pubertad,” son cosas así que me di cuenta
que pasan.
ML: “Hay que confiar en Dios”, “Hay que rezar”.

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KA: Sí, pero nadie nunca entiende exactamente lo es. Pero afortunadamente yo
tengo dos padres que entendieron mucho y me apoyaron mucho en esos momentos, mi
papá, mi mamá, mi hermana. Trabajé con mi hermana y mi mamá limpiando casas, y fue
cuando habían empezado el restaurante. No el restaurante, apenas habían empezado a
hacer eventos chiquitos.
ML: ¿Y tu hermana y tu mamá habían puesto una empresita de limpieza también?
KA: Sí, habían puesto la empresa de limpieza y justo después cuando me quedé
sin trabajo fue cuando empezaron también a hacer lo de la comida. y mi mamá vio en
Facebook un post de usted de que una organización United We Dream estaba buscando
gente y no sé qué tanto, y mi mamá le dijo a mi hermana, “Deberías de ir.” Y mi hermana
dijo, “No, yo no puedo, tenemos las casas y eso.” Y mi hermana me dijo, “Pero tu
deberías de ir, creo que sería bueno, no sé qué.” Dije, “Ay, no yo no voy a ir.”
Pero en ese tiempo yo le decía no a todo. Y acabé yendo. También porque Laura
Cahue una persona que conocemos, que mi hermana conoce bien, también mi hermana
habló con ella y ella fue la que le dijo, “Sí, dile a tu hermana que vaya. Es gente de
confianza, bla, bla.” Y fui. Llegué un martes, no un lunes, llegué un martes y me acuerdo
que cuando llegué me perdí por una hora, porque tuve que ir a la oficina primero a dejar
mi maleta y luego tuve que tomar un metro para llegar al Capital Hill y me perdí por una
hora.
Me salí en la salida anterior, entonces el Capitolio está por acá, y yo llegué hasta
la otra esquina. Caminé como por una hora, me perdí y ya por fin llegué, pero me acuerdo
que en el transcurso yo le dije a mi mamá, “No quiero estar aquí. Me quiero ir a mi casa.

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Yo no conozco este lugar. ¿Dónde me mandaron?” Y mi mamá me dijo, “Pues, trátalo,
no sabes, todavía ni llegas con la gente y ya te quieres ir.”
Y sí, lo tratamos. Llegué, primero conocí a una muchacha que se llama Fernanda,
que también era de Carolina del Sur. Y luego conocí a Deyanira Aldana, que en ese
momento era la organizadora principal de la campaña. Y luego conocí a José Palacios y
sí, conocí a mucha gente más. Luego conocí a Tim. Tim, un hombre alto, blanco, con un
montón de muchachos indocumentados, dije, “¿Qué está haciendo este viejo aquí?”
Pensando que no hablaba español y sí hablaba español.
Yo no decía mucho, hasta que un muchacho que se llama Martín se me acercó y
empezó a hacer plática. Luego nos fuimos a la casa y Martín y José empezaron a platicar
conmigo y empezaron a preguntarme sobre mí historia. Ahí creo que fue la primera vez
en mi vida que dije, “Ay, aquí no me van a juzgar, aquí voy a poder decir lo que yo siento
y cómo me he sentido”. Y fue la primera vez que estuve en un cuarto donde no fui la
única persona indocumentada. Y fue la primera vez que dije, “Pues sí, no, no tengo
papeles.”
Y sí, me sentí muy confiada y estuve ahí toda la semana. Me fui en un sábado y
ese sábado Deya me dijo, “La siguiente semana tenemos una junta con Tim Scott, él es tu
sanador y queremos que estés aquí. ¿Quieres estar aquí?” Pues no tenía trabajo y dije,
“Sí, está bien.” Regresé la siguiente semana. Esto fue en septiembre, regresé la siguiente
semana y me quedé toda esa semana y la semana siguiente y un mes después me fui a mi
casa y luego regresé. Y no tenía trabajo, ellos fueron muy buena gente en dejarme
quedarme con ellos, alimentarme.
ML: ¿La organización pagaba por tu estadía allí?

�Karla Aguirre

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KA: Sí, me contaban cada semana como un joven nuevo que venía. Y Deya y
José y Tim y Sharky y Martín, todos ellos abogaron mucho por mí. Me dieron un espacio
que nadie nunca me había dado. Creyeron en mí. Y me quedé un mes, dos meses, me fui
a casa. Y me regresé a mi casa y dije, “no, pues voy a tener que buscar trabajo, ya no
puedo estar haciendo esto.” Sí mis papás me ayudaban a pagar, porque en ese tiempo
tenía un carro, me ayudaban a pagar mi carro, me ayudaban a pagar el teléfono, pero ya
había sido mucho tiempo que mis papás no pagaban por algo mío, entonces me sentía
extraña.
Dije, “voy a tener que buscar un trabajo”. Entonces, les dije a los muchachos de
allá, “Voy a tener que buscar trabajo aquí. ya no puedo estar haciendo eso. No voy a
poder regresar.” Sharky, le decimos Sharky pero se llama Claudia, fue y le dijo a la
persona que ahora es mi jefa, “¿Sí van a contratar a Karla o no?” Y ella dijo, “No sé,
tenemos que ver.” Y entonces todos empezaron a decir, “Tienes que traerla a Karla,
Karla, Karla,” hasta que por fin ella dijo, “Sí, okay, llámenla y le vamos a dar contrato.”
Y dos días después de Thanksgiving me habló Deya y me dijo, “¿Quieres un trabajo?” Y
le dije, “¿Cómo?” “¿Quieres un trabajo? Ellen me dijo que te van a dar trabajo.”
Y ese mismo lunes, eso fue como un jueves o un viernes, el lunes siguiente
empaqué mis cosas y me fui a DC y estuve en DC hasta marzo del 2018. Ayudé a correr
la campaña del Dreamer Campaign. Mi título era nomás organizadora, ayudaba a Deya
con las oficinas, entrenar a gente, pero la parte donde yo ayudaba más era con la
desobediencia civil al lado de Tim. Y ahí seguí y cuando se acabó la campaña, dije, no,
pues ya se acabó. Fue muy bonito, pero no me acabaron mi contrato.

�Karla Aguirre

27

Mi contrato siguió todo el resto de marzo, abril, y ya a finales de abril fue cuando
me dijeron, “Te vamos a hacer la coordinadora de California, pero te vas a tener que ir a
vivir a California.” Y por miedo de quedarme sin trabajo otra vez, dije, “Sí,” hay que
hacerlo y me fui a California por cinco meses en el 2018 y ahí estuve. Pero fueron cinco
meses muy difíciles. Se siente muy bonito ayudar a tu comunidad. Se siente bonito ser
parte de algo más grande de lo que tú piensas que es. Se siente bien hacer cambios.
Se siente bien que jóvenes que alguna vez se sintieron cómo yo me sentía, dónde
no querían saber nada de su cultura, no querían hablar su idioma, no querían decir que
eran indocumentados, ahora cuentan sus historias con mucho honor y se sienten felices de
quiénes son y hablan su idioma y aman su cultura. Pero a la misma vez se siente pesado.
Cuando haces algo, un tipo de trabajo donde te afecta a ti personalmente tan profundo,
donde afecta tu familia, no es lo mismo que hacer un trabajo así del diario donde te dicen
las noticias malas antes de que tú se las puedas decir a los jóvenes.
Y ves en su cara así esa emoción de que este es nuestro momento, vamos a ganar,
tenemos tanto empuje. Y luego les tienes que decir, “No, no vamos a ganar. Nada va a
pasar. Se queda todo igual.” Es difícil. Porque tú mismo no tienes ni siquiera cinco
minutos para procesar qué significa para ti mismo cuando tienes que consolar a alguien
diferente. Entonces, esos cinco meses fueron difíciles. Me perdí mi cumpleaños, me perdí
día de madres, día de padres. Me he perdido tanto aquí localmente con mi familia.
Sí, he viajado. He estado en lugares que nunca pensé que iba a estar. He conocido
a gente que nunca pensé que iba a conocer. He ido con la organización a recibir premios
como el RFK Awards, cosas así, pero también pienso que nada me va a regresar los
momentos como cuando mi hermana y mi mamá abrieron su restaurante, cuando vino mi

�Karla Aguirre

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tía de México, cuando vino mi abuela. O sea, cosas que yo no pude estar aquí porque
estaba trabajando. Eso nadie nunca te lo va a regresar. Entonces, yo estoy muy
agradecida de todo lo que he hecho, de ver los cambios en mí misma, de ver los cambios
en mi comunidad, pero el trabajo que hacemos es mentalmente cansado.
ML: Lo que yo escucho es que los cambios no son gratis en una comunidad, que
para que las cosas cambien hay esfuerzos y sacrificios y gente que se esfuerza y se
sacrifica. Una cosa que sobre todo en los últimos años que han sido difíciles para muchos
organizadores en las comunidades, y para todo el tema del burnout, el tema del cuidado
personal aparece mucho, mucho.
KA: Si
ML: Y aparece mucho entre, bueno, las cosas que yo leo, no quiere decir que no
aparezcan en otros grupos, pero entre las mujeres de las minorías aparece mucho este
tema de cuidarse y de cómo seguirse nutriendo para enfrentar cosas son traumáticas como
las vos estás contando, de por ahí, estar trabajando en un asunto que no va a parar a
ninguna parte.
Pero a mí me encantaría que me contaras, a nosotros nos interesa cómo los
jóvenes de Carolina del Sur se empiezan a organizar políticamente. Hay jóvenes que en
otras partes del país dicen, “Yo soy dreamer y no tengo miedo. Estoy aquí y me voy a
quedar. No tengo miedo.” Gente que habla con mucha claridad de su situación y de que
quieren estar aquí. Y en Carolina del Sur es como poquito eso que se ve incipiente, las
voces de los dreamers, pero de los inmigrantes en general. No vamos a decir que son
solamente los chicos.

�Karla Aguirre

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¿Cómo fue esto de ir a Washington y ayudarte a cambiarte? Esto de, mejor no le
digo a nadie, shh, como hago en mi escuela. Mejor vivo esta vida disociada. ¿Cómo fue
ese cambio de ‘no, yo tengo una comunidad que me acompaña y tengo una voz y puedo
hablar’? ¿Cómo fue eso?
KA: Fue un shock, porque me acuerdo que cuando empecé a ver videos del
trabajo que hacían ellos y escuchaban que gritaban, “Undocumented, unafraid.” Dije,
“Están locos, ¿qué les pasa?” Tanto tiempo todo el mundo diciéndonos, “No digan nada,
cállense.” Pero llegué al espacio y me di cuenta de que solamente porque no tienes un
papel que te dice que eres ciudadano, no te quita tus derechos humanos que tienes.
Entonces, aprender los derechos que uno mismo tiene como persona, no importa
si eres blanco, negro, café. Tan simple como derechos de decir no, saber cómo tratar si te
enfrentas con un policía de inmigración o con un policía regular. Aprender esas cosas que
muchas veces los gobiernos no quieren que sepamos, cambia cómo ves las cosas. Pero
también ver—, hubo un evento que tuvimos, fue en noviembre nueve, donde trajimos
más de mil personas al gobierno. Mil personas indocumentadas, jóvenes de todas las
edades, niños, padres, adultos. Llenamos todo un edificio y ese fue como el primer evento
grande que fui parte de.
ML: ¿Eso era parte de la campaña de los dreamers?
KA: Sí. Y escuchar cómo todos decían, “Undocumented, unafraid,” fue cuando
me fui dando cuenta de que hay un grupo más grande fuera de mis cuatro paredes que yo
vivo en, que ponen a riesgo su vida todos los días y que lo hacen con amor a la
comunidad y que lo hacen con una fuerza tan grande, ver cómo se van y se paran adentro
de las oficinas de estos congresistas y les dejan saber, “Lo estás haciendo mal.” Y no

�Karla Aguirre

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tienen ese miedo. Para mí al principio sí fue difícil, como un, ¿por qué estamos haciendo
esto? No hagan eso. No digan eso.
Pero ese día, ver ese edificio lleno, o sea, son cinco pisos o seis, y todos llenados.
O sea, de lo más bajo hasta lo más arriba lleno de gente gritando. Y creo que fue la
primera vez que dije, “Hay algo más, me conviene más hablar que quedarme callada.” Y
sí, me entró mucho miedo, dije, no. o sea, uno se pone a pensar, sí, pero si empiezas a
hablar todo el mundo va a saber quién es tu familia. Va a saber de dónde eres. Sí, esos
miedos entran, pero creo que también está en uno mismo de que cuando uno aprende sus
derechos, cuando uno aprende a defenderse, es tu trabajo decirle a todos los demás cómo
hacer lo mismo.
ML: ¿Tuviste algún problema en tu familia o en tu comunidad por este trabajo de
decidir hablar en vez de estar callada?
KA: Sí. Mis papás nunca me dijeron, “No lo hagas.” Me dijeron, “Sí, adelante,
haz lo que tú quieras hacer.” Pero sí hubo un momento donde tuvimos un problema con
—. Él se fue hace poquito, donde mi primo quiso venir a los Estados Unidos, tuvo su
visa, lo detuvieron, CBP [U.S. Customs and Border Protection], y hubo un problema
donde CBP tuvo contacto con mi hermana. Entonces, fue la primera vez que tuve esa
conexión grande con agentes de inmigración. Yo he tenido contacto con la gente de
inmigración.
ML: Dices que contactan a tu hermana, ¿por qué? ¿Por qué venía a verlos?
KA: Le llamaron porque encontraron el número de mi hermana en los mensajes
de mi primo.
ML: Pero eso hubiera pasado independientemente de tu trabajo, ¿verdad?

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KA: Sí, sí. Pero fue la primera vez cuando me di cuenta de que yo siempre pensé
que mis papás nunca iban a tener un tipo de contacto así. Yo lo he tenido. Es parte de mi
trabajo. Me sé defender, me sé mis derechos, pero mis papás nunca han pasado por ese
proceso. Mis papás nos saben qué es un paquete de preparación. O sea, nunca me he
tomado el tiempo ni el día para darles eso a ellos. Porque he estado tan enfocada en todos
los demás, que nunca me puse a pensar, “okay, ¿qué pasa si algo pasa aquí?”.
Porque estoy acostumbrada a este lugar, como por decir, cuando pasé tiempo en
Las Cruces o México, veía agentes de inmigración, veía la frontera de México, vi cosas
que no veo todos los días. Entonces, ahí es cuando dices, hay que decirle a esta
comunidad cómo defenderse, pero nunca lo pensé hacerlo en mi propia casa donde
también puede pasar algo así. Entonces, ahí fue cuando me empecé a dar cuenta que este
trabajo tiene ciertas consecuencias.
Y no son consecuencias malas, son consecuencias que uno puede tener control de
hasta cierto punto, como enseñarle a la comunidad, a tus familiares, cómo protegerse. Yo
soy muy creyente de que, si tú le dices a alguien algo, esa persona va a salir a decirle a
alguien más, especialmente en nuestra comunidad, los compadres, las comadres, se
cuentan de todo. Entonces, eso creo que ese fue uno de los errores que nunca hice, fue
enseñarles a mis papás.
Les hablé de cosas poquitas de aquí y acá, pero nunca tuve como el momento de
sentarlos y decirles, “Así son las cosas.” Entonces cuando pasó eso y fue cuando me
enteré que mi hermana tuvo una conversación con un agente sobre teléfono, fue cuando
dije, ¡guau! O sea, esto le puede pasar a mi familia en cualquier momento y nunca me he
tomado el tiempo. Entonces, ahí fue cuando dije, híjole, o sea, me entró miedo. Pero

�Karla Aguirre

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también fue cuando puse en práctica todo lo que he aprendido. Entonces, sí hay
momentos que digo, no debería hacer este trabajo. Y creo que es una de las razones
porque no lo organizo en mi propio estado.
ML: Contame.
KA: Yo no soy una organizadora famosa, no soy alguien que diga, ah, todo el
mundo me conoce. Pero en la organización que trabajo, Cristina Jiménez, nuestra jefa, es
una co-founder de United We Dream y también es el executive director. Ella es la cara de
United We Dream. Todo el mundo la conoce. Entonces, siempre hay como una cara al
movimiento. Y en esta ocasión, en United We Dream, ella es una de las caras de United
We Dream, igual que nuestros jóvenes. Si yo organizo en mi propia localidad yo no
quiero ser la cara del movimiento porque no quiero que la gente sepa quién soy. No
quiero que mi familia sea conectada con eso.
ML: Vos decís que trabajaste en la campaña de los dreamers en Washington, ¿me
podés explicar cómo es el día de un organizador en California? No sé si existe algo como
un día normal en tu trabajo, ¿pero podés explicar cómo es un día de trabajo tuyo?
KA: Sí, normalmente los lunes son mis días más ocupados. Tengo más llamadas
porque es el principio de la semana. Mi primera llamada empieza a las once de la mañana
y es la llamada de las campañas donde hablamos de todo lo que está pasando
nacionalmente, localmente, de todas las cosas que todo el mundo tiene que saber.
Normalmente dura una hora.
Después de ahí tengo mi primera llamada con una de las muchachas de California.
Hablamos de las prioridades, de qué va a hacer, qué no va a hacer, qué se va a enfocar,
cómo se ve su día, cómo se ven sus semanas. Y luego tengo la llamada del field que es el

�Karla Aguirre

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departamento donde yo estoy. También hablamos de nuestras prioridades como estados,
como programas. Y luego tengo mi otra llamada con la otra chica de California, hacemos
lo mismo, cuáles son sus prioridades.
Y después de ahí normalmente trabajo en hacer presupuestos, trabajo en hacer
documentos que necesitan, tengo mis chequeos con mi jefa, entrego lo que necesito, me
preparo para mi semana. Cuando estoy en casa es un poquito más relajado. Trato de
acabar mi día como a las cuatro, cinco, pero si estoy, por decir, en California o Nuevo
México que estoy local, mi día empieza a lo mejor a las ocho de la mañana, vamos a
diferentes lugares. Cuando estoy en California vamos a las escuelas, nos reunimos con
los jóvenes.
ML: ¿En qué ciudades de California están trabajando?
KA: Ahorita estamos, nuestra ciudad prioridad es Santa Cruz y luego estábamos
trabajando en Long Beach, pero ahorita estamos poniendo un poquito de pausa en Long
Beach. Organizar en el sur de California es más difícil que en el norte de California. En el
sur de California hay más organizaciones, y la mayoría de las organizaciones que están
ahí trabajan, ya sea para comunidad inmigrante o para farm workers. Y como es un
estado tan grande, y el estado donde hay más inmigrantes, la lucha por los resources es
más grande.
Como una organización nacional a veces no es muy bienvenida en lugares así
porque cada quien ya tiene como su territorio. Este es mi cuadrito, este es el cuadrito de
fulanito. Entonces, cuando llega una organización nacional donde la gente conoce, son
más como que “No, espérate, este es mi territorio, no te metas aquí.” esas son las cosas

�Karla Aguirre

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con las que nos hemos topado más, que no es malo. Yo entiendo, y esas organizaciones
han estado en California por mucho tiempo.
ML: ¿Y pueden coordinar con esas organizaciones?
KA: Sí, sí tratamos de coordinar con ellas, pero cuando hablamos así de
geographically así, con algo que sí ella no es como uno de nuestros lugares que digamos,
necesitamos estar ahí. Es más, como San Diego, norte de California donde hay más
campos de granjas y eso, donde hay más comunidad. Entonces, también uno como
organizador tienes que escoger tus batallas y tienes que aprender a decir, “Aquí somos
más necesitados, aquí no.” Tampoco no somos una organización que va a llegar y va a
decir, “Ah, pues, lo siento, aunque tengas gente aquí, yo voy a entrar aquí.” No, si ya hay
una organización que les está proveyendo ayuda a la comunidad no tiene punto de que
uno llegue a tratar de pelearse por una persona.
ML: Dos cosas me acuerdo que me contaste que mí me llamaron mucho la
atención y me encantaría que comentaras ahora. Una fue de esa idea que tenemos del
dreamer como la persona que es súper exitosa, que es súper buena académicamente, la
persona que es el top del top, la crema de la crema. Y vos criticabas— no sé si criticabas,
pero si revisabas un poco esa idea, ¿quéres hablar un poco de eso?
KA: Sí. La palabra dreamer empezó con Obama, más bien muchísimo antes que
Obama. Fue la palabra que puso este movimiento en el pizarrón. Fue la palabra que es
una forma de cómo describir este grupo de gente. Pero lo que yo he visto en el tiempo
que yo he estado haciendo este trabajo, que no ha sido mucho tiempo, pero con la gente
he conocido, con la gente que he hablado, la mayoría de las veces cuando ponen esta
palabra dreamer, muchas veces es conectada con gente que ha ido a la universidad, gente

�Karla Aguirre

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que tiene un master, que son doctores, que han podido hacer cosas que nunca pensaron
que una persona indocumentada iba a hacer.
Y para mí ese es un logro grande para nuestra comunidad, cuando alguien puede
ser un doctor, cuando alguien puede ser un abogado, ese es un logro grandísimo. Pero la
verdad es que nuestra comunidad de gente que tiene DACA o no tiene DACA, va más
allá que eso. Hay gente que tiene DACA que son constructores, que trabajan limpiando
casas, que trabajan en restaurantes. Hay gente que tiene DACA que son dueños de sus
propios restaurantes, de sus propios negocios. Entonces, la palabra dreamer siempre tiene
esta narrativa de que es una persona que tiene puros As, que va a la universidad, que es
estudiante perfecto, que no hace nada malo, cuando la verdad es que esa descripción no
describe a todo el mundo.
Entonces, cuando alguien me dice, “No, yo me identifico como dreamer.” “Ah,
okay, perfecto,” Pero hay gente que prefiere identificarse como una persona
indocumentada porque cuando hablamos con el Congreso, cuando hablamos con gentes
políticas, con gente más grande donde tienen decisiones, y describen a un dreamer,
siempre es alguien que tiene una educación de universidad, que está ganando tanto
dinero, que nunca ha cometido un error, nunca ha tenido un ticket, algo que la verdad eso
no es posible. Una persona así tan perfecta no existe.
Entonces, cuando a mí me ha tocado hablar con jóvenes o mi propia experiencia,
yo no fui a una universidad, no tengo un bachelors, no tengo un masters, pero sí soy una
persona trabajadora, una persona que quiere llegar al colegio algún día, pero ahorita no es
el momento porque las oportunidades no están ahí. Todos los cincuenta estados no son

�Karla Aguirre

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como California donde les ofrecen financial aid y que pueden ir a la escuela y que tienen
becas. Esa realidad no existe en los cincuenta estados.
Entonces, cuando hablas como una persona que viven Alabama, Carolina del Sur,
Georgia, Florida, Luisiana, estados donde no hay in state tuition, donde no hay ningún
tipo de becas para estudiantes indocumentados, y te pones a pensar, okay, si solamente
una persona que es dreamer, que es alguien tan perfecto, que tiene un bachelors, un
masters, que gana tanto dinero, que nunca ha tenido un ticket en su vida, solamente es la
gente que les van a dar pathway to citizenship, no llenaríamos, la mitad de la gente que
tiene DACA no sería incluida en eso.
Entonces, para mí si alguien se identifica como dreamer es por alguna razón y es
una narrativa tan grande que nos ha ayudado a llegar al momento que estamos ahorita.
Pero también pienso que es muy válido cuando alguien no se considera un dreamer. No
es como que diga, “ay, hay que acabar con esa palabra. Esa narrativa se tiene que
acabar”.
No, pero sí pienso que cuando uno está hablando con congresistas, cuando uno
está hablando de legislaturas y están hablando de este dreamer perfecto, entonces hay que
pensar en la gente que no va a ser incluida ahí. Si pasa una legislatura, una legislatura
hermosa, con pathway citizenship, pero es solamente para el dreamer ideal, ¿qué va a
pasar con todos los demás?
ML: ¿Y esa era un poco tu crítica a la legislación que estamos tratando de pasar
ahora en Carolina del Sur ahora para proteger a los dreamers?
KA: No, sobre la legislatura que están tratando de pasar aquí en Carolina del Sur
yo pienso que es excelente y se tiene que empezar por alguna parte. Esta campaña

�Karla Aguirre

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nacional que hemos cargado con el Dreamer Campaign empezó con la narrativa dreamer.
Pero, así como empieza algo tan pequeño o tan grande, siempre tienen que ser hago más
y más y más, y siempre va a llegar a la forma correcta que es lo que queremos: protección
para todos, para nuestros padres, para dreamers, para no dreamers, para gente que tiene
DACA, para gente que tiene TPS [Temporary Protected Status], para gente que tiene
DED [Deferred Enforced Departure], siempre hay algo más grande de lo que empezamos.
Yo pienso que la legislatura que están tratando de pasar aquí es un comienzo para
algo más grande. La cosa que yo siempre pienso es que como persona que quiere hacer
un cambio en tu estado nacional, o donde tú quieres hacer un cambio, siempre hay que
pensar como en un aspecto más grande. Siempre se va a empezar con algo pequeño,
porque si empezamos con el aspecto más grande de que hay que proteger a todo el
mundo, no vamos a llegar a ninguna parte. Siempre es algo más pequeño, y así fue como
empezó DACA, porque empezó primero el Dreamer Campaign donde protegíamos a todo
mundo, mitad del mundo, y eso no pasó.
Entonces, ¿qué nació del dreamer? Nació DACA. ¿Y qué nació del DACA?
DAPA para los padres. Entonces, es como un proceso. Entonces, para mí es que, si tú
quieres hacer algo para los dreamers, para la gente DACA, para la gente TPS, para el
environment, cualquiera que sea tu pasión, siempre hay que pensar en lo más grande y
cómo hacer eso más grande más chiquito. Si la narrativa es usar dreamers porque
funciona con la gente legislativa que está aquí en Carolina del Sur, ¿sabes qué? Todo el
mundo somos dreamers. Pero cuando uno se sienta a hablar de estrategia como persona
que conoce qué es lo que está pasando y cuál es lo más grande --.

�Karla Aguirre

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ML: Y a la hora de involucrarnos y a la hora de --, con quién trabajamos y
quiénes son nuestros aliados, la comunidad es mucho más grande.
KA: Sí, y ahí es cuando yo pregunto y digo, okay, ¿cuál es la narrativa correcta
que vamos a usar? ¿Si no va a ser dreamer, qué va a ser? Okay, entonces, si va a ser
dreamer, ¿quién está incluido en esa narrativa? Todo el trabajo que hacemos tiene que ver
mucho con la narrativa. La narrativa dreamer nunca se va a ir. Esa es la verdad, porque es
lo que comenzó, lo que tenemos ahorita. Y está bien.
Pero yo pienso que, si tú quieres ser una persona que organiza, especialmente en
el mundo político que estamos viviendo ahorita, e inmigración siendo una de las cosas
más grandes que está ahorita ahí en el mundo político, tienes que pensar en toda la gente.
Y no solamente en la gente que tiene DACA, como dije hace un ratito, la gente que tiene
TPS, en la gente que tiene DED, o sea, este grupo es más grande de lo que pensamos.
Pero la palabra dreamer es lo más grande que se ha creado, pero las palabras que vienen
attached con la palabra dreamer no son la verdad para mucha gente, son cosas que la
gente no dicen, “Ah, sí, yo soy dreamer.”
ML: Y el cambio, pienso también ahora, es cómo va evolucionando la comunidad
inmigrante y los nuevos problemas que vamos teniendo en la comunidad inmigrante. Los
dreamers tienen papás y tienen hermanos en distintas condiciones de inmigración. Y
ahora tenemos toda la comunidad refugiada también, que como vos decís, tienen --,
entonces que cuando pensamos en un inmigrante tenemos que pensar en toda la gente que
pertenece a esta comunidad y no por defender a uno, de pronto vamos a criminalizar a los
padres por defender a los chicos dreamers, ¿verdad?
KA: Correcto. Sí.

�Karla Aguirre

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ML: Yo te agradezco tanto por tu tiempo y por tu generosidad, compartiendo tu
historia. ¿Hay algo que no te he preguntado y que te parece importante decir o que te
gustaría agregar?
KA: Primero, me da mucha emoción ver cambios aquí en Carolina del Sur, que la
gente quiere hacer. Yo nunca pensé que alguien iba a querer hacer algo aquí porque son
estados tan rojos. Ni siquiera son morados, son rojos. Entonces, ver que hay gente que
dice, “Yo quiero hacer un cambio aquí,” para mí es muy emocionante, porque Carolina
del Sur es casa para mí, este es mi hogar.
Creo que cuando uno entra al mundo de organizar, ya sea para esta situación o
cualquier otra, llegan momentos que tú nunca pensaste que iban a llegar. y cuando llegan
dices, “Oh, ¿ahora qué hago? Ya estoy aquí, estoy más metida que nada.” Creo que
siempre es como recordar lo que te pone los pies en la tierra, si es una persona, es casa, lo
que sea. Y esa es la razón por qué lo estás haciendo, porque muchas veces nos perdemos
en el enojo por lo que está pasando políticamente o lo que dijo esta persona o lo que no
dijo la otra, lo que hicieron o lo que no hicieron, y pierdes noción de por qué lo estás
haciendo.
Entonces, el mundo de organizar es emocionante, es mucho trabajo y te da una
llenadura que nunca pensaste que ibas a obtener, pero también tiene sus partes malas
como cualquier otro trabajo. Entonces, yo siempre pienso y digo, siempre hay que
regresar al momento del primer día que empezaste a hacer este trabajo. Y lo que también
le digo a la gente es que si regresas al primer día cuando empezaste todo esto y no te
sientes igual como ese mismo día, algo no está bien. Y a lo mejor está bien tomar un paso

�Karla Aguirre

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atrás, y decir, “¿Sabes qué? Ahorita no voy a organizar, ahorita voy a enfocarme en algo
diferente.”
Está bien, porque cuando uno organiza y hace cosas que afectan a más de una
persona, no solamente a ti, afectan a más de una persona o un objeto o nuestro planeta o
lo que sea, y si no lo vas a hacer con amor, si no lo vas a hacer bien, mejor hay que tomar
espacio para uno mismo, porque si no vamos a acabar afectando más personas de lo que
piensas. Entonces, es eso, que, si vas a organizar, siempre regresa al primer día que
empezaste a sentir así y si no te sientes igual, está bien tomar un paso atrás y esperar
hasta que eso regrese.
ML: Muchísimas gracias. Gracias.
End of recording.
MLL August 8, 2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1739">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1895">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="2076">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Oral History of Karla Aguirre, interviewed by Marina López, 31 May, 2019</text>
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                <text>Karla Aguirre (b. 1995) was born in Mexico City, Mexico and lived there until she was six years old when her parents decided to immigrate to the United States. In the interview, Aguirre recalls her childhood in a neighborhood in the capital of Mexico, the journey to the United States and her impressions when she found herself for the first time in an unknown place surrounded by an unknown extended family. She explains that growing up on Johns Island was complex because she was part of two very different cultures: her private school, Charleston Collegiate, composed of mostly middle-class white students, and the other, her Mexican and working-class community. After finishing school, she participated in a workshop organized by United We Dream in Washington, DC. Then, she joined the organization as an activist and organizer. Aguirre talks about the barriers that Dreamers face, including the high rate of mental health problems and the difficulty in accessing adequate services. She also reflects on the challenges of organizing politically, both in South Carolina and nationally, the positive and negative aspects of being an activist and organizer, and defends the rights of undocumented youths to tell their own story and to define themselves. Finally, she points out that her dream is to resume her studies. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguirre (1995) nació en la Ciudad de México, México y vivió allí hasta los seis años cuando sus padres decidieron emigrar a los Estados Unidos. En la entrevista, Aguirre recuerda su infancia en un barrio de la capital de México, la travesía hacia Estados Unidos y sus impresiones al encontrarse con una tierra y una familia extendida desconocidas. Explica que creció en Johns Island en un mundo muy complejo marcado por dos culturas completamente diferentes: la de sus compañeros en la escuela privada Charleston Collegiate, quienes en su mayoría eran blancos de clase media y la de su comunidad de origen mexicana y de clase trabajadora. Después de terminar la escuela, participó en un taller de la organización United We Dream para jóvenes DACA en Washington, DC y luego se unió a ellos como activista y organizadora. Aguirre habla acerca de algunas barreras que enfrentan los jóvenes soñadores, entre otros el alto índice de problemas de salud mental y la dificultad para acceder a servicios adecuados. También reflexiona acerca de desafíos para organizarse políticamente tanto en Carolina del Sur como nacionalmente, los aspectos positivos y negativos de su trabajo como organizadora y defiende el derecho de los jóvenes indocumentados a contar su propia historia y a definirse a sí mismos. Finalmente, señala que su sueño es retomar sus estudios universitarios.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCIÓN – MARCELA ORTEGA
Narradora: MARCELA ORTEGA
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha de la entrevista: 31 de mayo, 2019
Lugar de la entrevista: Goose Creek
Duración de la entrevista: 89 min.
MARINA LÓPEZ: Hoy es 31 de mayo del año 2019. Soy Marina López y estoy
haciendo una entrevista para el proyecto de historia oral, Voces Latinas del Lowcountry,
con la señora Marcela Ortega. Marcela, ¿se puede presentar, por favor?
MARCELA ORTEGA: Sí, claro que sí. Muy buenos días. Mi nombre es Marcela
Ortega Ceballos. Soy mexicana y vengo de un pueblo pequeño que se llama San Luis
Potosí. Allá fue donde yo nací, en el campo, con mis padres. Tengo dos hermanos y
cuatro hermanas. Bueno, mi historia comienza que muy pequeña estuve ahí en los
campos con mi padre. Él sembraba tomate, cebolla, melón, algodón, chile y también se
dedicaba al comercio, y tenía como vacas, las vendía, hacía su negocio y yo era una de
las que más me iba con él al campo.
Me dormía en el monte con él esperando que bajara la lluvia. Cuando llovía
bajaba el agua por los ríos y fue algo tan hermoso que yo viví. Esa infancia tan bonita que
hubiera querido que mis hijos la hubieran vivido, pero pasó el tiempo después a los nueve
años nos fuimos a una ciudad grande, se llama Tampico Tamaulipas. Es un puerto.
Después de ahí, pues ahí seguí yendo a la escuela. Con mis compañeros crecí ahí con
otros amigos, con mis hermanas primero, después llegó mi padre y con mis dos hermanos
más pequeños. Ahí terminé mis estudios. Tengo primaria, secundaria y comercio. Soy

�Marcela Ortega

2

contador privado. So, en un instituto de tres años que estuve estudiando.
ML: Marcela ¿Qué número de hermana es usted?
MO: Yo soy la cuarta.
ML: ¿Dice que se fue a Tampico con su papá primero?
MO: No, con mi mamá. Ya mi hermana estaba allá en Tampico, las mayores.
ML: Dice que creció en un ranchito.
MO: En un pueblo pequeño.
ML: ¿Cómo es diferente Tampico del pueblito pequeño donde usted nació?
MO: Bastante. El pueblo, usted se alimenta sanamente. Estoy hablando de hace
sesenta años. Es cuando yo me acuerdo a los cuatro años todo eso. Nosotros comíamos
tortillas, que hacía mi madre, todo era fresco, gallinas, huevos, todo era fresco, la comida.
Crecimos sanamente. Por cierto, a veces dormíamos en el suelo. Teníamos nuestras
camas, pero nos dormíamos en el suelo, y ahora agradezco haberme dormido por varios
años en el suelo, en la tierra.
Claro, teníamos nuestras cobijas y todo. ¿Por qué? Porque ahora me doy cuenta
que la mayoría de las personas que han dormido y que andan descalzas en la tierra, como
que tenemos un poco más de fuerza en el cuerpo, porque el sol durante el día, la tierra
absorbe los rayos del sol, entonces eso le da a la tierra como más fuerza. Entonces, si
usted está tocando eso, le transmite la tierra toda esa fortaleza. Yo no sabía, pero les
agradezco a mis padres. Eso fue muy fantástico.
ML: La vida debe haber cambiado bastante cuando usted se fue a Tampico
¿verdad?
MO: Mucho. Yo extrañaba mucho porque usted podía correr a donde usted

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quisiera. No había carros, usted podía andar caminando en las noches a la luna. No había
luz en aquel entonces. Ahora sí hay en ese pueblo, pero no había luz y con bombillas que
ahora uno pone de adorno, ¿verdad? Pero en ese entonces, era muy bonito, veíamos en las
noches cuando de repente los aerolitos y cosas así que iluminaban todo el cielo, porque
uno se da cuenta, uno ve cosas que ustedes no se imaginan. Inclusive vi un platillo
volador en aquel entonces junto con mi madre y mis hermanos. Muy padre.
ML: Así que debe haber sido muy diferente cambiar a vivir en un barrio, me
imagino, en Tampico.
MO: Llega uno, como luego dicen la jungla de concreto en Tampico. Calor.
Carros. La gente no sabe uno si está actuando bien con uno. Completamente diferente.
ML: ¿Cómo era la escuela diferente en una población y en la otra?
MO: En la escuela primaria cuando allá estudiaba completamente diferente.
Nosotros salíamos a los cerros, a las montañas, todo el grupo, comíamos allá,
acampábamos para estudiar las plantitas y todo eso. Regresábamos, barríamos nuestra
escuela, hacíamos bailables, hacíamos teatro. Y cuando llegué a Tampico no tenías
amigos, nadie te habla. Tus amigas las vas conociendo, pero es bastante diferente,
completamente diferente. Sí extrañaba mi hogar, todo lo extrañaba.
ML: ¿A qué se dedicaron su papá y su mamá cuando se mudaron a Tampico?
MO: Mi mamá no trabajaba, mi papá se quedó en el pueblo. Él siguió a sus
labores de siempre. Pasaron los años y a los veinticinco años mi padre regresó. Él se vino
a vivir con mis— bueno, mis hermanas mayores lo trajeron a vivir con mi madre. Y
estuvieron juntos después por muchos años. Él murió y mi madre murió hace un año. Mi
madre no hacía nada, nos cuidaba. Cuidaba los nietos de mis otras hermanas, y ella tenía

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a sus hijos cuidando a su hija más chica que ahorita tiene cincuenta años.
ML: ¿Su papá los seguía manteniendo a ustedes con el trabajo?
MO: No, mis hermanas mayores trabajaban en casa. Ellas eran las que nos
mantenían. Mi hermana Susana, Onorina, Soledad, ella era maestra. Bueno, para
solventar sus estudios, mis dos hermanas ya no estudiaron. Estudió como para secretaria
la segunda hermana y ella fue la que trabajaba en oficinas. Mi hermana solventó a mi
segunda hermana para que estudiara. Ella trabajaba en una casa. Y después mi hermana,
la tercera que fue maestra, ella se fue a vivir con mis abuelos de niña, y ellos la
mantuvieron y luego la mandaron a una ciudad cerca a que siguiera sus estudios. Y ya
después ella fue maestra. y ya sí a los veintiún años ella ya era maestra. y yo, pues estaba
más chica, pero yo a los trece años comencé a trabajar.
ML: ¿Qué empezaste a hacer?
MO: Yo comencé a trabajar en un consultorio cuidando, llegando la gente,
anotándola para pasarla con el doctor. Y seguía la escuela. Después ya más grande, yo
quería más, no quería ser nada más así, entonces me metí a estudiar danza hawaiana,
tahitiana, regional y danza moderna. A mí siempre me ha gustado. Después ya no trabajé
ahí, me fui como de manager a unos súper, que le llaman allá. Después de eso puse mi
puesto en el mercado, cargaba cajas y llevaba las papas, tomates, cebolla, porque eso lo
que más me gusta. Entonces, ya después andaba todos los días, era el mercado rodante –
un día en un lado, otro día en otro lado.
ML: Todo esto en Tampico, ¿verdad?
MO: Todo eso en Tampico. Para esto tenía que comprarme una camioneta, sino
no podía mover mis cosas, había que armar. Pero cuando yo comencé a entrar ahí, no era

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muy, siempre los señores grandes o parejas grandes eran los que hacían esas cosas en los
puestos rodantes. Pero yo entré ahí y todos se quedaban sorprendidos cómo yo andaba
ahí.
Bueno, yo a las cuatro de la mañana a levantarme. Si iba a una boda y eso, nos
íbamos a tornaboda, pero de la tornaboda llegaba a bañarme y vámonos a trabajar. Para
eso, para poder moverme, compré una troquita. Vine a la frontera a comprar una
camioneta. No sabía manejar. Para esto ya era novia del papá de mis hijos. Él fue el que
también me animó que entrara a la danza de hawaiana y tahitiana. La troquita era de
velocidades, era una Ford de los cuarenta o cincuenta, que estoy arrepentida de haberla
vendido ahora. [Risas] Sabía un poco de la esa era de velocidades.
ML: ¿Con marchas?
MO: Sí, entonces para manejar y llegar a veces cuando no tenía quién me llevara,
yo me iba, sabía dirigirla y todo, pero cuando metía la velocidad se paraba y mis chavos,
los que me iban a ayudando pues ahí, ya sabe ¿no? Yo decía, “No, aquí hay un semáforo.
No voy a pasar por ahí para no pararme.” Me daba la vuelta, pero cuando ya de plano no
había por dónde, y ya, se mataba la troca. Y así hasta que aprendí bien. Y pasó el tiempo,
tenía mi escuela también de danza. Ya estaba grande, ya tenía como unos veintiséis años,
tenía mi escuela de danza de hawaiana y tahitiana. Y tenía mi puestecito y así pasaba el
tiempo, así seguía hasta que un día me casé con Enrique, el padre de mis hijos. Duramos
muchos años de novio, duramos ocho años.
ML: ¿Lo conoció bien jovencita entonces?
MO: Sí, él tenía diecinueve y yo veinticuatro. Yo soy mayor. De ahí comenzamos
y duramos como ocho o nueve años de novios hasta que un día mi cuñado dijo, “Bueno,

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ya, legalicen el amasiato.” [Risas] Y después nos casamos. Se pasó al tiempo, como a los
seis meses de haberme casado comenzó mi embarazo, hasta que ya dije, “Bueno, no hay
nada que hacer aquí.”
ML: ¿Por qué no?
MO: Porque en México si los que tienen carreras universitarias batallan para
encontrar un trabajo, imagínese que yo no tenía grandes estudios. Y como ya más o
menos sabía el movimiento de este lado con mis primas, yo dije, “Yo gano más allá,
cuidando niños que estando aquí.”
ML: Y cambia la perspectiva de la vida cuando uno va a tener un bebe ¿verdad?
MO: Sí, mucho. Me puse un poco enferma, pero dije, no, yo no puedo. Yo dije,
“Mi hijo va a nacer en Estados Unidos y me voy, porque allá la vida para él va a ser
mejor.”
ML: Antes de que me cuente cómo es que usted se vino para acá, me dice que
tenía primas usted en Estados Unidos.
MO: En McAllen, Texas.
ML: A mí siempre me interesa cuál es la relación de la familia de uno, cuál es la
experiencia que la familia de uno tiene con la inmigración, con vivir en los dos lados de
la frontera. ¿Usted tenía primas en Texas?
MO: Sí.
ML: ¿Y alguien más?
MO: Tenía otras primas en Houston. Se supone que yo venía a Houston con ellos,
pero cuando ya les dije que estaba de este lado, me dijeron que no había lugar para mí.
Dijeron, “No, es muy difícil,” porque ellos habían tenido un problema con una persona

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que había llegado años atrás. Entonces, mi primo hermano me dijo, “No, discúlpame,
pero mi esposa no quiere.” “No, está bien, muchas gracias. No hay problema.”
ML: Y usted se está viniendo, según entiendo, a fines de los ochenta, ¿verdad?
MO: En el ochenta y nueve llegué aquí.
ML: Esta gente que usted conocía, ¿era gente que había emigrado en ese tiempo o
era gente que había emigrado muchos años antes?
MO: No, muchos años antes. Ellos eran ciudadanos.
ML: Así que usted ya viene escuchando esto de la familia viviendo del otro lado
por muchos años.
MO: Mi padre, cuando yo era chica, se vino de brasero, pero yo no tenía idea. Yo
no sabía nada.
ML: ¿Y cuándo vino a saber de eso?
MO: ¿De venir a Estados Unidos?
ML: De que su papá se había venido.
MO: Ah, cuando ya estaba grande mi mamá me dijo.
ML: Le contó. ¿Su papá además de trabajar en la tierra que era de la familia,
también migraba
MO: Aquí.
ML: Acá a Estados Unidos, pero en el circuito de los trabajadores migrantes de
México, ¿no? vio que hay trabajadores de campo que van a diferentes lugares en
México.
MO: No, él tenía muchas tierras.
ML: Así que se vino para acá, pero.

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MO: Pero venía nada más por temporada y se iban, pero antes no era como ahora.
digo, claro, los esclavizaban bastante, en verdad.
ML: Así que usted se decidió venirse para aquí. ¿Cómo es que se planea un viaje?
¿Cómo una mujer que tiene puesto en el mercado, que tiene su escuela de danza, que está
embarazada, planea prepararse para irse a Estados Unidos?
MO: Yo dije, si yo me quedo aquí, me voy a quedar estancada y más que estoy
embarazada. Nadie me va a dar trabajo. Porque allá son gente fría, los jefes, a ellos no les
importa. Ganas muy poquito la hora y aparte de que llegas y te hacen examen, oh, y
aparte te revisan de arriba abajo, se están bien, si no estás bien. Por desgracia, así es en
México. Allá si a usted la ven feíta, para secretaria, y va otra guapa, aunque sea burra, se
lo dan a la otra.
Entonces, yo dije, bueno, “Me voy a Estados Unidos, ¿te vas o te quedas?” Las
cosas ya andaban así. Dijo, “No, me quedo.” “Okay, pues yo me voy.” Mis hermanas,
“¿Qué vas a hacer? No te vayas, ¿cómo crees?” Porque sabían que venía con ellas, pero
ellas no sabían que me iban a rechazar. No me importó. Dije, “Me voy.” Hice mis planes
y me dicen, “Chela, pero estás embarazada.” “No importa. Quiero que mi hijo nazca en
Estados Unidos.”
ML: ¿Puedo preguntarle cómo se vino? ¿Tenía visa usted para venirse de turista?
MO: Sí, tenía visa y pasaporte. Nunca pasé de acá. Yo venía muchas veces a
comprar porque también vendía ropa de segunda. En aquel entonces era muy famoso eso,
porque eso quería mi troca, porque viajaba a Estados Unidos, a McAllen o a Brownsville
a comprar mis pacas de ropa.
ML: ¿Eso es frontera con qué?

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MO: McAllen, Texas, hace frontera con Reynosa y Brownsville con Matamoros.
Está a seis horas Tampico.
ML: Así que usted cruzaba con su visa turista para hacer comercio.
MO: Sí, nomás llegaba hasta allá, no pasaba más. Y también le digo, vendía eso.
Yo le dije, “Me voy,” nadie quería, pero como estaban las primas acá. “Está bien.” Ya
cuando tomé una decisión, ellos ya me conocían, que eso era y eso era. Un día antes me
dijo él, “Está bien, me voy,” porque le dijeron que cómo me podía venir y con mi bebé. A
mí no me importó si no venía. Le dije, “Ya hice el plan. Primero Dios, vamos a seguir
adelante.” Y así pasó. Un día antes dijo, “Está bien, me voy.” Ya nos vinimos juntos.
Llegamos con mis amigas que tenía en Reinosa. Me fue a recibir, le dije, “Amiga,
estoy en la estación de autobuses. Acabo de llegar. Vengo con mi esposo. ¿Puedo
quedarme esta noche en tu casa?” Esa amiga fue una chica que cuando ella estaba soltera
y jovencita, igual que yo, su madre murió y se quedó huérfana ella y varios hermanos.
Y ella siempre iba conmigo y mi mamá le daba de comer, aunque fuera queso con
frijoles, decía, “Qué rico está. Nomás tengo eso, m’hija,” siempre la llevaba a comer. Y
andaba en una casa y en otra y así. Pues, ella fue Miss Tamaulipas de tan bonita que
estaba. Y pasó el tiempo, después ella se casó con un ingeniero, le fue muy bien, gracias
a Dios. Sufrió mucho entonces, ella fue por mí. Se portó mejor que mi familia.
Fue por mí en un carro y dijo, “Es mi carro.” “Ay, qué padre.” Me llevó a su casa,
tenía sus dos hijos y su esposo. Su esposo era también de Tampico, eran familias
adineradas, bien, bien. Ya me ofreció su casa, me dijo, “Quédate hasta que ya te pases.”
“Pues, muchas gracias y mira, nadie sabe cuándo nos va a tocar el favor.” Los ángeles te
los tiene Dios acomodados. Nos venimos, le dije, “Déjame ahí en la frontera.” Nos dejó.

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Agarré una maletita, todo lo demás lo dejamos. Vámonos. Y ya pedimos permiso.
De ahí fue un primo hermano que él fue por Brownsville. Él fue por nosotros pasando la
frontera y nos fuimos a dormir a su casa. Después de ese primo hermano, muy bueno, su
familia y todo, le hablé a mi prima y me dijo que no. entonces, vimos en un papelito que
estaban ocupando gente, que no sé qué, que no sé cuánto.
A Houston, llegamos con una señora, ahí estuvimos por unos días. Le ayudaba en
todo porque no traíamos dinero. Traía mi anillo y le dije, “Tenga.” Dijo, “No, ¿cómo
crees?” Bueno, ahí ya hablamos y todo, pasaron los días y nos contactó con la persona de
aquí. Nos venimos en una van de quince personas y yo embarazada. No comíamos muy
bien. Me acuerdo que él traía como un dinerito y me compró una manzana para mí. Eso
fue lo que comí. Después las personas que nos traían, porque ellos hacen dinero,
¿verdad? Nos trajo y —, yo no me arrepentí de todos modos. Yo estaba feliz. Yo dije,
“Aquí lo voy a hacer.” Y nos compraban sándwiches con bologna, eso era lo que
comíamos. Llegamos aquí como a la medianoche. El señor dijo, “No, no puedo ir ahorita
por ustedes.” Llegamos a Johns Island.
ML: Y antes de que me cuente, porque todo lo que me cuenta es fascinante, pero
usted me dice que en Houston hizo la conexión para venirse a Johns Island.
MO: Uh-huh.
ML: ¿Cómo hace una persona recién llegada de México para encontrar
información que, en Johns Island, en Carolina del Sur, están necesitando gente? ¿Quién
entre sus redes, entre sus primos, entre la gente que usted vio sabía de esta conexión de
trabajo?
MO: De Brownsville llegamos en el camión, porque podíamos llegar hasta

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Houston y de ahí ya no podíamos venir para acá. Ahí se necesita otro permiso. Llegamos
a Houston y ahí fue donde me rechazaron mis primos que viven ahí. Dijimos, ¿qué
hacemos? Había unos papelitos, como aquí Marcela hace, Marcela Raven
ML: Y cuando usted dice ahí, ¿qué es, en la estación del bus?
MO: En la estación del bus. Estábamos sentados, ¿qué hacemos sin dinero y sin
nada? y yo embarazada Entonces, Enrique agarró un papel, un periodiquito, él es muy
bueno para leer y libros y libros, yo no.
ML: Hacían buen equipo.
MO: Yo no, yo soy de trabajo. Ponme dónde sea y yo te lo hago. A mí no se me
dificulta nada. Gracias a Dios mientras me dan vida y salud todo se puede hacer en esta
vida. Y dice, “Mira, Marcela, aquí hay un teléfono de una señora que dice que ella nos
puede conseguir trabajo y que esto y que el otro.” “Llámale.”
ML: Y esa era la señora que le dice, “Acá está mi anillo.” Pero entonces a esa
señora la ubica ustedes, no a través de los parientes, sino a través de un periódico que
estaba en la terminal donde llegaron.
MO: Sí.
ML: Ahora entiendo. Así que usted se viene pensando que iba a estar con las
primas y se viene a Johns Island. ¿Le dicen ahí qué tipo de trabajo iba a estar haciendo en
Johns Island?
MO: No, nos habían hablado a la señora en Houston, cuando ya estábamos con
ella, y dijeron, “Nos vamos a llevar esta noche a todas las personas para la – de naranja,”
pero hay que subirse a los árboles usted sabe con escalera. Entonces, hicimos el plan, y
dije, “Okay, Enrique, como yo no me puedo subir por el embarazo, tú te vas a subir y yo

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abajo voy a levantar lo que tu cortes.”
ML: ¿Quiénes eran la gente que venía en la van con ustedes? ¿Era gente de
Houston, era gente recién cruzada?
MO: Eran igual que nosotros. Ellos sí venían ilegales. Ellos sí pasaron sin nada.
Nosotros éramos los únicos que traíamos pasaporte y visa.
ML: Pero era gente también que venía a trabajar.
MO: En dónde saliera. Entonces, así le dije, “Yo levanto las naranjas y tú las
cortas, te subes.” Ya habíamos hecho el plan en la noche. Cuando ya llegó la noche, ya
nos íbamos a preparar para irnos a Florida, entra una llamada, el señor se llama Abel
Hernández, y nos dice la señora, “No, ya no se van a ir ustedes. A ustedes los voy a
mandar a Sur Carolina, a Charleston, Johns Island. El señor quiere una pareja que le
ayuden en su tienda, en una tiendita como bar tienda.
Él trae inmigrantes para piscar tomate, cebolla y eso, en la época de inmigrantes,
que era cada año. Entonces, dijimos, “Gracias Dios, nos vamos para allá.” al siguiente día
nos vinimos en esa van y llegamos. Cuando venía – fue en la noche – cruzando de James
Island a Johns Island, usted sabe que hay un puente. Ese puente no era así. Se comenzó a
abrir y yo vi como un restaurante que está ahí abajo, yo creo que era el Crab Shack o algo
así, que por cierto me encanta. Vi muchas luces y yo dije, porque veía desolado, usted se
adentra a los lugares que no hay tantas casas.
ML: Absolutamente, son zonas rurales.
MO: Zonas rurales. Cuando iba pasando ahí dije, “Qué bonito, ¿qué será ahí?”
Muchas luces de colores. Yo soy así, luces de colores me encanta. Entonces, ya pasamos
el puente, se abrió y pasamos en lancha. No había puente, se abría el puente cuando

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pasaban los ah, no, no, cuando pasan los barcos se abría. Ya me acordé. Sí, sí pasábamos
por el puente, pero era un puente de madera.
ML: Usted está hablando del puente.
MO: De James Island a Johns Island.
ML: Claro, porque ahora está el puente grandísimo, el puente alto, pero antes de
ese puente.
MO: Antes de ese puente. Era puente de madera chiquito. Se cerraba y ya podía
pasar. Cuando yo pasé yo me acordé de un sueño que dije, mi sueño se vino a la mente,
¡guau! Por eso soñé esto. Yo tuve mi sueño muchas veces que Enrique y yo pasábamos
un puente en lancha, por eso dije en lancha, ya me acordé. [Risas] Y me acordé de ese
sueño y tuve otro sueño también. Pasamos ese puente y llegamos a la tiendita que está en
la Main Road, enfrente de las bodegas, que ahorita venden cosas para casas. La señora
arregló muy bien todo eso.
ML: Main Road, ¿en frente de qué?
MO: De las bodegas de tomate.
ML: ¿Ahí estaba la tiendita del señor Abel Hernández?
MO: Ahí estaba.
ML: Y era una tiendita que vendía ¿qué?
MO: Vendía tomate, vendía poquitas cosas, más que nada vendía cerveza y tenía
mesas de billar, y se iban a gastar ahí.
ML: era como un bar
MO: Tenía como sándwich, teníamos comidas frías y metían en el micro las
hamburguesas y todo eso. Era comida rápida.

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ML: Era como si fuera una tiendita de una gasolinera.
MO: Exacto. Por cierto, todavía están las paredes. No las tumbaron. La señora, la
que está ahora, es una tienda muy grande de cosas de jardinería.
ML: ¿Y es de la misma familia o es otra familia?
MO: Ellos compraron ahí, son americanos.
ML: ¿Abel Hernández está todavía por aquí?
MO: No, él está en México. Ya está viejito. La que está aquí es su hija. Ella sí
aquí se quedó. Su madre murió, la esposa de Abel murió.
ML: ¿Cómo se llama la hija?
MO: Cristelia Hernández.
ML: ¿Y la señora?
MO: Frances, se llamaba. Ella murió.
ML: ¿Era americana?
MO: Nacida aquí, pero era de padres latinos.
ML: Entonces, ya llegamos ahí a la media noche, en ese lugarcito triste, desolado.
Yo lo volteé a ver y dije, “bueno, primero Dios”. Le hablaron al señor Hernández y dijo,
“No, no voy a levantarlos. Mañana. Ahí que se queden.” Me sentí un poco mal, pero no
dije nada. Dije, mañana no creo que pueda trabajar yo porque aquí en la van veintitantas
horas, treinta horas en la van, y ya resultó que en la mañana siguie nte llegó él y nos
acomodó en North Charleston, en unas trailas nos trajo hasta acá, porque allá no había
latinos.
Había Chica y Acacio, esos son los primeros. Ellos ya estaban ahí, de los que me
acuerdo. Había como cinco familias nomás. No conocíamos a nadie. Nos vinimos y en

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ese momento dijo el señor, “Cámbiense, arréglense.” Había más gente que acomodó, pero
a Enrique y a mí, dijo, “Ustedes se van a ir ahorita conmigo.” Okay. Me llevó ahí a la
tienda cobrar, porque usted sabe, uno a veces trae más o menos presentación, sin
arreglarse, lógico, pero unas ropitas que traía yo de México, dijo, “Usted y usted se van.”
Nos fuimos a ayudarle a la tienda. Vendía miles en esa tienda. No había nada. Tienda
chiquita.
ML: ¿Y usted está llegando en mayo, ¿verdad?
MO: Mayo 30.
ML: Hace treinta años que está aquí.
MO: Ayer hizo treinta años.
ML: Esta tienda que hacía tanto dinero, ¿era porque le estaba vendiendo a la gente
que trabajaba en la bodega?
MO: Todos los inmigrantes y a los demás que llegaban de los campos, campo de
Luna, campo de Jenkins, bueno, un montón de campos que había.
ML: Pero era gente que estaba por la temporada.
MO: Por la temporada. Él hacía mucho dinero en la temporada.
ML: ¿A qué parte de North Charleston se fueron a vivir?
MO: En las trailas que están en Trolley Road. No, no, es la que está en la esquina,
que está cerquita los tacos.
ML: ¿Será Dorchester Road?
MO: Ashley Phosphate.
ML: Stall Road. De Stall Road se lo llevaba y todos los días se lo llevaban a la
isla a trabajar.

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MO: Todos los días.
ML: ¿Había latinos en Stall Road en esa época?
MO: Casi no, muy poquito. Nomás venían a rentar por temporada.
ML: Así que no había casi latinos viviendo permanentemente en la isla.
MO: No.
ML: Y todavía en Stall Road no había.
MO: No había nada, ahora le dicen la avenida México. Y nos llevaba todos los
días y yo decía, el ambiente, yo dije,”me aguanto”. Puro hombre. No había muchas
mujeres, familias que llegaban con los niños, bien pobres. No sé, yo me entristecía ver las
familias cómo llegaban los niños en calzoncito, en pañales. Ellos no traían dinero para
comer. Ganaban bien poquito en el campo. El sudor, temblaban, deshidratados y los
maltrataban los capataces a la gente.
ML: ¿La gente era mayoritariamente de México?
MO: No, de todos lados. Bueno, realmente yo conocí más de México, porque casi
no venía, de distintas ciudades de México, más que nada de los little towns, porque de las
ciudades grandes no. Yo a nadie conocía de una ciudad grande de que hubiera venido,
nomás yo. Yo decía, ¿por qué te viniste?
Entonces pues pasó el tiempo y yo mi panza estaba más grandecita y yo, para
diciembre, yo dije—como pasaron tres meses le dije a Abel, “Oiga, Abel, ¿me permite
vender quesadillas?” Dijo, “Sí.” Okay, hacía mis cien quesadillas y me las llevaba y así,
las vendía a un dólar, y era un dinero extra que tenía, que me pagaba él poquito. Pero él
nos llevó a vivir a su casa. Le trabajamos muy bien que dijo, “Ya no se van, se van
conmigo, ahí hay un cuarto y se quedan.”

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ML: ¿Y dónde estaba la casa?
MO: Johns Island, como a dos cuadras de la tienda.
ML: ¿Sobre Main?
MO: Dando como una vueltecita.
ML: Pero en esa zona.
MO: En esa zona. Ya nos fuimos a vivir y después nos puso una trailita chiquita
de esas que viaja uno, dos camitas y una cocinita, era todo. Y me dijo, “Aquí se van a
quedar.” Nos fuimos para allá y ahí ya nos quedamos. Yo hablaba a mi familia con
muchas moneditas, porque me salía a hablar. No lloraba, pero en mi estado todo le dan
ganas de llorar. Pero sí colgaba y me arrancaba a llorar. Lloraba mucho, pero dije, “no,
por algo estoy aquí. Mi hijo va a nacer aquí y va a tener una mejor vida”. Pasó el tiempo,
mi hijo nació en— Bueno, lo que tengo mucho en mente en esos días es cómo llegaba la
gente, los inmigrantes. Llegaban, así como panal de abeja, llegaban un montón, se llenaba
Johns Island de gente, de los campos, de puros inmigrantes. Y cuando pasaba la
temporada se acababa todo, quedaba en paz. Troques por dónde quiera, había accidentes,
bueno, lógico. Entonces, yo me comencé a hacer conocida entre la gente esa y ya me
fueron conociendo más y ya me buscaban para comprarme cosas.
Para esto, primero compramos un carro de trescientos cincuenta dólares para
movernos. Porque no podía ir al doctor, no tenía carro, no sabía inglés. No sabía nada.
Había una clínica, había un Rural Mission, una clínica la Franklin C. Fetter, ellos cómo
ayudaron al inmigrante. Yo les estoy muy agradecida. No tiene idea cuánto ayudó la
clínica. Así pasó, entonces la gente de Rural Mission, que abrían las escuelas para los
niños, los inmigrantes llevaban a sus niños de siete a cinco de la tarde, los entregaban.

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Los mismos le daban de comer, los cuidaban, ayudaban al inmigrante como no tiene idea.
Ayudaban.
Ahora eso ya pasó, ya no. Había mucha ayuda. Una vez una señora fue porque
revisaba a la gente inmigrante y me vio ya, ya estaba bien así, y le dice a Frances, “Esa
niña está embarazada.” Yo ya tenía treinta y cinco años, pero me veía bien jovencita. Y
dijo, “Niña, no, en serio.” Y me dice, “¿Necesitas algo?” Y le dije, “No, todo está bien.”
“¿Quieres algo de comida?” “No, pero si me quieren traer algo está bien.”
Pero yo seguí trabajando con mi panzota. Andaba en los campos manejando y así.
Pero me hacía bien. Yo nunca me acosté. Yo nomás en la noche a dormir. Yo vine a
trabajar, yo vine a sacar adelante a la familia.
Enrique por su lado, pero yo dije, bueno, está bien. Ya él trabajaba en Columbia
que se lo llevaban a vender tomate y cosas así. Llegó el día que nace el bebé, a las dos de
la mañana yo estaba solita en la trailita. Y el papá estaba en Columbia, entonces, me
desperté que tenía ganas de ir al baño y ahí fue, me paré y dije, ya me oriné, pero no, era
la fuente. Y me esperé hasta las cinco de la mañana y fue a tocarle la puerta.
Todavía me acuerdo que ella decía, “No, llegó despacito y apenas oí sus
toquidos” y salí. ¿Qué te pasó?” “Es que ya.” “Okay.” Había una señora que se llama
Marcina en Johns Island, está todavía.
ML: Marcina Luna.
MO: Ella fue una de las más excelentes, que, de buen corazón, bondadosa, que
ayudaba a la gente a llevar al doctor, a llevar a comprar la comida, a llevarlos a lavar,
incluyéndome a mí. Esa señora fue tan buena en ese tiempo, todavía es muy buena.
ML: ¿Dónde nació el bebé?

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MO: El bebé, no me lo va a creer, nació en, estuve todo ese día, la fuente se me
había roto, me llevaron al hospital MUSC me llevó Marcina. Ella fue la que me llevó y
ella estuvo a mi lado todo el día, entraba y salía cuidándome.
ML: En esa época no había traductor en el hospital.
MO: No, no había. El niño nació como a las diez de la noche, el 30 de agosto. Ya
va cumplir sus treinta años él también. Al siguiente ya me fue a ver Frances y nada más
con su hija. No había mucho conocido. Para eso, yo me llevé mi lipstick y mi peine. Así
era yo. En la mañana siguiente yo ya estaba almorzada y todo, mi niño nació y no quería
comer. Y me dijo la enfermera, “Si él no come en veinticuatro horas, no te lo podemos
dar.” Estaba bien lleno todavía. Estaba blanco. Usted lo conoce, ¿verdad?
ML: No, no lo conozco. A Daniela sí, pero a Emanuel no.
ML: ¿Really? Él estaba en el Citadel, él sí la conoce a usted.
ML: ¿El me ubica a mí?
MO: Sí.
ML: Cuénteme entonces del primer día del Emanuel.
MO: El primer día no quiso comer. Yo bien preocupada, dice, “No te puedes ir
hasta que.” Llega en la mañana ese día, el 31 de agosto, llega Frances con la niña y
Marcina llega y yo ya estaba peinada, yo ya estaba pintadita, sentada muy mona. Dice,
“Muchacha, pero si ni parece que tuviste.” “No estoy enferma, yo vine a tener un bebé,
eso es todo, pero no estoy enferma.” El bebé en la tarde ya comenzó a comer. No quiso
mi chiche. Le dimos mamila para que comiera y no la quiso, nunca la quiso. Siguiente día
en la mañana, a las diez de la mañana, yo ya estaba para afuera. Marcina llevó la ropita.
Enrique ya no pudo venir porque pasó tan rápido. Usted sabe, a los patrones no

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les importa. A él lo necesitaban allá, pero claro, se le avisó y todo. A las diez de la
mañana me subió a su carro Marcina y dijo, “Vámonos a comer al restaurante,” con su
música. Le digo, “Marci, bájele tantito al radio porque el bebé.” “No, que se acostumbre
al ruido.” Y yo vengo de familia que así, “Cuidado, el bebé está dormido. No, no hagas
ruido,” que esto y que el otro y yo decía, oh. Y él bien dormido, no hacía nada. Nos
fuimos a comer. Ahí estaba con mi bebé.
Salimos derechito al restaurante, del restaurante me llevó y ya después en la
noche me llevaron a Columbia. Llegué a Columbia con mi bultito. Tenía tres días de
haber nacido. Y yo como si nada. Llegué a mi trailita a limpiar con agua y todo y que
estuviera. Y bien enredado y todo, dice “¿Por qué lo enredas?” “Porque así debe de
estar.” “No, no, ponlo gorrito.” “No, no.” “Sí, necesita gorro.”
Y usted sabe los cuidados de una madre. Después me admiraba yo cómo crían
aquí a los niños. Los traen en el mall, sin zapatos, sin calcetines, recién nacidos. Yo no
pude. No, venía diferente. Nos fuimos allá, llegué con mi bultito y ese día me acuerdo
que era como día festivo, no sé qué se celebra. Fue septiembre, como los primeros.
ML: Tiene que ser Labor Day.
MO: Exacto. Yo estaba ahí sentada en el puesto que tenía en el mercado con mi
niño en una cajita de tomates, ahí lo eché. Y llegaron unas americanas y dice, “Oh, es un
bebé.” “Oh, sí, es mío.” Yo no entendía. Había estudiado inglés, pero nunca lo había
practicado. “Qué hermoso bebé. ¿De quién es?” “Mío.” “¿Cuándo nació?” “Hace tres
días.” “¿Qué? ¿Y tú estás bien?” “Sí, estoy bien.” No sé, pero me arrimaron tanta comida,
nunca se me olvida eso. eso fue un gesto tan bonito y todavía van y me dicen, “Do you
need something else?” “Sí, [Risas]” yo no le entendía qué me dijo.

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Yo pensé que me estaba diciendo que si estaba bien. Entonces, dice Enrique, “No,
no, no te está entendiendo. Te está diciendo que si quieres algo más.” Y yo le dije, “No,
thank you.” [Risas] Y estuve allí y ya nos vinimos. Pasó el tiempo, llegó el huracán
Hugo.
ML: Antes de que nos vayamos a eso. Usted me dice que trabajaba con Abel en la
tienda, pero que a su vez la gente le empieza a pedir cosas. Cuando usted empieza a andar
en el carrito que se habían comprado por los campos, ¿vendía cosas de Abel o es que
usted empieza a hacer esta cosita aparte?
MO: Yo, y él sabía.
ML: ¿Cuántas horas tenía su día para que usted pudiera hacer todo lo que hacía?
¿A qué hora trabajaba en lo de Abel? A la tardecita me imagino cuando la gente volvía.
MO: Yo seguí trabajando con Abel, pero ya después que nos independizamos. No
había trabajo porque la tienda se cerraba. Entonces, ahí dije, no, y le dije a Abel —, él
tenía un árbol grande atrás de su traila, porque él vivía en una traila, y le dije, “Abel, ¿me
permites vender menudo ahí atrás, abajo del árbol?” “Sí,” yo comencé a decirles, “Tengo
menudo, tengo menudo.” Puse mi mesita. Primer día, primer domingo, cuatro gentes. No
se me olvida. Yo dije, no importa. Después no daba, tanta gente que llegaba y así
comencé a hacer menudo y después tacos. Menudo y tacos.
ML: ¿Y eso era gente que quedaba en la isla después de la temporada o era gente
de los mismos trabajadores migrantes?
MO: Bueno eso fue hasta el siguiente año cuando yo ya comencé. Pero dije, hay
que hacer algo. Compramos la van y nos fuimos a Chamblee, Georgia, a traer cosas y me
dedicaba a vender los fines de semana, casa por casa, ya de los inmigrantes que se iban

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quedando. Pero yo me iba, yo llegaba a las doce de la noche a mi casa. ¿Por qué? Porque
me iba a Georgetown, me iba a Walterboro. De aquel lado de Walterboro había campos
también. Iba a los hoteles en diciembre, la gente que llegaba a cortar el pino. Así. Y yo
investigaba. Yo comencé a venderles cosas. Ya me estaban esperando. Entonces, tuve
otra idea, llevando mis cosas, hacía tamales, cien, doscientos tamales a dólar. No había
dónde comer comida mexicana. Y así pasó el tiempo.
ML: Entonces, durante la época de la cosecha, usted trabajaba en la isla y después
empezó a tener gente que empezaba que quedarse.
MO: Después me salía. Sí, a quedarse en otros pueblos.
ML: ¿Cuándo empezó a ver como el pico de cuánta gente se quedó? Porque usted
llega como en el ochenta y nueve. ¿Cuándo es que usted empieza a ver que hay más gente
quedándose?
MO: A partir como del noventa y tres. Para entonces ya nosotros habíamos puesto
una tienda chiquita, cruzando la calle de donde está ahorita el shopping center grande está
el McDonald’s.
ML: El Mercadito que usted puso, ¿verdad?
MO: Sí, pero yo lo puse cruzando la calle, porque ahí no teníamos suficiente para
ir.
ML: ¿Usted ya había hecho todo este circuito? Lo de pino yo nunca lo había
escuchado.
MO: ¿Qué?
ML: Esto de la gente que venía a trabajar en el pino.
MO: Bueno, ellos no llegaban aquí. Es en Walterboro. Gente muchísima.

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ML: ¿Y eran mexicanos también?
MO: También eran mexicanos. Y yo llegaba al hotel en las noches, como a las
siete de la tarde, ya que ellos iban llegando, y ya ellos compraban tortillas, compraban
quesos, compraban chorizo, tenía mi hielera, galletas, todo lo que se refiere.
ML: Cuando usted dice, ‘yo me investigaba todo’, y yo le creo, ¿quiénes eran sus
fuentes de investigación? ¿Con quién era que usted se enteraba de dónde estaba la gente,
de qué era lo que se cosechaba? ¿Con quién se enteraba usted de todo eso?
MO: ¿Cómo?
ML: Lo de los pinos, por ejemplo, yo nunca había escuchado lo de los pinos.
¿Cómo sabe? ¿De conversar con quién?
MO: De los pinos, aquí venden pinos en Johns Island, pero no había tanto como
ahora. Entonces, yo fui a comprar un pino y yo le pregunté al señor, “¿Quién corta estos
pinos y de dónde vienen?” “Vienen de acá, de allá.” “¿Y quién los corta?” “Latinos
vienen, gente inmigrante los cortan.” “¿No sabe dónde llegan?” Me decían de otros, pero
en especial en Walterboro.
Me voy, porque allá está donde cortan pinos en diciembre. Y yo investigué.
Llegué revisando había un restaurante mexicano en Walterboro, y yo llegué ahí. Y le
pregunté, “¿Y no sabe a qué hotel llegan?” “Sí, llegan a ese hotel. Ahí siempre veo
mucho mexicano, mucho latino.”
ML: No iban a campo, iban a hotel. No iban a las casitas del campo, iban a parar a
hotel los trabajadores.
MO: Sí, yo llegaba a los hoteles, a donde ellos estaban hospedados. Y a veces los
esperaba. Usted sabe, llegan con un hambre los pobres, todo el santo día. Vendía sodas,

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vendía muchas cosas. Comencé a vender botas, camisas, sombreros y ellos me
compraban. En Georgetown también. En Georgetown gentes de las plantas, jardinería,
¿cómo se llama? ellos repartían plantas. Yo le dije al manager del Piggly Wiggly, ya
cuando nos movimos, que quedó el lugarcito, nos movimos al shopping center.
ML: Usted primero estaba del otro lado.
MO: Sí, del otro lado de la calle. Y después nos cruzamos y nos metimos ahí. Y le
dije al manager del shopping center, “¿Quién te trae tus plantas?” Dice, “De
Georgetown.” “¿Son latinos?” “Sí.” “¿Cuándo vienen?” Me dice el día. Esperé el troque
que llegara y era un latino el que manejaba. Y ya yo me presenté, “Ay, yo soy fulana de
tal y bla, bla, bla.” “Sí, hay mucha gente trabajando en esto, en las plantas.”
ML: Era una nursery grande en Georgetown.
MO: Muchas nurserías en Georgetown y ellos repartían a varios clientes. Dijo,
“Te voy a dar la dirección y no hay tiendas, no hay quién venda, no hay quién nos venda
tortillas.” Muy bien pues me fui para Georgetown y hay otros pueblitos. El durazno está
como más para allá de Walterboro, por un lado, no me acuerdo qué pueblo era. También
había muchas casitas, campos y ahí llegaba también.
Y así fui, con puros contactos. Ya después andaba más empapada de información.
El manager de al lado del Piggly Wiggly, comenzó a ver que yo tenía mucho latino y
tenía los productos. Ellos comenzaron a vender después. Ellos me estimaban bastante.
Para esto yo más o menos hablaba inglés. Me dice, “Marcela, ¿no quieres venir a cocinar
aquí y yo te pago tanto para que cocines comida latina?”
ML: En el supermercado.
MO: Uh-huh, en el Piggly. Le dije, “Nomás puedo ir a ayudarte por un tiempo,

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pero necesito que me pagues más o menos.”
ML: ¿Ese Piggly Wiggly estaba administrado por un propio dueño o era el
manager?
MO: No, era el manager. Ahí era monte, el Piggly Wiggly está en uno donde una
ferretería, más para allá por la Maybank ahí era donde estaba el Piggly Wiggly. Cuando
hicieron el shopping center ellos se movieron y se hicieron grande, que por cierto ahora
es el BI-LO o no sé qué.
ML: Sí, es el BI-LO. ¿El primer Piggly Wiggly fue el que está cerca de la iglesia
católica?
MO: No, no estaba por Maybank, yendo para James Island. Una ferretería que
está por ahí, ahí era el Piggly. También había otro allá, pero lo quitaron. Yo ya estaba ahí.
Llegaba todos y decía, “Olalá,” porque yo siempre decía, “Olalá,” decían, “Ahí viene
olalá.” Y todas las cajeras, hablaba muy bien con ellas y todo, morenitas, bien padre, me
querían bastante. Me estimaban.
Y así comencé a darme más a conocer, más que conocer hasta que ya, pasaba el
tiempo y se abrió una tienda de ropa ahí mismo en el shopping center, de ropa ya usada,
pero de esas cosas buenas que van y las ponen ahí. Para esto, nosotros vivíamos en el
campo, en un campo en Johns Island, de casas de cuatro recámaras de ladrillos.
ML: ¿A qué campo fue a vivir?
MO: Parecía que era de ahora es de Limehouse algo así. Se me olvida el nombre.
ML: ¿En qué calle?
MO: Después nadie decía el nombre de ese campo, como le llamaban al principio,
decían ‘el campo de Marcela’ y todavía. Me llegué a conocer tanto que ya los

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inmigrantes, “¿Y dónde están ahora?” “No, en el campo de Marcela.” Porque llegaban
ahí, ellos vivían en casitas así. Había como varias casas de cuatro recámaras de ladrillo.
Ahí llenaban, y tenían casitas y tenían una cocina grandota. Llegaban las familias que, yo
les daba de comer gratis, porque me daba mucha lástima porque no traían dinero. Había
muchachas con niños chiquitos.
ML: ¿En qué calle?
MO: Está en la calle River Road y Abbapoola Road, creo. Ahí está atrasito.
Yendo de aquí para allá, River Road y luego Abbapooola y luego se da vuelta así y a
mano derecha, ahí está el campo. Ahí estuvimos muchos años. Enrique trabajando para el
señor y yo ahí.
ML: ¿Para Enrique es el mismo patrón que lo llevaba a él a Columbia también?
MO: No, nosotros ya no trabajábamos con él porque nos independizamos. Y él le
daba gusto, dijo, “Qué bueno.” El señor se llama Paul, se me olvida el nombre, no
recuerdo ahorita exactamente el nombre. El señor nos permitió seguir viviendo ahí.
Después que se fueron los inmigrantes seguimos ahí y pasaron muchos años y venían los
inmigrantes e iban a la tienda. Yo seguía dando de comer en mi casa.
Me levantaba a las cuatro de la mañana a hacer de comer para que llevaran sus
desayunos, la cena, los domingos el menudo. Ya después de Mount Pleasant, ya había
mucha gente, iban y me tocaban a las seis, siete de la mañana por su menudo. No había
nadie que vendiera. Había un viejito que vendía menudos, ya me acordé. Ellos iban y
comían y cosas así y llevaban su menudito. Después estaban los de La Hacienda. Las
Haciendas. Todos los trabajadores de Las Haciendas, en aquel entonces que ahora no
están ya, son diferentes, iban a la mañana, porque se desvelaban, no sé, iban y se

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desayunaban con tortillas hechas a mano.
ML: ¿A qué le dice Las Haciendas?
MO: Los restaurantes.
ML: [Risas] Yo pensé que era eso lo que me estaba diciendo, pero los restaurantes
de las haciendas. ¿Ese fue el primer restaurante que estuvo por aquí, La Hacienda?
MO: Los loros y luego Las Haciendas. Entraron de lleno ellos, Las Haciendas.
Pusieron aquí, allá, allá, en Walterboro, en todo. Ellos llenaron de Haciendas. Yo conocí
a la familia, todos nos juntábamos con ellos, porque éramos los que andábamos aquí.
ML: Así que la gente terminaba de trabajar y se iba a comer comida verdadera de
México.
MO: Sí, ellos se iban a comer tacos y menudo.
ML: ¿Y se llegaban a Johns Island a buscar?
MO: Llegaban hasta allá, lejísimo. Era lejísimo. Ahí se quedaban a comer y yo ya
sabía más o menos, y pues bueno, pero sí ayudé mucha gente ahí. Gracias a Dios que me
dio inteligencia para poder ayudarlos. Había una señora que su niño ya estaba muy grave,
en ese ratito dejé todo, me la llevé con su niño a la clínica y dijo, “Señora, si usted no
traía este niño no sé qué hubiera pasado.” Yo dije, gracias Señor. Y ella a cada año que
iba, iba a otros campos, pero ella y su niño y su hermana iban a agradecerme siempre y
me llevaba cualquier cosita. Teníamos una muchacha que nos ayudaba con mi hijo. Mi
hijo era tremendo. Cuando comenzó a ir a la escuela Emanuel, pues, yo lo puse en
colegios privados, porque él estuvo en la escuela de los inmigrantes.
ML: Fue a Rural Mission?
MO: Al Rural Mission. Me lo querían muchísimo. Me di cuenta que me lo

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querían muchísimo porque era un niño de los que lo tenían como medio chifladito. Y una
amiga trabajaba ahí y decía, “Ay, tu hijo nomás me ve y me estira los brazos. Nomás
quiere que todo mundo lo tenga cargado.” Yo siempre lo vestía, lo subía al camioncito
con moño, sus tirantes, pantalones cortitos y sus botines. Siempre lo mandaba así. Tengo
muchas fotos también de eso, y todos me decían, “Ay, Marcela, ¿por qué?” “Porque así
me gusta.” Estaba acostumbrado.
Una vez llegaron todos los niños empapados en el autobús, tenía como tres años,
creo, y bajo a Emanuel escurriendo de sudor. Y yo le dije a la muchacha, “Oye, ¿por qué
los niños están así?” Todos sudados. Dijo, “No, es que no sirve el aire acondicionado.”
Al siguiente día le hablé a la señora, Ms. Gadsen, ella también muy buena gente y
Frances también se llamaba. Ella me ayudó tanto esa señora, le hablé a Ms. Frances y le
dije, “Ms. Frances, los niños ayer estaban, no tienen aire acondicionado. Pobrecitos.” Fue
un lunes, “No te preocupes, Marcela.” Para el viernes llegaron en un autobús nuevo, con
aire acondicionado.
ML: ¿Ms Frances trabajaba también en Rural Mission?
MO: Era la segunda. Ms. Gadsen era la mera, mera. Y pues bueno, así pasó. Eso
ya fue cuando tenía tres años, pero cuando Emanuel tenía quince días, él supuestamente
debía haber nacido el día del huracán Hugo, pero nació dos semanas antes. Por ahí me
dieron las fechas como para el 10 y 15 de septiembre, y gracias a Dios que no fue ese día,
que nació antes. Pero en esos quince días que vino el huracán nos tuvimos que salir. Él se
me enfermó de infección en su estómago. Eso era malo, malísimo.
La señora, una de las que trabajaba ahí era dueña de otro puesto en la marqueta
que estábamos en Columbia, me trajo hasta acá con él, a curar al niño. Me trajo y nada

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que ver, nomás eran conocidos. Se le agradece. La mamá de la muchacha ella también
murió de cáncer. Ella ya no está. A partir de ahí, Emanuel se hizo muy conocido. ¿Por
qué? Porque chupaba trapo, ya estaba grande, tomaba mamila, ya tenía seis años. [Risas]
Y luego, lo metí, lo llevé a la escuela, nos ayudaron mucho, no gasté por dos años
pañales ni comida para él, gracias a Dios. Nació con estrella.
ML: ¿Por qué le ayudaban? ¿Quién?
MO: ¿Por qué? Porque llegó el huracán Hugo entonces ellos comenzaron a
ayudar, la escuela, a los pocos inmigrantes que habíamos ahí. Le mandaban a Emanuel, la
gente, los americanos que ya me conocían, cajas de pañales, por dos años.
ML: Cuando usted dice la escuela, ¿es a través de Rural Mission que llega la
ayuda?
MO: Llega la ayuda a través de Rural Mission y todas las americanas que se
dedicaban a donar de Kiawah, de Seabrook. Yo conocí muchas personas. El mismo año
que nació mi hijo, ya de Acción de Gracias, había una señora americana que le dijo a la
jefa que ayudaba ahí y que hablaba español, que una familia de Kiawah quería invitar a
una familia a compartir su comida, que tuviera niños.
Nosotros fuimos los elegidos, por Emanuel. Fuimos a Kiawah, Emanuel tenía
apenas como cinco o seis meses. Fuimos a cenar con ellos. Ahí ellos compartieron con
nosotros y nos agradecieron de haber ido. Decíamos, “No, nosotros estamos muy
agradecidos y nosotros fuimos la familia que escogieron.” Así pasó el tiempo. Ya cuando
Emanuel tenía que ir a la primaria yo escogí una escuela privada. Ya había muchos
latinos y me decían varias amigas, ya habían pasado cinco años, seis, ya iba a la primaria,
“¿Por qué lo metes a una privada?” “Porque para mí la educación es primero.” Y se

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admiraban. Después, atrás de mí, después niños fueron a colegios.
ML: ¿A qué escuela fue?
MO: Al Nativity School, James Island. Ahí fue donde él fue. Y ahí pasó el tiempo
y yo seguí trabajando.
ML: ¿Usted tenía alguna relación con la comunidad católica de Johns Island?
MO: Al principio sí, ya después mi trabajo no me lo permitía. Yo trabajaba todo
el día. Aparte de todas mis cosas que hacía, comencé en aquel entonces a limpiar casas en
Kiawah. Había una señora que me daba su casa, o sea, ella tenía un puesto de --.
ML: Usted debe haber notado también estando en la isla, cómo creció Kiawah,
¿verdad?
MO: Oh, sí.
ML: Usted debe haber sido testigo de ese boom de la construcción en Kiawah.
MO: No, no, llegó la construcción después del huracán. Ni papeles le pedían, ni
un permiso, ni licencia ni nada, porque estaba atascado de trabajo en Kiawah. La gente
pasaba, no había control porque se destruyó. De ahí Kiawah creció bastante, creció
Charleston, North Charleston. Cuando yo llegué no había edificios. A mí me gustaba
Tampico, era una ciudad, un puerto, y Charleston era un puerto, pero yo decía, “No le
noto tan así.” Me parecía como un pueblo pequeño, muy antiguo, muy bonito, antiguo,
pero muy triste. Y como yo estaba acostumbrada a edificios y todo eso.
ML: Cuando usted vio, después de Hugo y del crecimiento de Kiawah, que usted
me estaba contando recién, que no solamente había conseguido trabajo para usted, sino
que pudo hacer como una empresa trabajando en Kiawah, ¿cómo Kiawah impactó en la
comunidad latina que estaba viviendo ya en la isla? ¿Eso abrió oportunidades económicas

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para la gente ahí? ¿La gente cambió de trabajo? ¿Vio algo de eso?
MO: Oh, sí, claro que sí. Los americanos comenzaron a buscar la gente latina
porque se comenzaron a dar cuenta que éramos gente de trabajo, que ellos podían
progresar también con nosotros y los americanos buenos con nosotros. Ahora ya ha
cambiado un poco pero antes ellos sí, sí crecimos mucho con ellos y ellos con nosotros.
La señora donde yo comencé a trabajar en limpieza, ella tenía una tienda de Coca Cola en
Atlanta. Ella vendía muchas cosas de navidad de Coca Cola, y me dijo un día, “¿No
quieres nada más simplemente hacer unos llaveritos de una Coca y meter el hilo rojo y
moñito?”
Yo trabajaba, cuando era la temporada en diciembre, en la noche, toda la noche
haciendo eso. La noche me salía quinientos dólares, desvelada con mi café, viendo tele,
pero haciendo, porque sino uno se queda atrás. Ella me estimaba bastante. Mucha gente
comenzó a entrar a Kiawah, se quedaron ya trabajando. Las compañías americanas
hicieron compañías grandes con los mexicanos. El centro de Charleston, las orillas,
comenzaron a crecer. ¿No ve cómo está ahora? lleno de edificios, lleno de apartamentos,
lleno de casas, es algo tan admirable, o sea, sorprendente cómo ha crecido aquí
Charleston, North Charleston. Y no nomás aquí, me imagino que en otras ciudades.
ML: ¿Cuándo fue que usted dejó la isla?
MO: Yo dejé la isla en el— Yo dejé la isla porque quería que mis hijos fueran a
otra escuela a las secundarias. La privada, donde yo quería que fueran, en el downtown
de Charleston, ¿cómo se llama la escuela del uniforme verde?
ML: Bishop England.
MO: Yo quería que fueran ahí. Ahora está en Daniel Island. Yo quiero que vayan

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ahí, pero no se podía. Nos fuimos en el año, no recuerdo exactamente, pero nos fuimos
para --. Awendaw
ML: ¿Cuántos años tenían los chicos más o menos?
MO: Ya iban a la High school.
ML: Okay, así que estamos hablando como en el 2000 y pico.
MO: Por ahí más o menos. En Mount Pleasant están muy caras las rentas,
entonces salimos de Mount Pleasant, porque queríamos comprar una traila, porque quería
que nos tocara Wando, la High school. Yo quería que fuera ahí. Pues sí, nos movimos
para allá, compramos una traila, la parqueamos y metí a mis hijos a Wando.
ML: Pasando Mount Pleasant.
MO: Sí. Ahí iban ellos al colegio. Y teníamos que ir a dejarlos y traerlos.
ML: ¿Y usted dejó la tienda en ese tiempo?
MO: Cuando dejé la tienda fue, sí, la traspasé a los dueños que ahora están. Ellos
iban a poner un restaurante. Ellos no querían la tienda y me pidieron permiso que, si
podían dejar el nombre del mercadito, yo les dije, “Sí, no hay problema.” Y así pasó.
ML: ¿Cómo cuántos años habrá tenido la tienda? ¿Diez años habrá tenido la
tienda?
MO: Yo creo que se puso como en el noventa y dos, por ahí, y duró-, mi hija tenía
como cinco años cuando se quitó.
ML: Okay, noventa y siete.
MO: Por ahí.
ML: ¿Y todavía usted siguió viviendo en la isla un tiempo?
MO: Sí, porque teníamos el restaurante La Huasteca.

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ML: Ah, de ese no hablamos. Vendió la tienda y puso un restaurante.
MO: No, ya lo tenía.
ML: ¿Dónde estaba eso?
MO: La Huasteca estaba en la Maybank por ahí, yendo rumbo a James Island. Era
una casita que ahora es barbecue, una casita anaranjada.
ML: Sí, sí.
MO: Ahí era. Le pusimos la Huasteca y la comencé a anunciar.
ML: ¿Qué quiere decir la Huasteca?
MO: La Huasteca Potosina es San Luis Potosí. Le decíamos La Huasteca Potosina
porque es como una selva y se le llama Huasteca Potosina. Hay muchos pueblitos
chiquitos, pero es como una selva. Entonces, hicimos una monita, una huasteca y la
pusimos para esto. A mí ya me habían entrevistado del Post and Courier. [Risas]
ML: Ya vengo bien preparada. [Risas]
MO: Sí, el Post &amp; Courier me había entrevistado. Me hicieron una entrevista.
ML: Es muy linda la entrevista.
MO: Y todavía sigo pensando por qué duermen los niños, deben de dejarlos que
estudien. [Risas] ¿Tiene las otras fotos?
ML: No, lo único que tengo es esto así que voy a estar contenta cuando usted me
muestre las fotos. Entonces, se sale de la isla.
MO: Todavía no me había salido.
ML: ¿Y cómo le fue con La Huasteca?
MO: Al principio --. Déjeme terminar, se me olvidó esa anécdota de las fotos.
Fueron los del periódico a entrevistarme. No fueron, yo fui a las oficinas y no sabía

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hablar muy bien el inglés. Pero creo que tuve a alguien, ya no recuerdo bien. Yo fui allá.
Pero cuando fueron a hacerme la entrevista me hicieron muchas preguntas, está larga la
historia, y yo estuve ahí con ellos.
Me sentí y pensé, cuando ellos llegaron, trajeron esa sombrilla que ponen con las
luces y todo eso, y me tomaron las fotos y estuvieron platicando conmigo y salió en el
periódico. Lo agarré y dije, “Mi esfuerzo. Gracias Dios.” Y me sentí muy contenta que no
era rica, de dinero, pero era rica en salud, sabiduría, mis amigos que me estimaban, la
gente que conozco y eso que apareció ahí. Dije, “este es mi premio de tanto trabajo en
toda mi vida.”
ML: Y eso a los poquitos años, yo saqué la cuenta que era como seis años de que
usted había llegado.
MO: No, pero yo comencé a trabajar desde los trece años.
ML: Claro, pero usted tiene este reconocimiento.
MO: Al tercer año, ya creo, por medio de un señor que trabajaba en el periódico
que nos comenzó a conocerme y comenzó a ver.
ML: ¿Era vecino de ustedes en Johns Island?
MO: Vivía en Johns Island, pero no era vecino. Vivía por ahí. Pero este señor, yo
no sé el impacto que yo hacía con la gente, que él decía, “No, yo te quiero poner. Dinos
la historia.” Lo que sí me arrepentí fue esto. Bueno, fueron gente americana a felicitarme
a la tienda, que muchas cosas yo no entendía todavía de inglés, de Kiawah, de Seabrook,
de downtown, de dondequiera, gente muy nice. Eso me satisfacía tanto. Entonces, al
tercer día me hablan de Nueva York, de ahí estoy arrepentida. Pero bueno, así es la vida.
New York Times, la revista, me llaman y me dicen que quieren hacerme una entrevista y

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¿qué crees que dije yo?
ML: Le dio vergüenza.
MO: “Gracias. No puedo”. Eso es lo único que --, pero dije, “bueno, Dios sabe
por qué hace las cosas.” Pero imagínese, lo iban a poner ahí.
ML: Todavía hay tiempo ¿verdad?
MO: [Risas] Así pasó. Siempre me acuerdo, me hablan y dicen, “¿De veras no?”
Y yo dije, “No, gracias.”
ML: [Risas] Cuénteme de La Huasteca, ¿Cómo le fue con La Huasteca?
MO: Maravilloso, de maravillas. Como pasó lo del periódico me pusieron --,
pasaron esos días entonces yo creo que dije, o no sé, total que comenzó la voz o yo
anuncié. Ah, porque fueron los del otro periódico, el que hacen en el downtown, un
periodiquito.
ML: Ah, ya sé, ¿Moutltrie?
MO: Más conocido.
ML: ¿El Chronicle?
MO: No.
ML: ¿Cuál habrá sido?
MO: Es uno de los conocidos que entrevistan mucho a los restaurantes y todo eso.
ML: No me acuerdo.
MO: Ellos fueron a la tienda. Por ahí tengo, me regalaron una maqueta, pero no la
tengo aquí, la tengo guardada por allá. No me acuerdo cuál fue, es muy conocido el
periódico.
ML: Porque en esa época habrá estado todavía el Evening Post, porque estaba el

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Post and Courier, pero eran de los mismos dueños.
MO: No, es uno que, porque todavía está del downtown, que donde van a
restaurantes americanos. Usted ve las fotos cuando abren el restaurante, los entrevistan y
cosas así.
ML: No es Charleston City Paper, ¿verdad?
MO: City Paper.
ML: ¿Ah, ya estaba el City Paper en esa época?
MO: Ya estaban. Ellos fueron a la tienda y creo que yo comenté algo de La
Huasteca, la anunciamos entonces los americanos comenzaron a leer, “¿Y cuándo la van
a abrir?” Pasó seis meses el anuncio así, “¿Cuándo la van a abrir?” El día que la abrimos
la línea, había como treinta personas afuera en línea.
ML: ¿Y sus clientes eran mayormente gringos?
MO: Americanos. ¿Por qué? Porque mi comida era auténtica. Ellos comenzaron a
ver y se pasaron la voz entre ellos, hasta un famoso, que ahorita no recuerdo, que llegó a
Kiawah, él fue a comer ahí.
ML: ¡Guau! ¿Usted pone la Huasteca más o menos para el mismo tiempo La
Hacienda y Los Loros se abrieron?
MO: No, mucho después. Los dueños de La Hacienda, los meros, meros, iban a
comer.
ML: Entonces, su tienda es después de estas dos tiendas. Su restaurante se abre
después de los de ellos.
MO: No, teníamos casi al mismo tiempo, pero fue mucho después de la tienda.
Entonces, tan nerviosa estaba yo que me dio --, bueno, por eso le digo que había

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demasiada gente. Me dio un ataque, ese día me tuvieron que llevar al doctor. Ya no
hablaba, mi lengua ya se estaba torciendo, me tuvieron que bajar en silla de ruedas. Me
dio el ataque del estrés de ver tanta gente y la sorpresa que tuvimos, el impacto. Fue algo
tan impactante que no lo podíamos creer.
Cómo tanta gente, americanos y gente de downtown, gente nice que decía, ¡guau!
Total, que les encantan mis fajitas, porque yo no usaba aceite, yo preparaba algo para
freír. No usaba aceite. Y un sabor que nadie lo tiene. Yo tengo todas esas recetas. Todo
era auténtico, los chiles rellenos, enchiladas huastecas, enchiladas aztecas, todo eso bien
auténtico. Un día voy a volverlo a poner. No tenía tanta experiencia en eso, pero ahora la
tengo y vamos a ver si algún día se me logra. Ojalá.
Porque poner un restaurante cuesta mucho. En aquel entonces lo teníamos para
ponerlo, pero ahora es diferente. Ya han cambiado las cosas. Adentro eran equipales las
sillas, muy auténtico adentro, eran equipales, son de piel y de carrizo. Las mesas eran de
piel. Los adornos eran auténticos, chiquito, pero, decía una americana, “No sé qué me
pasa, pero cuando vengo y me siento aquí, no me quiero ir.” [Risas]
ML: ¿Tiene fotos de eso, Marcela?
MO: No, sé, la tengo que buscar. La voy a buscar. Muy bonito quedó arreglado el
restaurante en aquél entonces. Yo tenía mucha cabeza. Ahora ya no tengo tanta. Me gusta
mucho, cositas así. Pasó que también una señora dijo, “No puedo ir a comer fajitas a
ningún otro lugar más que aquí. no sé qué le pones, pero están tan deliciosas y lo que más
me gusta es que no hay grasa.” Pues, no, no le pongo grasa. [Risas] Y así pasó el tiempo,
mucha gente, y después pasó lo de la separación de Enrique y yo, y se fue para abajo.
Lógico, uno tiene que pagar las consecuencias. Cuando uno actúa mal, hace cosas

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que no debe de hacer, uno paga. Inclusive cuando vive en una casa, ya está con su esposo
y se separa la casa como que se ve triste. Yo estoy de acuerdo en eso, siempre. Bueno,
pasó el tiempo, la cerré. No hubo más. Se acabó. Pero yo ya tenía mi plan, dije, limpieza.
No, vender comida a las construcciones. Me fui a las construcciones. Yo era la única
lonchera y la gente me esperaba. Yo llevaba mi olla de frijoles, tacos, y ellos se servían,
tortillas hechas que les gustaban. Pasó el tiempo, después vino más gente y yo lo dejé, ya
no podía vender lo que yo vendía, dije, ya no. Mi cuadro de limpieza.
ML: Cuando usted vendía a las construcciones, ¿cuáles eran las zonas a las que
usted iba?
MO: Las zonas a las que yo iba principalmente era Mount Pleasant, todos esos
shopping centers nuevos, donde está Lowes todo eso, yo lo vi crecer.
ML: El Town Center.
MO: Uh-huh, el Town Center. Todas las casas de las colonias que están para
arriba, las vi crecer, todas.
ML: Todo Mount Pleasant.
MO: Yo estaba en Mount Pleasant.
ML: Ya se había mudado.
MO: No, todavía no, porque yo hacía varias cosas a la vez.
ML: [Risas] Sí, se ve.
MO: Tenía una muchacha, estoy hablando cuando Emanuel ya está grande, y
Daniela. Mi niña nació en el 95 y ella no fue al Rural Mission. Yo tenía alguien que me
ayudaba en casa, la cuidada y cuidaba a Emanuel. Mi niña Dani ella sí fue una niña muy
tranquila, pero Emanuel no. Una vez que se enojó con la niñera, ya tenía cuatro años, y se

�Marcela Ortega

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fue a la calle y ella no se dio cuenta.
Pasaron como tres bloques y él caminando en la calle, hasta que una señora que
vivía por ahí, por la calle esa, estaba platicando con una amiga y dice, “Mira, un perrito,
lo van a atropellar,” de lejos, nada, cuando se acercó pues era Emanuel. Ya lo recogieron
y todo, pero toda la isla se enteró. Dije, madre santa, con que la policía no se entere, sino
me lo quitan. Yo andaba trabajando. y mi niña no, fue más tranquila.
Tenía a la muchacha ahí, me la cuidaba y cómo lo querían a los dos la muchacha
esa. Vivía ahí, dormía ahí y todo. Una anécdota: ella hubo una mañana, ella siempre le
llevábamos cosas, nos hacía la comida, entonces un día en la mañana, ya todos listos para
irnos a llevarlo a Emanuel a la escuela, escuchamos un llorido de niño. Yo dije, como
cosa de mala, dije, “¿Qué es eso?” Estaba en el pasillo. Enrique estaba ahí, se puso así,
“¿Qué es eso?” Un niñito. Y otra vez, y oí, “Ah, ah, ah.” “Alex, Alex.” Ah, le hacía.
“¿Qué pasó?” Tenía atrancada la puerta del baño, pero había otra puerta por mi recámara.
No estaba atrancada.
Entro y la imagen que veo, ella sentada con el niño en la taza. No sabíamos que
estaba embarazada. ¿Cómo le hizo? No lo sé. Mi sobrina estaba ahí y dice que ella sentía
que se metía entre la pared del susto. Todos nos espantamos. Dije, “¿De quién es ese
niño?” Pero deje de eso, ¿cómo estaba el niño ahí? Entre el agua, en la taza del baño. Y
ya que les grito, todos espantados y le hablamos al 911, ahí con el ombligo la senté y
todo. Fue un susto muy grande. Después supimos que era de uno de los que vivía ahí.
Me enojé mucho. Él se fue, no se hizo responsable. Pero eso fue un gran susto que
nadie nos dábamos cuenta que ella estaba embarazada. Y ya más adelante, ella se fue,
pero esa fue una de las cosas, pero el niño grande ahorita. Se salvó. Esa es una anécdota

�Marcela Ortega

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que tampoco se me olvida. Así es la vida. Pero también no se me olvida cómo sufrían los
inmigrantes, mucho, las familias.
ML: Llevamos casi una hora y media de entrevista, ¿qué le parece si usted me
regala otro día? porque hemos estado hablando de su trabajo en la isla y yo sé que usted
es una mujer empresaria.
MO: Ah, gracias.
ML: A mí me gustaría darle tiempo a su vida después de salir de la isla y a qué
otros trabajos usted se ha dedicado y cómo ha visto crecer la comunidad. Y yo creo que
nos va a llevar otra hora.
MO: [Risas] Está largo.
ML: Si a usted le parece bien, ¿le parece bien?
MO: Sí, claro.
ML: Vamos a cortar aquí y entonces nos juntamos la semana que viene y hacemos
la segunda parte.
MO: Sí, está bien.
ML: No quiero apurar todo lo que usted tiene para contar. ¿Le parece bien?
MO: Sí, no hay problema.
ML: Muchísimas gracias.
MO: Gracias.
End of recording.
MLL 6/7/2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1739">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1740">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1895">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Oral History of Marcela Ortega, interviewed by Marina López, 31 May, 2019</text>
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                <text>Marcela Ortega was born in a rural area of the state of San Luis Potosí, Mexico. When she was nine years old, her family moved to Tampico, Tamaulipas. In 1989, she decided to immigrate to the United States to build a more prosperous future for the son she was expecting. Ortega and her husband arrived at Johns Island, SC to work in a store that sold beverages to migrant workers. Shortly after, Ortega began cooking and selling food to the agricultural workers who worked in Johns Island fields and surrounding areas. In the early nineties, responding to the growing community's needs, she established El Mercadito, the first Hispanic store on Johns Island. Later, she opened La Huasteca, a Mexican restaurant. In the interview, Ortega describes Johns Island at the end of the eighties and in the nineties and reflects on the changes she has witnessed. Finally, she remembers participating in numerous cultural events as a dancer and takes pride in the fact that her story has been featured in the local newspaper, the Post and Courier. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcela Ortega nació y vivió hasta los nueve años en una zona rural del estado de San Luis Potosí, México y luego se mudó junto a su familia a la ciudad de Tampico en el estado de Tamaulipas. En el año 1989 decidió emigrar a los Estados Unidos para construir un futuro más próspero para el hijo que estaba esperando. Junto a su esposo se estableció en Johns Island y comenzó a trabajar en una tienda que vendía bebidas y algunos otros productos a los trabajadores migrantes que llegaban a la isla en la época de la cosecha. Poco después, Ortega comenzó a vender comida en los campos no sólo de la isla, sino de poblaciones aledañas. A principios de los noventa, respondiendo a la necesidad de la comunidad que comenzaba a crecer, estableció El Mercadito, el primer negocio de venta de productos hispanos en Johns Island. Posteriormente también abriría un restaurante llamado La Huasteca. En la entrevista, Ortega recuerda la vida en Johns Island al final de la década de los ochenta y los noventa y reflexiona acerca de los cambios que ella ha observado. Finalmente, cuenta que participó bailando en numerosos eventos culturales y que se enorgullece de que su historia haya sido contada en el periódico local Post and Courier.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCION – MARÍA
Narradora: MARÍA
Entrevistadora: MARINA LÓPEZ
Fecha: 24 de marzo, 2018
Lugar: JOHNS ISLAND, SC
Duración: 55 min.
MARINA LÓPEZ: Mi nombre es Marina López. Hoy es 24 de marzo del año
2018 y estoy aquí con la señora María para hacer una entrevista para el proyecto de
historia oral. María, ¿se quiere presentar, por favor?
MARÍA: Hola, buenos días. Yo me llamo María y estoy aquí platicando con la
señora Marina acerca de mi experiencia de venir aquí a los Estados Unidos.
ML: Dígame, señora María, ¿en qué año se vino usted para aquí?
M: En el 2004 yo llegué aquí a Estados Unidos.
ML: Y antes de que usted me cuente de su aventura de venirse a Estados Unidos,
cuénteme cuándo y en dónde nació.
M: Nací en un ranchito de Guanajuato que se llama Caracheo.
ML: Yo nunca he estado en Guanajuato, cuénteme cómo es su ranchito.
M: Pues, es un ranchito muy chiquito, mucho trabajo no hay ahí. Ahí casi
solamente trabajan los hombres y pues, trabajo, trabajo mucho no hay. es por eso que
tienen que salir a otros lugares a buscar trabajo.
ML: Y cuando usted era chiquita ¿a qué se dedicaba su familia, señora María?
M: Mi mamá era ama de casa y mi papá trabajaba en el campo.

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Maria

ML: Y usted cuando dice que trabajaba en el campo, ¿era el campo de la familia o
trabajaba en campos de otra gente?
M: De la familia y en campos de otras personas.
ML: ¿Su papá era trabajador migrante en México también?
M: No, trabajaba ahí mismo en el mismo rancho.
ML: ¿Qué tipo de producción tenían? ¿Qué cultivaban?
M: Él cultivaba maíz, frijol y era lo que él cultivaba de él, de su trabajo de él. Y
ya con otras personas trabajaba en la lechuga, sacando cacahuate y zanahoria.
ML: Eso es lo que se cultivaba por ahí cerquita.
M: Uh-huh.
ML: ¿Y usted tiene hermanos y hermanas?
M: Sí, tengo nueve hermanos y una hermana.
ML: ¿Y usted qué número de hija es?
M: La once.
ML: La chiquitita.
M: Sí.
ML: La benjamina de la casa. ¿Y cómo era ser la más chiquitita de la casa?
M: Pues a veces que ya ni recuerdo, pero yo todo lo que pedía a mí me lo daban
porque era la más chiquita.
ML: Qué suerte que tuvo. ¿Se acuerda algo de cuando era chiquita?
M: Mucho no.
ML: Por ejemplo, si yo le pregunto de la escuela, ¿qué se acuerda?

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Maria

M: Pues, todos los días tenía que ir a la escuela porque si no iba pues luego, luego
me daban chanclazos.
ML: Su mamá y su papá querían que usted fuera a la escuela.
M: Sí.
ML: A pesar de que era mujercita ellos querían que fuera a la escuela.
M: Uh-huh.
ML: ¿Sus otros hermanos también fueron a la escuela?
M: Sí, todos fueron, pero casi ninguno la terminó porque no querían ir y se salían
antes y se ponían a trabajar.
ML: ¿Y usted sí pudo?
M: La primaria nada más.
ML: ¿Por qué no pudo seguir después?
M: Porque ya después no quise, no me gustaba.
ML: ¿Usted no quiso ir?
M: No.
ML: ¿Y qué se dedicó a hacer entonces después de la primaria?
M: A estar en la casa.
ML: Entonces usted era la más chiquita. Le daban todo lo que usted quería.
Aparte de ir a la escuela, ¿le tocaba trabajar en la casa? ¿Cuáles son las responsabilidades
de una nena en el ranchito en Guanajuato?
M: Pues ya después que tuve más de doce años le ayudaba a lavar a mi mamá la
ropa de mis hermanos, hacer tortillas, y era lo único que le ayudaba a hacer, a lavar
trastes.

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Maria
ML: Y yo vi que usted tiene ahí un altarcito a la virgen ahí afuera. ¿En
Guanajuato su mamá y su papá también eran devotos de la virgen?
M: Sí.
ML: ¿Y se acuerda, por ejemplo, ¿cómo era un día de la Virgen de Guadalupe
para usted y su familia?

M: Sí, cada año mi mamá le hacía su novena, empezando cada día 3 de diciembre
y terminando hasta el día 12 de diciembre. El día 12 de diciembre hacía tamales, pozole,
buñuelos, se hacía mucha comida y durante esos 9 días había un rosario a las 7:00 de la
noche y ahí repartía pan, café, chocolate, arroz con leche a las personas que iban a rezar.
ML: Y que llegaban a su casa para la novena.
M: Uh-huh.
ML: ¿Y hay alguna otra fiesta del pueblo que usted se acuerde con cariño?
M: Las fiestas del pueblo que se hacen cada año en febrero.
ML: ¿Qué festejan?
M: Se festeja un Cristo que es el patrón de la iglesia que es del rancho y se hace
durante 3 días, empezando el viernes, sábado y domingo. Es una fiesta muy bonita.
ML: ¿Y qué le tocaba hacer a usted como niña en la fiesta? ¿Participaba usted
también?
M: No, nada más ir a divertirme.
ML: ¿En qué se divertía?
M: Pues ir a la feria, subirme a los juegos. Ya cuando estaba grande ir al baile, a
los toros.
ML: ¿A los toros?

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Maria
M: Uh-huh.
ML: ¿Hacen corridas?
M: Sí.
ML: Todavía.
M: Todavía.

ML: Todavía se hacen corridas de toros. Así que a los 12 años decidió que no iba
a ir más a la escuela y entonces ¿cuándo se puso de novio?
M: A los 16 años.
ML: ¿Con el marido que tiene ahora?
M: Uh-huh.
ML: ¿Y él era de su pueblo también?
M: Sí, somos del mismo lugar.
ML: ¿Y cómo se conoció con él?
M: En la escuela y ya después que salí de la escuela lo dejé de ver hasta después
de mucho tiempo lo volví a ver.
ML: ¿Tienen la misma edad ustedes?
M: Sí.
ML: Y entonces a los 16 años se puso de novio con él. ¿Se casó en su pueblo?
M: Sí, me casé a los 20 años.
ML: ¿Y entonces?
M: Pues ya de ahí, nació mi hija la más grande que se llama Érica, después el
segundo a los 3 años, se llama Luis, después el tercero, se llama Alejandro, la cuarta se
llama Lidia Gabriela, y la que nació aquí se llama Helen.

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Maria
ML: ¿Cuántos años tenía usted cuando usted y su marido decidieron venirse?
M: Tenía 34 años yo, porque mi esposo él se empezó a venir desde el ’92.
ML: ¿Qué fue lo que hizo que él decidiera empezar a venirse?
M: Porque allá no había mucho trabajo y él antes de venirse para acá, él salía a
trabajar a diferentes lugares, iba a Ciudad Juárez, ahí trabajaba piscando chile, y en otros
lugares, no se recuerdo cómo se llamaban, pero salía a piscar lechuga, a veces duraba
ocho días sin regresarse porque estaba lejos. Y así era lo que él trabajaba.
ML: ¿Y cómo fue que él decidió que estaba bien venirse para el norte?
M: Pues, porque no hay mucho trabajo allá y ya teníamos la primera niña y
necesitaba muchas cosas, teníamos que hacer una casa porque pues es lo que se necesita.
ML: ¿Usted sabe si en su familia o en su pueblo había gente que ya venía a
Estados Unidos desde antes?
M: Sí.
ML: ¿Quiénes?
M: De mi familia venían para acá cuatro hermanos.
ML: ¿Estaban ya en Estados Unidos, desde qué época empezaron ellos a viajar?
M: No recuerdo, pero desde que me recuerdo mis hermanos siempre habían

venido. Tres de ellos, no recuerdo en qué año empezaron a venir, pero ellos ahorita tienen
su residencia porque les tocó estar aquí cuando fue la amnistía.
ML: Del Presidente Ronald Reagan.
M: Uh-huh.
ML: La amnistía yo creo que fue como en el 86, 84 u 86, quiere decir que sus
hermanos desde el 80 ya estaban viajando.

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Maria
M: Sí.
ML: Y le pregunto porque usted sabe que México y Estados Unidos han tenido

diferentes acuerdos para que los trabajadores de la agricultura pudieran venir, que estuvo
el programa Bracero, yo creo que fue durante 20 años, que era para contratar los
trabajadores en forma temporal, pero yo creo que el programa Bracero terminó como en
el 60 y pico, en la década del 60. Y por eso le pregunto, hay muchas familias que tienen
tradición de trabajar en la agricultura en México, de viajar en México, y también muchas
familias que ya tienen tradición de venir a trabajar a los Estados Unidos con los distintos
programas que ha habido a lo largo de la historia. Así que su marido recién después de
que sus hermanos se vinieron empezó a decidir venir para acá.
M: Uh-huh.
ML: ¿Y usted se acuerda – ojalá que algún día pueda hablar con su esposo – a
dónde venía él, a qué parte de Estados Unidos venía a trabajar los primeros años?
M: Los primeros años llegaba a Florida, un pueblito que se llama Immokalee,
porque a él todo el tiempo le ha gustado trabajar en el campo, piscando tomates, fresas,
pino, de todo lo que sea del campo, pero como estaba él solo pues andaba de migrante de
un lado para el otro. Iba a Tennessee, a Virginia, a Alabama, aquí a Sur Carolina, y
después se regresaba otra vez a Florida y después otra vez empezaba a andar por distintos
lugares.
ML: Entonces, él se venía a Florida.
M: Sí.
ML: Sí, porque había otra gente que se establecía en Texas y de ahí subían. Él no.
él tenía la base en Florida. ¿Usted se vino muchos años después?

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Maria
M: Sí.
ML: ¿Su marido iba y volvía en ese tiempo?
M: Sí.
ML: ¿Él podía cruzar, ir y volver?

M: Sí. Se venía y duraba un año y medio, dos años y se regresaba. Y la última vez
que regresó fue que duró aquí casi cinco años.
ML: Sin volver.
M: Uh-huh, porque yo me quedé embarazada de Gaby y él se vino y ya después
estuvo trabajando y pues como ya tenía todos los niños, se enfermaba uno y se enfermaba
otro y pues tenía que estar trabajando él acá y ya de ahí empecé a hacer mi casa. Por eso
fue que tardó en regresar porque tuve que levantar mi casa.
ML: ¿Y la pudo levantar?
M: Sí.
ML: ¿Qué fue lo que la decidió a venirse a usted después de tener su casita? ¿Qué
la decidió a mudarse para aquí?
M: Pues, porque casi siempre estaba sola, porque mi esposo casi todo el tiempo
estaba acá. Nomás iba y duraba tres, cuatro o cinco meses, era lo que más duraba y se
volvía a regresar. Y ya después él me dijo que si quería me viniera porque no estaba bien
que él estaba más acá y nosotros allá.
ML: Él los echaba de menos a ustedes.
M: Uh-huh.
ML: Y ustedes lo echaban de menos a él.
M: Uh-huh.

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Maria

ML: ¿Y usted sabe por qué su marido de todos los lugares podría haber elegido en
Estados Unidos para establecerse, con todos esos lugares con los que él había andado
trabajando, él eligió Johns Island, Carolina del Sur, para establecerse?
M: Porque cuando él empezó a trabajar aquí él venía con un contratista que era
conocido por él, era del rancho.
ML: ¿Sabe cómo se llama el contratista?
M: Manuel Villa Gómez. Y su esposa se llama Cecilia Villa Gómez. Ellos viven
en Immokalee.
ML: ¿Ellos están aquí todavía?
M: Sí, y su hijo les ayudaba y su hijo fue el que le dijo a mi esposo que si se
quería ayudar a trabajar aquí en el field porque el patrón necesitaba gente para todo el
año. y mi esposo en ese tiempo no sabía hablar inglés y él no quería quedarse porque no
sabía. Y ya cuando después decidió quedarse aquí, cuando el americano le decía algo y él
no le entendía, le hablaba al que lo había dejado aquí, que se llama Rubén Gallegos, y ya
el Señor Rubén lo traducía, le decía qué era lo que el patrón quería que hiciera, y así
estuvo por mucho tiempo hasta que aprendió el inglés.
ML: Así que el patrón tiene apellido latino, pero no hablaba en español.
M: No, él es el hijo del contratista.
ML: Okay. ¿Cómo qué año habrá sido eso cuando él decidió quedarse aquí?
M: En el 2004 cuando yo llegué aquí.
ML: Así que estuvo muchos años él viajando hasta que finalmente se estableció
acá.
M: Sí.

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Maria
ML: ¿Él se estableció porque quería estar en un lugar fijo para que usted se
pudiera venir o le ofrecieron eso y él dijo, está bueno, ahora la puedo traer a María?
M: No, él se quedó aquí para que pudiéramos nosotros venir y llegar a un lugar
donde ya no estuviera viajando.
ML: ¿Qué le contó él a usted para convencerla de que se viniera? ¿Tuvo que
trabajar mucho para convencerla?
M: De principio sí, pero ya después ya no.
ML: ¿Qué fue lo que él le dijo?

M: Yo de primero no me quería venir porque tenía mis papás y no quería dejarlos,
pero ya después pensé y dije, no, pues si allá no había trabajo y acá sí, a lo mejor les
podíamos dar un futuro mejor a nuestros hijos.
ML: ¿Qué dijeron su mamá y su papá que la bebé se les iba?
M: Pues, mi mamá no quería, me decía que no, que qué iba a hacer acá a un lugar
que no conocía, pero le dije, “Voy a ir y si no me gusta me regreso, no voy a durar
mucho.”
ML: Y acá está.
M: Acá estoy todavía.
ML: Así que la convenció así a su mamá. ¿Se pudo regresar alguna vez?
M: No.
ML: Ya no ha regresado.
M: No, ya no he regresado.
ML: Ya no volvió. ¿Y cómo fue que se vino para aquí?

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Maria

M: Pues, una amiga que tenía, su esposo se iba a venir y ya mi esposo habló con
él y le dijo que, si me podía venir yo con él para que no nos viniéramos solas, porque me
traje a mi hija la más grande conmigo, y fue que el amigo de mi esposo tenía alguien que
nos cruzó.
ML: ¿Cuántos niños tenía ya María cuando se vino?
M: Cuatro.
ML: ¿Y cómo tomó la decisión de con quién se venía y a quién dejaba?
M: Porque mi esposo me dijo que no íbamos a tardar en traernos a los demás y me
viniera con la grande y se quedaron tres con mi mamá.
ML: ¿Pero cómo fue que decidieron, la grande sí y los otros no, por qué la grande
y por qué no los dejó a todos’
M: Porque la más grande yo la iba a venir cuidando y ya los otros tres se
quedaron con mi mamá y mientras en ese tiempo nosotros estuvimos trabajando mucho.
ML: ¿Y cuántos años tenía la más grande cuando usted se vino?
M: 13 años.
ML: ¿Y los otros tenían?
M: 10, 9 y 8.
ML: Pero ellos estaban con la abuela, que se habían criado con la abuela.
M: Sí, mi mamá.
ML: Usted vivía en el mismo pueblito en el que usted se crio también.
M: Sí.

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Maria

ML: Yo la escucho a Gaby que viene a verla siempre a usted y su hija, la grande,
que habla con mucho cariño de usted. Y yo sé que cuida a los nietos. Usted es una madre
ocupada y amorosa. ¿Cómo hizo para dejar a los otros tres en México?
M: Porque yo sabía que no iba a tardar en tenerlos. Si no nos los podíamos traer
yo me iba a regresar.
ML: Okay, esa fue la promesa que usted se hizo a usted misma.
M: Sí, para poder estar con ellos. Yo dije, si en este tiempo, durante un año, un
año y medio, no iba a durar más de dos años y si no me los podía traer, yo me iba a
regresar.
ML: Esa fue la cosa que usted se dijo a usted misma para poder venirse aquí
dejando a sus niñitos del otro lado de la frontera.
M: Sí.
ML: Y me dice que usted trabajó un montón.
M: Sí.
ML: ¿En qué trabajaba?
M: En la empacadora, empacando el tomate.
ML: Pero eso es de temporada, ¿verdad?
M: Sí, empezaba la última semana de mayo y se terminaba en la semana del 4 de
julio.
ML: ¿Y qué hacía con su hija cuando usted estaba trabajando tanto?
M: Ella se iba a la escuela y llegaba y ella se quedaba aquí solita.
ML: Usted no viajó, ¿verdad?
M: No.

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Maria
ML: Usted siempre ha estado trabajando aquí en Johns Island.
M: Sí.
ML: ¿Hasta cuándo trabajó en la empacadora, hasta qué año?
M: Sería como 5 años los que yo estuve trabajando ahí.
ML: ¿Después la empacadora siguió trabajando o ya el trabajo mermó un poco?

M: Bajó porque ya como estaba más trabajoso que había mucha migración y todo
ya los que venían de Florida o de otros lugares ya no estuvieron viniendo y se estaba
echando a perder mucho el tomate porque no había quién lo piscara.
ML: ¿Porque la inmigración empezó a perseguir a los trabajadores quiere decir
usted?
M: Uh-huh.
ML: Cómo fue para usted el cambio de vida de estar en su pueblo, de una familia
gigante, con sus cuatro niños, a venirse a Johns Island sin familia, ¿verdad?
M: Uh-huh.
ML: Usted y su marido solamente y la nena solamente, ¿cómo fue el cambio de
vida para usted?
M: Muy diferente.
ML: ¿Y entonces?
M: Pues, había momentos que decía, oh, yo ya me quiero regresar.
ML: Claro.
M: Porque estábamos aquí solos y siempre que hablaba a México, que hablaba
con mi mamá y con ellos, decían, “¿Es que cuándo vas a regresar? ¿Cuándo vas a venir
por nosotros?”

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Maria
ML: Los niñitos le decían eso.
M: Sí.
ML: ¿Y usted?
M: Les decía, “Ya no falta mucho.”
ML: Se le partía el corazón a usted.
M: Sí.
ML: ¿Se deprimió alguna vez usted piensa?

M: No, porque yo decía, yo tenía mi meta que tenía que trabajar para traérmelos y
si no yo regresarme a México con ellos.
ML: ¿Y cómo fue el cambio de vida para su nena grande?
M: Pues, pienso que igual que yo, muy diferente, porque llegó a un lugar que no
entendía nada, yendo a la escuela y sin saber el inglés ni nada.
ML: ¿Cómo se fue dando vuelta, cómo se fue acomodando usted con todas esas
cosas, de venir de un lugar que era pobre económicamente pero rico en relaciones que
usted la familia, la gente que se conocía, a vivir a un lugar que es más rico
económicamente pero que no tiene nada de estas relaciones? ¿Cómo es que usted se fue
acomodando y aprendiendo a vivir aquí?
M: Pues, con la ilusión de salir adelante, de tener una vida mejor económicamente
que la teníamos en México.
ML: Ese fue el motor que usted tenía. ¿Quién le ayudó, María? ¿Encontró aquí
gente que la apoyara, organizaciones que la apoyaran?
M: No, cuando yo llegué aquí no conocíamos a nadie, nada más éramos nosotros.

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Maria
ML: Eran solitos. En la escuela no la ayudaban, en la iglesia, las monjitas, ¿no
había gente que los apoyara?
M: Yo nunca busqué ayuda.
ML: ¿Por qué no?
M: Pues, no sé, como que me daba vergüenza, yo decía, y si voy ahí y van a

hablar puro inglés y yo no voy a entender nada. Y lo único que después, como al año, la
única ayuda que busqué con las monjitas fue con el dentista.
ML: Que fue que se moría del dolor de muelas y se fue.
M: Sí. [Risas] Solo así fue.
ML: Solo cuando no tuvo más remedio usted fue a pedir ayuda. ¿Para quién fue a
pedir ayuda?
M: Para mí.
ML: ¿Eso le abrió alguna puerta después que las conoció a las monjitas por
primera vez? ¿Se animó después un poco?
M: Sí, ya después cuando me embaracé de la niña ahí fue que estuve yendo a que
me checaran.
ML: Así que cuando no tuvo más remedio empezó a salir.
M: Sí.
ML: ¿Tuvo la oportunidad de aprender inglés también?
M: No, nunca fui a la escuela.
ML: ¿No ha aprendido todavía?
M: Pues sí. [Risas]
ML: ¿Cómo aprendió?

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Maria
M: Por mis hijos.
ML: Con los niños, no tuvo más remedio.
Hija: Cuando estuvo aquí Érica conoció a los amigos de la iglesia.
M: Uh-huh.
ML: ¿A quiénes?
M: Mi hija conoció al grupo juvenil de la iglesia católica y ya de allí fue que
empezamos a conocer más personas.
ML: La niña les abrió las puertas para que ustedes conocieran. ¿La otra cosa es
que usted manejaba cuando llegó?
M: No.
ML: Así que eso le dificultaba también bastante.
M: Uh-huh, y hasta ahorita no manejo.
ML: Así que eso en la isla tiene que ser bien difícil.
M: Uh-huh.
ML: ¿Siempre ha vivido aquí en donde estamos ahora?
M: Sí.
ML: Sin auto está complicado ir a pedir cualquier ayuda. Y dígame cómo fue
entonces que se decidió a buscar a sus hijos. ¿Cuándo se le hizo posible el sueño?
M: Ya estando embarazada y yo dije, ya va un año y medio y no me los puedo
traer, y le dije a mi esposo que ya nos íbamos a regresar, pero él me dijo que no, cómo
me iba a regresar si venía la bebé en camino y ella tenía que nacer aquí. Entonces, él
decidió regresar a México y fue por un mes y fue que se los trajo.
ML: Usted se quedó aquí solita.

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Maria
M: Con mi hija.
ML: ¿Quién la ayudó en ese tiempo? Usted sin manejar, con su hija y
embarazada, ¿quién la ayudó en ese tiempo mientras su marido volvía?
M: Estaba otra persona que era del mismo rancho de nosotros viviendo aquí
también, que había llegado a trabajar aquí, y él nos llevaba a la tienda, nos sacaba a
comprar lo que necesitábamos.
ML: ¿Hay mucha gente de Guanajuato aquí?
M: Ahorita sí, ya hay mucha.
ML: ¿Y en el tiempo en el que usted vino?
M: No, mucha no había.
ML: Usted me dice que vino en 2005 ó 2004.
M: 2004.
ML: ¿Qué había en la isla en el 2004 para los latinos?
M: Pues, yo que me recuerde, nada más estaban las dos tiendas mexicanas.
ML: ¿Qué tiendas eran?
M: Tienda Los Puentes y Tienda Guadalajara.
ML: Estaban aquí en la isla.
M: Sí.
ML: ¿Usted iba a misa?
M: Sí.
ML: ¿Iba a la iglesia aquí o a dónde iba?
M: Aquí.
ML: Ya estaba la gente de Holy Spirit.

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Maria
M: Sí.
ML: Pero no había mucha gente de su pueblo.
M: No.
ML: ¿Cuándo ha visto más cambio en la cantidad de gente que hay en la isla?
M: Hace como unos 6 años.

ML: Como alrededor del 2010, por ahí, que empezó a ver una diferencia grande.
M: Por ahí, mucha gente.
ML: Su marido se volvió a México, se trajo los 3 niños que habían quedado ahí y
se vinieron para aquí. Cuénteme cómo fue la vida cuando la familia se reunificó.
M: Pues, ya fue diferente.
ML: ¿En qué sentido?
M: Porque ya estábamos todos juntos.
ML: ¿Fue complicado?
M: Pues, un poquito sí.
ML: ¿Por qué?
M: Porque tuvimos que reunir mucho dinero, trabajar mucho y no teníamos carro
y se nos hacía muy trabajoso para poder salir a la tienda porque ya éramos muchos.
ML: Claro, 6, necesitan un carro grande, con un carro chiquito no podían.
M: No, y ya después de ahí tuvimos que seguir trabajando más.
ML: ¿Y usted siguió trabajando en el campo, María?
M: Lo que era la temporada la trabajaba. Me iba con mi esposo. Cuando era el
tiempo de plantar el tomate, le ayudaba a plantar, después a amarrar el tomate y ya

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Maria
después que se cosechaba a veces íbamos a piscar pero casi siempre yo estuve en la
empacadora.
ML: Y cómo fue para la familia reunificarse, porque yo me acuerdo de haber
trabajado con alguna familia que se querían mucho, pero que cuando se juntaron fue

difícil porque los chicos estaban grandes, los chicos a veces estaban enojados, los chicos
no entendías las reglas, ¿cómo fue para su familia adaptarse a vivir juntos de nuevo?
M: Pues, no fue difícil porque como ellos estaban chiquitos rápido se adaptaron a
estar aquí.
ML: ¿No estaban enojados con usted?
M: No.
Hija: Yo sí.
M: Nada más ella porque dice que estaba embarazada, porque ella no sabía.
ML: Usted no les había contado a los chicos.
M: No.
ML: ¿Por qué no les había contado?
M: Porque no quería que supieran hasta que estuvieran aquí.
ML: Esa era la manera que usted tenía de protegerlos a ellos.
M: Uh-huh.
ML: Pero a veces los chicos entienden una cosa completamente diferente de lo
que uno quería. ¿Estabas enojada, Érica [Gaby]?
LIDIA GABRIELA OJEDA: Solo tenía celos, porque yo era la chiquita entonces

cuando yo vi su estómago y dije, “¿Qué es eso?” Y me dice, “Es tu…” Porque yo le decía

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Maria
a ella que yo no quería hermanitos, le decía que yo los iba a tirar y los iba a aventar a la
basura porque…
ML: Por supuesto, eso es lo que uno hace con los hermanos chicos. [Risas]
LGR: Entonces, cuando yo fui llegando a la van yo estaba ansiosa por ver a mi
mamá porque tenía yo… sería que fue mucho tiempo y entonces le vi su estómago y yo

dije, “¿Por qué? ¿Qué es eso?” yo recuerdo mi papá me dijo, “TE tenemos una sorpresa.”
Y para mí no fue una sorpresa, yo dije, oh, okay, yo no quiero eso. Entonces yo estaba
enojada y ya cuando nació mi hermanita yo me enamoré de ella. Decía, “Oh, my God,
esta cosita es mía.” Entonces, ya me enojaba porque no me la querían prestar o me
dejaban darle de comer. Me decía mamá, “Es que está chiquita, la vas a tirar.” Le decía,
“No importa, es mi hermanita.” Entonces, sí ya la quise. Pero al principio no, para nada.
ML: ¿Cómo se dio vuelta usted? Porque primero la tenía a la grande, que se
acostumbró a ir a la escuela, y de pronto tiene 3 niñitos que tienen que ir a la escuela,
aprender inglés, ir a escuelas que son completamente diferentes de las que ellos estaban
acostumbrados. ¿Cómo le fue con eso a usted?
M: Pues, batallamos un poco también para que ellos se adaptaran porque sin saber
también nada, pero lo bueno fue que había niños que les ayudaban mucho y los maestros
igual.
ML: ¿A qué escuela les tocó ir a sus hijos?
M: Angel Oak.
ML: Cuando los chicos vinieron usted usaba por ejemplo, los servicios de Our
Lady of Mercy para el after school o para los summer camps.

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M: Fui, pero nunca les quisieron dar, que los iban a poner, yo quería que les
ayudaran con las tareas, pero me dijeron que no, que necesitaba estar yo yendo a las
clases de inglés para que los pudieran anotar, pero que los iban a poner en una lista de
espera y es que hasta ahorita nunca me ha llegado la lista de espera. [Risas]

ML: Así que la vida es complicada para una mamá que trabaja para conseguir la
ayuda que necesita para los chicos.
M: Uh-huh.
ML: ¿En cuánto tiempo usted piensa que la vida de la familia se le organizó
después de que los chicos volvieron? ¿Cuánto tiempo le llevó sentir que estaba un
poquito más tranquila aquí?
M: Pues, no mucho, porque desde que ellos ya estuvieron aquí yo ya me sentía
más tranquila. La única preocupación que tenía era por mis papás.
ML: ¿Cómo hacía para comunicarse con ellos?
M: Hablando por teléfono.
ML: ¿Su mamá se quedó más tranquila con usted en algún momento?
M: Pues, sí, porque como ella decía que ya estábamos todos juntos.
ML: Eso la tranquilizó.
M: Sí.
ML: Ahora ellos ya terminaron el high school, ¿tiene chicos en la escuela
todavía?
M: La más chiquita.
ML: ¿En qué grado está la más chiquita?
M: En el 6.

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ML: Ah, está chiquita, chiquita. ¿Y está más fácil ahora la relación con la escuela
o más o menos igual?
M: Pues, siento que más fácil.
ML: ¿Por qué, en qué se le ha hecho más fácil ahora?
M: Porque ya tengo mis hijos y cualquier cosa que necesito o que quiero que me
traduzcan que yo no entienda, pues ellos me ayudan.
ML: Y con el transporte también ahora deber ser más fácil, ¿verdad?
M: Sí.
ML: Cuénteme, usted ha hecho una vida bien, me imagino, concentrada en la isla,
sin poder manejar.
M: Sí.
ML: ¿Usted ha tomado parte o se ha enterado cuando ha habido manifestaciones
por inmigración o por educación para cuestiones de inmigración, usted ha sido parte de
eso, se ha enterado de esas cosas?
M: Sí, me he enterado.
ML: ¿Cómo es que se entera usted de esas cosas en la isla?
M: Porque tengo algunas amigas que ellas sí están yendo a la escuela y cuando va
a haber algo ellas son las que me hablan y me dicen que va a haber algo.
ML: ¿Y usted alguna vez ha participado de algo, en marchas o en charlas?
M: He ido a pláticas que han dado con las monjitas acerca de migración, los
derechos que uno tiene y que tienen números de abogados que pueden ayudar a uno.
ML: Esas cosas sí ha podido hacer.
M: Sí.

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ML: ¿Eso desde que usted llegó o en los últimos años?
M: Como a los dos años de que yo estuve aquí.
ML: Ya empezó a escuchar esas cosas.
M: Uh-huh.
ML: ¿Y usted tiene dos hijos, tres hijos de acá?
M: Cuatro hijos de acá.
ML: ¿Sigue las noticias con los chicos acerca de lo que está pasando con los
chicos de acá, ¿cómo hace con todo eso?
M: Sí, yo todo el tiempo estoy viendo las noticias y escuchando qué es lo que
están hablando, qué es lo que va a pasar. Pues, ahorita es la preocupación que tengo
porque qué es lo que va a pasar con ellos.
ML: ¿Y ha encontrado alguien que los escuche o que los ayude a organizarse?
M: Pues, no, ahorita nomás por lo que dicen las noticias.
ML: Pero no en forma local.
M: No.

LGO: Y si tenemos alguna pregunta yo siempre recurro con Stephanie. Ha habido
veces que no entiendo algo que está pasando en las noticias y le mando un mensaje a ella
y le digo, “¿Me puedes explicar qué es lo que está pasando?” Y ella me deja un poco más
claro lo que está pasando. Entonces ella sí ha sido una ayuda para cuando tengo yo una
pregunta de lo que está pasando.
ML: ¿Y vos tenés la oportunidad de compartir esa información con otros chicos
de acá?
LGO: Sí.

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ML: Yo a veces pienso que la información que va, así como la información de
uno a uno, que vamos pasando, no que hay como reuniones formales, es como más de
uno en uno ¿verdad? Muchas familias van evolucionando de trabajar en la agricultura a
hacer otro tipo de trabajos. Su familia siempre se ha mantenido en la agricultura,
¿verdad?
M: Mi esposo sí.
ML: ¿Por qué?
M: Dice que es lo que él le gusta, el trabajo que a él le gusta.
ML: ¿Y a usted también?
M: No. [Risas]
ML: ¿A usted no?
M: No, trabajaba porque tenía que trabajar.
ML: ¿Le gustaría que él hiciera otra cosa o a usted le gustaría hacer otra cosa?

M: Yo a él le digo que busque otra cosa, pero él dice que no. ahorita que ya aquí
ya no se está plantando tomate, ahorita sí ya está trabajando en yardas.
ML: ¿Qué hacen ahora? Porque él ha sido contratista y ha ayudado a contratar
gente durante mucho tiempo, entonces ¿qué hace durante todo el año?
M: Está haciendo yardas o ahorita apenas plantaron el tomate, plantan cada año
fresa y tomate y elote para que la gente vaya a piscar y lo pueda comprar.
ML: ¿En dónde está trabajando, en qué granja?
LGO: ¿La de aquí? [Ininteligible 00:40:27]

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ML: Pero es como para que la gente venga y busque, orgánico y todo eso, pero es
en la cantidad que era cuando ustedes vinieron. Y todas estas casitas que están aquí,
alguien las ocupa o ya no se ocupan más.
M: Ahorita ya no se ocupan porque ya no se planta el tomate que se plantaba y ya
no llega nadie.
ML: ¿Hasta qué año fue eso?
M: Fue en el… ustedes llegaron en el 2006, como hasta el 2010. Ya de allí
empezaron a plantar menos y ya ahorita ya son dos años que ya no plantan nada, ya nada
más lo que pisca la gente.
ML: Pero todavía están para estas piscas. ¿Han estado vendiendo los terrenos
donde se cultivaba antes?
M: No.
ML: Porque la isla ha cambiado mucho, ¿no?
M: Uh-huh, sí ha cambiado mucho pero no han vendido nada, nomás que ya no
plantaron.
ML: No han hecho casas en esos terrenos.
M: No.
ML: ¿Cómo le cambió la economía de la familia a ustedes a partir de que ya no
hubo…?
M: Pues, como que no cambió nada porque mi esposo siguió trabajando. Cuando
el patrón tiene trabajo él tiene que dejar de trabajar donde anda porque tiene que venir a
trabajar con ellos.

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ML: Así que él trabaja en forma independiente y todavía trabaja con su patrón de
antes.
M: Sí.
ML: Así que él siempre se ha dado vuelta para mantener a la familia.
M: Uh-huh.
ML: ¿Y usted ya no trabajó en ninguna otra cosa?
M: No, ya no. ya después que dejé de trabajar en la empacadora empecé a limpiar
con una señora, limpiando casas, pero ya después que nació mi primera nieta, ya después
no trabajé.
ML: Bueno, no trabaja afuera de la casa.
M: No, trabajo aquí en mi casa.
ML: Trabaja dentro de la casa y apoyando a la familia. ¿Y cuántos nietos tiene?
M: Cuatro.
ML: ¿Qué son?
M: Dos niños y dos niñas.
ML: ¿Cuántos años tienen?
M: La más grande va a cumplir 4 años, y otro cumplió 2, y otro 2 también y una
bebé que acaba de nacer tiene 1 mes.
ML: ¿Cuáles son los sueños que usted tiene para sus nietos y su hija?
M: Pues, verlos crecer y que sean alguien.
ML: ¿Qué quiere decir con ser alguien?
M: Pues, como que estudien, que lleguen a ser alguien en la vida, para que salgan
adelante.

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ML: Tengo una pregunta más de la gente que venía a trabajar acá y que venía a
este campo, ¿mucha de esa gente se quedó o mucha gente se volvió? ¿qué vio de eso?

M: Aquí donde estamos nosotros se quedaron otras cuatro familias. Unos son de
Oaxaca, otros son de Guerrero y otros son de Veracruz.
ML: Cuando en los veranos que había mucha gente, ¿cómo cuánta gente tenían
aquí en este campo?
M: Como más de 300 personas.
ML: ¿Y cuando usted vino ya venían familias o eran puros hombres solos?
M: Familias, casi llegaba pura familia.
ML: ¿Y de qué región venían?
M: Pues, de diferentes lugares.
ML: Y su marido, ¿cuál era el trabajo que hacía? ¿él los coordinaba acá o él los
ayudaba a que vinieran?
M: No, a ellos los traía el contratista.
ML: Su marido coordinaba el trabajo aquí.
M: Sí, plantar, poner estaca, amarrar el tomate, todo lo que se trataba de que
creciera el tomate.
ML: Así que él se encontraba con la gente que venía de todas partes.
M: Sí.
ML: ¿Le gustaba a usted cuando estaba toda esa gente aquí?
M: No. [Risas]
ML: ¿Por qué no?

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M: Es que luego había… como el día que les pagaban, los hombres que estaban
solo tomaban mucho y siempre andaban peleando, pero sí era bonito porque todas las
familias que venían nos buscaban mucho.
ML: ¿Qué quiere decir?

M: Los que traían sus familias, las señoras venían cada año y cada año, ya cuando
venían pues ya me conocían y sabían que aquí iba a estar y siempre venían y me traían…
cuando llegaban de dónde venían, me traían cosas de la cosecha que había de donde ellos
venían, sandías, melón, hasta tomate me traían. Sabían que aquí iba a haber, pero me
traían, chiles.
ML: La querían.
M: Sí.
ML: La apreciaban a usted.
M: Sí.
ML: ¿Y estas familias que venían para acá eran familias que estaban viniendo
desde México o eran familias que también vivían?
M: Eran familias que vivían aquí en diferentes lugares. Casi la mayoría venía de
Florida.
ML: Así que eran familias de México pero que ya estaban establecidas aquí.
M: Sí.
ML: Y ellas sabían que doña María las iba a esperar.
M: Uh-huh, siempre llegaban a buscarme. “Ya llegamos.” Ya cuando se iban, “Ya
nos vamos.”
ML: ¿Por qué piensa que la querían?

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M: No sé, me buscaba mucho la gente.
Hija: Siempre le intentaba cocinar, entonces cocinaba y sacaba la comida para
afuera e invitaba a todos.
M: Uh-huh.
ML: Entonces sí sabe, pero no me cuenta. [Risas] ¿Qué era lo que les cocinaba?
M: Pues, hacía carne asada, pozole, diferentes cosas hacía y ya les decía,

“Vengan,” o… sí, sí venían sus niños, ellas y ya cuando ellas hacían algo también venían
y me traían mi plato de comida. “Mira, hice de comer esto a ver si le gusta.”
ML: Qué lindo debe ser después de trabajar mucho tener comida preparada.
M: Uh-huh, conocí muchas familias que venían de Florida, de Chiapas, mucha
gente de Oaxaca, de Guerrero, de diferentes lugares conocí muchas familias que ahorita
pues ya nunca volvieron.
ML: Así que no tiene contacto con ellos.
M: No.
ML: ¿Les contaban ellos de algún lugar en los que ellos preferían estar, en los
lugares que a ellos les gustaba estar?
M: Pues, a ellos decían que les gustaba mucho andar así, de un lugar a otro porque
les iba bien trabajando.
ML: Usted no, usted nunca le gustó.
M: No, nunca anduve así.
ML: ¿Ha extrañado eso de tener tanta gente aquí?

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M: Pues, a veces sí se extrañan porque dice, oh, en este tiempo estuviera aquí toda
la gente. Sí, todos traían sus niños. Cuando Maribel trabajaba, que era la escuelita, de
aquí se llenaban tres buses de puros niños.
ML: En este campo solamente.
M: En este campo, sacaban tres buses.
ML: Muchos niñitos. ¿Cuál es su comunidad ahora, con qué comunidad usted
socializa ahora además de su familia?
M: Pues, con mis amigas que tengo, también son de diferentes lugares.
Hija: La mayoría de las personas son de Holy Spirit.
M: De la iglesia.
ML: La mayoría son de la iglesia. Así que la iglesia es como el centro de
socialización más grande para los festivales y eso.
M: Uh-huh.
ML: ¿Hay alguna pregunta que yo no le haya hecho y que usted piensa que es
algo que yo debería saber que no le he preguntado?
M: No.
ML: ¿Hay algo que le debería preguntar a tu mamá porque tiene una buena
historia y no le pregunté?
LGO: Oh, sí, cuando nosotros estábamos en México algo que ella dijo fue que
tuvieron que trabajar mucho para poder traernos, y una de esas cosas fue sacrificar los 15
años de mi hermana. En el año 2006 iba a cumplir 15 años mi hermana, entonces tuvieron
ellos que elegir entre, le hacemos una fiesta de 15 años a nuestra hija o usamos ese dinero
para traernos a los tres hermanos. Entonces, mi hermana le dijo que nos trajeran a

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nosotros. Entonces, en ese proceso mi hermana se juntaba con Lucy y con Ana,
Herminia, todos ellos, entonces en el grupo juvenil ellos le prepararon una quinceañera
sorpresa para mi hermana.

Entonces le hicieron pensar a ella que la fiesta era para una hermana de Lucy,
le dijeron, “Oh, ¿puedes probarte este vestido? Es para mi hermana que va a llegar de
México.” Y mi hermana pensando que era para alguien más. Entonces ya cuando nos
trajeron fue en enero y el cumpleaños de ella era en febrero. Y entonces ese día le
dijeron, “Oh, tenemos que arreglarte, vas a ser dama de parte de la fiesta.” Y entonces
turned out que era la fiesta de mi hermana y ella… solo mi mamá y mi papá sabían y
ellos les ayudaron con la comida pero lo demás, salón, banda, música, todo, fue parte del
grupo juvenil. Y eso fue ahí cuando mi hermana y mi mamá fueron conociendo más
personas de la iglesia.
M: Sí, una fiesta sorpresa que ella tenía.
ML: Qué decisión tan grande que tuvo que hacer, ¿verdad?
M: Uh-huh, sí, porque a ella le decían, “Van a ser tus 15 años así ¿y te van a hacer
tu fiesta?” Dice, “Yo pienso que no porque van a ir a traer a mis hermanos, y si van y los
traen no me van a hacer nada.”
ML: ¿Les pudo hacer fiesta a los otros después?
M: A ella. Ella también tuvo sus 15 años.
ML: ¿Dónde le hizo la fiesta?
LGO: En Boone Hall
ML: Uh-huh, y entonces ya ahí… ¿a quién invitó a la fiesta?
M: Mucha gente.

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ML: Cómo tanta gente si usted dice que está sola acá. [Risas]
M: Es que tenemos muchos amigos.
ML: Ah, dígame entonces. Cuénteme de la fiesta.
M: Pues, estuvo muy bonita. Hubo banda, mucha comida, estuvo muy bonita,
mariachi, de todo hubo.

LGO: Muchas personas también nos ayudaron, porque lo que tiene aquí en Johns
Island que, entre todos, cuando hay una fiesta de 15 años, que los padrinos, entonces
todos se van regresando los favores que se hacen entre todos. Y ya fue cuando… yo no
esperaba lo que ellos… la fiesta que ellos me dieron yo no me esperaba. Yo sí quería
pues algo, lo que yo quería, pero ellos se sobrepasaron lo que yo quería, pero yo pienso
que es porque no pudieron darle ese lujo a mi hermana y mi hermana nos ha ayudado
bastante. Érica es como mi segunda mamá.
M: De todos.
LGO: Ella siempre se preocupa que estemos bien, que no nos falte nada y ella
siempre está al tanto de todo. Entonces es la mejor amiga de mi mamá. Eso me da un
poquito de celos, pero… está bien. [Risas]
ML: Y cuénteme por qué en Boone Hall.
M: Porque ella casi se estaba llegando a la fecha y no encontrábamos salón y yo
quería que fuera en un lugar… yo no quería un salón, yo quería afuera, tipo México. Y yo
estaba buscando y no encontrábamos y ya después como mi esposo también a veces le va
a ayudar al que es el que trabaja ahí, el que es el mayordomo que manda la gente, una
persona muy buena gente…
ML: ¿Él es hispano también?

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M: Sí, él es de Jalisco. Y ya fue mi esposo a trabajar y le dijo que iban a ser sus
15 años y dijo, “Te invito.” “¿Dónde va a ser la fiesta?” “Pues es que todavía no
sabemos y como ahí ese lugar está muy grande, dijo, “Yo le pongo, venga a escoger
donde a usted le guste. Yo soy el padrino del lugar.”
ML: Oh.
M: Y así fue como hicimos la fiesta ahí.

ML: Así que ahí se dio el gusto usted de la fiesta de 15 que no le había podido dar
a su hija grande.
M: Sí.
ML: ¿Hay algo más que le tenga que preguntar?
LGO: Es que son muchas cosas. ¿Qué quieres saber tú?
ML: Yo quiero saber todo, pero puedo volver otro día, no hay ningún problema.
Lo que vamos a hacer ahora es decir muchas gracias y vamos a apagar el grabador.
End of recording.
Edited ML 3/20/2019

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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
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Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
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&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
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                <text>Oral History of Maria, interviewed by Marina López, 24 March, 2018&#13;
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                <text>Maria was born in Caracheo, Guanajuato, Mexico. She is the youngest of eleven siblings in a family dedicated to rural work. She got married when she was twenty years old. Soon after, her husband, following in the footsteps of family and friends, left for the United States to work in agriculture. While her husband worked in the United States, she took care of the family in Caracheo. Each year, her husband went back home. However, after the terrorist attack in New York City, the trip became increasingly more dangerous. Thinking that her children needed to be with their father and have a better future, Maria decided to move to the United States and settled in John's Island, South Carolina. In the interview, Maria talks about the process of adapting to life in the United States, the difficulties related to physical and cultural isolation and the support she received from the island's Hispanic community. Maria affirms that, despite the obstacles, she is happy because her family is reunited and her children are well. At the time of the interview, Maria had four children and two grandchildren. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maria, nació en Caracheo, Guanajuato, México. Es la menor de once hermanos de una familia dedicada al trabajo rural. A los veinte años se casó. Al poco tiempo su esposo, siguiendo los pasos de familiares y amigos, se marchó a los Estados Unidos para trabajar en la agricultura. Mientras Su esposo trabajaba en Estados Unidos ella cuidaba la familia en Caracheo. Cada año su esposo regresaba al pueblo para estar con la familia. Pero después del ataque terrorista en la ciudad de Nueva York el viaje se volvió cada vez más peligroso. Para que sus hijos pudieran crecer junto a su padre y tener un mejor futuro, María decidió mudarse a Estados Unidos y se estableció en Johns Island, Carolina del Sur. En la entrevista, María habla acerca del proceso de adaptación a la vida en Estados Unidos, las dificultades relacionadas con el aislamiento físico y cultural y el apoyo que recibió de la comunidad hispana de la isla. María afirma que, a pesar de los obstáculos, ella es feliz porque su familia está reunida y sus hijos están bien. Al momento de la entrevista María tenía cuatro hijos y dos nietos. "</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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                    <text>TRANSCRIPCION – YULMA LÓPEZ LÓPEZ
Narradora: YULMA LÓPEZ- LÓPEZ
Entrevistadora: Marina López
Fecha: 9 de agosto, 2019
Lugar: Charleston, SC
Duración: 65 min.
MARINA LÓPEZ: Hoy es 8 de agosto. ¿Ocho o nueve?
YULMA LÓPEZ: 9 de agosto, viernes.
ML: Nueve de--. Hoy es 9 de agosto del año 2019, y estoy con Yulma López,
para hacer una entrevista del proyecto Voces Latinas del Lowcountry. Yulma, ¿te puedes
presentar, por favor?
YL: Hola, me llamo Yulma López. Nací en Oaxaca, México. Tengo veintidós
años y he vivido en Charleston, Sur Carolina, por más de quince años.
ML: Contame, Yulma de Oaxaca. ¿Qué te acordás de Oaxaca?
YL: Uhm, nací en Oaxaca, pero yo me vine cuando tenía como tres años. Lo único
que me acuerdo de haber nacido allí, es caminar por unas- unos campos, unas calles, unos
cerros, nada más. A veces, me acuerdo pasar por árboles y me acuerdo haber estado
sentada con mi hermanito en el pasto, un ratito, no más; vagamente, unas memorias.
ML: ¿Esas son todas las memorias que tienes de tu tierra?
YL: Sí.
ML: ¿Qué par- en qué parte de Oaxaca naciste, sabés?
YL: Okay. Entonces, Oaxaca es como uno de los últimos estados de México. Está
Oaxaca y luego, uhm, empieza Centro América. Entonces, estamos al lado de Guatemala.

�Yulma López-López

2

Es, uhm, no estamos en la costa; en Oaxaca, estoy como en el Northwest, por el noroeste.
Es medio montañoso y lleno de bosques. Entonces, uhm, se llama Mixtepec. Mixtepec,
Juxtlahuaca, Oaxaca.
ML: Y, ¿te acuerdas algo de cómo fue el viaje para venir a Estados Unidos?
YL: Sí. Uhm, era yo y mi hermanito menor. Él tenía como--. Yo estaba
cumpliendo tres, y él estaba cumpliendo dos. Nos quedamos unos meses ahí, con mis
padres, antes de planear a que ellos vinieran acá. Ellos se vinieron primero. Luego,
pasamos uhm, más al norte a, como a la frontera. Uhm, mi papá me dejó con la abuela
materna; nos quedamos allí, con ella. Y, luego un, un papá y una mamá nos pasaron
como si fuéramos los hijos de ellos.
Estábamos en un carro y nada más dijeron: pues, duérmanse y uhm, vamos a
cruzar la frontera, y no digan nada. Entonces, estabas dormido debajo de una cobija nada
más, me acuerdo. No dijimos nada y pasamos así, y ya llegamos a California unas
semanas después. Tardamos como menos de medio año allá, en México, sin mis papás.
Y, luego, llegamos a Estados Unidos.
ML: ¿A qué se dedicaba tu familia, en México?
YL: ¿En México? Mi mamá era nada más housewife, vivía en la casa, cuidaba de
mí y mi hermano. Mi papá trabaja en el norte. Él se vino antes de--. Como en 1990, 1991
él ya estaba acá, en Estados Unidos. Antes, pues nada más podían caminar sobre la
frontera y no los paraban. Él venía a trabajar en los campos, el field, todo. En California
trabajó todo. En Oregón también, yo creo, él también se vino; y, se vino en Florida
muchos años, y se regresaba. Nada más trabajaba en el campo, agarraba dinero y se iba a
re- a México.

�Yulma López-López
ML: Y, la familia de tu abuelita que vivía más al norte, ¿también hacían el mismo
tipo de trabajo? ¿También eran trabajadores migrantes?
YL: Sí. Sí mi abuelo paterno, el papá de mi papá, se murió cuando él estaba muy
chiquito. Entonces, era mi abuelita solamente, la mamá de mi papá. Ella cuidaba de los
ocho hijos. A los hijos, ya desde los ocho, nueve años, empezaron a trabajar. Entonces,
ella nada más estaba en la casa, esperando que ellos trabajaran. Ellos regresaban con el
dinero que tenían comían. Mi papá salió joven, se casó con mi mamá pronto, y ellos
trabajaban en la uva y piscando cotón [sic]. Porque, cotton, hay mucho algodón allá
abajo. Ellos dicen que nada más iban a los campos de piscar algodón. Mi papá empezó
cuando tenía ocho años.
ML: ¿Tu papá sí trabajaba desde los ocho años en los campos de algodón?
YL: Sí.
ML: ¿A, a qué te referís cuando decís abajo?
YL: Él vivía por la frontera. Él no vivía en Oaxaca, él se movió más al norte. No
me acuerdo cómo se llama.
ML: No importa.
YL: Sí. Uhm, no es like--. Sonora. Sonora, Sonora.
ML: Uh-huh.
YL: Él trabajaba en Sonora. Y, ya se hicieron más del norte. Mi, mi abuelita salió
de Oaxaca y se vino para Sonora, y ahí crio todos los hijos.
ML: Y, ¿en Sonora había algodón?

3

�Yulma López-López

4

YL: Sí. Muchos campos de algodón y de uvas. Mi papá pescaba uvas. Pero, hizo
lo demás, todo al norte, en el norte de Estados Unidos. Piscaba fresas, chiles, asparagus,
squash, todo tipo de hierba y, no me acuerdo qué más. No más.
ML: ¿Te acordás de cuando te reencontraste con tu mamá o tu papá, o tu mamá te
ha contado de cómo fue el reencuentro?
YL: Sí. Uhm, cuando veníamos por la frontera, creo que la familia que nos trajo,
uhm, no me acuerdo cómo nos cuidaron porque estuvimos con ellos varios días. Unas
semanas, me imagino. Yo tenía el pelo largo, siempre lo he tenido largo. Me hice unos
changuitos para ponerme trenzas como mi- como si fuera hija de ella. Pero, mi pelo está
bien liso, bien grueso. En los changuitos--.
ML: ¿Lacio?
YL: Lacio. Se, se atoró todos los changuitos que me puso ella, unos- unas ligas.
Cuando llegué a mi- a ver mi mamá y mi papá, cuando ellos me dejaron en la casa donde
ellos se estaban quedando, me quiso bañar, me quiso arreglar, nos recogieron, la gente se
fue, tuvieron que cortarme todo el pelo, porque no se salían las ligas. Entonces, yo quedé
con el pelo cortito, cortito, como hombre. Entonces, parecíamos gemelos, yo y mi
hermano. Los dos de pelo corto, corto.
Nada más llegamos a California, en una casa vivían--. Antes, las familias vivían
muy cerca, así, como bastante gente en la casa, para ayudar con los biles o no tenían a
dónde ir. Era un amigo de un amigo, que conocía a mi papá y a mi mamá. Se quedaron en
un cuarto en la casa grande. Eran como diez familias ahí dentro. Pues, me acuerdo que
llegamos ahí, en California, a quedarnos con ellos. Estuvimos meses y luego, nos dijeron
la gente, los dueños de la casa, que ya no había cupo y teníamos que salir.

�Yulma López-López

5

Después de eso, unos meses, salimos a, a vivir en una traila, como en el, el field,
el campo. Campo de California era en Santa María. Era una casa. Nada más vivíamos yo,
mi papá y mi uhm, mi hermanito y mi mamá. Era una traila, solito, en mero un, un big
field. No había nada, nada más el campo.
ML: ¿Y cómo fue que llegaron a Carolina del Sur? ¿Qué sabes?
YL: Pues, antes no había teléfonos, no había mapas, no había GPS. Nada más se
hablaba la gente, a veces. Si tenía un celular, se contactaba uno al otro. El pariente
conocía a otro pariente que vivía para allá. Se escuchaba que él se había ido allí y allí
había trabajo. Mi mamá tiene un hermano que vivía en Ohio, en 2001, 2002 llegamos, y
nos dijeron: acá hay un trabajo, vénganse para Ohio. De California manejamos en un
cochecito hasta Ohio. De Ohio, estuvimos como tres, cuatro meses y nos dijeron otros
parientes: "hay otro pariente, un primo, unas tías, lejos, no cercanos, lejos, que viven Sur
Carolina, ¿quieres pasar allí a quedarte, y luego se van a Florida? En Florida está el
campo y es donde están toda la gente de Oaxaca, Mixtepec, trabajando. Vayan a Florida."
Entonces, salimos de Ohio después de medio año, paramos en Sur Carolina con la
idea de ir a vivir a Florida. Ahí nos quedamos en la casa de mi tía. Y, mi papá empezó a
trabajar y dijo: "pues, acá está el trabajo mejor; nada más, vamos a quedarnos, para qué
movernos tanto." Nunca llegamos a Florida; entonces, nos quedamos a vivir a Sur
Carolina, para todo este tiempo. Quince años y más.
ML: Así que, ahí fue cuando, cuando ya se, se quedaron aquí. Y, ¿cuánto tecuántos años tenías a esa altura ya?
YL: Ya había cumplido cuatro. Creo que iba para cinco. Empecé en Kinder,
estuve un tiempo en Ohio. Estuve como medio año en Kindergarden. Y, luego, cuando

�Yulma López-López

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llegué a Sur Carolina, me imagino que era como medio año. No, no fue a Kinder todo un
año acá tampoco. Empecé en First Grade, primer grado. Ya tenía, me imagino, seis; cinco
o seis. No sé qué edad empiezan los niños en el primer grado.
ML: Y, depende. Sí, como a los, como a los cinco; cinco o seis, sí.
YL: Creo que seis.
ML: ¿Y en qué escuela empezaste?
YL: Empecé en Sur Carolina, era Midland Park. La escuela que existió desde hace
años. Ahí fueron- fui yo, fue mi hermano, el segundo; y, fueron los últimos dos
hermanitos. Los cuatro fuimos a Midland Park. Desde 2004 o cinco, me imagino. Porque,
empecé primer grado, me gradué de Elementary. Fui uno, dos, tres, cuatro, hasta el quinto
grado; y, luego me mudé de escuelas, para Middle School.
ML: ¿Había otros niños latinos cuando vos estabas en Midland Park?
YL: Antes, creo que no. Yo no ponía atención. Teníamos una clase de ESOL.
ML: No ponías--.
YL: Sí. Teníamos clase de ESOL, así como clases de inglés para niños que no
hablaban inglés, era segundo idioma. Me acuerdo. Estaba no más Míster Haggi, Míster
Chris Haggi. Y, luego, había una señora, Miss Collins. Nada más me acuerdo que se
llamaba Miss Collins, pero la que me enseñó todo lo que aprendí. Desde First Grade
hasta Fifth Grade. Primero a quinto. Ella me daba clases--. Tomas clases especiales,
cuando no hablas inglés. Yo aprendí inglés en Kinder, yo ya lo sabía en California.
Aprendí primero, y luego en Ohio, ya iba bien yo. Cuando llegué a primero, pues ya, me
ayudaba- me pedían que ayudara a traducir para los estudiantes.

�Yulma López-López

7

Me acuerdo, una muchachita que apenas había llegado de México. Me decían:
Yulma tradúcele, tú puedes. Y, yo estaba en primer grado.
ML: Perdóname que te interrumpa. ¿Cómo fue que aprendiste en California y en
Ohio?
YL: Uhm, cuan--. Iba a un cómo, Pre-K, un CD, en California. Cuando tenía tres o
cuatro años me pusieron en una guardería; y, era no más una guardería como de veinte
niñitos. Menos de veinte, era como una casa. Era como una casa. En mi mente, era como
un castillo; un castillo grande, de dos pisos. Todo estaba de vidrio, like, de "glass." Era
todo fresco, libre. Adentro, el edificio grandote. Nada más me acuerdo, una sala muy
grande, un baño muy grande. Yo creo, me imagino, estaba bien chiquitita yo. Chaparrita,
así como dos pies de alto.
ML: ¿Y tus papis te dejaban ahí cuando ellos estaban trabajando en el campo?
YL: Sí, sí. Los dos trabajaban en el campo todo el tiempo. Entonces, yo- nada
más, yo y mi hermano, en la guardería. Pues, no tenía edad, era nada más, niños más
chiquitos. Todos menores de cinco o seis años.
ML: Y, ¿era un servicio para chicos inmigrantes también, o esta- o estaba
mezcladito? ¿Te acordás?
YL: Era mezclado. Sí, porque me acuerdo, uhm, niñas güeritas en la clase
conmigo.
ML: Mm-hmm, mm-hmm.
YL: No, no nos enseñaban nada. Pero, sí me acuerdo platicar con ellos, y nada
más decían: pues Yulma, esta es la palabra en inglés. Luego, fui a una escuela en
California. Estuve ahí unos meses. Me acuerdo así, mi papá me compró como una maleta

�Yulma López-López

8

chiquitita para. Mi primera mochila. Yo no sabía qué mochila escoger, escogí una
maletita grande, rosa, de mi tamaño. Yo cabía adentro.
Mi mamá no fue conmigo a la tienda, dice: pues, cómprale una mochila a, a
Yulma. Y, mi papá escogió una maletita. Tenía llantas, entonces dice: va a ser más fácil
para que ella lo pueda cargar, no tiene que cargarlo en su espalda. Estuve en California
unos meses, y me dejaban en, ¿cómo Kinder? ¿Kindergarden? El kínder, como de cuatro
o cinco años. Un niño al lado de mí lloraba, que no quería quedarse sin su mamá. Eran
puros americanos. Y, luego yo, yo no lloré. Nada más decía: yo no voy a llorar, porque
vuelve mi mamá, de nuevo. Y, nos dejaron en Kinder.
Entonces, cuando fuimos a Ohio, unos pocos meses estuvimos en la escuela,
también. No se cómo nos registraban, si al principio del año o a medio año. Era como en
enero. Entonces fuimos, estuve unos meses en California en una escuela, en Kinder; unos
meses, en Ohio, en Kinder. Cuando ya llegué a Sur Carolina, era el primer grado.
ML: Y aquí ya se quedaron, y ya hiciste todos los años.
YL: Sí, sí.
ML: Los años regular regularmente. Así que para, para primer grado, vos ya
estabas traduciendo para otros, para otros niñitos.
YL: Sí, estaba traduciendo. Sí, sí. Era muy rápido, pues. Aprendí el inglés muy
rápido, pero no sé, como los niños tan chiquitos creo que piensan que todo es más fácil si
están, si quieren captar más, si están interesados. Así como: “oh, yo quiero saber qué
dicen, yo quiero saber qué es eso; yo lo puedo, yo lo puedo”. Paramos en una gasolinera
de California a Ohio, y pedimos chicken nuggets. Es lo único que me acuerdo, pedir en

�Yulma López-López

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McDonald’s. Yo decía: yo quiero chicken nuggets, yo quiero chicken nuggets. Y, le
pedimos a toda la familia, porque es todo lo que sabíamos decir. Sí.
ML: [risas] Y, después de el- de la escuela, después de la escuela primaria, ¿te
cambiaste, me decías, a otra, a otra parte? ¿A qué escuela fuiste después?
YL: Sí. Okay, vivía en el barrio, pues ahorita yo no sabía qué le decían, pero lo
dicen Little México, porque todos los hispanos, todos los hispanos viven ahí. En Stall
Road y en Midland Park [Rd.] En esa escuela, después de primer, segundo, tercero,
cuando yo llegué como a quinto, ya había más hispanos. Uhm, todos vivían en esa área,
todos se caminaba--. Yo caminaba a la escuela, todos los días, desde chiquita, porque
pues ahí está, a la vuelta. Está como a menos de una milla. Como, un minuto llegas a la
escuela. Cuando salí de ahí, al quinto se acaba y hay una escuela a la vuelta. Pero, mi
maestra de quinto grado era una maestra de arte, Miss Brenda Reyes, me acuerdo. Ella
decía: tienes que ir a otra escuela, porque estás interesada en las artes, puedes ir a otra
escuela, tienes más talentos; si tú le echas ganas, pues te vas hasta allá.
Pues, yo no sabía. Yo no decía: ah, quiero ir a esta escuela porque me gusta más.
Yo no sabía que había otras opciones, yo iba a ir a donde todos iban a ir. Hice mi
portfolio, entregué doce piezas de arte, hice una entrevista; fuimos dos, tres días a la
escuela, a hacer la competición, a la entrevista y luego, al año siguiente me pasaron.
Dijeron “puedes entrar a la Escuela de Artes, empezando el año seis”. Dije: está bien, voy
a ir. Le dije a mi papá y a mi mamá, y nada más dijeron: sí, está bien, si quieres ir, vas. Y,
fui. Y, nada más.
ML: ¿La maestra te ayudó? La maestra que te dio la sugerencia, ¿ella te ayudó
con tu portfolio también?

�Yulma López-López

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YL: Sí. Entonces, estaba en el quinto grado cuando yo empecé en su clase y me
gustaba pintar. Y, ella recogió unos estudiantes. Dijeron: "si ustedes están interesados, a
todos les voy a enseñar." Era la clase de como quince estudiantes. De los quince, como
diez estábamos más atentos. Decíamos: queremos entrevistar, vamos a ir dentro de la
escuela. Y, ella nos decía: "échenle ganas, sí pueden. Una entrevista no es nada; nada más
pasan, y van a la escuela de artes. Imagínense eso." Y, dije: pues, sí, estoy interesada,
vamos a hacerlo.
Y, yo vivía cerca de un muchacho, no me acuerdo su nombre, éramos los
hispanos. Y, yo ya me acuerdo, los últimos meses, cuando estábamos practicando para la
entrevista, y haciendo las artes completando las piezas, nos dijo: "pues, los puedo ir a
recoger en la mañana, para que completen eso y en la tarde, los voy a dejar en su clase,
cuando se quedan tarde en la escuela." Como, no me acuerdo cuánto tiempo, unos meses
me imagino, que ella nos recogía y nos llevaba a la casa en la tarde, porque vivíamos tan
cerca de la escuela. Si nos quedábamos una hora después de escuela, nos iba a dejar en la
casa. En la mañana, tempranito, a las seis, ella ya estaba con nosotros. Todo ese tiempo,
hasta que completamos todas las piezas de arte; y, de los quince estudiantes, diez fuimos
a la entrevista en la Escuela de Artes. Y, de los diez, nada más tres pasamos a ir a la
escuela de artes.
ML: ¿Cómo fue el cambio de pasar de Midland Park a la Escuela de Arte?
YL: En la escuela, que me acuerdo que estaba al lado, donde todos se fueron,
porque todo era tan cerca, que puedes caminar. El middle school de, de en esa área, de
North Charleston, era Alice Birney, era Stall High School. Todos, todos los hispanos se
iban para allá, porque todos se conocen, la tía, la tío- el tío, o el vecino, dice: oh, mi hijo

�Yulma López-López

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va allá, pues que vayan juntos para que no estén solos. Para la Escuela de Artes, yo ni
sabía dónde era. Hay un, hay buses que corren para recoger los estudiantes si no pueden
caminar o ir en carro, los papás no lo llevan. Y, el bus que corría más cerca es- era hasta
la Rivers Avenue.
Uhm, creo que la maestra llamó a la escuela, para pedir un bus que fuera para allá,
para recoger más estudiantes. Dijo: pues, tengo más estudiantes acá, son varios, tiene que
parar, o hacer una parada más cerca acá, para recogerlos. Y, la Escuela de Artes, dijo: sí,
está bien, pues vamos a mandar el bus para allá, el, el bus route, para que pare por el
Rivers Avenue. Pasando todo Midland Park, se acaba, empieza Rivers Avenue.
Mero en esa esquina, antes no había nada, había diferentes edificios. Pues, ya son
más de diez, quince años, construyeron una gasolinera ahí, y hasta ahorita. Pero, pasando
esa gasolinera, mero en la entrada, estaba el bus stop. Entonces, yo me levantaba- ya
vivía en Stall Road. Me levantaba, me iba con mi papá y mi mamá, ellos trabajaban
juntos, llevaban mis hermanitos chiquitos a una niñera; ella vivía más a la orilla de
Midland Park [Elementary]. Entonces, ellos tenían que ir a dejar los bebés allí, para que
los cuidara. Me llevaban a mí, me dejaban allí.
Llamaron a una señora, una muchacha que--. Mi amiga fue conmigo a la escuela,
las dos entremos, de Midland Park entramos a Escuela de Artes. Ella vivía más arriba de
Rivers y paraba a la casa de la niñera a recogerme a mí, y con su hija, nos llevaba a la
Escuela de Artes. Pero, nada más fue como un año; y luego, después de eso, no me
acuerdo. Creo que yo nada más caminaba los cinco o diez minutos a llegar al bus, porque
del seis, del siente, del ocho, fui esos años a la Escuela de Artes. Y, el bus no pasaba
cerca, estaba nada más siempre en la Rivers, en la Rivers.

�Yulma López-López

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Después del siete, en el ocho, creo que empezó a parar más cerca, porque ya había
más estudiantes y era más consistente. Llegamos mero en la esquina de Stall Road y
Mildland Park, hay una gasolinera chiquita que siempre ha existido ahí, desde que yo me
mudé allí. Ahí paró el bus, entonces yo nada más caminaba allá a la vuelta, y me subía en
el bus, y me iba.
ML: Y, me decías que los chicos que iban a Alice Birney, los chicos que iban a
Stall Road, son todos como: vamos todos juntos, todos nos conocemos, los chicos latinos
van a esas escuelas. ¿Cómo fue ir a una escuela en donde no había tantos chicos latinos,
probablemente? ¿No?
YL: No había ningún latino, nada más yo y mi amiga, la que entró conmigo de
Midland Park. Y, ni la conocía yo en Midland Park. Yo cuando entré a Midland Park, no
me acuerdo por qué no, no tenía amigos. No me acuerdo, yo estaba chiquita. No me
acuerdo qué--. Me imagino que jugaba con muchachos y muchachas de mi edad, pero en
ese tiempo, no iba a sus casas a quedarme. Mi mamá no era, no era su tía- no era mi tía,
yo no iba a la casa de mi tía. Yo no tenía familiares cercanos. Los familiares que yo tenía,
pues ya eran mayores. Mis primas, mis primos ya era mayor o menor. Mi primo chiquito
tenía como cinco años, y yo ya tenía los once, diez, once.
Y, yo con las muchachas no hablaba. Entonces, cuando se fueron todos, ellas se
iban en grupo. Pues, eran amigas. Mi mejor amiga la conocí desde chiquitita. Yo no me
acuerdo haber decidido: oh, quiero ir con mi amiga, porque ahí va a ir mi amiga; o,
quiero ir porque todos mis amigos están ahí. Dijo la maestra: "¿quieres ir a Escuela de
Artes? Ve, aunque está lejos, es una buena escuela, tú puedes ir." Y, yo dije: pues, está
bien, me voy. Y, fui solita.

�Yulma López-López

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Me acuerdo no más, ir al bus, me sentaba como en el medio. Atrás estaban los
niños que hacen mucho ruido. Adelante, están los que están durmiendo. Me iba al medio,
leyendo un libro. Yo siempre tenía un libro en mi mano. Y, me iba leyendo libro todos
los días. Iba a la escuela, conocí a todos los estudiantes de arte, porque nos ponen por
clases, de la clase que te dedicas. Entonces, como diría mi- el focus, mi focus era artes.
Entonces, artes visuales. Entonces, la clase de artes, todos se conocían; era veinticinco
estudiantes de una vez. Como veinticinco. Tienes la misma clase de arte, con los mismos
estudiantes, del seis hasta el doce, hasta que te gradúas, mientras sigan allí. Pues,
mientras se sigan graduando, cada año tienes que ser aprobado para seguir al próximo
año.
Entonces, el primer año que pasé, dije: oh, que bueno, pasé. No, yo no pensaba
que era algo tan mayor. Pero, las clases de seis están fácil. No era tan difícil. Pasé seis,
pasé siete. Ya cuando era ocho, y me iba a graduar, dije: pues, si no paso, ¿el próximo
año qué voy a hacer? Tengo que ir a Stall y no conozco a nadie allá, yo no hablo con los
muchachos de allá. Donde yo vivía, pues nunca miraba a las muchachas. Ellas salían a
otro horario, yo entraba a otro horario, y no hablaba con ellas.
Entonces, cuando fui al ocho, ya empecé a conocer más. Las muchachas de la
escuela de arte ya fueron mis amigas, platicaba más con ellas, tenían sleepovers, nos
invitaban a su casa. Entonces, dije: pues, mejor, me gusta más esta escuela; me voy a
quedar, voy a tratar de tener todos los grados bien para seguir yendo, porque yo no quiero
salirme de acá.
ML: ¿Cómo fue que supiste? ¿cómo supiste? ¿cuándo supiste que eras
indocumentada?

�Yulma López-López

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YL: En High School, ya cuando estaba a punto de salirme. Sí sabía que éramos
inmigrantes, pues yo no nací en Estados Unidos. Mi mamá siempre decía: oh, pues tú
viniste de Oaxaca, naciste allá; ¿tú te acuerdas, subíamos al campo? Y, yo, pues sí. Y,
dice: pues, nos movíamos de México y nos vinimos a California. De California a Ohio;
Ohio a Sur Carolina. Pues, yo sabía que nos mudamos; éramos inmigrantes, yo nací en
México, no más vine a América pues, a seguir para adelante. Mis padres querían que yo
estudiara mejor y tuviera buenos grados. Y, dije: pues, voy a tratar lo mejor que pueda,
porque eso no es difícil, estar en la escuela. Es el leer, me encantaba leer; entonces, yo
leía todo.
Cuando estaba en High School, empezaron las aplicaciones de FAFSA, de
colegio, en el once, en el doce. La Escuela de Artes ya tenías que hacer como dos o tres
aplicaciones de colegio, para el once, porque es cuando ya tenías todos los resultados de
los exámenes de ACT y SAT. Cuando empecé esos exámenes, era como el principio del
año once. Yo ya tenía dieciséis, diecisiete. Pues, cuando decían: ¿cuándo vas a agarrar la
licencia, el permiso para agarrar tu licencia? ¿Cuántos- cuándo vas a tener el ACT y
SAT? ¿Puedes manejar para ir a tomar esos exámenes? ¿Cómo puedes hacer eso, cómo
va a ser tu aplicación de FAFSA? Pues, yo no tengo uno seguro, yo no sé qué puedo
hacer, yo no puedo agarrar mi licencia, yo no sé nada de eso. Da--.
ML: ¿Tus papás te habían dicho que no tenías seguro, o vos les preguntaste a ellos
"dónde está mi seguro" y te dijeron? ¿Cómo fue eso, te acordás?
YL: Y- no, yo no sabía qué era el seguro. Yo no sabía que era un documento tan
importante, no me decían: no tienes porque no eres americana. Nada más dijeron: “ese

�Yulma López-López

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número no lo tienes”. Y, nada más dije: okay. Pues, no me importaba, pues era nada más
un número.
ML: Uh-huh.
YL: Pero, cuando llegaron la aplicación de FAFSA, pues si no lo tengo no se
puede hacer nada. Y, trataba de explicarle a las so- a la escuela: no puedo hacer la
aplicación, no lo puedo comenzar ni terminar; yo no tengo seguro, mis papás no tienen
seguro. Yo no sabía que era algo tan importante. El DACA se anunció 2012, yo estaba en
High School todavía, creo que apenas había entrado al nueve. Yo no había pensado de
voy a aplicar por el permit para empezar a manejar. Yo no tenía ni el seguro.
Cuando fuimos a agarrar las DACA, yo apenas estaba entrando en el nueve.
Entonces, yo no tenía idea de si manejar. Yo así: ¿cómo voy a aplicar a eso? Yo no sabía
que no era posible para mí. Agarré mi DACA primero y luego dije: para qué sirve esto,
¿no? Dijeron: para trabajar. Dije: okay pues, pero yo estoy en la escuela, no necesito
trabajar. Y, luego, me pedían licencia, un ID. Ay, yo no tengo eso. "Pero, ¿tienes un
DACA? Con tu DACA tienes- puedes ir a sacar un seguro." Dije: oh, okay.
Pues, saqué la DACA en 2012. Había cumplido los quince años. Para DACA
tienes que tener a lo menos quince años, para aplicar. Yo lo agarré justo cuando estaba
saliendo. Mi amiga, que estaba conmigo desde el seis, que ella lo conocía- no era mi
mejor amiga, nada más era una conocida de Midland Park. La conocí en el, en Midland
Park, fuimos a las dos en Middle School a la Escuela de Artes. Ella en el ocho se salió y
se fue para México. Un año más y ella hubiera pues, agarrado DACA conmigo. Pero, ella
se fue con su hermana mayor. Su mamá las mandó para México, pues porque dice: "acá
no tienen más chance, ya se acabó la escuela. Pero, ellos ya no pueden aplicar por nada,

�Yulma López-López

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pues ni tenemos seguro." La mamá se quedó acá en América, y mandó las hermanas a
México. El año siguiente salió DACA.
ML: ¿Quién ayudó a tu familia con el proceso de aplicar a DACA?
YL: No me acuerdo, creo que estaba saliendo por las noticias, por todos lados.
Todos los ayudaros- uhm, todos los trabajadores sociales, así como las maestras, Miss
Christina, Míster Haggi, Miss Reyes, habían dicho: pues, está saliendo esto, es algo
importante para ustedes; si no tienes seguro, no son nacidos acá los hijos, pueden aplicar
para esto. Mi mamá nada más es la que ponía más más atención. Siempre escuchaba las
noticias, cada día, cada día.
ML: Vos ni idea.
YL: Ni idea, sí. Claro. Ella dijo: pues, este, escuché que están dando un permiso;
creo que es algo importante para ustedes. Mi hermano tenía catorce, yo tenía quince. Yo
apenas aplicaba. Entonces, dijo: vamos a llevarlos a, a ver cómo se hace la aplicación.
Eran muchos trabajadores sociales, juntaban la gente e iban a dar los- la información de
la aplicación. Y, era una señora, era una abogada, Dana Fields es la primera que
conocimos. Ella es la que hizo la aplicación de DACA inicial para mí y para mi hermano.
Cuando fui, fui con mi mamá pues ella no habla inglés. Tengo que traducir todo.
Está una secretaria y dice: "pues, yo hablo español, yo le puedo explicar a tu mamá."
Dije: está bien. Dice: "pues tienes que traer todos los datos desde que empezaste la
escuela en California, necesitamos todos los datos hasta ahorita, para comprobar que
estuviste en Estados Unidos, y nunca saliste." Mucha gente, antes como la frontera no era
tan difícil, se iba y se regresaban. Mi prima, mi, mi primo, mi tía fueron, salieron un año,
regresaron un año. Ellos podían, tenían dinero.

�Yulma López-López

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Nosotros, nunca pensábamos de ir a México para visitar. Para qué queremos ir a
allá a ver, entonces nunca salí del país desde 2001 hasta 2015, y yo tenía los
comprobantes. Dijeron: "¿tienes tus datos de Kindergarden, cuando fuiste en California?"
Dije: sí, yo los tengo. Siempre guardé todos mis papeles, no sé por qué. Me gusta tener
todos los certificados “You have an AB Honor Roll, leíste mucho, you have perfect
attendance” Todo eso lo guardé en un folder. Y, llevé un folder, un stack, así como cinco
pulgadas de grueso. Todo, todo, toda esa información desde el kínder hasta el año que iba
yo, en el nueve. Todos los papeles los tenía.
Dije: pues, acá están todos los datos, yo los tengo. Y, dijo la doctora, dijo la
abogada: "ah, muy bien, entonces con esto es muy, muy fácil, nada más haces la
aplicación, tú llenas acá, firmas acá, y yo mando todo esto." Mando un paquete así de
grande. Dice: "todo este paquete nos sirve." Y, con eso nada más apliqué y aprobaron la
DACA, y me lo dieron. Pero, yo nada más tenía la cartita y digo: ¿para qué sirve esto,
para qué sirve esto? Hasta que empecé a hacer las aplicaciones para colegios, cuando me
dijeron: "pues, necesitamos un tipo de ID, un, un número. ¿Tienes tu tax ID, tienes un
social, tienes un comprobante de algo, tienes aseguranza?" Y, yo pues no tengo nada de
eso, cómo le voy a hacer.
Con la DACA, esa es lo que me ayudó a seguir adelante. El DACA, lo tuve unos
meses y luego dijeron: "pues, con tu DACA, puedes sacar un número de seguro social;
vas al Social Security Office y aplicas." Y, yo digo: "pues, ese número para qué me sirve,
para qué lo ocupo?" "Es con el que vas a aplicar para tener tu licencia, es con el que vas a
aplicar para el colegio, para sacar una cuenta de banco." No tenía una cuenta de banco
hasta el grado diez u once, pues yo nunca lo ocupaba.

�Yulma López-López

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Mi papá nada más tiene uno, y él no más lo ocupaba para meter algún dinero, y
para guardar y mandar a México. Nunca tuvo un ahorro así, como mil, dos mil, tres mil,
cinco mil dólares. Era nada más, como un pocket en su bolsillo, para guardar brevemente
y sacarlo de nuevo. Ir a guardarlo a otro lugar, en México. Y yo iba como en el nueve, o
en el diez, cuando una maestra, Miss Christina [Vivas], me dijo: "pues, ¿no tienes cuenta
de banco? Eso es importante." Dije: pues, yo para qué lo ocupo, ni dinero tengo." Dice:
"pues, acá la gente pone ahorros para los hijos, para que vayan a colegio." Pues, nunca
tenemos dinero, ¿cómo vamos a guardar dinero que no tenemos, si lo ocupamos todo. Es
para la comida, es para la ropa, es para el carro, es para todo. No tenemos tanto dinero,
tan suficiente, no trabajan tanto.
Todavía mi papá trabajaba en campo, o en las yardas. Dice: "pues si no tenemos
dinero para guardar, para qué queremos la cuenta." Y, yo en el nueve o en el diez: "uh,
pero hace falta para ir al colegio. Tenemos que pagar miles y miles, y miles de dólares
para el colegio." Pues, yo lo sabía, pues en la escuela todavía me decían: "tienes que
hacer las aplicaciones, aunque no vayas, queremos ver esos comprobantes que estás
aplicando para el colegio." Y, dije: pues, yo no puedo hacer esa aplicación, ¿cómo quiere
que lo haga? No voy a ir, yo sé que no es posible ya. No tengo ni el número de seguro.
Dijeron: "está bien, pero es para nuestros datos; tienes que hacer uno o dos." Dije: está
bien, voy a tratar.
Ya cuando entré en el doce, tenía mi número de seguro social, la FAFSA estuve
como un día entero con Miss Christina. Ella me decía: acá pones esto, acá pones esto, acá
pones esto. Cuando llega a la página que pon la información de tu mamá y tu papá,
necesitan que tener número de seguro social. Pues, no tienen. No puedes apachurrar

�Yulma López-López

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siguiente, nunca se va a poder apachurrar ese número siguiente, porque ellos nos tienen
sus datos. Y, yo no tengo el dato. Piden que este, los papás son ciudadanos americanos.
Pues, no son; pues, no puedes apachurrar next, next, next. Nada más no sale la página y
ya. Cerré la página y dije: pues, es imposible no poder hacerlo y ya; eso es nada más, esta
barra que nunca se va a quitar.
Si yo no tengo ese documento, mi papá y mi mamá no tienen ese documento, pues
nunca se va a poder. No entienden que yo no puedo aplicar para colegio. Ellos decían:
pues, sí puedes, tienes que poder. Es una escuela de puros americanos, entonces yo era la
única con el problema. Así como: "¿qué es esto?, ¿cuál es el DACA?, ¿qué es el número
social de ellos?" El número de seguro social, en la cartita azul, la parte de abajo para los
que apenas aplicamos de DACA, tiene "for work services only." Algo, tiene algo
imprimido en rojo, algo especial, que ese número, ese documento no es válido para
cualquier cosa, más que para trabajar. Entonces, para la FAFSA pues nunca va a servir el
número, aunque tengas todos los dígitos, no va a servir para nada.
Entonces, iba y hablaba con un aconsejador, con otro aconsejador, con la tercera;
traje a la maestra de la otra escuela, traje a Miss Christina. Dije: pues, ¿ustedes ven?
Pueden meterlo. Les di la carta en su mano y miré. En la oficina, está claro la ventanilla.
Estaba parada yo de afuera y le di mi carta de seguro social, y ellos se metieron en otro
cuarto. Eran como tres, cuatro maestras. They were waiving it around. Estaban diciendo:
"¿qué esto, ¿qué es esto? Pues, no sirve. Es nada más un número." "Pues, no sé, ella me
lo dio, es lo único que tiene." Digo: pues, es lo único que tengo, apenas me lo dieron; fui
a agarrar DACA y me dieron ese número. Yo no sé para qué es, pero para hacer la
aplicación de colegio, tienes que tener, aunque sea eso. Pero, no servía.

�Yulma López-López

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Entonces, cuando hacía las aplicaciones, digo: pues, voy a mandar dos o tres, para
College of Charleston, para Beaufort, para Converse, para USC, con un número que no
sirve, a ver si me reciben o abren la aplicación, porque no cuenta.
ML: ¿Así fue?
YL: Mm-hmm.
ML: ¿Cómo, en todo este proceso de las aplicaciones, te enteraste que había otros
chicos que estaban en tu misma situación? ¿Que había otros estudiantes? Porque yo, me
parece que te conocí reuniéndote con otro, con otros chicos. ¿Cómo fue esto que
conectaste, de que, en esta escuela, en el School of the Arts no hay nadie que tenga mi
problema, pero en mi ciudad sí hay otra gente que tiene la misma situación que yo tengo?
¿Cómo te encontraste con esa gente?
YL: Era con la gente que se preocupa de los estudiantes, era con los ESoL
workers, los social workers. Miss Christina sobre todo, me ayudó. Ella conoció a Miss
Reyes, y las dos hablaron y se conocieron. Yo hice las aplicaciones y las mandé, cuando
era 2015. Me gradué de escuela, I walked the stage, at the Charleston Convention Center
a hacer la graduación. 2015, en mayo. En junio me gradué, I walked the stage y ya, salí
del High School.
Yo fui a, a conocer los estudiantes que tenían DACA en la ciudad, en el 2016. Yo
no había hecho nada 2015. Todo ese año que me gradué, pues nada más tenía la carta, no
servía para nada; tenía el ID, no servía; tenía social security, no servía. Dije, pues nada
más no voy a ir al colegio y ya. Y, yo no me preocupaba, no decía: "¿qué voy a hacer,
nunca voy a entrar, ¿qué voy a hacer? Quiero ir al colegio." No más dije, pues eso no y
ya.

�Yulma López-López

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ML: ¿Como que habías perdido la esperanza, como que lo habías descartado en tu
vida, el college?
YL: Sí, sí, sí. Sí, eso, pues yo no pensé que iba a hacer nada. En agosto, después
de que me gradué, era 2015, me gradué en junio. Julio, agosto, no pues- yo, pues no me
voy a quedar a vivir con mi mamá para siempre, no sé qué voy a hacer. Miss Christina
me habló y dice: "pues, hay una señora que está interesada en una secretaria y yo sé que
tú hablas inglés y español. Puedes ir a aplicar con ella, a ver si te dejan. Tú ya tienes un,
un número de DACA, tu alien number." El número de DACA a ti te, te da como el
registration number. Cada quien tiene que tener un tipo de documento, un tipo de
número. Si eres inmigrante, pues si no tienes ningún papel, es que no tienes número
válido para ser- para estar acá, en Estados Unidos.
ML: Mm-hmm, mm-hmm.
YL: Con el DACA, te dan un número de registración, se llama el Alien
Registration number. Este es el que- con el que aplicas para trabajar. En las aplicaciones
dice: si eres US citizen nada más apachurras US citizen y ya puedes trabajar. Pero, si
tienes algún otro permiso, tienes que apachurrar los otros documentos. ¿Cuál es tu
número de registración, cuál es tu alien number? Ese es el que usas para todo, con ese
alien number puedes ir a trabajar; a donde sea que apliques, tienes ese ID es válido para
trabajar, si tienes permiso, si Estados Unidos te da permiso a trabajar. Fui a aplicar con la
abogada, y dije: "pues, acá está mi DACA, usted lo puede ver; acá está el número de
alien para trabajar." Y, ella dijo: "pues sí, ¿hablas inglés y español? Puedes venir a ser
secretaria."

�Yulma López-López

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Trabajé con ella un año. En ese año iba todavía, me ponía en contacto con Miss
Christina y ella me decía: "hay más estudiantes que tienen DACA y están trabajando
nada más, porque no pudieron ir al colegio, ¿los quieres conocer?" Dije: "claro." No más
conocí a dos o tres estudiantes; los tres según íbamos a hacer un equipo grande, grande,
íbamos a ir a hacer National todo, todo, a hablar nuestra historia. And en Charleston no se
escucha mucho de DACA. Si la gente lo tenía, pues no era así como para ir a andar a
presumirlo. No era para: "ah, yo tengo DACA y tú no." La mayoría de la gente, los
hispanos que yo conocí eran hijos de un tío o una tía, eran primos o unos vecinos
hispanos, pero ellos tenían papeles, habían nacido acá.
Mi prima, su mamá es inmigrante, pero ella nació acá, tiene papeles. El vecino, la
vecina, los papás trabajan la yarda, pero ellos tienen papeles. Son hispanos, son los
únicos que conocía. No conocía gente con DACA. Todavía, ahorita hasta apenas poco,
poca gente sale de Charleston para anunciarlo. No es así como: yo tengo DACA, yo
tengo DACA.
ML: La gente no dice, la gente no, no, no--.
YL: No dice. No lo comparte.
ML: No, no es conveniente, no es conveniente o no es fácil decir aquí que uno,
que uno tiene ese tipo de documentación, ¿verdad?
YL: Mm-hmm, mm-hmm. Nada más son pocos. Entonces, ahora, se está
escuchando más de estudiantes. Yo, yo escucho de los que tienen DACA, pero no los
conozco personalmente. Conozco nada más dos, tres estudiantes. Y, nos reuníamos una
maestra, una señora estaba en un programa que ella nos trató de hacer. En este programa,
se llamaba YIA, de Youth for, uhm--.

�Yulma López-López

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ML: Youth Immigration, no,
YL: Youth Immigrant Alliance, or something?
ML: Yes. Laura Cahue.
YL: Laura Cahue, ella es la que me ayudó. Yo estuve con ella en las reuniones,
uhm, en todo el año, el fin de año 2015, como en noviembre, octubre, hasta diciembre.
Ibamos a Columbia a reunirnos. Ahí en Columbia se escuchaban más estudiantes de
DACA. Ellos dicen: vamos a hablar, este colegio está bueno. Yo decía: pues, vamos. Es
importante para mí, porque yo tengo DACA. Mi hermano menor tiene DACA. Él tieneyo tengo veintidós, él tiene veintiuno, estamos un año separados. Entonces, él aplicó por
DACA justo después de que yo lo agarrara; él tuvo que cumplir los quince y luego lo
agarró.
Pues para él era nada más, así como: "ah, lo voy a tener, que bien, voy a trabajar."
Su única idea era: oh, sí lo voy a tener y voy a trabajar legalmente y ya, es todo lo que me
conviene, pues eso es para lo que sirve. Entonces, iba yo allí, a Columbia, con Laura
Cahue; me reunía como cuatro o cinco estudiantes. Fuimos a como dos juntas con ellos,
en Columbia, dos o tres veces al mes. Enero empezó, era 2016, todo ese año una vez, dos
veces, nos conocimos acá. Fuimos a una cita con, cita con Miss Christina. Y ahí, conocí a
más gente por acá que era parte de YIA. No me acuerdo, eran muchos, mucha gente
interesada para ayudar, así como ellos les interesan ayudar la, la, la nueva era de
estudiantes.
Una muchacha, se llama Simaya van Doreen, she was, ella era de Netherlands.
Era muy buena gente, nos ayudaba, iba a las juntas, dice: vamos a hacer boletines, vamos
a hacer un fundraiser. Hicimos un fundraiser en John's Island, éramos como tres

�Yulma López-López

24

estudiantes: yo, una muchacha y un muchacho. Todavia hablo con ellos, pero ellos tenían
DACA, y vamos a decir: vamos a reunir dinero, vamos a agarrar dinero para ayudarlos
para ir al colegio, para hacer todo esto. Vamos a hacer un bake sale, vamos--. Pero,
éramos nada más tres. Con tres no se puede hacer nada, no se podía mover. Y tratamos de
hablar con más estudiantes para- a ver si ya tenían DACA, si querían ayudarnos, si
querían trabajar con nosotros, pero no se escuchó tanto. Nadie se interesaba, nadie me
ayudaba.
Con Miss Christina, ella habló con una iglesia que ella pertenece, con otra iglesia
que conocía, era otra iglesia de filipinos, y ellos se interesaron. Dicen: pues, vamos a
ayudar a estos estudiantes, que son nada más tres, ellos necesitan apoyo. Recaudamos
como mil, dos mil dólares, para los tres. Y, entre los tres, dividimos un scholarship, una
beca pequeña de $500 cada quien; es lo único que recogimos. Has- después de ese año,
pues no más eso hicimos. Y, ya no me acuerdo si se para- nos separamos, o ya no
seguimos yendo a juntas. No me acuerdo ya, no más.
ML: ¿Cómo cambió en, en ese tiempo, juntándose con estos otros muchachos?
Juntándote con Christina, con Laura. ¿Cómo cambió tu conciencia de la situación de tu
familia, tu conciencia como estudiante DACA? ¿Cambió algo eso, o era, o era que
básicamente estaban enfocados en poder ir a la escuela? O, ¿era que ustedes estaban
teniendo conciencia: bueno, acá hay algo por lo que nosotros tenemos que pelear; acá hay
otra gente que está en nuestra misma situación? ¿Cómo fue eso?
YL: Sí, cambió la mentalidad del permiso de DACA. Yo pensé, pues eso sí sirve,
esto es una ayuda, esto- con esto puedo tener mi licencia, mi cuenta de banco trabajar,
ayudar a mi familia. Pero, no había tanto apoyo, así como tantos estudiantes que tenían

�Yulma López-López

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eso, en mi misma situación, para hablar con ellos y decir: ¿cómo vamos a seguir adelante,
¿cómo podíamos- podemos pelear? Nosotros nos enfocamos sí, en nada más ir al colegio.
Así como, ¿cómo ustedes tres, pueden ir al colegio? De los tres, tienen que poder ir al
colegio, no nada más tres. Y, ellos Miss Christina, Miss Laura, todos nos ayudaban.
Dicen: "pues, si ustedes nada más tienen esa meta de ir al colegio, porque tienen DACA,
tiene que ser posible."
Dijimos: sí, puede ser posible. Entonces, dijimos, pues con este permiso, si nos
ayuda, vamos a tener que poder algo y vamos a seguir adelante, a luchar. Y, dije: pues,
con DACA, pues ahora sí puedo tener licencia, puedo manejar a mi papá y a mi mamá, y
no se tienen que preocupar de ninguna otra cosa. Dije, pues, sí va, sí va a ayudarnos. Y,
es algo positivo, es algo mejor.
ML: Contame, ahora moviéndonos para adelante, esos estudiantes de Delaware
State, ¿verdad?
YL: Delaware State
ML: ¿Cómo fue que llegaste de Carolina del Sur a Delaware?
YL: En el verano de 2016. Era un año después de que me gradué de High School.
Dije: pues, voy a seguir trabajando todo este año, todo el resto de mi vida, con la
abogada. Porque, pues es el mejor trabajo que voy a agarrar en mi vida. Dije: pues, acá es
el fin, acá es donde llegué, lo único que alcancé. Ese verano empezaron a anunciar
muchas becas para estudiantes de DACA. Ya era más Nationwide, era más conocido por
Estados Unidos, todo se platicaba. Yo no conocía muchos estudiantes acá, en Sur
Carolina, con DACA, pero a la nación sí se escuchaba: de Nueva York; California está

�Yulma López-López

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dando becas; puedes ir a Tejas; a Florida, dan más oportunidades. Decían, pues si estás
interesada en ir al colegio, tienes que ir a estos países, digo, a estos estados.
Si vas a California, entras al colegio, es fácil; si tienes DACA te ayudan. Dije:
pues, que bueno. Mi mamá me dijo: hay una beca, pero dicen que es para Estados
Unidos, para todos los estudiantes. Si aplicas, pasas y te dan una beca para el colegio. Y,
dije: está bien, voy a aplicar. Uno que se llamaba: National Opportunities Scholarship, y
el otro que era The Dream US Scholarship. Apliqué por los dos. Por uno, era por pasos:
tienes que pasar esta primera meta, la segunda meta, la tercera. La primera, vas a
Columbia, te dan la entrevista. A la segunda fase, vas a North Carolina, te dan la tercerasegunda entrevista. La tercera parte, es la, la beca, la del colegio, ya entraste.
Nada más llegué a los primeros dos pasos, y me dijeron: pues, ya no aplicas. Y,
no me regresaron la llamada, y ya pues supe que no iba a ir al colegio. Para la beca The
Dream.US, era muy, muy rápido, muy informal. Era como tres o cuatro páginas online,
que tienes que rellenar, haces tú, como un speech, un párrafo de doscientas, trescientas
palabras, por qué quieres ir al colegio. Te dieron dos o tres preguntas, lo respondes todo y
lo mandas. Yo lo hice todo en un día, lo apliqué y mandé el link por el correo electrónico
y se mandó. Ya nunca pensé de eso, en julio.
En agosto, me llegó la respuesta: "entraste a, al colegio, Delaware State te ha
aceptado." Yo, como hice la aplicación tan rápida, yo no sabía que había opciones de
colegio. Había dos opciones: Connecticut y Delaware. Yo no había es- mirado ni
Delaware ni Connecticut, no sabía de los estados, nunca había escuchado de ellos. Nada
más le puse click, click, click, next, next, next, hasta que llegué a los párrafos. Eso es
donde me enfoqué a, a decir más, a poner el empeño para que me acepten.

�Yulma López-López

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ML: De tu historia.
YL: Sí, de mi historia. Conté toda mi historia, conté mi situación. Dije: pues,
quiero esta beca para mejorar mi vida, la de mi familia, la de mi comunidad. Ya llegando
a agosto, cuando me mandaron, la respuesta, era por un correo. Yo ni reviso mi correo
pues somos niños, somos estudiantes. Yo, en High School, ni tenía correo. Y, luego,
cuando lo tuve, dije: pues, a lo mejor es importante. No más te llegan mensajes así, como
un ad de la tienda, o esto, o esto. Nunca abrí el correo.
Cuando lo abrí ese día y dice: "Delaware State te ha aceptado, te mandó un
paquete a tu casa, vas a entrar al colegio; agosto diecinueve es la orientación y empiezas
clases." Dije: "¿qué? Eso es en dos semanas y yo todavía estoy trabajando. ¿Qué voy a
hacer? No le he dicho a mi papá, no le he dicho a mi mamá, a ver si es cierto." Yo no me
lo creía. Dije: "pues, no es cierto, no puede ser." Entonces, no decía nada, no decía nada.
Nada más en el trabajo sí le avisé, le avisé a la abogada. "Me aceptaron en el colegio." Yo
no quería decirle: "ah, es falso, no me lo creo." Dije: "ah, sí, me aceptaron en el colegio,
me tengo que ir, abogada; es muy importante.' Ella dijo: "está bien, ve." Y, empezó a
buscar a alguien más; y, yo me fui a las dos semanas.
A la última semana, como el diez de agosto, le dije a mi mamá y mi papá. Pues,
yo también estaba así, como sorprendida todavía. No más me senté un día en la cena, me
senté con ellos, dije: "pues, qué creen, me aceptó este colegio, se llama Delaware. Según,
no sé dónde está, pero creo que voy a ir. Si me llega el paquete y la carta, lo voy a hacer y
me voy a ir al colegio," les dije. Ellos dijeron: "okay." Pues, tampoco lo creían. Dijimos:
"está bien, vamos a esperar qué pasa."

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Llegaron los formularios, la aplicación, que tienes que ir al doctor a hacerte los
exámenes, a tener todas las vacunas, y lo mandas y ya, entraste al colegio. Acá está la
dirección. Puse la dirección en mis mapas, lo busqué en Google. Estoy buscando el
colegio, están todas las fotos, están todas las clases. Empieza tu aplicación, acá está tu
correo, acá están las clases, regístrate, manda el documento de tu health form, todo, todo,
todo. Bien rápido. En menos de una semana completé todo, hice todo y ya era verdad, ya
dije: "oh, pues ya me tengo que ir." Digo: " que voy a empacar, qué voy a hacer, cuándo
me voy a ir, quién me va a llevar."
Mi papá trabaja todos los días, mi hermano trabaja, yo no tengo carro. Tenía un
carro ese verano y lo vendí ese mismo verano, pues dije: "pues, para qué ocupo un carro;
es tanto de aseguranza y yo ni lo puedo pagar." Mi papá pagaba la aseguranza. Entonces,
pues me tiene que llevar él. Tengo que ir, ya es verdad, ya está acá, y ya, es la fecha se
aproxima; ¿qué vamos a hacer? Tenemos que irnos ahorita, ahorita, ahorita. Y, pues si
dejo pasar la oportunidad, pues nunca voy a entrar al colegio. "Pues, vamos a ver si--."
Dice mi mamá: "si no te arriesgas, nunca sabrás, nunca sabrás," y no sé qué.
Entonces, manejamos. Eran como doce horas y llegamos a Delaware. "Acá está tu
nombre, sí Yulma, bienvenida. Pásate, acá está tu ID, está tu panfleto. Empieza a
registrarte y acá, está tu dormitorio y ya. Pásale." Entré y dije: "oh, pues, sí es verdad, acá
estoy." Y, me quedé parada, sorprendida. Ya, ya llegué, pues ya, para seguir adelante, no
puedes regresar.
ML: ¿Y por qué es que Delaware decide aceptar a los chicos de DACA y Carolina
del Sur no?

�Yulma López-López

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YL: Es- creo que es por estado. Lo más conservativo, Sur Carolina es un estado de
leyes conservativas. El estado y el gobierno tienen sus leyes. Sur Carolina ha decidido
que los estudiantes de DACA son estudiantes internacionales. Georgia, Sur Carolina y
Norte Carolina, dijeron por a como en 2005, antes de 2010, que los estudiantes de DACA
no podían aplicar, no podían hacer su aplicación para ir en los estudiantes, en sus
colegios, aunque vivieran en ese estado. Georgia no permitía a los DA- los estudiantes de
DACA a aplicar en sus colegios. Sur Carolina, si aplicas y si pasas, tienes que pagar
como si fueras un estudiante internacional. No es que no puedas, es que tienes que tener
$50,000 para pagar el año.
No te dan becas, no te dan la oportunidad de aplicar por un préstamo, ni un loan,
ni un grant. Nada. Si tienes $1000, millones de dólares, pagas tu colegio y pasas. Pero,
somos estudiantes de DACA, tenemos padres inmigrantes, de dónde vamos a sacar un
millón de dólares para ir al colegio. Dije: "pues, no más no se puede, no va a haber
oportunidad." Me aceptaron a Converse, me aceptaron a Beaufort; creo que apliqué a
College of Charleston, también, pero no más no pude entrar, no tengo dinero para pagar
tuition, the loan, the housing, board, the room, todo, todo, todo. Dije: pues yo no tengo
ese dinero.
Y, Delaware y Connecticut, se hicieron partners, compañeros con uhm, la beca.
La beca es fundada por un hombre que se llama Don Graham. Él se juntó con bastante
gente rica, los philantropists, los creators of FaceBook, todo, todo eso, donan dinero.
Todo el dinero que ellos donan, pagan con eso. Son becas privadas, que ellos tienen todo
el dinero para pagar que el estudiante vaya al colegio. Los colegios que han aceptado ese
dinero, es Delaware y Connecticut, en el año 2016. Ellos dos aceptaron las becas. Hay

�Yulma López-López

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otros estados, pero la compañía Dream US, está tan grande que no conozco todos, cómo
se llaman, cuál colegio es; pero, es en varios estados.
Los estados del sur, sus leyes no aceptan esa beca. Aunque tú tengas el dinero,
aunque alguien te lo esté dando, ellos no lo van a aceptar. No puedes ir a su colegio.
Tiene que ser tu aplicación, tu dinero, tus padres, todo eso. Delaware y Connecticut
dijeron: "vamos a aceptar la beca de los estudiantes. Esta compañía lo está pagando, esto
es promoción de este, el señor Don Graham está dando el dinero, vamos a aceptarlo."
Entonces, ellos aceptaron- fueron dos colegios, el primer año, 2016. Ya estamos en 2019,
han abierto las puertas más de veinte colegios ahora, pero en otros estados. Ninguno de
Sur Carolina o de Norte Carolina, o Georgia.
ML: ¿Cuántos estudiantes DACA son compañeros tuyos? O, eran compañeros
tuyos el primer año.
YL: El primer año hubo treintaiocho estudiantes. Dieron cincuenta becas, nada
más treintaiocho estudiantes aplicaron. Los- la gente no se lo creyó, los estudiantes no
aplicaban, no querían ir, no pensaban que era cierto. Entonces, de todos los que fuimos y
nos arriesgamos a llegar hasta allá, era treintaiocho, el primer año.
ML: Treinta y ocho. Y, ¿cómo es diferente estar en una clase, que venías de una
escuela en que sos la única, en que nadie sabe lo que le está pasando a los latinos, a pasar
a educarte con un grupo de gente que públicamente dice nosotros somos DACA, pero
queremos estar acá, queremos estudiar y? ¿Cómo es eso?
YL: Era muy diferente. Era sorprendente, era algo como inspiración. Da
inspiración hablar con muchachos que son de mi edad, que tienen DACA, que tienen las
mismas dificultades, que han pasado lo mismo que yo. Todos podemos hablar y decir:

�Yulma López-López

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"oh, yo pasé esto. ¿Te acuerdas cuando pasaste la frontera? Sí, así me pasó. ¿Te acuerdas
cuando esto pasó? Sí, también le pasó a mi familia." Todos tenemos algo en común. Esno sé, me da como, no diría ánimo, motivación para seguir yendo al colegio, para seguir
haciendo mis estudios. Cada vez que veo y me sorprendo, digo: pues, todos esos
estudiantes somos DACA, venimos de nada; tener una oportunidad tan grande, vamos a
aprovecharla y hacer todo lo que podamos para seguir adelante.
Todos tenemos las mismas raíces, somos inmigrantes, venimos a este país para la
vida mejor. Nuestra familia sufrió tanto. Podemos decir y contar las penas más secretas
que teníamos- que tenemos con uno al otro, para decir: "yo he pasado lo mismo, yo
entiendo cómo sufres, entiendo cómo ha sufrido tu familia."
ML: ¿Cómo es la relación con el resto de los chicos en el campus?
YL: So, Delaware State es un HBCU: Historically Black Community University.
ML: Uh-huh.
YL: So, el primer año, fue como mitad y mitad. Fue muy sorprendente. Todos
dijeron: "qué bueno que ha llegado una población de hispanos, está echando todo este
ánimo, está trabajando tan duro para haber llegado a acá." Ninguno de nosotros somos
del norte, todos somos sureños. Somos de Georgia, Norte Carolina, Sur Carolina. Vino un
estudiante de Idaho, uno de Indiana, y uno de Arkansas. Están tan lejos, tan lejos, y esos
estados no permiten a sus estudiantes ir al colegio, tampoco. Si tienes DACA, no entras.
Esos tres se vinieron de miles, de miles de millas, a llegar hasta Delaware. Ni conocíamos
a Delaware, no sabíamos dónde está en el mapa. Ahora, ya conozco donde está, pues está
pasando Virginia, al lado de Maryland, abajo de Nueva York. Más por allá, una isla
chiquitita, chiquitita.

�Yulma López-López

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Es un estado más chiquito, es el primer estado de las colonias. Las placas dicen:
"Welcome to the first state." Estamos en el primer estado, estudiando, todos los
estudiantes. De allí, dijeron: "pues, ánimo; pues, ustedes sigan adelante. Llegaron de tan
lejos, sí, sí pueden. Acá, Delaware dice pues, "los apoya, los- están- estamos cómo
welcoming. "We're welcoming you." Pues, dijimos: "muchas gracias." Pero, algunos
padres estaban enojados. Dicen, pues: "todos los estudiantes están tomando los espacios
que le pueden dar a nuestros hijos. Para qué se vienen de tan lejos, que se queden en su
estado, que se regresen a su país." Era mitad y mitad. Algunos nos hablan, los
estudiantes, algunos no.
El primer año, nos pusieron todos juntos, en los mismos dormitorios. Entonces,
con más ganas, pues con más certainty, vamos a quedarnos juntos, a hablar con los otros.
Si conoces a tu amigo, conoce al otro; pues, nos quedamos en el mismo cuarto con ellos,
compartimos cuartos, pues ya somos como hermanos, como familias. Entonces, salimosvamos a lonche juntos, vamos a tomar bus juntos; si tienen carro, pues vamos juntos a ir a
las compras, y todo se hace juntos. Entonces, creo que eso nos aisló un poco de la
comunidad. Los estudiantes tienen sus fraternities, los sororities, todos los clubs. Si
quieres, perteneces. Son muy amigables, son muy welcoming. Pero, si no te importa y no
quieres ir a los eventos, no, no, no te da gana de ir a platicar con ellos, pues nada más te
dejan allá. Entonces, es como mitad y mitad, como los estudiantes se sientan. Si yo
quiero ir a involucrarme en todos los eventos, pues voy, claro. Me dicen: "bienvenida."
Pero, si no voy, nunca me aparezco, pues no pasa nada. Ellos tampoco me hablan, y así.

�Yulma López-López

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ML: ¿Has encontrado estando en, en la universidad, uhm, o- otras maneras de
educarte o educar a la gente acerca de la política y de la historia de inmigración en, en el
país, y qué se puede hacer?
YL: Sí. Yendo allí, pues los estudiantes venimos de muchas diferentes áreas. Yo
no conocía, yo no sabía, pues antes, no había escuchado de DACA. Pero, es una pelea
que ha existido desde 2001. Hay estudiantes que querían DACA desde 2001, ya tenían el
High School terminado y no podían hacer nada, no tenían permiso. Y, todas esas
comunidades, o sea, las organizaciones grandes que han existido desde esa época, pues
ahí los fui a conocer todos. La gente que son advocates, que pelea por la reforma
inmigratoria. Aprendí mucho en, en college. Allí conocí amigos que están más
involucrados, mucho más apasionados a ir al Congreso a hablar.
Hicimos un grupo nacional. Se llama Dreamers for Bipartisan Solution. Fuimos a
Washington DC, a hablar con los congresistas, con los representantes y senadores. Un
año, dos años. Cuando DACA lo quitó Trump y Jeff Sessions, en 201- uhm, ¿2018?
ML: ¿Diecisiete?
YL: Dieci--.
ML: ¿Dos- del 2017 fue? Cuando empezó la- cuando empezó la presidencia, fue
enseguida, apenas empezó la presidencia, que dijeron que lo iban a sacar. Como a los seis
meses, ¿verdad?
YL: Entonces, en 2016. Sí, en September 2016, DACA was rescinded.
ML: Okay. No me, no me acuerdo la fecha en la que, en la que--.
YL: Ese mismo año se comenzó la pelea allí, por nosotros.

�Yulma López-López

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ML: Sí, sí, sí. Sí, claro. Que- porque decían que se terminaba. Porque venía la
renovación de DACA, y decían: "no, no se va a renovar más. Hasta aquí, hasta aquí llegó
y esto no va a seguir existiendo." ¿Verdad? ¿Esa era la pelea?
YL: Sí. Porque, ese mismo año, dijeron- entramos al colegio y dijimos: "tenemos
cuatro años garantizados; van a pagar la beca cuatro años." Septiembre cinco, 2017, dijo
el.
ML: ¿Que lo iba a suspender?
YL: Que DACA fue suspendido. Ese año empezamos a pelear. Dijimos: "pues,
vamos a congregarnos." Como nos conocemos, somos treintaiocho estudiantes, vamos a
hacer un grupo. Los que están más interesados y apasionados, vamos a ir al Congreso a
hablar, Washington, DC.
ML: Uh-huh.
YL: Hicimos el grupo nacional. Una muchacha que se hizo encargo de eso, pues
ella ya tiene veintiséis años, es mayor. Ella, desde que tenía dieciocho años, hace 10 años
puede ser, en 2010 empezó a pelear. En 2012 es cuando Obama estaba haciendo DACA,
cuando lo creó.
ML: Claro
YL: Él lo aprobó en s- cuando lo iban a votar por presidente la segunda vez. Dijo:
"pues, voy a dar DACA para los estudiantes; si lo quieren, yo se los doy." Él dijo, y dio
eso. Ya habían muchos estudiantes peleando por eso, en el Congreso. Desde ese grupo,
pues había grupos nacionales, o Forward the Dream, y todo eso. Ellos, ellos ya
pertenecían a eso. Ahora, los que están en colegio, pues la muchacha dice: "pues, yo ya

�Yulma López-López

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peleé todo eso, yo ya me cansé de pelear; si ustedes quieren pelear, yo los apoyo, los
ayudo. ¿Quieren que los entrene? Los entreno. Pero, yo ya paré de hacer eso."
Entonces, con el apoyo de ella, la ayuda, y nosotros involucrarnos, pues hicimos
el grupo. Fuimos cada año, cada mes en ese año, 2017 a 2018 al Congreso a hablar con
los representantes, para ser advocates, para decir: "pues, esta es nuestra pelea. ¿Si
nosotros no lo hacemos, quién lo va a hacer?" Yo le llamaba a mi mamá, y le digo: "voy
a DC esta vez, voy a DC mañana, voy a DC la semana que viene." Dice: "no vayas, no
vayas, estás tan lejos y vas a ir más lejos." De DC a Delaware, son dos horas. Pues, ahí
nos queda cerca, yo pensaba. Digo: "pues, vamos en carro." Y, cada fin de semana,
íbamos a hablar con los congresistas. Tienes que hacer juntas y meetings, ir a hablar,
tener tu Power Point, tu presentation, tu talking point. Todo, todo, todo junto.
Estudié toda la historia de DACA: cómo se creó, cómo existió. Con los
estudiantes, éramos quince. El grupo de quince, empezamos a hacer eso. Le con- le
contamos a la escuela. Tienes que agarrar ayuda donde lo tengas. En Delaware, nos
recibió con brazos abiertos. Ellos nos apoyan mucho. ¿Quieres ir a hablar con el
presidente de Delaware? Vas y pasas con ella, y le hablas. Y, el grupo, pues se hizo más
grande, más grande. Todos los estudiantes se involucraron.
Los estudiantes de Delaware, los que son nativos allí, así como delawerians, ahora
teníamos más información, sabíamos de dónde vinieron, sabíamos por qué están
peleando, sabemos cómo lo hacen. Y, es, es gracias a ustedes que sabemos eso, y ahora,
sabemos por qué están acá y son gran alegría, que ustedes vengan a acá.

�Yulma López-López

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ML: Como que la comunidad de estudiantes, gracias al trabajo que ustedes
hicieron, es como que pueden decir: ah, qué bueno que están ustedes acá y sí entendemos
por qué están peleando.
YL: Sí, sí.
ML: Pero, tuvo que ser parte del trabajo de ustedes de, de educar a sus propios, de
educar a sus propios compañeros.
YL: Sí, sí. Sí.
ML: No sé cuál habrá sido la, la estrategia que ustedes tenían. Pero, ¿te tocó ir a
ver representantes de Carolina del Sur, cuando fuiste al Congreso, o ibas a ver a los
representantes de, de Delaware? ¿A quién iban a ver?
YL: A, a todos.
ML: A todos.
YL: Como, somos estudiantes de Arkansas, de Delaware, de Indiana, de
Louisiana, de Mississipi, Norte Carolina, Sur Carolina, Georgia y Delaware. Todos esos
estados, fuimos a ver los miembros de Congreso de Senate y de Representatives.
Entonces, hemos hablado con todos ellos, hemos tenido juntas con todos los
representantes. Hemos hablado con más de 200 oficinas, ese año de 2017, septiembre,
hasta mayo 2018.
ML: ¿Tienen alguna manera de conectar con las comunidades locales? Ustedes
iban y hablaban, pero ¿tienen alguna manera de conectar? de decir, por ejemplo: los
estudiantes de Delaware estamos yendo a, uhm, a Washington; ¿pueden firmar estas
cartas?, y mandarle a tu mamá, a tu mamá, las amigas de tu mamá. ¿Tienen alguna cosa

�Yulma López-López

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así, de conectar lo que ustedes están haciendo con la gente que está acá, en Carolina del
Sur, o no?
YL: Con la familia, tratábamos de mandarle información. Hicimos the website,
hicimos the email, the flyers, todo, todo, todo. Pero, si la familia está lejos, ¿cómo van a
pelear? Vamos a ser nosotros los que vamos a ir a hablar cara a cara con los
representantes. A ellos les mandamos la información. Pero, a mi mamá, mi papá, ninguno
tiene papel, permiso.
ML: Sí, claro. Claro.
YL: No, no pueden ir ellos mismos a ayudar. Pero, nosotros mandábamos
información a todo el campus, todo Delaware State. Decíamos: "esto es nuestro estado,
nuestro hogar, nuestro país; somos americanos, igual que ustedes, queremos su apoyo.
Hablen con los congresistas, con los representantes, para pedir apoyo, para pedir que
voten en favor de esto." Todos los bills estaban pasando de DACA, apenas 2017, 2018,
estaban que sí, que no, que lo pasan, que no lo pasan. Estuvimos hablando con
republicanos y demócratas, para ver por qué no se pasa, quién no puede firmar y por qué
no lo está firmando. No decían. Nos daban vueltas, pues; un lado este, un lado el otro, y
tratábamos de que todos llamaran.
En Sur Carolina, pues le avisaba a mi familia. Llamen, llamen, llamen. Llamen al,
al State, al government, al Senate, al Congress, al Representative, a las oficinas. Y,
llamaban. Hicimos tantas llamadas, tantas llamadas; tantas citas, tantas peleas para seguir
adelante, pues queremos que algo pase.

�Yulma López-López

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ML: Claro que sí. ¿Puede ser que escuché en algún lado que también ustedes
estaban viendo de tener como estrategia animar a la gente a que, a que vote, o que se
registre para votar? ¿Puede ser que yo escuché eso?
YL: Sí. Queremos que los estudiantes nos apoyen. Nosotros no podemos votar,
somos a hundred and eighty thousand students con DACA. Ninguno tiene el poder de
votar. No somos de acá, nunca nos van a dar ese privilegio. Pero, nuestra comunidad, los
estudiantes que conocemos, que son americanos, son ciudadanos, pues nada más les
contamos la historia. Esta es la razón que debe votar por DACA, porque nos va a ayudar
a seguir en este país. He crecido acá desde que tenía tres años, cuatro años. He estado acá
con mi familia, tengo dos hermanitos que nacieron en Estados Unidos, este es mi hogar
igual que el de ustedes. Quiero su apoyo para que voten a alguien que esté a favor mío.
"¿Porque van a votar por alguien que no me quiere en el país, que piensa que los
inmigrantes son la peor cosa en el mundo?"
Con la historia nada más, con hablar con los amigos de la escuela, con los
estudiantes, con los maestros, todos se pusieron apasionados. Dicen: "pues, claro. Yo no
sabía eso, yo no sabía que ustedes no pueden votar, yo no sabía que, al ser una cosa, lo
otro los pones a ustedes en riesgo, peor riesgo que de lo que estamos ahorita." Dicen:
"pues vamos a ayudarlos. Yo no sabía que mi voto importaba." Pues, claro que importa el
voto. Le contamos a muchos de ellos cómo los afecta a todos los que estamos ahí.
ML: Absolutamente. ¿Cómo es estar lejos de tu familia, en estos tiempos que se
ponen difíciles?
YL: Creo que esos meses, eran los más difíciles. 2016 entré al colegio; 2017 fue
el, como, el segundo año. Es difícil estar tan lejos de la familia, pero estar cerca de ellos

�Yulma López-López

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también. En mi mente, yo digo, ¿pues para qué me va a ayudar? Todos estamos al riesgo
de deportación: mi mamá, mi papá, yo, mi hermano. No puedo andar en mi clase, todo el
día llorando. No puedo andar pensando, ¿qué va a pasar con ellos?, veinticuatro horas del
día, siete días a la semana. Voy a decir: pues, tengo que enfocarme en los estudios, tengo
que seguir teniendo los grados bien, tengo que seguir estudiando y pasar todos los
exámenes. Es algo que piensas.
Tú vives con esa preocupación en tu mente todo el tiempo, nunca se va a quitar.
Pero, así seguir pensando en adelante, si sigo peleando y si pasa la ley, pues nos va a ir
mejor a todos. Mientras que no tenga una llamada que me diga: "está tu mamá en la
cárcel, está tu papá en la cárcel; pues, ojalá todo siga bien." Si le llamo a mi mamá y a mi
papá, cada día. Pues, les llamaba cuando iba al colegio. Pero, así de pensar: "no estoy
cerca de ellos, ¿qué va a pasar?" Creo que no te mejora, no puedes estar en un estado
mental bien, así como pensar en eso todo el tiempo, no te va a hacer bien, te va a hacer
daño.
ML: Absolutamente. Contáme, ¿qué estás estudiando ahora?
YL: Estoy estudiando diseño gráfico, porque me gustaba mucho el arte desde
chiquita, y desde ahorita me ha gustado. El diseño gráfico es una media de arte digital,
puedes hacer diferentes estudios de arte, de computación, diseñar website, diseñar logos.
Y, a la misma vez, pintar y dibujar, y hacer todos los artes que quieras.
ML: Y, ¿te queda un año más para- un año o dos años más?
YL: Un año más. Estoy en mi último año. Me voy a graduar mayo 2020.

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ML: Bueno. Bueno, yo te agradezco tantísimo, toda tu generosidad para contarnos
tu historia. Y, antes de apagar el grabador, me gustaría preguntarte si hay algo que no te
he preguntado y que, querés contar.
YL: Hasta ahorita no. No más que, la pelea sigue. Agradecer haber podido hablar,
pero esto pues nada más me abre la mente más. Hay más estudiantes que no conocen, que
no hablan, que no platican; y, hay tantas peleas que seguir apoyando, para que pase
DACA, para que se haga algo permanente, para seguir adelante y tener para ver la meta
cumplido, en el final. Así como, vamos a tener DACA, vamos a seguir acá, vamos a estar
a salvo y vamos a estar con nuestra familia.
ML: Y, sí se me ocurre una última pregunta. Esto de, de salir del estado, de salir
de Carolina del Sur y, ver cómo funcionan otros estados y cómo viven otras
comunidades, y de pronto, volvés en el verano a aquí y has estado trabajando aquí.
¿Cuáles son las cosas que te gustaría que pasaran en Carolina del Sur? Las cosas que vos
pensás: "uy, si hiciéramos A, B y C, como comunidad estaríamos mejor."
YL: Acá, por ahorita se va- se está viendo también activism. Lydia Cotton están
haciendo mucho por la comunidad, está hablando con representantes, con Congreso.
Como yo fui en DC. En DC, Washington, en la capital de Estados Unidos están todas las
oficinas de Congreso. Pero, acá en Sur Carolina, donde yo vivo, está the Mayor, the
Governor, the Senator, the Representatives. Puedo hablar con ellos, es, es donde yo crecí,
es donde yo me crié, a pedirles que cambien leyes, que apoyen leyes que hagan algo para
seguir, que acá sigan los estudiantes. Yo no quiero quedarme a vivir lejos, lejos, en un
estado que no conozco, sin mi familia.

�Yulma López-López

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Quiero regresar a Sur Carolina, a trabajar acá, apoyar la comunidad, a dar lo que
todos me apoyaron y me dieron. A todos los maestros que me enseñaron un camino, un
hasta donde llegué. Entonces, digo: pues, si acá se cambian las leyes, si yo puedo hacer
ese cambio, puedo apoyar ese cambio, que pasen leyes que nos apoyen, mucho que
mejor.
ML: Bueno, muchísimas gracias.
YL: Sí. Gracias a usted. Muchas gracias.
End of recording.
MLL 8/26/2019

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          <name>Dublin Core</name>
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                  <text>The oral histories in this collection were produced by The Charleston Oral History Program at the Citadel. Founded in 2008, The Charleston Oral History Program at the Citadel seeks to deepen understanding of the Lowcountry’s rich history and culture through the gathering and presentation of recorded memories from area residents.&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Search Tips&lt;/h3&gt;
Interviews may be browsed by scrolling to the bottom of this page and selecting "View all items".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When using the search bar, we recommend putting quotations around your search term, and selecting the Boolean search option, as illustrated here:&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://gdurl.com/aYPj" alt="aYPj" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;To view interviews of a specific theme, please see the search tips in each series below.&lt;/p&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1739">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;The Citadel in War and in Peace&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
With generous support from the &lt;a href="http://www.schumanities.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"&gt;Humanities Council of South Carolina&lt;/a&gt;, The Charleston Oral History Program at the Citadel collected thirty interviews with Citadel alumni regarding their experiences during WWII. Journalist and historian Jack Bass conducted the interviews during the Fall of 2008.They serve as a powerful testament to the veterans' experiences and their critical contributions to the war effort.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Korean War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- Vietnam War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The Second Gulf War"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"The Citadel in War and in Peace -- The War in Afghanistan"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Working Charleston&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
Working Charleston documents the on and off job experiences of the longshoremen and lawyers, the bartenders and carriage drivers, hospital aides and high tech workers who make Charleston among the nation's prime tourist destinations and vital centers of global trade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Working Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Charleston City Workers"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Lowcountry Foodways"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <elementText elementTextId="1895">
                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;These interviews explore how community activism continues to shape modern life in the South.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Charleston and the Long Civil Rights Movement&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Civil rights movement--South Carolina"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"African Americans--Civil Rights--South Carolina--Charleston"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;&lt;a target="_blank" href="https://citadeldigitalarchives.omeka.net/items/show/193" rel="noreferrer noopener"&gt;&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Las Voces del Lowcountry&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;span&gt;&lt;span&gt;This project is designed to raise the profile of the Hispanic/Latinos who call the Lowcountry home and to promote a rational and humane conversation regarding immigration, education, and employment policies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;*To search interviews in this series, use the following terms utilizing the Boolean search option:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Las Voces del Lowcountry"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Latin Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Hispanic Americans--Southern States"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                  <text>&lt;h3&gt;&lt;strong&gt;Women in World War II&lt;/strong&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;em&gt;*To search this series, type "Women in World War II" into the search bar, using the Boolean search option.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;"Women in World War II"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"Women--Employment History"&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;"World War, 1939-1945--Participation, female"&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</text>
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                <text>Oral History of Yulma López-López, interviewed by Marina López, 9 August, 2019</text>
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                <text>Yulma López-López (b. 1997) was born in Oaxaca, Mexico. When she was three years old, her parents decided to seek better luck in the United States and arrived to California where they worked as agricultural workers. Subsequently, the family moved to other states pursuing better employment opportunities until finally establishing themselves in North Charleston, South Carolina. López-López recalls her experiences at Midland Park Elementary and Charleston County School of the Arts and the teachers who helped her. She explains how progressively she understood her status as an undocumented immigrant and the reasons why she could not access higher education in South Carolina. In 2016, thanks to a grant from The Dream.Us organization, she was accepted as a student at the University of Delaware. Along with other students, she is part of an organization that advocates for the rights of DACA students and seeks to persuade lawmakers in Washington. In the interview, López-López talks about how she experiences the challenges of university life, including fear for her safety and that of her loved ones. Finally, she reflects on the limited information and support DACA eligible people and recipients have in the Lowcountry as well as the barriers to organizing politically. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yulma López-López (1997) nació en Oaxaca, México. Cuando tenía tres años, sus padres decidieron buscar mejor suerte en los Estados Unidos y llegaron a California donde se desempeñaron como trabajadores agrícolas. Posteriormente fueron mudándose a otros estados persiguiendo mejores oportunidades de empleo hasta que se establecieron definitivamente en North Charleston, Carolina del Sur. López-López recuerda sus vivencias en las escuelas Midland Park Elementary y Charleston County School of the Arts y a los maestros que la ayudaron. Explica cómo progresivamente fue entendiendo su condición de inmigrante indocumentada y las razones por las que no podía acceder a la educación superior en Carolina del Sur. En el año 2016, gracias a una beca de la organización The Dream.Us es aceptada como estudiante en la Universidad de Delaware. Junto con sus compañeros forma parte de una organización que defiende los derechos de los jóvenes DACA y busca persuadir a los legisladores en Washington. En la entrevista Lopez-Lopez cuenta como experimenta los desafíos de la vida universitaria, incluido el temor por su seguridad y la de sus seres queridos. Finalmente, reflexiona acerca de la limitada información y apoyo con que cuentan los jóvenes DACA en el Lowcountry como así también de las barreras que enfrentan para organizarse políticamente.</text>
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                <text>Materials in The Citadel Archives &amp; Museum Digital Collections are intended for educational and research use. The user assumes all responsibility for identifying and satisfying any claimants of copyright. For more information contact The Citadel Archives &amp; Museum, The Citadel, The Military College of South Carolina, Charleston, South Carolina, 29409.</text>
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